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Así ha sido la venta de 4 “Hercules” del Ejército del Aire español a Perú y Uruguay tras descartarse la venta a Turquía de 10 aparatos, el lote completo

Se encuentra en la recta final la venta de 2 aviones de transporte Lockheed KC-130H del Ejército del Aire español a la Fuerza Aérea Peruana (FAP) y otros tantos a la uruguaya (FAU)  bajo la condición del “dónde están y tal como están” (as is and where is) en la Base Aérea de Zaragoza. Concluiría así de una forma incompleta y no tal como estaba prevista la enajenación de la flota de Hercules, compuesta por 10 ejemplares en servicio: 4 C-130H, 5 KC-130H con capacidad para reabastecer de combustible en vuelo a otras aeronaves y 1 C-130H-30, que es la versión alargada de ese modelo.

Existen en el listado de aeronaves otros 2 C-130 que no están en servicio, uno de ellos estacionado en las instalaciones de la Maestranza Aérea de Sevilla, según se refleja en el cuadro al final del texto. El Ministerio de Defensa español intenta así enajenar 4 de las 10 aeronaves operativas, que están siendo sustituidas por Airbus A400M, tras abortar a principios de junio una operación de venta en bloque a una empresa de Turquía, avalada por la Fuerza Aérea de esa nación y con el beneplácito del Departamento de Estado norteamericano, que es donde se fabricaron estas aeronaves, que incluía todo el ‘stock’ de repuestos, motores de recambios, medios de entrenamiento, etc., y que hubiera representado un alivio económico y logístico para el Ministerio de Defensa y para el propio Ejército del Aire español, que hubiera podido ver aligeradas parte de sus penurias si obtenía parte del importe de esa operación. Los Hercules españoles están en muy buen estado y en su día fueron considerablemente modernizados, incluyendo con aviónica digital, por la entonces EADS (hoy Airbus).

Las razones de abortar la venta en bloque de todo lo relativo a los Hercules  responden a cuestiones relativas a las relaciones exteriores de España, especialmente por los deseos de satisfacer las necesidades de transporte derivadas de la pandemia del COVID-19 del Perú. El Gobierno de esa nación apostó por realizar una operación rápida, con la asignación de más de 20 millones de dólares por los 2 KC-130H, que necesitaba urgentemente para complementar a su flota operativa de 2 L-100-20, la variante civil del Hercules y a ello se agregó Uruguay, con gestiones a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Embajada en Madrid, con otros 2 KC-130H.

La razón por la que ambos países apostaran por esa variante no era para satisfacer también necesidades de reabastecimiento en vuelo de otras aeronaves (en el caso de Perú no tiene aeronaves a las que pueda atender con el sistema instalado en los aparatos españoles y en el uruguayo, país de pequeña superficie, sus Cessna A-37 tampoco tienen un requerimiento para ese tipo de operaciones), sino porque eran los aparatos más rápidamente disponibles y en mejor estado.

Llegado a ese punto, y pese a que Perú fue el motor para abortar la venta de todo el material de Hercules a un solo comprador, la finalización de este acuerdo está padeciendo muchas más dificultades que la de Uruguay, hasta el punto que no es seguro que se pueda finalizar, si bien no por culpa de España, que ha puesto, como hemos visto, su mejor voluntad para que llegue a buen fin, hasta el punto que ha programado para noviembre el entrenamiento de las tripulaciones y la entrega de las aeronaves a ambos países, que los deberían recibir antes que acabe el año. En primer lugar, el Ministerio de Defensa peruano no ha conseguido formalizar todavía la obtención de los más de 20 millones de euros que requiere la compra de la cartera de Economía y Finanzas, algo que en el caso de Uruguay sí que ha ocurrido. Pero mayor dificultad está generando la autorización preceptiva que se requiere de Estados Unidos para ambos negocios, sin la cual no se pueden efectuar.

En el caso uruguayo estaría solamente pendiente de definir los equipos que has que desinstalar en las aeronaves, por considerarse sensibles para su entrega a terceros países, por lo que no parece que vaya a haber problemas para que en diciembre tome posesión de sus aeronaves, e incluso se ha determinado que los 22 millones que han de pagar (1 de repuestos) se haga en tres plazos, facilidad financiera que sorprendió a los propios uruguayos. La FAU dispone actualmente de 2 viejos C-130B, a los que a lo largo del tiempo se les han hecho mejoras, como es el caso de los motores, hasta el punto que vienen a ser una especie de híbrido con la versión C-130H.

En el caso de Perú parece que hay más dificultades y que el Departamento de Estado lo está analizando con mayor cautela, por razones que se desconocen, pero que podrían estar derivados de las limitaciones a la entrega de equipos de esa procedencia como represalia por la legislación que permite derribos de aeronaves, orientada principalmente a los vuelos de presuntos narcotraficantes, a la que Washington siempre se ha opuesto. De una forma u otra, e Ministerio de Defensa español, que es el que se ha encargado de tramitar el permiso correspondiente, reconoce a puertas cerradas que la venta de los Hercules de segunda mano a Perú tiene más complicaciones de las previstas por culpa de la necesaria autorización estadounidense.

La FAP pretende también dotarse de un cuarto Boeing 737, en este caso un convertible de carga y pasaje de las series NG (New Generation), además de 4 pequeñas aeronaves con capacidad de ambulancia, que podrían ser Beechcraft King Aie 350 o aeronaves de las mismas capacidades, para proseguir después con la adquisición de más Leonardo C-27J, que sin su punta de lanza moderna y operativa, de los que actualmente opera 4.


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