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La defensa española desde la aprobación de la Constitución hasta nuestros días

Las Fuerzas Armadas (FAS) españolas son consideradas la institución que más y mejor se ha adaptado a los cambios históricos y sociales acaecidos en nuestro país. Esto se debe a que el proceso de transformación y modernización que han experimentado en las últimas cinco décadas se considera un éxito. Ninguna otra institución se modernizó tanto y tan rápido y estos cambios no se le escapan los españoles, como podemos ver reflejado todos los años en las encuestas que realiza el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y que sitúan a las Fuerzas Armadas de nuestro país como la institución más valorada por sus ciudadanos.

Las Fuerzas Armadas cumplen con su misión al servicio de la sociedad las 24 horas del día, 7 días a la semana y 365 días al año. Nuestros militares no cobran unos sueldos altos. Se trata, además, de una profesión muy exigente, lo que en muchos casos dificulta la conciliación familiar o el desarrollo personal fuera de las horas de trabajo. Es una profesión de alto riesgo: nuestros militares se juegan la vida por defender unos valores y a una población que no siempre les respeta ni valora. Afortunadamente, la estima hacia nuestros militares crece y es de esperar que esta tendencia no varíe y que finalmente alcancen el reconocimiento que les corresponde por su valor, entrega y servicio. Hasta entonces, sólo la vocación y el espíritu de servicio pueden sostener la motivación en una labor tan difícil y sacrificada.

El punto de inflexión que inició el proceso de transformación de nuestros ejércitos se produjo el 23 de febrero de 1981. Como bien dijo entonces el teniente general Gutiérrez Mellado, el 23-F fue una vacuna para la democracia española. Pero al resumir tantos años de trabajo y cambios se corre el injusto riesgo de no mencionar actores relevantes o hechos quizá de menor transcendencia, pero necesarios para otros posteriores de mayor calado. Son los riesgos siempre asociados al resumen y a la generalización en favor de una mayor claridad y simplificación. Con estos objetivos en mente, exponemos a continuación  varios cambios de especial impacto

La reorganización de la estructura de la defensa nacional

El primero de los hitos a destacar es la reorganización de la estructura de la defensa nacional. Tras la creación del Ministerio de Defensa en el año 1977, las sucesivas reformas entre 1980 y 1992 perseguían  de manera especial dejar clara la dependencia política de la autoridad militar con respecto a la civil, en consonancia con el nuevo régimen democrático, y la creación de una estructura de mando unificada. En esta misma línea, la Ley Orgánica de la Defensa Nacional de 2005 supuso el mayor cambio en la organización militar. Con esta Ley se abandonan los criterios territoriales para el despliegue de las Fuerzas Armadas, más orientados al control de la población, en favor de una estructura plenamente funcional, en la que se favorece la acción conjunta en el planeamiento de las operaciones. En esta Ley Orgánica 5/2005 se determina que la dirección de la política de Defensa es tarea del presidente del Gobierno y que es al ministro de Defensa a quien le corresponde su desarrollo y ejecución. 

foto: Las tropas de la Legión que se desplegaron en Kosovo a partir de 1999 todavía empleaban el CETME L.

De este modo, hoy las Fuerzas Armadas son una entidad única que, con las especificidades de cada Ejército y la Armada, integra las capacidades terrestres, navales y aéreas en una estructura operativa a cargo del Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), que debe actuar conforme a los dictados democráticos que la Constitución establece. Para ello, son las Cortes Generales las encargadas de aprobar las leyes relativas a la Defensa, los créditos correspondientes y de ejercer el control de la acción del Gobierno en materia de Defensa. Asimismo, son las que conceden la autorización previa para los tratados o convenios internacionales de carácter militar y debaten líneas generales de la política de defensa, así como los planes de reclutamiento y modernización. Además, la participación de las Fuerzas Armadas fuera del territorio nacional ha de ser autorizada por el Congreso.

Es imposible repasar todas las actuaciones de los distintos gobiernos de estas décadas, las figuras más importantes, los sucesos y las medidas políticas más destacadas. Pero es obligado mencionar la figura del teniente general Gutiérrez Mellado, que fue capaz de crear una estructura de defensa desarrollando las ideas que ya había expresado el general Díez Alegría; y sucesos como la creación de la Junta de Estado Mayor, el CESID (Centro Superior de Información para la Defensa), la aprobación de las Ordenanzas Militares, el golpe de Estado del 23-F, la reordenación de las dele­gaciones de Defensa, el mandato del tan bien valorado Julián García Vargas, el desarrollo documental de la política de defensa –directivas, libros blancos, estrategias, etc.–, la creación de la Unidad Militar de Emergencias, los sucesos de Perejil y las intervenciones en Kosovo, Irak, Afganistán, Mali,...  

Según el relator y testigo de estos años, el teniente general Jorge Ortega Martín, muchas de estas reformas, se hicieron a espaldas a los militares, como muchas medidas de reducción del número de efectivos o la creación de la UME. Otras solamente pudieron tener éxito por venir de la mano de ellos, como aquellas llevadas a cabo por Gutiérrez Mellado.(1) La transformación que supone que las Fuerzas Armadas españolas pierdan poder político y tamaño se hace despacio. Se consigue pasar de un gran Ejército aislado internacionalmente y únicamente dirigido a la defensa de las fronteras nacionales a otro con un tamaño más ajustado y con capacidad internacional, que le permite trabajar conjuntamente con los demás países.

