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Las grandes claves del Ejército del Aire español: Entrevista al Jefe del Estado Mayor del Aire, General Javier Salto Martínez-Avial

De la sustitución de los F/A-18, los P-3 y los VIGMA,  del futuro sistema de combate aéreo (FCAS), de la capacidad expedicionaria de la Institución que dirige, de su peso dentro de las FAS españolas,  de sus retos futuros en el marco de los escenarios emergentes, de la incorporación de los Predator, del rol aeroespacial y de la entrada en servicio de los helicópteros NH90, conversamos, entre otros temas,  en esta interesantísima entrevista con el general Salto, que ostenta desde marzo de 2017, la Jefatura del Estado Mayor del Ejército del Aire (JEMA).

 ¿Cómo ha evolucionado en su opinión el Ejército del Aire español desde 1978?

A nivel interno, nuestro Ejército del Aire, exceptuando sus valores y tradiciones, que se mantienen y se refuerzan, ha sufrido un profundo cambio, del mismo modo que lo ha sufrido la sociedad española en su conjunto. Además del cambio derivado de la adaptación a las nuevas tecnologías que se han ido incorporando en estos cuarenta años, me gustaría señalar las que, en mi opinión, son las cuatro causas más importantes de la evolución experimentada: El ingreso en la OTAN, que supuso un considerable cambio de mentalidad; el comienzo de las misiones en el exterior; la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas (en la actualidad, el Ejército del Aire, con un 14 por ciento de personal femenino entre sus filas, es el que tiene la mayor presencia de dentro de las Fuerzas Armadas); y la supresión del servicio militar obligatorio, que implicó la profesionalización de nuestro personal. A nivel mundial, el peso específico de las fuerzas aéreas en relación con el total de sus fuerzas armadas ha crecido exponencialmente durante los últimos años, debido fundamentalmente a su vertiente tecnológica, así como a los efectos que es capaz de producir. Ese avance tecnológico ha sido lo que ha otorgado al poder aeroespacial, representado en España por el Ejército del Aire, un protagonismo mucho mayor del que tenía en 1978 o incluso a principio de este mismo siglo.

Cuando se han cumplido 30 años de misiones internacionales. ¿Qué valoración hace del rol del Ejército del Aire en este hito?

Como ya he comentado, las misiones internacionales han sido una de las causas de transformación del Ejército del Aire en su historia reciente. Desde que desplegáramos en Namibia en marzo de 1989 (este destacamento aéreo supuso la primera vez que las Fuerzas Armadas españolas tenían en el exterior una unidad de fuerza bajo el amparo de una misión internacional), hemos cumplido con éxito todas las misiones internacionales en las que hemos participado. En muchas regiones del mundo, pero sobre todo en escenarios como los Balcanes, Afganistán, África occidental y Central, el Sahel, el Cuerno de África, el Mediterráneo o los paí­ses bálticos, hemos cumplido una gran variedad de cometidos, que abarcan desde la policía aérea, al transporte aéreo, la aeroevacuación médica, la recuperación del personal, la asistencia en caso de catástrofes o emergencias o la vigilancia marítima, sin olvidarnos de misiones de ataque a objetivos en tierra como los realizados en la antigua Yugoslavia. Todas estas participaciones son una muestra del alto grado de eficacia y versatilidad de las capacidades del poder aeroespacial.

El Ejército del Aire, por su naturaleza expedicionaria, su capacidad de proyección, su permanente disponibilidad para desplegar en cualquier momento, sin tiempos ni periodos de preparación, y la rapidez de actuación, es una herramienta esencial a disposición de las autoridades para demostrar el compromiso internacional de nuestra nación con determinación y rapidez. Dentro de esta evolución, hemos desarrollado el concepto de Ala Reforzada Desplegable (ARD), adaptado del anterior concepto de Agrupación Aérea Táctica Expedicionaria, que está en sintonía con el nuevo concepto de la OTAN de Enhanced Air Wing. En la ARD se reúnen todas las capacidades necesarias para cumplir con las misiones asignadas, tanto desde bases nacionales como desde bases de despliegue. En segundo lugar, la flexibilidad y la reducida huella logística de los medios del Ejército del Aire que se despliegan, permiten ofrecer una respuesta modular y escalable, para poder adaptarse a la evolución de los acontecimientos. Esta característica es fundamental en el entorno estratégico actual, donde las crisis se producen de forma repentina y hay incertidumbre de dónde pueden producirse.

