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Un nuevo horizonte para las fuerzas militares salvadoreñas

A finales de julio de 2019, un convoy de 16 camiones trasladaba 1.060 efectivos desde el Destacamento Militar N.º 3, en La Unión, hacia el Comando de Apoyo y Transmisiones de la Fuerza Armada (CATFA), en la colonia La Rábida de San Salvador. Los efectivos se llevaron a la plaza Gerardo Barrios, en el centro de la capital, donde se habían emplazado 2 piezas antiaéreas M-55A2 y 2 vehículos M-1151 “Humvee”. No se trataba de una amenazante movilización militar, sino parte de la incorporación oficial de nuevos efectivos a la Fuerza Armada de El Salvador (FAES).

Acto seguido se les hizo entrega simbólica de nuevos uniformes, y el nuevo presidente, Nayib Bukele, reveló que la Fase III del Plan Control Territorial está enfocada a dotar de mejores equipos a la Policía Nacional Civil (PNC) y la FAES para combatir eficientemente a las bandas de criminales. Bukele sacudió las bases políticas, sociales y económicas del país en el momento de asumir el ejecutivo. Uno de los primeros pasos fue la designación del capitán de navío René Francis Merino Monroy como ministro de Defensa, lo que supuso que todos los generales pasaban a retiro o a servir en otros menesteres, y la FAES pasaba a manos de coroneles, nombrándose a Ennio Rivera Aguilar como viceministro, Carlos Alberto Tejada Murcia al frente del Estado Mayor Conjunto, y Miguel Ángel Rivas Bonilla como subjefe; el coronel Carlos Roberto Villatoro Tario como inspector general; Mario Adalberto Figueroa Cárcamo al frente del Ejercito; Exón Oswaldo Ascencio Albeño la naval; y Manuel Fabio Calderón Menéndez en la fuerza Aérea. 

Inmediatamente después, el presidente pidió a la Asamblea Legislativa la asignación de 5 millones de dólares adicionales del Presupuesto General de la Nación, que serían utilizados para dotar de uniformes nuevos a los agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) y miembros de la FAES. Se aprobaron 2,8 millones casi de inmediato, seguidos de 30,9 millones para ejecutar la primera fase del Plan de Control Territorial, diseñado para liberar los territorios de pandillas, más otros $91 millones para ejecutar la segunda fase, denominada Oportunidad. Inmediatamente se hizo un despliegue masivo de policías y soldados en los municipios más golpeados por el crimen, con la misión de hacer presencia permanente para recuperar territorios y devolver la paz al pueblo. Con esto, se lanzaron 7.300 de los 13.000 efectivos con que cuenta la FAES a las calles, mientras se preparaban otros 1.049 soldados y se esperan 2.000 más antes que finalice el año.

Equipos individuales

Los militares han estado trabajando en seguridad interna desde el 2009, lo que ha supuesto un desgaste acelerado de materiales, a lo que se suma que los gobiernos y mandos anteriores a esa fecha no prestaron atención a las necesidades, resultando en una obsolescencia y decadencia en bloque hoy día de los inventarios. Por otro lado, las condiciones de vida de los soldados dejan mucho que desear, desde la comida hasta los puestos de descanso y barracones. Es por ello que el presidente Bukele pidió un nuevo diseño de uniformes, pues el actual es básicamente el mismo, aunque modernizadao, que el empleado en la década de los ochenta.  Especificó que quiere camuflajes digitalizados como los de países más desarrollados. 