(1) La transformación de los ejércitos españoles (1975-2008); Jorge Ortega Martín; UNED, 2008.

La integración en estructuras internacionales, la profesionalización y la mujer

Estas transformaciones son provocadas por los cambios en el contexto y las dinámicas internacionales, al pasar de un mundo bipolar a uno multipolar a raíz, sobre todo, de la desintegración de la Unión Soviética y de la caída del muro de Berlín. Con la amenaza terrorista yihadista el panorama internacional aún se transforma más, pasando de vivir en un equilibrio estable y de contar con una amenaza concreta y definida, a un desequilibrio permanente y con un riesgo multidireccional. Todos estos cambios obligan a la transformación de las FAS, pues el contexto internacional cambia la misión y la forma de la defensa: hace falta tener capacidad de despliegue fuera del territorio nacional y, ope­ra­tivamente, es indispensable el trabajo conjunto de lo que hasta entonces se organizaba en tres ministerios diferenciados. Los distintos acuerdos con Estados Unidos inician un cambio en el estatus de una España que estaba aislada a un país que ya se relaciona. Este fin del aislamiento se verá potenciado con el ingreso de España en la OTAN, la UEO (Unión Europea Occidental) y la Unión Europea.

foto: Blindados LMV a su llegada a Qala-i-Naw.

El tercer capítulo esencial de esta compleja transformación de las FAS comienza en 1999. En ese año, se decide poner fin al Servicio Militar Obligatorio, la mili. Esta decisión plantearía nuevos retos para consolidar la plena profesionalización. No se trataba simplemente de sustituir un soldado de reclutamiento forzoso por otro voluntario sin más. Para ello, fue necesario reorganizar las estructuras, hacer de la profesión una opción atractiva para hombres y mujeres, establecer un plan de carrera adecuado y a su vez acorde con las necesidades de la Defensa, y reducir el número de efectivos, especialmente del Ejército de Tierra. En definitiva, hacer que el nuevo modelo fuese sostenible, tanto en recursos humanos como económicos.

De la mano de la supresión de la conscripción obligatoria tiene lugar la incorporación de la mujer a las FAS españolas, no por casualidad ni únicamente por justicia social, sino también por la necesidad de tener un nicho mayor de aspirantes a la carrera militar. Este proceso de incorporación en España se acomete despacio, pero con firmeza, mediante sucesivas normativas que van llevando a cabo mejoras y reformas en el mismo. En 1988, el Real Decreto Ley 1/88 de 22 de febrero abre las puertas de 24 cuerpos y escalas a las mujeres, con acceso a todos los empleos. A diferencia de cómo es el proceso de incorporación a las fuerzas armadas de otros países, en España ninguno de estos cuerpos ni escalas era específicamente femenino.

La Ley de Tropa y Marinería y su reglamento –Real Decreto 984/92– considera la posibilidad de ocupar casi todos los destinos, salvo en La Legión, en unidades de operaciones especiales, de paracaidistas, de desembarco, y en submarinos y buques menores. Será la Ley 17/99, de Régimen de Personal de las Fuerzas Armadas la que suprima todas estas limitaciones. De ella se derivará el Real Decreto 66/2000, donde se adecúan los ejércitos a la plena integración de la mujer. A día de hoy España cuenta con un Ejército profesional mixto en el que las mujeres pueden optar a cualquier puesto y empleo, sin ninguna discriminación por cuestión de sexo ni género. España es un modelo muy especial, pues desde sus inicios no hubo cupos para las féminas y paulatinamente se les fueron abriendo todas las especialidades y puestos. Este proceso de apertura ha contado, además, con el apoyo de la sociedad.

La enseñanza militar y la participación en las misiones internacionales

Con la consolidación del nuevo modelo de enseñanza militar de formación de oficiales, que –no sin muchas dificultades– ha sido adaptado a las exigencias del Espacio Europeo de Enseñanza Superior, conocido como Plan Bolonia, la enseñanza militar se integra en la universitaria. De este modo, los aspirantes a cadetes que ingresan en las Academias concluirán su capacitación de oficiales, pero también obtendrán un título universitario de grado en ingeniería. Por su parte, desde el año 2011 existe también un nuevo modelo de enseñanza de suboficiales, que les otorgará un título oficial de Formación Profesional. Estas reformas trascendentales permiten que España cuente con oficiales y suboficiales con doble titulación, civil y militar.

foto: Las alianzas son un claro instrumento para la defensa: en la imagen un general de Estados Unidos saluda al JEMAD español, Fernando Alejandre Martínez (foto Ministerio de Defensa de España).