 ¿Dónde están y cuáles son en su opinión los grandes desa­fíos para la defensa española de los próximos años?

El escenario estratégico que tenemos por delante se caracteriza por su incertidumbre y por su multipolaridad. Uno de los mayores desafíos será la adaptación a conflictos híbridos y con límites difusos, en los que actores estatales y no estatales interactuarán y no será fácil distinguir entre quién es adversario o no. Esto implicará la necesidad de disponer de información veraz y actualizada en todo momento, para poder tomar la decisión correcta en el menor tiempo posible. Además, se realizarán operaciones en todos los dominios: tierra, mar y aire, el espacio y, con especial énfasis, el ámbito cibernético y en el de la información, lo que nos obliga a adaptar nuestra forma de operar para conseguir los efectos deseados en todos ellos.

 ¿Y para el Ejército del Aire?

 Los conflictos actuales y futuros son y serán multidominio, como ya he comentado en la pregunta anterior. Por ello, el Ejército del Aire debe adaptarse, dotarse de los medios necesarios y aprovechar las características del poder aeroespacial, como son la flexibilidad en la operación, la variedad del rango de sus efectos, desde el táctico hasta el estratégico, y su capacidad de actuar simultáneamente en todos los dominios de una manera rápida y precisa. En relación a la operación en los futuros escenarios, deberemos hacer frente a las amenazas derivadas de la militarización del espacio dentro de nuestro nuevo cometido de vigilancia del espacio ultraterrestre y a la capacidad de operar en entornos disputados y congestionados, incluyendo los entornos de acceso denegado, los denominados A2AD (Anti-Access Area-Denial). Sólo de este modo podremos proporcionar la necesaria libertad de movimiento al resto de las Fuerzas Armadas.

 ¿Cómo acelerará la evolución tecnológica y las capacidades del Ejército del Aire la incorporación de los RPAS “Predator II”?

 La entrada en servicio de los RPAS MALE MQ-9 Predator B potenciará significativamente la capacidad conjunta de inteligencia, vigilancia y reconocimiento JISR (Joint Intelligence Surveillance and Reconnaissance) de las Fuerzas Armadas. El sistema aportará capacidad ISR persistente, tanto diurna como nocturna, en ambiente terrestre y marítimo. Su rango de acción no vendrá limitado por las comunicaciones, ya que empleará comunicaciones por satélite. Además, reforzará la Acción Aérea del Estado, por ejemplo, en la lucha contra incendios, rescates, catástrofes y situaciones de emergencia. Por la vertiente tecnológica, la operación del Predator nos aportará la experiencia en RPAS de carácter estratégico, que nos será muy útil a la hora de aportar nuestro conocimiento al desarrollo del Euromale, que supondrá un salto cualitativo y cuantitativo en este ámbito de la industria europea, con participación nacional. Adicionalmente, la explotación del Predator implicará un mayor nivel de conectividad y una mayor necesidad de agilizar el proceso de tratamiento de la información, para así poder obtener la superioridad en el ciclo de decisión.

 ¿Hasta qué punto es clave para el Ejército del Aire la sustitución de los F/A-18?

La misión principal y permanente del Ejército del Aire es garantizar la seguridad del espacio aéreo de soberanía nacional, elemento vertebrador de la actividad económica y social de España, para lo que mantenemos una estructura los 365 días del año, las 24 horas del día. Esta misión incluye la disuasión, la prevención, la vigilancia y control permanente de nuestro espacio aéreo, así como la vigilancia del espacio ultraterrestre de interés y, llegado el caso, la defensa militar. Esta misión única e irrenunciable del Ejército del Aire implica tener 3 grupos de Mando y Control (Torrejón, Zaragoza y Gran Canaria) y 13 escuadrones de Vigilancia Aérea, con sus co­rres­pondientes radares del sistema de defensa aérea, así como cazas permanentemente activados en distintos estados de disponibilidad en 4 bases aéreas en la Península y en una base aérea en Canarias.

