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Megastar, la pistola “a lo grande” de STAR

Años después de que el Ejército español abandonase el clásico 9 mm. largo (9 mm. BergmannBayard), en los EE. UU. se inició la adopción, por parte del FBI, del calibre 10 mm., que aúna la capacidad de penetración del 9 mm. Parabellum con el «stopping power» (poder de parada) del ya clásico .45 ACP, nacido para hacer frente a los juramentados moros durante la ocupación estadounidense de las Filipinas tras la derrota española de 1898.

Ahora, la última creación de la firma eibarresa Star, la Megastar, con D. Eduardo lraegui al frente del equipo de diseño, nace con el objetivo de cubrir la demanda que de pistolas aptas para los recorridos de tiro, y caza con arma corta, allá donde la legislación lo permita, existe en la actualidad, en cuanto al calibre .45 ACP (Automatic Colt Pistal), igualmente conocido como .45 Auto. También, para ampliar la oferta de calibres con la introducción del cartucho 10 mm. Auto, perfectamente válido para los fines antes mencionados pero no con tantos adeptos, hoy por hoy, al menos en el aspecto deportivo.
La elección de dichos calibres no puede resultar más obvia. La Megastar es un arma cuya principal razón de ser radica en la exportación al mayor mercado del mundo, el de los EE.UU., donde el vetusto .45 sigue siendo la niña bonita y en donde el 10 mm. Auto intentará —dentro de la nueva generación de calibres—, hacerse con un lugar al sol. Por cierto que si el 45 ACP no goza, cerca de los tiradores españoles, del favor que suscita entre los norteamericanos, se debe a la restrictiva, incluso me atrevería a calificarla de mojigata, legislación que en el tema armamentístico sufrimos y a las luchas político-deportivas que se viven en la Federación española y en las territoriales de tiro olímpico.

GÉNESIS DE UNA NECESIDAD

Durante la guerra de Corea, en los primeros años 50, el Ejército estadounidense comenzó a dotar a sus hombres con chalecos antifragmentación a fin de preservarlos de las esquirlas de metralla producidas por las minas antipersonal, granadas, etc., e incluso protegerlos de la acción de armas cortas.
Esta táctica se extendió a otros Ejércitos y cuando las fuerzas estadounidenses llegaron a Vietnam, en la siguiente década, comprobaron que, para su desgracia, el .45 ACP no conseguía penetrar los chalecos de sus enemigos —las raras ocasiones en que los llevaban—, mientras que las 7,62 Tokareu sí traspasaban los suyos. Eso condujo a que un elevado porcentaje de norteamericanos fuesen dotados con revólveres de calibre .357 Magnum creado, como es sabido, por encargo de la Policía de Fronteras de los EE.UU. a mediados de los años 30, dado que consideraban que el .38 Special no reunía los requisitos mínimos para cumplir el servicio encomendado. Eso sí aquel cartucho cayó prontamente en desuso retomándose en la época mencionada y por los motivos expuestos continuando plenamente vigente en la actualidad.
Profundizando en la idea expuesta me viene a la memoria el caso de José J.D.G., un agente del Cuerpo Nacional de Policía, amigo del autor de estas líneas, que en un enfrentamiento con un atracador que intentó atropellarle, hizo uso de su Smith & Wesson Cal. .45 ACP para repeler la agresión, encontrándose con que el proyectil se incrustó blandamente en las ropas del delincuente tras perder su energía atravesando el cristal y el salpicadero de plástico del vehículo. Superado el incidente, que pudo ser el último en la vida de ese magnífico profesional, dicho policía vendió esa arma adquiriendo acto seguido un 10 mm. Auto.

foto: Despiece algo más que básico. Nótese la robustez de la biela.

