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“Sic transis gloria mundi”: La Royal Navy en crisis

En el año 1944, el Reino Unido envió la mayor flota de guerra de la que dispuso nunca a luchar junto a los estadounidenses en el Pacífico. Acorazados, portaaviones, cruceros, escoltas, submarinos y un completo tren logístico fueron llevados a las  antípodas de Inglaterra, al otro extremo del planeta. Desde entonces hasta hoy muchas cosas han cambiado. En 1982 desplegó otra flota para recapturar las Islas Malvinas…, pero, ¿podría hacerlo hoy?¿Cuál es la situación actual de la otrora afamada Marina de Guerra inglesa? ¿Mantiene su “esprit de corps” o es únicamente el recuerdo de las dos raciones de “grog” diarias y poco más?

Aparentemente, al menos, la Royal Navy vive un período de renovación, donde todo le sonríe. Va a incorporar 2 nuevos portaaviones de 65.000 ton. de la Clase Queen Elizabeth, dispone de 6 modernos destructores antiaéreos de la Daring, la construcción de los SSN de la clase Astute sigue su curso, tras los problemas iniciales; acaba de cortarse la primera chapa de las fragatas antisubmarinas Type 26 y ya están en marcha estudios para sustituir al componente nuclear embarcado, el relevo de la clase Vanguard, actualmente en servicio, pero…¿es oro todo lo que reluce? ¿Puede el Reino Unido permitirse estos dispendios en época de crisis, cuando la economía de todo el mundo, incluida la británica, está bajo mínimos? Examinemos la cuestión más de cerca.

foto: La verdadera "ultima ratio" del poder inglés, un submarino lanzamisiles nucleares de la clase “Vanguard” rumbo a puerto.

Inglaterra está acostumbrada a tener presencia (y, por tanto, influencia), en todos los océanos del mundo, no importa qué lejos estén de la madre patria. Como recuerdo de su antiguo imperio, dispone de bases y apoyos por todo el planeta, preferiblemente, en los países de la Common­wealth, como Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Canadá y una miríada de pequeñas islas a lo largo y ancho del globo. Además, tiene el apoyo de Estados Unidos, del cual es su más fiel aliado, acompañándole en todo lo que hace este poderoso país, aún hoy día, y especialmente en el ámbito de lo militar, la primera potencia mundial. Ha estado en Irak, colaborado en Siria, Libia, Sudán, Yemen y en la famosa tumba de los imperios, Afganistán. Todo ello requiere un poder económico y militar que ya no tiene. Aún creen vivir en la época de Britania rules the waves (Gran Bretaña domina los mares), psicológicamente comprensible, pero quimérico.

En la actualidad, la flota británica se basa, en todo y por todo, en una componente aérea basada en el polémico avión V/STOL (Vertical/Short Take-Off and Landing) F-35B, de fabricación estadounidense y cuyas primeras pruebas embarcado se están realizando en el Queen Elizabeth, recientemente terminado y que está en plena fase de ajustes y ensayos, antes de incorporarse a la flota; 6 destructores antiaéreos modernos de la ya mencionada Clase Daring; 13 fragatas antisubmarinas del Tipo 23, un puñado de dragaminas, un tren logístico reducido y 7 submarinos nucleares de las clases Trafalgar (a dar de baja) y Astute, que están, poco a poco, entrando en servicio, sin olvidarnos de los 4 SSBN de la Vanguard. ¿Se puede tener una flota de este tamaño y controlar las zonas de influencia tradicionales, sin descontar aventuras imperiales por cortesía de Estados Unidos?

Potencia de segundo orden

La respuesta del autor es un rotundo no, no pueden. ¿Pueden enfrentarse a la aún debilitada Rusia o a China sin el todopoderoso primo de Zumosol, como dice el dicho popular? Del dominio de los mares que ejercieron durante más de un siglo, el que va de Trafalgar a las postrimerías de la II Guerra Mundial, hoy son una potencia de segundo orden, mero lacayo de la voz de su amo. El lector del presente artículo puede considerar exageradas las afirmaciones del autor, así que vayamos a las pruebas de la tremenda decadencia que afronta la Royal Navy, tanto moral como material, y la absurda manía post-imperial que afecta a sus dirigentes, que han olvidado el dicho de Napoleón: que las guerras son dinero, dinero y dinero y que las hay más baratas, pero se suelen perder. Revisemos punto por punto, en primer lugar, la situación de la flota basándonos en los hechos.

foto: El futuro de la Marina británica: El primer ejemplar de F-35B en vuelo.