En concreto, los F/A-18 son los cazas que cumplen con esta misión en y desde Canarias, encargándose de la defensa aérea del archipiélago a más de 2.000 km. de la Península y posibilitando el que, por ejemplo, los aviones cargados de turistas aterricen sin problemas en las Islas Canarias. Estos aviones deberán ser sustituidos próximamente por estar alcanzando el final de su ciclo de vida, una sustitución que es crítica para el cumplimiento de la misión asignada. Actualmente, la principal línea de acción que se baraja es el relevo de esta flota por el sistema de armas Eurofighter, que nos permitirá seguir cumpliendo con eficacia nuestra misión permanente en todo el espacio aéreo de soberanía, a la vez que se continua apoyando a nuestra industria aeroespacial nacional.

Además de esto, ¿cuáles son hoy los principales proyectos para dotar de sistemas avanzados al Ejército del Aire?

Continuando con nuestra misión permanente, al objeto de poder acometerla con eficacia y proporcionando la disuasión necesaria, se debe contar con los medios adecuados, lo que trae consigo un necesario y permanente proceso de modernización y adaptación de los mismos, para mantenerlos en el máximo nivel de vanguardia. En este aspecto, el Ejército del Aire se encuentra con determinados problemas en el corto y medio plazo. Nuestros EF2000 serán la espina dorsal de la defensa aérea durante mucho tiempo, pero requerirán de las oportunas actualizaciones que los mantengan en primera línea, en particular la incorporación del radar de barrido electrónico AESA y el misil aire-aire Meteor.

Además, de lo comentado para los F/A-18 de Canarias, deberemos acometer el relevo de los F-18M ubicados en Zaragoza y Torrejón, cuyas primeras bajas se producirán a medio plazo, por un sistema de armas que mantenga un adecuado nivel de superioridad en el enfrentamiento y que pueda actuar en ambientes no permisivos. Y si bien este relevo no será aproximadamente hasta 2028, la decisión del sistema de armas con el que se va a sustituir debería hacerse en los próximos meses, para hacer frente a los plazos necesarios para completar los procesos de selección y contratación. Tampoco debemos olvidar los sistemas asociados de guerra electrónica y los sistemas aéreos de inteligencia de señales que contribuyen a la supervivencia de las diferentes plataformas y al cumplimiento de la misión.

Además, acometeremos la modernización y adaptación del sistema de mando y control aéreo (GRUNOMAC y GRUALERCON), incluida la sustitución de los radares Alenia y la modernización de los Lanza, así como la adquisición de 2 radares de vigilancia móviles. Y seguiremos con la implementación de la capacidad de vigilancia espacial, que se ha convertido en un ámbito congestionado, disputado y competitivo. Al mismo tiempo, el Ejército del Aire continúa haciendo frente a todas las misiones con las que contribuye a la acción aeroespacial del Estado, misiones realizadas en beneficio del bienestar general de la población española y que llevamos a cabo de forma permanente en tiempo de paz. Algunas de las más importantes son la lucha contraincendios, el transporte aéreo no táctico (por ejemplo, el traslado de ayuda humanitaria), la colaboración con la Agencia Tributaria y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (lucha contra el terrorismo, el crimen organizado o el tráfico marítimo ilícito de migrantes), el apoyo ante emergencias y catástrofes, las aeroevacuaciones médicas, el transporte de autoridades, las calibraciones de radioayudas y, finalmente, la contribución en la vigilancia y seguridad marítima y en ciberdefensa.

