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El Sahel , un duro escenario que exige medios preparados para operaciones especiales

En 1941, el comandante David Stirling –uno de los hombres con mayor carisma de la decadente Inglaterra imperial– mientras convalecía en el hospital de Alejandría tras un accidente paracaidista, pergeñaba la idea de crear una fuerza de comandos de largo alcance que llevase a cabo operaciones de carácter estratégico en el desierto de la Cirenaica. Tales tareas estaban basadas fundamentalmente en el sabotaje en la retaguardia enemiga.

Las hilanderas del destino favorecían al comandante: el repliegue de Rommel hacia la frontera egipcia por la Cirenaica, los preparativos de la  ofensiva Crusader del general Auchlineck, y la concentración nazi en el frente del Este creaban el escenario favorable para poner en práctica sus ideas. A todo ello había que unir otro factor muy importante, los audaces, heterodoxos y arriesgados planteamientos del comandante Stirling resultaban muy baratos para el esfuerzo de guerra. Con efectivos del Long Range Desert Group, a los que posteriormente se unirían cincuenta paracaidistas franceses, miembros del Special Boat Squadron, del Greek Sacred Squadron y del Special Interrogation Group, se crearía el I Regimiento SAS (Special Air Service).

La operativa SAS en el desierto cirenaico (Stirling no tardaría en proyectar sus planes y comandos en otros escenarios, pero eso ya es otra historia) se basaba en comandos de cuatro o cinco hombres, y en un vehículo que había empezado a hacer historia bélica, el Jeep 4x4 basado en el estadounidense MB 1/4 ton. para llevar a cabo las misiones encomendadas se le dotaría de una gran capacidad de fuego y combustible, a la vez que se le dispensaba de cualquier blindaje, convirtiéndose en un vehículo de incursión. Brindaba a los SAS un aumento muy importante en su autonomía, y por tanto mayor tiempo y alcance fuera y desde sus bases, así como mayor velocidad.

Foto: El comandante Stirling y efectivos del SAS.

Al jeep se le artilló conforme a cada misión a cumplir. No obstante, el armamento más común fueron las ametralladoras Vickers 303 K de 7,7 mm. y Browning de calibres 50 y 30. Se puso especial atención al recurso más preciado en el desierto, tanto las petacas de agua potable que se incluían en el equipaje a llevar, como en el necesario para la refrigeración del motor de cuatro cilindros, a cuyo sistema le fue añadida una lata cilíndrica conectada al radiador por un tubo, llamado condensador, cuyo cometido era enfriar el agua en un circuito cerrado e impedir la evaporación. Además, para facilitar la toma de aire y la ventilación, se cortaba la rejilla exceptuando dos barras.

Por su parte, y para evitar filtraciones de arena, al carburador se le añadía un protector. Frente a reflejos solares y, de cara a aumentar el tamaño de plataforma para carga, se quitaron las lunas delanteras. Siendo la orientación en la inmensidad del desierto un elemento de vital importancia, se colocó una brújula solar en el panel de instrumentos, así como un teodolito. A los pertrechos necesarios (cada jeep en lo que a esto respecta era un mundo conforme a las preferencias de sus tripulantes y al tipo de misión a llevar a cabo) se añadieron placas para la arena, una red de camuflaje y petacas de combustible (las distancias a recorrer eran enormes).

Los hombres de Stirling en sus operaciones conocieron el éxito y el fracaso, pero tanto en el asalto de la victoria como en la anábasis tras la derrota, su caballo de Parsifal fue el precedente histórico de un vehículo que, con las actuales tecnologías y tareas, pero todavía con cuatro ruedas y un volante, hoy es utilizado en escenarios muy parecidos por los equipos de operaciones especiales.

Foto: Jeep MB 1/4 ton adaptado por el SAS: 1. Ametralladora Browning M2 de Cal-50;  2. Ametralladora Vickers; 3. Subfusil Thomson; 4. Cinco bidones de gasolina de 20 litros; 5. Condensador; 6. Un bidón de agua en cada lado; 7. Cantimplora flexible; 8. Equipo personal; 9. Dos ruedas de repuesto; 10. Cinco bidones más de combustible; 11. Red de camuflaje; 12. Ametralladora Vickers gemela antiaérea.