Ciertamente, en 2009 se logró la introducción de un nuevo camuflaje similar al MARPAT (Marine Pattern), diseño de infante de Marina. Sin embargo, su corte sigue las mismas líneas de la vestimenta uniforme de combate (BDU), un modelo que se basa en el de fatiga de jungla M1967. El BDU salvadoreño usa el estampado MARPAT de tela de lona ligera de algodón e hilos de nylon combinados, denominado ripstop. El MARPAT entró en servicio a fines de 2002. Su diseño y concepto se basan en un modelo de bosque templado de cuatro colores (verde claro, verde oscuro, marrón y negro) del patrón canadiense, o CADPAT.  Éste es en teoría mucho más efectivo que los anteriores, con micropatrón de píxeles que  imita las texturas moteadas y los límites aproximados que se encuentran en entornos naturales. Se le conoce como el patrón digital o pixelado. 

Entre 1985 y el 2009, la FAES utilizaba el BDU estándar estadounidense, en un estampado woodland (boscoso), que combinaba los colores café, caqui, y negro en macropatrones o patrón de gotas grandes, que era un derivado del mimetizado ERDL de cuatro colores de la Guerra de Vietnam, desarrollado para uso en tierras altas (énfasis de color marrón). El BDU se utilizaba junto con el equipo ligero individual de porta cargadores de infantería multipropósito Alice, también de Vietnam. Sin embargo, a partir del 2009 se ha estado generalizando el chaleco portacargadores Perdomo, diseñado por el general Gustavo Perdomo, e inspirado en el Ephod (delantal) A10 israelí. 

En mayo de 2019, el Ministerio de Defensa Nacional reconocía que el Comando de Apoyo Logístico (CALFA) se encarga de vender prendas y artículos personales a los soldados de nuevo ingreso, pues su costo no está contemplado en el presupuesto. Sin embargo, el Estado sí provee el uniforme, botas, portacargadores y mochilas y parte de la dotación. El problema es que solo se da al soldado un ejemplar, junto con un par de botas, cuando la dotación normal es de cuatro uniformes de fatiga y dos pares de botas, además de otros accesorios. En cuanto a las armas, se continúa dependiendo del viejo fusil M-16A1 y otras sobras de la guerra de Vietnam, como la ametralladora M-60, el lanzagranadas M-79 y el fusil sin retroceso antitanque M-67 de 90 mm. Uno de los problemas es que no son fiables, pues pueden fallar en último momento. 

Durante el conflicto armado, los soldados envueltos en operaciones aeromóviles se vieron en la necesidad de reducir el largo y el peso de la ametralladora M-60, recortándole el cañón. Esto simplemente arruinó el arma, pues la desbalanceó y atascó el cañón en el mecanismo. Aunque las ametralladoras no tienen prioridad en estos momentos, el CALFA ya modificó la existentes M-60 cambiándole el pistón de gas reversible a prueba de fallos con sistema simplificado. Ahora solo falta aligerar y compactar el arma para aumentar la movilidad, acortándole el cañón y mecanismo de gases, más un bípode ligero, pero todo bajo control de calidad. Mejorada su fiabilidad, ajustando su balance, cañón acortado y todo aligerado en algo similar a la M-60E6, harían de la vieja arma una nueva.

Aeronaves

El Salvador operaria en su momento hasta 85 helicópteros de transporte UH-1H y en septiembre del 2005 se habían presupuestado 13 millones de dólares para la renovación de 6 al estándar Huey-II. En mayo de 2007, el Gobierno del presidente Saca confirmó la inversión en la flotilla, prometiendo otros 6 modernizados por Northwest Helicopters a UH-1P+. En diciembre de 2008, se reportó en Gran Bretaña que efectivamente la FAS sería mejorada con 6 Huey-II y 6 otros modernizados. Sin embargo, nadie se dio cuenta de que se desviaron los fondos y las máquinas nunca se renovaron.  Cuando se trató de emprender un nuevo programa apoyado por la USAF y Colombia, apenas 6 de los viejos UH-1H se encontraban en condiciones de vuelo y todos los fuselajes estaban muy desgastados. Un par de accidentes dejaron sólo 4 en funciones. Incluso las salas de Museo Militar, a cargo de recoger la memoria de la FAES, pasaron de ser impresionantes, a deplorables. Los altos oficiales a cargo perdieron la noción de historia y entre junio del 2004 y diciembre del 2007, se vendieron furgones de armas históricas a traficantes internacionales de armas a precios de chatarra o a cambio de favores.