Desde la guerra de las Malvinas, el componente aeronaval británico se ha basado en el binomino Invincible/Sea Harrier, para suministrar cobertura aérea a la flota, respaldados por los destructores antiaéreos, hoy retirados, del Tipo 42, de la Clase Sheffield. Hace diez años dio de baja los Sea Harrier como cazas de ataque y defensa aérea, sustituidos por los Harrier G.R.9 de la RAF (Royal Air Force), que, al carecer de radar, se veían limitados a la simple misión de ataque o una quimérica capacidad de defensa aérea guiada por los helicópteros AEW (Airborne Early Warning) y el misil de corto alcance y de guía infrarroja Sidewinder. Finalmente, el proyecto terminó y el Illustrious, y con él la Armada Británica, se quedó sin cobertura aérea.

Los 3 portaaviones de la Clase Invincible marcharon al desguace, pese a un tibio intento de mantener al Illustrious en servicio como portahelicópteros, proyecto que no cuajó, pues se prefirió dedicar a esa tarea al más moderno buque de asalto anfibio HMS Ocean, que hasta ahora era el buque insignia de la flota, pero que, por motivos presupuestarios (de nuevo, el cochino dinero), se dio de baja y fue vendido a Brasil, siendo su puesto ocupado (o eso se prevé, ya veremos) por el novísimo HMS Queen Elizabeth, del cual se espera que, junto con su gemelo, sea la nueva punta de lanza de la Marina británica. Ahora viene cuando la matan: Son tan caros de construir y mantener ambos navíos y sus respectivas flotas aéreas, que la Royal Navy se ha visto forzada a ofrecer su componente anfibio, los LPD Albion y Bulwark, a la venta y disponer del 50 por ciento de su flota en activo, y el resto para piezas de recambio. Se está pensando en ofrecerlos a Brasil o Chile, junto con algunas de las fragatas antisubmarinas (ASW) del Tipo 23 restantes, de las cuales ya se vendieron algunas previamente a Chile.

A la crisis económica se suma la de ingenio

Los 6 destructores antiaéreos de la Clase Daring han resultado ser un fiasco en su aspecto referido a la propulsión. En plenas operaciones en el golfo Pérsico se ha comprobado que no están diseñados para actuar en mares cálidos, quedando el cabeza de serie inmovilizado en Emiratos Árabes Unidos (EAU) por pérdidas de potencia que, simplemente, se producían en mares cálidos y era incapaz de suministrar simultá­nea­mente energía para la propulsión y el sistema de defensa antiaérea. No es la primera vez que, en plenas maniobras, un destructor de esta Clase tiene que regresar a Porsmouth remolcado. Al parecer, el problema está en el sistema intercooler WR21, mal diseñado y que da problemas sin fin. Pregunta ingenua: ¿Serán capaces los Daring de escoltar a los 2 nuevos portaaviones de escuadra recién construidos, el HMS Queen Elizabeth II y el Prince of Wales? Los problemas mecánicos son normales en sistemas nuevos, pero se construyó la serie sin probar las máquinas.

foto: El florón de la Marina Real Británica, uno de los proyectos más caros de la historia de la flota. Esperemos, pues siempre deseamos lo mejor a los ingleses, que no tengan que ir a la guerra con una potencia de primer nivel.

Mientras tanto, con un sistema más clásico, nuestras 5 fragatas antiaéreas de la Clase Álvaro de Bazán recorren los mares sin ningún problema y han resultado ser un éxito de exportación, tanto en versiones simplificadas y orientadas a la caza de submarinos, como las Nansen noruegas, como las Hobart australianas y, quizás, sean la base del futuro diseño de fragatas para la todopoderosa US Navy. Nosotros, los españoles, tendemos a ser muy duros con nosotros mismos, pero, pese al retraso de los submarinos S-80, actualmente en grada, con más o menos ajustes, no estaría de más recordar que la serie de propulsión convencional de los años noventa de la Royal Navy, los Upholder, fueron vendidos a Canadá y no han dado más que problemas, con varios casos de incendios a bordo y algún fallecido.

Con los submarinos Astute, parte en activo, parte en astillero, hubo dos dificultades, la primera la falta de un sistema de diseño probado que funcionase correctamente para manejar un volumen de datos de un millón de piezas, lo que retrasó el proyecto en más de dos años; y la propulsión nuclear. ¿Qué pasó con ésta? Pues muy simple: Reino Unido ya no puede pagar el diseño y construcción de dos series distintas de reactores nucleares, una preparada para los de ataque, los SSN, y otra para los lanzamisiles balísticos. Estamos hablando de los Trafalgar y Vanguard, respecti­va­mente. No quedó más remedio que montar en los nuevos SSN Astute el reactor nuclear de los SSBN Vanguard.

