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El Planeamiento de la Defensa y la Industria: Retos frente al Covid-19

Para ejecutar un Plan, y más uno que sea el planeamiento de la Defensa, hay que tener una estrategia. Pero, ¿qué entendemos por estrategia? En el caso de la Defensa, abandonando la ortodoxia, la tercera acepción del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la matemática, sería la apropiada para enfrentarnos con éxito a las consecuencias del COVID-19: En proceso regulable, conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento. Y es que en la situación en que la nación se encuentra deberíamos adoptar una nueva estrategia militar que sea capaz de fijar unas líneas de acción que permitan diseñar unas Fuerzas Armadas y una política industrial sustentada en la Base Industrial y Tecnológica de la Defensa (BITD) que las haga posibles y sostenibles.

Recordemos que la Estrategia de Seguridad Nacional en vigor es de 2017 y que, basándose en ella, se deben establecer las Estrategias Sectoriales. También, que la Ley Orgánica 05/2005 de la Defensa Nacional establece que al presidente del Gobierno le corresponde formular la Directiva de Defensa Nacional. El anterior Ciclo de Planeamiento no llegó a término debido a la carencia de previsión presupuestaria. A ello hay que añadir que el Planeamiento de la Defensa es, por su naturaleza, un proceso harto complejo, por lo que es, o debería ser, lo suficientemente flexible para adaptarse a los cambios que puedan producirse.

En ese proceso, excesivamente burocrático, intervienen tres autoridades de planeamiento: JEMAD (Jefe de Estado Mayor de la Defensa), secretario de Estado de Defensa y subsecretario de Defensa. En ocasiones sus organismos directivos subordinados, sino ponen reparos a decisiones ya tomadas, retrasan la obtención de recursos necesarios.

En el asunto que nos ocupa, la otra cara de la moneda es la industria. En la Estrategia Industrial de Defensa, promulgada en 2015, se hace hincapié en tener muy en cuenta las capacidades industriales estratégicas existentes y una estrecha colaboración institucional. En estos momentos, probablemente parte del tejido industrial se verá afectado por esta pandemia, por lo que será perentorio mejorar los instrumentos de financiación con un plan ágil y específico para lo que se nos avecina.

Por ello, será capital mantener las inversiones en investigación y desarrollo e innovación orientadas a la inteligencia artificial y el big data, la simulación y la transformación digital, que den respuesta a la necesidad de nuevas capacidades de las Fuerzas Armadas. La estrecha y leal cooperación entre las distintas empresas del sector es de la mayor importancia para proteger la soberanía nacional y la deseable y apropiada autonomía. Puede que sea ineludible la fusión de algunas empresas, aunque sería preferible las oportunas UTE (Unión Temporal de Empresas). Las PYME (Pequeña y Mediana Empresa) y empresas grandes  que no sean las de mayor tamaño, con el apoyo financiero oportuno, deberían ser capaces de salir adelante por su enorme talento, elevada competitividad y agilidad en la toma de decisiones. En definitiva, una industria de defensa que mantenga y mejore el nivel tecnológico alcanzado, adecuándolo con rapidez y flexibilidad al nuevo entorno geopolítico.

Debilidades

La pandemia que estamos sufriendo, que sin duda se superará, ha mostrado algunas debilidades de las organizaciones multinacionales, la vuelta al concepto de estado-nación y la preferencia al bilateralismo en las relaciones internacionales. El escepticismo de los ciudadanos de la UE, donde se ha visto que cada miembro ha ido tomando decisiones de forma unilateral, así lo pone de manifiesto. Por otra parte, es notorio el desafío que China supone para Occidente. Existen dudas razonables de cómo ha hecho frente al contagio del virus y ha utilizado con enorme habilidad la diplomacia, pero no deja de ser un régimen autoritario con potencial cierto para ser un hegemónico mundial.

Finalmente, parece oportuno enumerar aspectos que, aunque ya comentados, pudieran ser útiles para que la defensa supere con éxito, y más fortalecida si cabe, los efectos del COVID-19. Acerca del Planeamiento de la Defensa se han podido intuir algunas propuestas. La necesidad de adecuarlo a este nuevo entorno, agilizando el Ciclo de Planeamiento y revisando las diferentes directrices políticas y con ello la estrategia militar.