Tras años de campañas en escenarios similares a aquellos de los que nos vamos a ocupar, con experiencias de otros países y propias, tales como la Guerra del Sáhara o misiones en territorios de Mali, Senegal, Mauritania, Níger o Chad, se llegó a una concienciación acerca de la necesidad de crear un vehículo de operaciones especiales preparado para agrestes y hostiles escenarios desérticos o semidesérticos y dotado de los requerimientos imprescindibles para el cumplimiento de misiones, tales como el reconocimiento en profundidad, la infiltración y exfiltración o el sabotaje. En los tiempos que vivimos, el territorio complejamente sensible, geográficamente determinado y enormemente conflictivo no es otro que el Sahel.

El Sahel

Cada trabajo se circunscribe en un determinado ámbito y precisa la herramienta adecuada. Si lo lleva a cabo un especialista, éste deberá conocer al detalle el ámbito, sus características endógenas y exógenas, y después buscar o fabricar el instrumento específico y más adecuado para la labor. Hagámonos una idea -al menos general- del teatro de operaciones, en este caso el Sahel, y después crearemos el vehículo más ad hoc para movernos por el mismo.

La ecorregión del Sahel (en árabe frontera) conforma una vasta zona edafológica, climatológica y ecológica de carácter árido y semiárido, que se extiende desde el Océano Atlántico hasta el mar Rojo, a lo largo de determinadas zonas de varios países (Senegal, Mauritania, Malí, Argelia, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Eritrea y Etiopía), con una longitud de unos 5.400 km. y una anchura variable de hasta 1.000. A su vez, está situada entre 200 y 400 m. de altitud. Constituye un área bioclimático que hace de división y transición entre el desierto del Sáhara y la sabana suda­nesa.

Foto: Brújula solar.

Las lluvias en el Sahel son escasas, fluctuantes y estacionales (fundamentalmente en los meses de verano). Según estemos más al Norte varían entre los 100 y los 200 mm., hasta los 600 en las zonas más meridionales. El tórrido clima se compone de tres estaciones: fría y seca, entre noviembre y abril, con una media de temperaturas entre 27 y 33ºC; cálida y seca, entre mayo y junio, entre 36 y 42ºC; y la más corta, la de las lluvias (de carácter monzónico), entre julio y septiembre, cuyas temperaturas oscilan alrededor de los 30º. En enero fundamentalmente, se produce un anticiclón favorecido por el viento septentrional sahariano (harmattan), que provoca tormentas de arena y se convierte en un potente agente desecante.

El relieve es predominantemente llano, pero con cadenas montañosas y mesetarias entre 200 y 400 m. sobre el nivel del mar. Estos macizos poseen ecosistemas diferentes e independientes al saheliano. Aunque los territorios que están situados más al Norte son desérticos o semidesérticos, la vegetación en las zonas septentrionales es fundamentalmente herbácea y esteparia, con abundancia de matorral y, conforme avanzamos hacia áreas más meridionales -la sabana suda­nesa- la pluviometría aumenta, dando lugar a bosques de acacias y baobabs. El Sahel se caracteriza por una importante variabilidad espacio-temporal, que provoca una pluviometría anual altamente aleatoria y desigual.

Desde la segunda parte del Siglo XX, el Sahel ha sufrido largas y penosas sequías, que han desecado y desertizado el suelo y han provocado sustanciales cambios en las poblaciones nativas de esta zona, las cuales mayoritariamente -y debido a la escasez hídrica que dificulta el aprovechamiento agrícola- se han dedicado a la ganadería trashumante y oportunista desde la noche de los tiempos. Además, estos gravosos fenómenos meteorológicos han sido germen y causa de conflictos y rebeliones.

En sus territorios más septentrionales, y debido a su ambiente desértico o semidesértico, está prácticamente deshabitado (sus habitantes son fundamentalmente etnias nómadas pastoriles) y no es hasta que llegamos a su zona más meridional cuando encontramos poblaciones estables y sedentarias, que se enfrentan hoy al problema de un rápido e inasumible crecimiento demográfico (uno de los ejemplos más ilustrativos lo constituye la confluencia de los ríos Níger y Bani en Mali). Este preponderante determinismo geográfico es, como veremos más adelante, junto con las vastas extensiones, el primer motivo de la falta de seguridad y de  los conflictos que asolan el Sahel.