Por otro lado, la adquisición de A-37B de Chile ha dejado entre 18 y 19 de estos aparatos operacionales. La FAS (Fuerza Aérea salvadoreña) en rea­lidad solo necesita unos 10 o 12, pues incluso experimenta una fuga de mecánicos y pilotos. Por otro lado, Guatemala necesita aviones para funciones contra el narcotráfico. Con esto en mente, quizás Washington permitiría un trueque de unos 4 en condiciones de vuelo a Guatemala, recibiendo a cambio hasta 14 UH-1N ex USMC o USAF con sus fuselajes plenamente reforzados, remozados a 0 horas y remotorizados con nuevas turbinas y aviónica actualizada. Todos ganarían, incluyendo la firma estadounidense contratada para la renovación.

En cuanto al otro faltante importante, el transporte táctico de ala fija, Estados Unidos podría ofrecer la reparación del BT-67 parado y al menos 3 Cessna SkyCourier 408, a cambio de la compra nacional de otros 3 bajo el concepto del programa regional de modernización de aeronaves (RAMP). Bajo éste, Estados Unidos compartiría una parte de los costos de adquisición de helicópteros y aviones, mientras que los participantes ayudarían a establecer contratos de mantenimiento y capacitación a largo plazo, maximizando recursos compartidos y beneficios en una solución regionalizada. 

Washington implementaría parcialmente dicho programa hace diez años, beneficiándose sobre todo Honduras, pero El Salvador no se beneficiaría de pleno. El Cessna 408, con capacidad de carga de 2.722 kg. en tres contenedores LD3 o 19 pasajeros, ya ha sido propuesto para remplazar al C-145 (PLZ M-28) y C-41-A (C-212 Aviocar) de SOCOM. Apodado SkyCourier 408, más grande y más moderno que el Cessna 208 monomotor, destaca su economía de operación, autonomía, carga útil y capacidad de despegue y aterrizaje cortos (STOL). Su llegada permitiría a los 2 IAI-202 pasar a ser patrulleros navales y aéreos, acoplándoseles el equipo correspondiente.

foto:  Obús M71 de 155 mm. adquirido en Chile junto con piezas OTO Melara M56 de 105 mm. (foto J. Montes).

Guardacostas

Precisamente el programa NCPV de la US Navy, implementado en 2017, es similar en concepto al RAMP de la USAF y del que El Salvador sí ha tomado cierta ventaja. Se han pagado 1,8 millones dólares de prima para 1 patrullero Defiant 85, con la US Navy asumiendo el balance de 4 millones del costo de la nave. Sin embargo, esto es poco comparado a Costa Rica, que ha renovado completamente su Servicio Nacional de Guardacostas, desde estaciones hasta buques y logística, bajo el mismo proyecto de ayuda. Ciertamente, la región ha visto una regeneración de medios navales sin precedentes. 

La Naval salvadoreña (FNES) busca desde el año 2000 al menos 2 patrulleros navales con capacidades oceánicas. Proponemos que esto podrían ser las 3 lanchas misileras SAAR-4 de Chile, una vez retiradas, y modificadas por ASMAR como OPV, al estilo OPV-58M de Israel u OPV Warrior de Suráfrica, con un cañón de 76 mm. a proa y popa remodelada. En 2001 trató de obtener 2 R-101 en España; y luego se negoció 2 LSG Protector con ASMAR, sin buen fin. En 2005, Taiwan ofreció 2 de sus patrulleros Gaviota (Hau Ou/Super Dvora), pero terminó dedicando el dinero a otras cosas.  