Por otro lado, año tras año, la participación militar española en las misiones internacionales cobra más fuerza y solvencia cuantitativa y cualitativamente. Cada vez tenemos más mandos españoles al frente de destacamentos, de misiones de máxima relevancia o de organismos de defensa. España participa en operaciones fuera de nuestras fronteras desde el año 1989, cuando formó parte de la Misión de Naciones Unidas en Angola (UNAVEM). Desde entonces, más de 150.000 hombres y mujeres, militares y guardias civiles, han participado en alguna de las cerca de 50 operaciones en las que ha colaborado nuestro país. Los profesionales militares constituyen hoy en día, a diferencia de hace unas décadas, uno de los colectivos profesionales con más relaciones fuera de nuestras fronteras. Su labor es muy respetada y valorada, tanto por los efectivos de Fuerzas Armadas aliadas, como de la población en los lugares en los que llevan a cabo su labor.

Y es que España es un socio comprometido con sus aliados. Las FAS están preparadas para operar en cooperación con ellos o integrados en estructuras supranacionales. Su formación y adiestramiento, pero también el abierto carácter español, son de sobra conocidos y valorados fuera de nuestras fronteras. Actualmente, las Fuerzas Armadas están presentes en 15 misiones internacionales, con más de 2.600 militares y guardias civiles desplegados en cuatro continentes. Los contingentes más numerosos se encuentran en el Líbano y en Irak. La parte más triste de este alto compromiso es que cerca de dos centenares de nuestros hombres y mujeres han perdido su vida en ellas.

La renovación de los medios

Hasta principios de los años ochenta, la mayoría de los equipos de los militares españoles eran de material obsoleto sobrante de la II Guerra Mundial o de la Guerra de Corea. Es en esa fecha cuando se adopta un programa de adquisiciones a medio y largo plazo y poco a poco las cosas van cambiando. Se inician también en esa década las políticas de transferencia de tecnología de otros países. Este será el punto de partida de la reestructuración de la industria española de defensa y de la participación en programas de investigación y desarrollo internacionales. Pero los ajustes han de ser constantes.

La creación del Mando Conjunto de Ciberdefensa, fue uno de los grandes hitos de Pedro Morenés cuando estuvo a cargo del Ministerio de Defensa. El número de efectivos con que cuenta y los medios materiales son juzgados por los expertos como insuficientes para un campo tan crítico. Su mayor dotación es uno de los retos en los próximos años, obligado por las circunstancias que empujan a estar preparados para hacer frente a cualquier ataque militar a través del ciberespacio. La mayor dificultad a este respecto es que los nuevos escenarios cambian con rapidez. Los medios y capacidades han de adaptarse a ellos para obtener unas FAS rápidamente desplegables y eficaces en cualquier teatro de operaciones. Para ello, se han desarrollado capacidades que proporcionan una alta protección a las tropas.

foto: Las Fuerzas Armadas son los entes mejor equipados frente ataques con agentes RNBQ (foto Ejército de Tierra).

Se ha de estar preparado para llevar a cabo operaciones lejanas, como Afganistán, o mucho más cercanas, como Mali. Para ello los sistemas de mando y control son cada vez más sofisticados. El mundo evoluciona con rapidez. En el terreno de la seguridad la única certeza es la incertidumbre. Las amenazas cambian y surge la necesidad de adquirir nuevas capacidades. Por este motivo es esencial que la sociedad española conozca el contexto internacional y el papel tan necesario de sus Fuerzas Armadas. No adaptarse supone exponerse a mayores riesgos. Se llama cultura de seguridad y defensa al conocimiento por parte de la población de los riesgos y amenazas que se ciñen sobre ella. La cultura de seguridad y defensa en España, aunque va creciendo, tiene mucho margen de mejora.

En esta misma línea, es importante integrar la idea de que la seguridad es tarea de todos y que requiere un compromiso por parte de la sociedad y de sus representantes, con una visión mayor que el cortoplacismo electoral. Solo así se podrán abordar las necesidades que requieren estos tiempos tan agitados y cambiantes. Resulta indispensable una fuerte política de cultura de defensa en entorno no universitario, que parta del Ministerio de Defensa y que normalice el conocimiento de las FAS y los asuntos de seguridad y defensa por parte de los españoles, como sucede en otros países de nuestro entorno. La información y el conocimiento dan capacidad crítica y facilitan el apoyo o no de las políticas relacionadas con la seguridad. Hemos de saber porqué la libertad y paz no son gratuitas.

CONCLUSIONES

Estas transformaciones, obligadas por contexto internacional y también por coyuntura interna, han sido las causantes de tener, cuarenta años después, un Ejército razonablemente bien pertrechado, con un historial impecable de intervenciones en el exterior, integrado en estructuras suprana­cio­na­les y convencido de su subordinación al poder político y a los valores democráticos. Las transformaciones que han sufrido las FAS han sido importantísimas, se han producido despacio, con más o menos recelos por parte de una institución que se ha dejado y que ha querido adaptarse. Las Fuerzas Armadas españolas han sido una institución que se ha transformado y adaptado de una manera increíble, unas veces de forma consensuada, otras como imposición; unas veces de manera acertada y otras no, como sucede con todo proceso largo y complejo. Pero podemos decir que, gracias a todas estas transformaciones, actualmente las FAS que tiene España ni se hubieran soñado hace varias décadas.

 

 


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