Las fronteras entre los distintos países del Sahel, si es que pueden ser calificadas como tales, se trazaron en una época colonial, en la que no se tuvieron en cuenta una serie de cruciales factores, tales como las ubicaciones étnico-tribales y sus áreas de vida y expansión; recursos vitales como el agua o los pastos, trashumancias obligadas, etc. Por esos motivos y por su vastedad y despoblación, su control es más que limitado por los distintos gobiernos de la zona.

Seguridad y conflictos en el Sahel

Un análisis de carácter general enfocado en la seguridad en el Sahel precisa de una serie de premisas. Su base la constituye el precedente geográfico físico y político que hemos esbozado: territorios inmensos y despoblados por el rigor climático y edafológico. A partir de aquí, nos encontramos con fronteras sumamente porosas e incontrolables por estados semifallidos, con poblaciones bajo el umbral de la pobreza y aquejadas por numerosas e interminables sequías. Para terminar la cuadratura del círculo, estos inmensos territorios son obligado e interesado paso hacia el paraíso occidental, meta para quienes huyen de la miseria y el conflicto continuo y meca para la venta de toda suerte de tráficos ilegales.

Foto: Pluviometría y zonas climáticas

El Sahel es la arcadia del crimen organizado: tráfico de drogas, armas, imitaciones, trata de seres humanos y animales de especies protegidas, inmigración ilegal, extorsiones, portazgos... Es la centrifugadora industrial de conflictos que traspasan  las débiles fronteras y el paraíso del yihadista: territorios inmensos con enorme descontrol gubernamental, estados semifallidos y con alto grado de corrupción, poblaciones pobres a las que es fácil y muy barato comprar, y crimen organizado para financiar sus actividades y pergeñar alianzas recíprocamente provechosas con el bandidaje.

Ningún país del Sahel está libre de las lacras mencionadas y, aunque sea de manera esquemática, pasamos a analizar brevemente las problemáticas más importantes de algunos de ellos, sin olvidar que los conflictos en este área son, por desgracia, muy fácilmente exportables, importables y contagiosos. Hemos elegido Senegal, Mauritania, Mali, Níger y Chad, por ser países donde, bien por misiones, bien por ejercicios de cooperación en seguridad, efectivos de operaciones especiales españoles han sido desplegados.

Por tanto, han sido sus territorios los utilizados como laboratorios o campos de prueba, para el tipo de vehículo sobre el que versa este trabajo. En la actualidad, y desde 2014, Francia junto al llamado G5 -un grupo integrado por Mauritania, Mali, Burkina Fasso, Níger y Chad, y cuyos objetivos son la seguridad y el desa­rrollo- está llevando a cabo en el Sahel la Operación Barkhane, cuyo fin es la lucha contra el terrorismo en estos territorios, además de la cooperación al desarrollo.  

Senegal

Senegal es lugar de llegada y escala de estupefacientes -ya que tiene puertos y red viaria comercial en condiciones-, entre los que destaca la cocaína. Las redes de narcotraficantes (importadas del modelo nigeriano) son pequeñas, flexibles y fragmentadas en células. Es a partir de allí donde la logística del narcotráfico comienza su periplo hacia el Norte y a través del Sahel. Recorrido muy similar es el que llevan a cabo las mafias dedicadas a la inmigración ilegal. En lo que terrorismo yihadista respecta, las dos influencias más peligrosas para Senegal están ubicadas en Mali y en Mauritania.

Foto: El Sahel

Antes del conflicto de Mali de 2012-13, la mayor amenaza provenía de Mauritania. En este país se ha de tener en cuenta el crecimiento del terrorismo yihadista que se ha dado a partir de 2003. En 2010 se llegó a calcular que una mayoría de los integrantes de AQMI eran mauritanos y este hecho, aunque pudiera ser exagerado, ha venido suponiendo y supone un peligro para Senegal y, sobre todo, para la considerable población joven que posee, que desde entonces se ha visto atraída por el salafismo. Otro dato a tener en cuenta ha sido el intento de uso de este país como refugio por parte de algunos elementos de AQMI.