Cuando se desarrolló el .45 ACP existían dos corrientes radicalmente opuestas. Por un lado la tesis alemana que auspiciaba proyectiles ligeros pero muy rápidos, y por el otro la británica decantada hacia proyectiles muy pesados (en el caso del .45 se montan proyectiles de 230 grains e incluso superiores, es decir, algo más de 14 gramos) y lentos. Huelga precisar que los estadounidenses asumieron esta última opción.
De lo expuesto se deduce que el calibre .45 ACP posee un notable poder de parada (entendiendo como tal la neutralización inmediata del objetivo) y una precisión intrínseca más que notable. Sin embargo, carece de la fuerza necesaria para resolver satisfactoriamente los problemas que plantea el uso generalizado de material antibalístico por parte de la gran mayoría de los Ejércitos modernos e incluso de determinado tipo de delincuencia organizada que cada día dispone de medios más sofisticados y que incluso superan, en muchos casos, a los de las propias fuerzas de Orden Público.
Por contra, el 9 mm. Parabellum, con proyectil blindado, sí posee poder de penetración, aunque el de parada quizás sea insuficiente, policialmente hablando; si montamos proyectiles carentes de blindaje, de forma total o parcial, el poder de parada mejora de manera notable (1) aunque disminuye la capacidad de penetración. Esto último, además de un cierto chauvinismo, es lo que ha servido de base a gran número de expertos para cuestionar la adopción de este calibre por parte del Ejército y las Policías de los EE.UU. que, por contra, cada vez lo acepta de forma más generalizada.

(1) Se debe esto a que la bala de plomo se deforma al penetrar en el blanco y aumenta su sección. Igualmente sufre desvíos en su trayectoria multiplicándose el efecto traumático producido por el impacto.

¿Acaso no es posible conjugar en un mismo cartucho estas dos características tan opuestas en apariencia?
Recordemos que en la fórmula de la energía las variables son el peso y la velocidad, pudiéndose por tanto conseguir valores absolutos iguales modificando convenientemente ambas pero como hemos visto las propiedades balísticas pueden ser, y en la inmensa mayoría de las ocasiones lo son, radicalmente distintas.

ORÍGENES

Para resolver los problemas expuestos se llevaron a cabo diferentes intentos a fin de conseguir un cartucho ideal, con un balance óptimo entre las distintas características de un proyectil. Eso nos permitiría resolver satisfactoriamente todos los supuestos tácticos.  Los primeros intentos en la línea descrita tuvieron lugar utilizando munición de revólver, con brillantes resultados cristalizados principalmente en el .41 Magnum, que en opinión de muchos es el cartucho perfecto por su contundencia y por ser bastante más controlable que el «bestial» .44 Magnum (pocas cosas hay más desagradables que una sesión de tiro con un revólver de ese calibre, y no digamos si de una pistola monotiro tipo Thompson Center se trata. Si intentamos doblar el tiro necesitaremos el triple de tiempo que con un .357 Magnum, cartucho al que no se puede acusar de blando).
Lógicamente, ensayos de la misma naturaleza se realizaron con munición apta para pistolas semiautomáticas, aunque con las limitaciones que impone el diseño de las mismas. Y es que deben accionarse los distintos mecanismos del arma amén de ser necesariamente más crítico dado que por el tamaño de la vaina, que no puede agrandarse alegremente sin perjudicar el empuñamiento y la portabilidad, las presiones en recámara son muy elevadas a poca velocidad inicial que pretendamos obtener.