En seguridad marítima, los P-3 y los CN235 VIGMA deben ser sustituidos por su alto coste de mantenimiento fruto de su antigüedad, que repercute en su operatividad. En un país como España, con dos archipiélagos y más de 4.000 km. de costa, es fundamental asegurar la continuidad de medios de patrulla y vigilancia marítima. En este sentido, también se está pensando en un posible avión de nuestra industria nacional del tipo Airbus C295 transformado para este tipo de misiones, como ya han hecho otros países. La vigilancia aduanera sigue siendo llevada a cabo por el C212 (TR.12D) en tanto continúe en servicio, pero es previsible que con la incorporación de los Predator B y en un futuro el Euromale gran parte de sus misiones pasen a estos últimos, que además acometerán otras de reconocimiento estratégico en un ambiente permisivo. En relación con las aeronaves empleadas para el transporte de autoridades del Estado, utilizadas también para aeroevacuaciones, las dos flotas actuales tienen una vida media de más de 28 años y requerirán pronto su sustitución.

La entrada en servicio de los helicópteros NH90, a partir de mediados de 2020, permitirá potenciar la capacidad de recuperación de personal y dejará una flota de helicópteros medios compensada entre los mencionados NH90, los Super Puma dedicados en exclusiva a misiones de búsqueda y salvamento y los de transporte institucional. La proyección es otra capacidad militar que no puede delegarse ni externalizarse en caso de necesidad. No existe capacidad de proyección estratégica desde la baja en servicio del Boeing 707, ni tampoco de reabastecimiento en vuelo a muy largas distancias. La recuperación de esta capacidad con aviones tipo MRTT, uno de los objetivos asignados a España por OTAN, debería ser un objetivo a alcanzar en el medio plazo, teniendo en cuenta su carácter de multiplicador de esfuerzos. El transporte táctico estará provisto a medio plazo de los A400M destinados al Ejército del Aire y el C295 requerirá una modernización que extienda su vida útil hasta 2040, además de la adquisición de más aviones.

Adicionalmente, se debe mencionar la imprescindible formación de nuestro personal de vuelo. El C101, el entrenador básico de todos los pilotos del Ejército del Aire, alcanza los cuarenta años de operación y será sustituido por una nueva plataforma en el curso académico 2021-22, dentro del concepto de Sistema Integrado de Enseñanza en Vuelo. El siguiente paso será la sustitución de la Pillán, avión de entrenamiento inicial de la Academia General del Aire, y del F-5 de la Escuela Militar de Caza y Ataque, que cumple cincuenta años de servicio. Está en marcha igualmente un grupo de trabajo para el reemplazo de los Sikorsky S-76 de la Escuela Militar de Helicópteros de Armilla hacia una solución conjunta. En cuanto a los CN235 de la Escuela Militar de Transporte, se contemplan diferentes líneas de acción para el medio plazo, como la mejora de la aviónica y sistemas del T.19B y de los medios de simulación y ayudas a la enseñanza. Y, ante la inminente llegada del Predator B y del Euromale unos años más tarde, se está definiendo una nueva fase avanzada de formación para RPAS.

Por último, resulta conveniente recordar que tenemos que asegurar el sostenimiento de nuestros sistemas de armas durante todo su ciclo de vida y que existe, además, una parte muchas veces olvidada en los presupuestos, transversal a todas las misiones mencionadas: las infraestructuras operativas, nuestras bases aéreas. El Ejército del Aire depende para su operación de pistas, calles de rodaje, sistemas de frenado en pista, radioayudas, torres de control, hangares, refugios reforzados y otras construcciones que son puramente operativas. Hay que tener presente que las bases aéreas forman parte de la fuerza del Ejército del Aire, al ser las instalaciones desde donde operan, se mantienen y se protegen los medios aéreos y sus elementos de apoyo. El recuperar sus infraestructuras y conseguir su sostenimiento es una prioridad fundamental.

 ¿Qué supondrá para la institución la llegada del FCAS (Future Combat Air System)?