Como la vasija del reactor estaba preparada para un casco de más de 7.000 ton., hubo que hacer un invento y aumentar el peso de aquel en un 25 por ciento y ni por esas entraba. De ahí viene la “joroba” que muestran todos los nuevos Astute en la zona popel, con un encarecimiento de costes a tutti quanti. No son malos submarinos, tampoco hay que cargar las tintas, pero es una prueba más del mal que ha acogido a tantos antiguos imperios: abarcar más de lo que se puede. Añadamos que en los 3 Trafalgar aún en servicio el reactor nuclear (recordemos en caso del HMS Tireless que hubo de regresar a Gibraltar por fugas en el reactor) está muy desgastado, con el peligro que ello conlleva para la seguridad del navío y sus tripulantes, por no mencionar la contaminación del mar.

La moral

Pero aún no hemos hablado del problema de la moral de la Royal Navy, antaño orgullo de la nación. Hay dos tradiciones navales que siempre han sido el pilar de la flota. Una era el grog, ron rebajado con agua o lima, que suponía un pequeño plus para el duro día a día de un marinero de la flota en aguas lejanas. En los años noventa desapareció, pese a las protestas de los marinos, una pequeñez si se quiere, pero los nimios detalles cuentan. El otro pilar era mantener siempre a la misma tripulación en el barco, cuestión que ya no es así. Desde hace casi veinte años, casi a la par del anecdótico grog, se abandonó dicha costumbre. Ya en 1989 hubo protestas por parte de la dotación de un Type 42 desplegado en las islas Malvinas, que fue enviada de vuelta a Inglaterra en avión, mientras una nueva tripulación se hacía cargo del barco, contraviniendo todas las tradiciones que han hecho grande a la Real Marina británica.

foto:  El HMS “Diamond” demuestra su maniobrabilidad. Lástima que hasta 2019 no se puedan arreglar los problemas de propulsión de esta clase de destructores antiaéreos, sin los cuales el magnífico HMS “Queen Elizabeth” y su gemelo están indefensos. "Sic transit gloria mundi".

Hace pocos años, en plena época de acoso a Irán, una embarcación rápida inglesa hizo una incursión en aguas del país persa. Fueron interceptados y capturados y toda Gran Bretaña tuvo que pasar la vergüenza de ver a los tripulantes cómo eran exhibidos todos, incluida una mujer, a la que se puso el niqab, el pañuelo musulmán que cubre la cabeza, pidiendo disculpas y reconociendo que estaban violando esas aguas. ¿Un marino británico tradicional se hubiera rebajado de ese modo a cambio de su liberación? ¿Dónde está el tradicional sentido del honor británico? Nunca se volvió a hablar del tema, pese a que las imágenes dieron la vuelta al mundo, para mayor vergüenza del Reino Unido.

Por otra parte, y esto a título anecdótico, en todos los buques de la Marina Real hay un espacio destinado al culto, ya sea anglicano, presbiteriano, católico, budista… En cualquier hospital de nuestro país hay un espacio multifuncional dedicado a eso, en el que cualquier persona puede rogar consuelo o ayuda al Todopoderoso. Es lo normal, nada extraño, hasta el día en que dos alegres marineros solicitan, uno, miembro de la Iglesia de Satán, y otro, aficionado a la serie Star Wars de películas de ciencia-ficción, muy populares, rendir culto a sus creencias. Sabemos que no vivimos en una época de gloria para el culto religioso pero, ¿adorar a Lucifer o que la fuerza acompañe al tripulante? ¿Va a luchar con una espada láser contra misiles antibuque o cosas similares?

Todo esto, que a primera vista parecen pequeñeces, son un síntoma de descomposición de una flota respetada y temida en su época de gloria y que, de seguro, no todos sus componentes se hubieran comportado así. Tampoco se puede despreciar a una Marina que aún ostenta el título de primera flota europea en cantidad y calidad, pero todo apunta a que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda pretende mantener un poder y una influencia que ya están más allá de sus capacidades reales. Siguen siendo grandes, y eso debe respetarse, pero un poco de realismo respecto a lo que puede y no puede ser sería una excelente medicina para una Armada que contribuyó a la creación del Imperio Británico. Quizás únicamente sea un signo de esta época, quién sabe. Sólo el tiempo puede poner las cosas en su sitio. Ojalá sea para bien de todos.

Revista Defensa nº  485, septiembre 2018


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