Mauritania

Mauritania es un país que presenta considerables vulnerabilidades en el ámbito de la seguridad, algunas de ellas de carácter inveterado y otras sobrevenido. El marco geográfico físico (despoblación, medioambiente muy dañado y hostil para operaciones e inmenso territorio con largas fronteras muy porosas) es un factor básico y relevante para la inseguridad. Si, además, unimos una alta tasa de analfabetismo, corrupción generalizada, pobreza, desigualdad y enfrentamientos étnicos, llegamos a un escenario complicado y volátil.

La explosiva mezcla culmina con los tráficos ilícitos (propios y propicios de geografías físicas y políticas como la descrita y no de carácter moderno) y con el yihadismo. La situación geoestratégica de Mauritania ha convertido al país en tierra de paso y escenario de migración ilegal, armas, drogas, tabaco, grupos de bandidaje y terroristas AQMI, MNLA, Ansar Dine, tuaregs de Mali, MUYAO y árabes de Mali. Otra fuente de tensiones han sido y son los enfrentamientos entre tuaregs y grupos criminales por el control del contrabando. Además, la enorme corrupción hace que muchos políticos y funcionarios estén implicados en esta actividad.

Mali

Mali, o concretamente su mitad superior, que comprende las regiones de Gao, Kidal y Tombuctú, a día de hoy constituye por desgracia el paradigma de la problemática saheliense. Es un conflicto que se remonta a la emancipación del país de su antigua metrópoli (Francia) en 1960, y cuya causa y línea maestra hasta 2012 no ha sido otro que la pugna tuareg. Precisamos que hasta 2012, porque fue aproximadamente por aquel año cuando al conflicto tuareg se unió el yihadismo radical, el cual llegó a arrebatarle su propia revolución.

La llegada del yihadismo (AQMI, MUYAO, Ansar Dine, Movimiento de  los enmascarados de Mojtar Belmojtar y otros grupúsculos terroristas), junto a los grupos independentistas tuareg unidos bajo las siglas MNLA (Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad) a la región central maliense de Mopti, provocó la Operación Serval, iniciada en enero de 2013 y dirigida y ejecutada fundamentalmente por Francia, bajo consenso de la ONU. Culminó con éxito, y toda la pléyade rebelde y yihadista se retiró a los territorios más septentrionales e inhóspitos del país, entre ellos al ancestral e inveterado refugio del macizo Adrar de los Iforas.

Posteriormente serían desplegadas dos misiones internacionales en el país, por parte de la UE, la EUTM Mali, y de la ONU, la MINUSMA. Pero la paz y la estabilidad no han vuelto a la mitad Norte del país, pues desde principios de 2014 se repitieron los choques entre MNLA junto al yihadismo y el Ejército maliense, además de atentados y ataques a MINUSMA, que es la misión con más bajas en la historia de la ONU (más que en Katanga en 1960). Desde 2015 comenzaron los atentados en el mismo Bamako. La enormidad de los territorios de las tres regiones malienses mencionadas, imposibilita un control militar o policial de las mismas.

Foto: Policía armado mauritano en la frontera

El bando tuareg se ha dividido en tribus y grupos favorables al Gobierno maliense (Grupo de Autodefensa Tuareg Imghad) y aquellos que siguen con su afán de independencia en el MNLA, entre los cuales también hay división y ningún mando y control. El yihadismo sigue operando en la zona, ahora desde la Unión Yihadista formada en febrero de 2017 e integrada por Ansar Dine, AQMI y el Frente de Liberación de la  Macina (grupo mayoritariamente formado por miembros de la etnia peul y escindido en 2015 de MUYAO).

La Unión Yihadista es muy posiblemente el grupo terrorista más potente del Sahel, y fiel a Al Qaeda (creado en su día entre otros motivos para hacer frente al Daesh). A todo ello hemos de unir el bandidaje y el crimen organizado que asola esta parte del país y que, como ya se ha señalado, forma alianzas oportunistas y operacionales con los rebeldes y yihadistas. En suma y como apuntábamos, Mali se ha convertido  en uno de los epicentros de la inestabilidad y el conflicto en el Sahel.

Níger

Níger es otro país saheliano aquejado de conflictos y lacras, además de poseer un Gobierno sumamente corrupto (su presidente Mahamadou Issoufu fue reelegido en 2015 dentro de unas elecciones boicoteadas por la oposición y tras estar detenido durante toda la campaña su oponente principal, Hama Hamadou). Por otra parte, allí reside una de las más numerosas comunidades tuareg y, además, está ubicada una de las reservas más importantes del mundo de uranio.