El Futuro Sistema de Combate Aéreo nacional estará constituido por un sistema de sistemas en el que el Next Generation Weapon System (NGWS), a cuyo desarrollo nos hemos unido recientemente, está llamado a ser su elemento central. Los ministerios de Defensa de Alemania, Francia y España, tras la firma de una Carta de Intenciones entre los gobiernos de las tres naciones, ya han acordado un documento de requisitos operacionales comunes de alto nivel para el NGWS, que a su vez se compone de un avión de caza de nueva generación NGF (Next Generation Fighter) y de otras plataformas remotas adicionales. Lo que las tres fuerzas aéreas requerimos del NGWS es que disponga de capacidades que le permitan alcanzar la superioridad aérea y aseguren la libertad de movimiento y el apoyo al resto de los componentes de las fuerzas armadas, ejecutando para ello un amplio abanico de operaciones en escenarios restringidos y disputados, además de proporcionar un potencial disuasorio efectivo.

El NGWS es un programa que, en definitiva, tiene una gran importancia para el Ejército del Aire y para nuestra industria nacional. Para el Ejército del Aire porque nos equipará con una plataforma multirrol sustituta del Eurofighter en el entorno de la década de 2040, a la vanguardia de la tecnología, capaz de ejecutar misiones en todos los dominios, físicos y virtuales, del combate aeroespacial y que garantizará el cumplimiento de las misiones que tenemos asignadas en los posibles escenarios estratégicos futuros. Y para la industria nacional, porque asegurará, en estrecha cooperación con el resto de industrias europeas participantes, su crecimiento y mantener, si no aumentar, el nivel de competitividad y de excelencia adquirido con los programas EF2000 y A400M.

¿Cómo sitúa al Ejército del Aire español en relación con las fuerzas aéreas de nuestros países aliados?

Creo sinceramente que el Ejército del Aire cuenta con un altísimo prestigio, tanto entre los ciudadanos españoles como entre las fuerzas aéreas de nuestros aliados, prestigio que se ha ido labrando gracias al trabajo y buen hacer en nuestras misiones diarias. Igualmente, este prestigio se ratifica en las misiones internacionales y operaciones en el exterior en las que hemos estado involucrados y se percibe en numerosos ejercicios de carácter multinacional en los que participamos, en los que demostramos nuestra excelente formación y preparación. Otro ejemplo de este alto nivel de preparación de nuestro Ejército del Aire en el entorno OTAN se aprecia en los excelentes resultados obtenidos, muy por encima de los estándares que exige la organización, en las rigurosas evaluaciones operativas (TACEVAL) de diversas unidades o en la certificación del componente aéreo de la fuerza conjunta JFAC (Joint Force Air Component), con la que hemos adquirido una capacidad de la que sólo disponen otros seis países para planear y dirigir operaciones aéreas conjuntas y combinadas de gran número de aviones, en todos los tipos de misiones actuales, tanto de la OTAN como nacionales. 

Para terminar, hay un aspecto que mencioné al principio de la entrevista y que considero que todavía es una asignatura pendiente en nuestras Fuerzas Armadas (a diferencia de la mayoría de nuestros aliados): el peso específico que tienen las fuerzas aéreas dentro del conjunto de las Fuerzas Armadas, en particular en lo referente al número de personal, que mientras en la mayoría de los países de nuestro entorno la media es del 24 por ciento, en el Ejército del Aire sólo cuenta con el 17. Los cometidos de las fuerzas aeroespaciales tienen cada día un mayor peso específico en el conjunto de las misiones de Defensa, resultado de la evolución del entorno de seguridad, donde son identificadas como el instrumento de respuesta más decisivo, versátil y eficaz, ya que proporcionan unas capacidades que evolucionan al ritmo de la tecnología, incorporando los avances más punteros.

Este es precisamente uno de mis propósitos: cambiar esta tendencia y adecuar el papel relevante del Ejército del Aire al que en el conjunto de las Fuerzas Armadas debería tener en el Siglo XXI, comenzando por un aumento de efectivos que garantice nuestra operatividad, desem­peñando nuestras misiones permanentes y que nos permita seguir trabajando en nuevos campos que son ya una necesidad operativa, como los RPAS, el espacio y el ciberespacio.


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