Por lo tanto el cartucho que buscamos reunirá, como mínimo, los siguientes requisitos:
— Su grosor ha de permitir cargadores de doble columna, al tresbolillo, a fin de no reducir en exceso el número de disparos disponibles y sin que el volumen de la empuñadura la haga incómoda para el usuario. — Tener una velocidad inicial próxima a los 1.100 pies (aproximadamente 350 m.) por segundo con un peso de proyectil cercano a los 200 grains (aproximadamente 13 gramos).
Con esta idea el equipo formado por los diseñadores Dixon  Dornaus y el coronel Jeff Cooper concibieron el 10x25 mm., más conocido como 10 mm. Auto, al igual que un arma recarnarada para el calibre citado, la Bren Ten, basada, como tantísimas otras, en la checoslovaca CZ-75 (parece increíble que la pistola que más y mejores soluciones técnicas introdujo en su momento no estuviera protegida por una patente. Quizás algún día los hermanos Koucky, diseñadores de la misma, expliquen lo ocurrido en la factoría de Uhersky Brod, Brno).
Cualquier cosa en la que esté implicado Jeff Cooper inmediatamente causa expectación en el mundo de los apasionados de las armas. Sin embargo, problemas en la fabricación de dicha pistola, en especial enormes demoras, así como dificultades para conseguir este nuevo tipo de munición en el mercado y su elevado precio, hicieron que pronto dejasen de producirse y entraran en la categoría de piezas de colección.
Durante un tiempo pareció que aquí acababa la historia del novísimo cartucho. No obstante Colt, a finales de 1988, con su modelo Delta Elite, retomó la idea de un arma recamarada para el 10 mm., arrastrando a otros muchos fabricantes a iniciar el camino de diseñar armas para él, o modificar modelos existentes.

EL ARMA

Hasta el momento mucha historia, muchos calibres, pero aún no hemos entrado en harina. Ya es el momento.
Al igual que los demás productos de la marca, la Megastar se presenta en una caja de plástico de gran calidad, en la que hay útiles de limpieza, el cargador de respeto, un librillo de instrucciones y la pistola.
Aunque suene a perogrullo permítanme insistir; primero quitamos el cargador e inspeccionamos la recámara, después lo que se quiera. Para ello debe accionarse el botón de retenida, de forma oval y generosas dimensiones, lo que hace que la operación sea rápida y cómoda. Como dato de interés señalaré que, además de estar muy bien situado, es reversible, algo que los zurdos agradecerán sinceramente.

foto: Estuche del arma.

Dado que tenemos el cargador de la Megastar, de doble columna en tresbolillo, en la mano, pasemos a describirlo: excepción hecha de la teja elevadora, fabricada en aluminio, está construido en chapa estampada, así como su base y la placa de fijación. En definitiva una solución clásica, barata de producir y plenamente satisfactoria por su buena factura. En los dos modelos el cargador es idéntico en materia de dimensiones y tan sólo se diferencian por llevar estampados el calibre y la capacidad que corresponda (12 cartuchos en la versión .45 ACP y 14 en la de 10 mm.) y una nervadura en casi la totalidad del mismo en el caso del 10x25 mm., al objeto de compensar su menor diámetro.
A continuación viene el despiece básico para lo cual enfrentaremos las marcas existentes en el armazón y la corredera accionando acto seguido la palanca de retenida. A continuación empujamos la corredera consiguiendo con esto nuestro propósito, como vemos extremadamente sencillo.
La corredera ha sido fabricada con 458 gramos de acero, por microfusión, y en ella vemos, en primer lugar, un seguro de aleta, que desamartilla el arma al accionarlo. Además oculta la aguja percutora al estar combinado dicho seguro al mecanismo automático de la aguja, cuya placa de retenida soporta la caída del martillo, bloqueando el muelle de la aleta del seguro. Una solución ingeniosa, de inspiración Browning, que a la par que efectiva sirve de tope del milano del alza. Más no se puede pedir.

foto: Subconjunto de disparo.