Foto: Delta Níger/Bani

La región de Diffa, al Sudoeste, ha venido sufriendo ataques del grupo terrorista Boko Haram, que en 2017 provocaron que más de 300.000 personas necesitasen ayuda humanitaria y que decenas de miles de refugiados quedasen inmovilizados en la región. En la parte Oeste del país y fronteriza con Mali, se vienen repitiendo ataques armados de bandas y grupos terroristas provenientes de ese país. Estos actos violentos en su mayoría quedan impunes y ni siquiera se llega a identificar a sus autores, sobre todo los relacionados con el simple bandolerismo. En cuanto a los identificados, actualmente provienen en su mayoría de la Unión Yihadista y grupos satélites de la misma.

Otro de los grupos terroristas que están operando en las fronteras de Níger, Mali y Burkina Fasso -reincidimos en la porosidad fronteriza- es el ISGS (Estado Islámico del Gran Sáhara), liderado por Adnan al-Sahrawi, veterano del Frente Polisario, del MUYAO y de Al Morabitun, además de responsable del ataque al hotel Radisson de Bamako en noviembre de 2015; y quien en su día prestó juramento de fidelidad al Daesh.

Desde su frontera Norte, Níger sufre además las consecuencias y tráficos ilícitos provocados por el conflicto libio y, en lo que a estos últimos respecta, la región de Agadez, es el núcleo geográfico al que llegan y desde el que parten hacia todos los puntos cardinales, cualquier clase de mercancías ilícitas que ya hemos mencionado en el trabajo.

Chad

El enorme Chad es uno de los diez países más pobres del mundo, con importantes reservas petrolíferas y un Gobierno sumamente corrupto. Alberga 600.000 refugiados nigerianos huidos del conflicto con Boko Haram. En los últimos años ha reforzado considerablemente sus Fuerzas Armadas. Boko Haram lanzó su primer ataque en Chad en febrero de 2015, atacando la región del Lago Chad y su capital Yamena. Chad cerró en enero de 2017 su frontera con Libia, previniendo entradas del Daesh.

En lo que respecta al crimen organizado, la región central de Batha es el lugar de recepción de los narcovuelos de la cocaína colombiana. A partir de este punto geográfico este tráfico inicia su camino hacia Libia supervisado por AQMI y satélites. La presencia de AQMI en Chad se circunscribe fundamentalmente a la mitad Norte del país y no alcanza el número de efectivos de otros países, como Mali, Níger o Mauritania.

Importancia geoestratégica y movilidad en el Sahel

Han corrido ríos de tinta sobre el Sahel y el concepto de frontera avanzada. Su importancia geoestratégica está fuera de dudas, como también lo está la obligatoriedad de la intervención en esta zona. Intervención -solicitada por y realizada con los estados allí ubicados- que, por supuesto, va mucho más allá del ámbito militar y policial, y se adentra profundamente en la cooperación y el desa­rrollo. Pero es indudable que estas últimas para llevarse a cabo precisan de una mínima seguridad.

En el orbe militar y policial, al despliegue destinado a la ayuda a los estados del Sahel, y que viene a prevenir y salvaguardar la seguridad de los estados europeos -al fin y al cabo últimos receptores de productos de exportación, tales como el terrorismo y toda la variedad de tráficos ilícitos-, le resulta indispensable el concepto de la movilidad, realizada en territorios de una inmensa vastedad, con climas muy desfavorables y orografías sumamente agrestes.

Foto: Jefe de patrulla del Ejército nigeriano

Siendo el transporte y el apoyo aéreo en todas sus vertientes imprescindible para las actuaciones en el Sahel, a la hora de tomar tierra nuestro vehículo ideal de operaciones especiales, deberá ser diseñado y construido conforme a las altas exigencias de tan severas geografías: distancias colosales, suelos arenosos, pedregosos y de lajas; barrizales, hierba de camello, tormentas de arena, temperaturas extremas, escasez hídrica y dificultades en la navegación, serán algunos de los condicionantes obligatoriamente a tener en cuenta. A todo ello deberemos unir el aspecto táctico. Lo veremos en la segunda parte del trabajo.


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