Además, hay que hacer menos burocrático el proceso, que sin duda debe ser armonizado por las autoridades de planeamiento para potenciar lo conjunto teniendo en cuenta lo especifico. También la necesidad de simplificar y agilizar el proceso con una mayor flexibilidad. La estrategia militar no debería depender tanto de los documentos políticos. Se echa en falta esa agilidad tan necesaria ante la rapidez del cambio y evolución del entorno. Baste recordar que la Directiva de Defensa Nacional en vigor es de 2012 y que en cierto modo ha perdido vigencia.

Respecto a la industria de defensa, también se han ido plasmando algunas ideas. Algunos politólogos ya apuntan a que ese nuevo entorno geopolítico que empieza a vislumbrarse pudiera ser parecido a lo acontecido al finalizar la II Guerra Mundial. Debemos recordar cómo se recuperó Europa con el Plan Marshall, oficialmente llamado European Recovery Program. Sin duda, para nuestra nación será imprescindible un plan semejante, enmarcado o no en el seno de la UE, pero que priorice los intereses nacionales y también los de nuestras empresas. Ese plan deberá dar respuesta a todos los sectores y necesidades del país, pero sin olvidar las necesidades de la Defensa y en especial de sus Fuerzas Armadas, razón de ser de la administración militar.

Habrá que hacer una radiografía para valorar el impacto de esta pandemia en los procesos en marcha para la obtención de los recursos materiales. Pero para elaborar un plan hace falta una estrategia que a largo plazo fije los objetivos a alcanzar y además un programa y un presupuesto: plan, programa y presupuesto. Acerca de esta última consideración, y siendo compatible con ese plan de recuperación que todos deseamos, es oportuno traer a colación una herramienta del pasado de gran utilidad: La Ley 9/1990, 19 de octubre, sobre dotaciones presupuestarias para inversiones y sostenimiento de las Fuerzas Armadas.

Es obligado hacer referencia a su preámbulo: La estabilidad de las previsiones de gastos a medio (seis años) y largo plazo (quince años) constituye una información muy valiosa para nuestro sistema industrial, al disponer de una referencia básica para orientar las áreas de interés tecnológico a desarrollar y la capacidad productiva a mantener, en armonía con el volumen económico y la naturaleza de los gastos plurianuales programados para satisfacer las necesidades de nuestros ejércitos. La deseable estabilidad en las previsiones del gasto debe ser compatible con la flexibilidad necesaria que permita situar el esfuerzo económico de defensa en valores tales que, garantizando una defensa eficaz sean coherentes con las posibilidades de la economía nacional y la situación internacional.

En resumen, la Política de defensa, como la industrial o la política exterior, deben ser políticas de Estado y mantenerse al margen de los cambios de Gobierno. Esto es ahora, quizás más que en otras ocasiones, un anhelo que esperemos se haga realidad con un plan global que haga frente a estos retos.

El almirante Luis Cayetano y Garrido

Luis Cayetano y Garrido ingresó en la Armada en agosto de 1972 y recibió el despacho de alférez de navío en 1977. Es especialista en Comunicaciones y diplomado en Guerra Naval. Después de más de 40 años de servicio activo, pasó al retiro en enero de 2018 con el empleo de almirante. Ha sido comandante de 4 buques, destacando el de apoyo logístico Marqués de la Ensenada en el cual estuvo cuatro meses en el Golfo Pérsico con motivo de la Operación Libertad Duradera; y del Juan Sebastián de Elcano. En este buque escuela, como teniente de navío, participó en su VII Vuelta al Mundo. En los distintos empleos de oficial general ocupó puestos de alta dirección en las estructuras orgánicas del Ministerio de Defensa, de los estados mayores de la Defensa y de la Armada, y del Servicio Exterior del Estado, en este caso como asesor para Asuntos de Seguridad Hemisférica en la Misión de España ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington DC. Posee numerosas condecoraciones, como la Gran Cruz al Mérito Naval y la Encomienda de Número de la Orden de Isabel la Católica.

Revista Defensa nº 505, mayo 2020, Almirante (r) Luis Cayetano y Garrido


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