A continuación encontramos en ambos costados un labrado que nos permite asir la corredera con comodidad, dado que son lo suficientemente anchos, por lo que es muy difícil que los dedos resbalen incluso en las más adversas condiciones del agarre.
Inmediatamente después aparece la uña extractora que, en consonancia con el resto del arma, es cuando menos generosa. Como curiosidad indicaré que está mecanizada de forma que sigue la línea de depresión inmediatamente anterior a la amplia ventana de expulsión.
Con los elementos de puntería acabo la descripción del exterior de la corredera. El alza y el punto están diseñados para soportar el más duro de los tratos. Presentan el sistema de tres puntos blancos (three dot system) y, en definitiva, cumplen su función perfectamente. Tan solo señalaré que el alza, encastrada en cola de milano, sólo es corregible en deriva y no en altura lo que no deja de resultar sorprendente en un arma con detalles tan cuidados como las líneas mecanizadas en toda la separación entre los dos elementos de puntería, eliminando luces muy inoportunas en el momento de apuntar. No obstante, la sustitución del alza es fácil y rápida. Tan sólo hay que desmontar la placa-retén de la aguja percutora tal y como indiqué al principio.  En el interior de la corredera es destacable el tamaño y profundidad de los alojamientos de los tetones de acerrojamiento.
En el cañón, con una longitud de 116 mm. y un peso de 160 gramos, destacan los tres tetones de acerrojarniento; la rampa de alimentación de la recámara, pulida a espejo, situada entre dos guías laterales que aseguran la alimentación por rebelde que sea el cartucho; seis estrías dextrosum, es decir, que giran en el sentid o de las agujas del reloj, cuya sola observación nos indican el mimo con que fue fabricada la Megastar; y por último una rampa doble destinada a permitir la basculación que descerroja el cañón. Es interesante la forma del mismo, acampanada, lo que asegura su reubicación en la corredera sin variaciones tras cada disparo, consiguiéndose así que la dispersión sea prácticamente despreciable, y más producto de la munición que del arma. Añadiré que el pasador donde pivota la rampa del cañón, con una sección de 6,5 mm., es independiente de la retenida y queda prisionero en la corredera con lo que no puede perderse en el proceso de desarme. No creo que sea necesario señalar que la gran sección del pasador descrito hace posible que este arma soporte incluso cartuchos defectuosos que en otras causarían, cuando menos, una seria avería e incluso la rotura de la cadeneta.
El muelle recuperador, alojado en una guía más corta que él, es más largo de lo habitual y con las espiras considerablemente abiertas.

foto: En una vista posterior del arma apreciamos cláramente el sistema de puntería de tres puntos blancos (three dot system»).

En el armazón, fabricado igualmente por microfusión, destaca en primer lugar el cuadrillado, de bella factura, que encontramos en el frontal de la empuñadura, en armónico conjunto con el existente en el set de disparo, así como en el guardamonte. Nos asegura un agarre perfecto, en combinación con unas cachas sintéticas, de gran resistencia y color negro que conservan el sistema de fijación y quedan bloqueadas por el propio subconjunto de disparo. Un sistema ya desarrollado por la casa Star en sus modelos M-28 y posteriores.
La cola del disparador tiene un ancho de 10,3 mm., e incorpora un faldón lateral de 0,5 mm. en relieve en cada costado cuya misión es la de servir de guía del gatillo y evitar roces.
De la transmisión del movimiento del gatillo al conjunto de disparo se ocupa una doble barra rectangular situada alrededor del cargador que discurre dentro de unas guías labradas en el interior del armazón, donde figura igualmente el desconector.
El seguro de cargador, situado algo más adelante, actúa sobre el frontal derecho de la barra de transmisión. Este mecanismo de seguridad, tan polémico entre los tiradores, es muy fácil de desconectar. Lo digo con la intención de no añadir más leña a ese debate, aunque debo de reconocer que pertenezco al grupo de los que consideran que es más un estorbo que otra cosa.
El martillo se aloja en el conjunto de disparo siendo en la rótula del mismo donde actúa la barra de transmisión.
El conjunto de disparo de la Megastar está compuesto, además del martillo, por el fiador, con aleta de desamartillado integrada, el expulsor retráctil, el retén de la corredera, el muelle real, el émbolo guía y una aleta que libera la aguja automáticamente. En el extremo inferior del armazón hay una anilla, (añadido infrecuente y quizás poco práctico en este tipo de arma) que no es más que el acabado de la fijación del conjunto de disparo.