Hoy, a pesar de los obstáculos, la FNES ha desarrollado la Marina más eficiente de la región, con su Fuerza de Tarea Naval Tridente (FTNT) ejecutando operaciones de intercepción oceánica, que entre junio de 2018 y mayo de 2019 lograron la captura de 12.140 kg. de cocaína, con un valor de 303,5 millones de dólares. Como uno de los resultados inmediatos, la Fuerza Sur de Marines (MARFORSOUTH) ampliará su programa de adiestramiento del Batallón de Infantes de Marina (BIM) salvadoreño, restablecido en 2008, que podría llevar a la creación de una Brigada de IM, programada desde 2017.  

La falta de medios marítimos es más que palpable. Todavía se necesitan los 2 patrulleros oceánicos de los que se habla desde el año 2000, los PM7 y PM12 han sido descartados y ya fallan los otros dos, el PM10 y PM11. Los de más reciente asimilación han sido un pesquero Peterson (PM13) y un yate Duckworth tipo Bering-65 (PM14) convertidos a guardacostas. Ahora consideremos que el US Army (no la US Navy) está dando de baja su flota naval, incluyendo 8 buques de apoyo logístico (LSV), 34 LCU-2000 y 36 LCM-8, junto con una variedad de remolcadores, pequeños transportes y barcazas sin motor, así como algunos camiones anfibios LARC-V.   

Con el capitán Merino a la cabeza de la cartera de Defensa se presenta una verdadera oportunidad para obtener alguno de estos implementos navales, pudiendo solicitar la trasferencia de hasta 6 LCM-8 y repuestos, pues en la FNES sólo una funciona. Este tipo de nave es esencial para atender las islas del Golfo de Fonseca y los desplazamientos de la Infantería de Marina a las costas y lugares aislados del litoral. Asimismo, un par de LCU-2000 de la Clase Runnymede podrían solucionar una serie de carencias, pues son diseños similares al BAD-C de Cotecmar, o sea navíos anfibios con un desplazamiento de 575 ton., eslora de 53 m. y cualificados para tareas oceánicas y con sala de máquinas de una persona. 

Su construcción cumple estándares del US Coart Guard. Un solo LSV de la Clase General Frank S. Besson con un desplazamiento de 4.199 ton. podría cubrir el papel de OPV (Off-Shore Patrol Vessel) y nodriza a largas distancias. Adicionalmente se pueden modificar como mini portahelicópteros, de modo similar a la clase BRP Bacolod City (LS-550) de Filipinas, que tiene la capacidad de depositar y descargar su carga líquida y seca en áreas terminales poco profundas, costas remotas subdesarrolladas y en vías de navegación interior. No requiere grúas externas ni instalaciones portuarias e incluso puede operar en tan solo 1,21 m. de agua a plena carga.

Vehículos protegidos

Por otro lado, el Ejercito se está quedando sin equipos motorizados protegidos, pues los Cashuat ya caducaron su vida útil y el alto costo de mantener los M-1151 Humvee ya se siente. Esto deja a las tanquetas UR-416 como los principales portatropas, pero es material de seguridad interna, por lo que deberían pasar a la Policía Militar, modificadas propiamente con sistemas de emergencia, luces, altavoces, palas para remover obstáculos y otros. A cambio debía permitírsele a la unidad táctica mecanizada, el Regimiento de Caballería, hacerse con medios de transporte protegidos más adecuados, pero aun básicos, como remplazo y complemento de los Humvee. 

Gran experiencia, esfuerzo y detalle se ha logrado con el desarrollo de los VTC-A1 y VCT-A2 6x6, pero no se ha llegado a un chasis satisfactorio, ni a una batea balísticamente adecuada. A modo técnico comparativo, el Armadillo de Guatemala tiene una coraza que presenta un monocasco de acero soldado con un blindaje frontal de 15 mm., en las partes inferior y superior de 8 y en la posterior de 15mm, siendo a los lados de 8, al igual que el techo. El VCT-A2 tiene una coraza de paneles de 6 mm. de espesor, sin tener la balística del Armadillo. 