SENSACIONES EN TIRO

Con la lógica ansiedad de probar algo nuevo, y en este caso son dos armas a evaluar, me dirijo a un campo de tiro próximo a Madrid. Quizás el día sea demasiado soleado y espero no tener problemas de luces.  Para efectuar el primer disparo opto por el modelo de 10 mm. ya que no había tenido la oportunidad de disparar con un arma de ese calibre hasta el momento. Lo que más me sorprende, hasta el punto de pensar si no me habría equivocado y tiraba con una pistola de calibre 9 corto, es la casi ausencia de retroceso. Y es que sus 1.400 gramos de peso, bien distribuidos, absorben todo.

foto: En el cañón destacan su forma acampanada y los tetones de cierre, robustísimos

Introduzco a continuación cartuchos de todas las facturas en el cargador e inicio una serie de tiros rápidos para comprobar el amunicionamiento; en definitiva intento lograr que el arma se encasquille pero no ofrece ni un sólo problema. Siguiendo en la línea de someterla al trato más duro posible tiro tan rápido como puedo, ametrallando casi, y sigo sin conseguir encasquillarla.
Desisto hago una serie de precisión con gran alboroto de unos amigos que observaban la prueba dado que no soy muy ducho en esa modalidad y mis resultad os no pasan de mediocres. El arma tira muy bien y los acallo con una excelente puntería.
Le toca el turno a la .45. La empuño e introduzco el cargador, que entra, al igual que en el modelo anterior con gran suavidad, y ejecuto, una tras otra, las pruebas descritas, con el mismo resultado. Me sorprendo más, si cabe, ante la ausencia de retroceso y reelevaciones, menores incluso en esta versión.
Guardo las armas y me marcho a casa con la seguridad de ser de los primeros afortunados en experimentar un arma que está llamada a continuar la estela de otras míticas, y seguro que no es casualidad que alguna proceda de la misma fábrica.

A MODO DE RESUMEN

Quisiera recordar ahora nuestro 9 mm. Largo (Bergmann-Bayard), citado al comienzo, para decir tan sólo que si hubiese seguido la línea de conseguir desarrollos más adecuados, tanto en armas como en el cartucho, sin duda que no estaría llamado a desaparecer. ¡Sus cualidades son tantas...! Pero esa es otra historia.
La fábrica eibarresa ha iniciado recientemente una ofensiva a gran escala en el mercado internacional, desarrollando armas (M-31, M-43/45 Firestar, la que nos ocupa), caracterizadas todas ellas por una gran calidad y unos acabados que sólo encontramos en productos de precio muy superior.
El gran peso de la Megastar no plantea problema alguno siendo probable que Star desarrolle un modelo en estos calibres con vocación militar o policial, aunque en mi opinión militarmente hablando, y salvo para unidades muy concretas, el 9 mm. Parabellum no se dejará desbancar fácilmente. Otro asunto distinto es el policial, en cuyo campo estoy seguro de que veremos aparecer, paulatinamente, armas recamaradas en calibres hoy tan exóticos como el 40 Smith & Wesson o el 10 mm. Auto y Star, probablemente, contribuirá a este cambio.
Por último insistiré en que el cariño con que han construido la Megastar, las soluciones técnicas que aporta y su comportamiento en tiro harán las delicias de los usuarios proporcionando a la vez a sus constructores grandes satisfacciones comerciales.

DATOS TECNICOS

Fabricante: Star, Bonifacio Echeverría, S.A.

Denominación: M-50 Megastar.

Longitud total: 218 mm. (8,6 pulgadas).

Altura: 148 mm. (5,8 pulgadas).

Grosor: 36 mm. (1,4 pulgadas).

Peso: 1.400 gr. (50 onzas).

Seguros: de aleta, ambidextro.

Sistemas de seguridad: de aguja percutora y de cargador.

Largo del cañón: 116 mm. (4,56 pulgadas).

Estriado del cañón: 6 «dextrosum».

Sistema de puntería: punto fijo, alza corregible en lateralidad.

Distancia entre miras: 170 mm. (6,7 pulgadas).

Revista Defensa nº 171-172, agosto-septiembre 1992, Julio Lira

 


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