Se nos viene a la mente que podría darse cooperación con el Servicio de Material de Guerra de Guatemala para desarrollar un casco moldeado al estilo de la UR-416, con un interior igualmente sencillo y austero, aunque con aire acondicionado y un exterior de planchas de acero balístico de 9 mm. de espesor y soldadas entre sí, pero con una silueta más baja y angulada, propias del UR425 Condor/Deftech ARM RPZ-SP. El chasis del UR-416 se basa en el Mercedes U1100 Unimog 416.160 de 2 ton., pero en su lugar podría usarse el U4000/5000 Unimog U437.4 de 7,5.  El UR-425 se basa en el camión U435.170 Condor/Mercedes U1700L, un transporte de personal blindado anfibio basado en el Unimog 1700 (U435) con motor turbodiésel de 170 CV, y de los que Turquía y Malasia podrían tener excedentes. El TM170 se basa en el U435.160. 

Otra posibilidad sería la de obtener excedentes del Cardoen Mowag 6x6 de Chile, o AVGP Grissly 6x6 de Canadá remozados, tal vez con ayuda de Estados Unidos, o M-1117 Guardian de segunda mano sobrantes del US Army, también reacondicionados antes de su entrega. Los VEC/BMR españoles están entre esos sueños, más que realidades. De lo que fuera, se necesitarían al menos 24 en versión austera de transporte, 2 de recuperación, 2 de mando y 12 bateas modificadas y con techo reforzado para acomodar las torretas GIAT H90 remozadas y modernizadas al estándar mínimo de la versión H90-Lynx, pero se necesitarían 4 torres adicionales. 

Otra alternativa económica, de no recibir asistencia financiera estadounidense o de otro aliado, es que se queden las UR-416 en uso y adquirir más de excedentes de Perú o algún otro lugar, para cubrir el requerimiento mínimo de los 40 vehículos. Excedentes chilenos podrían llenar los faltantes de TCM-20 y CSR-106, o implementos para mejorar lo existente, como las baterías M55A2.

Mandato

La Constitución salvadoreña especifica en la Órden 12 del Artículo 168 que, entre otras atribuciones, el presidente puede disponer de la Fuerza Armada para el mantenimiento de la soberanía, el orden, la seguridad y la tranquilidad de la República, y llamar al servicio la fuerza necesaria, además de la permanente, para cumplir tales fines. Además, el artículo 112 reza: La Fuerza Armada de El Salvador es una Institución fundamental para la seguridad nacional, de carácter permanente, esencialmente apolítica y obediente y no deliberará en asuntos del servicio; mientras que el 113 dice textualmente: La organización y el desarrollo de las actividades de la Fuerza Armada estarán sujetos a leyes, reglamentos y disposiciones especiales. Sus efectivos serán fijados anualmente por el Órgano Ejecutivo en el Ramo de Defensa y de Seguridad Pública, de acuerdo a las necesidades del servicio. 

El apoyo de militares en tareas de seguridad pública se inició en 1993 con la incorporación de soldados al Plan Vigilante, continuando con los Alianza por la Seguridad y Mano Dura (1999-2004), Supermano Dura (2004-09), Batalla por la Paz (2009-14) y El Salvador Seguro (2014-19). Así, continúan las tareas de defensa externa y soberanía, habiéndose desarrollado alrededor de 420 misiones aéreas, 13.797 patrullajes terrestres y 5.303 navales en el territorio marítimo insular entre junio del 2018 y mayo del 2019. Se suman las operaciones al apoyo a la seguridad pública, Policía Nacional Civil, y a la Dirección de Centros Penales. Se mantienen desplegados tres contingentes aéreos en Mali, 17 observadores militares en varios países, incluyendo Colombia, Sudán, Sudán del Sur y Sahara Occidental y se continúa apoyando el proceso de pacificación en el Líbano.

Revista Defensa nº 499, noviembre 2019, Julio A. Montes


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