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Boinas verdes, especialistas en tiro

El saber disparar bien con el fusil individual puede ser una cuestión de vida o muerte para cualquier soldado en una situación de guerra. Pero un boina verde no debe conformarse con disparar correctamente y nada mejor que un ejemplo para explicar las razones de ello. Imaginemos por un momento lo que supone efectuar un golpe de mano nocturno, entrando en un objetivo después de eliminar simultáneamente a los centinelas con unos disparos certeros mediante armas provistas de silenciador.

Irrumpir a continuación coordinando el fuego con el movimiento de los compañeros en plena oscuridad, mientras se avanza por espacios posiblemente reducidos, evitando confusiones que produzcan bajas propias. Llegar al local donde se encuentran los rehenes escoltados por sus secuestradores, que lógicamente se supone irán armados. Derribar la puerta y en fracciones de segundo distinguir a unos de otros, a amigos de enemigos, actuando en consecuencia mediante un tiro instintivo y preciso, en este caso auxiliados por sistemas láser y linternas acopladas a las armas.

Para que un boina verde realice con éxito este tipo de misiones, el tiro, en cualquiera de las modalidades que posteriormente veremos, debe ser dominado a la perfección, dedicando mucho tiempo de su apretado programa de instrucción a esta materia hasta lograr convertirse en un auténtico especialista del tiro instintivo. Debe conocer minuciosamente todas las posibilidades y defectos de las armas individuales de dotación, esto es, del fusil y pistola que tenga asignados. Es más, debe saber hacer uso de las mismas no solo de día sino, sobre todo, de noche y en condiciones de poca visibilidad y de climatología adversa: frío o calor extremos, lluvia, nieve, polvo. Y por si todo ello no fuera ya de por si suficiente, el soldado de operaciones especiales recibe además una instrucción complementaria en el tiro con armas colectivas y especiales que abarca el mortero comando, la ametralladora, el lanzacohetes C-90, armas con alzas, con visores nocturnos, con dispositivos láser y con fusiles de precisión. Veamos, seguidamente, como se entrenan los boinas verdes en el tiro.

CLASIFICACIÓN DEL TIRO
Conviene en primer lugar repasar algunos conceptos sobre la teoría del tiro. Este presenta diferentes modalidades de ejecución, según el tiempo disponible para realizar el disparo, la dirección del plano del tiro respecto al eje del blanco y la forma del terreno. Así, cuando el adversario se encuentra lejos o no advierte nuestra presencia, se podrá efectuar un tiro de precisión, sin prisas y desde una posición relativamente cómoda. Cuando en pleno combate se toman precauciones y se adoptan posiciones para protegerse del fuego enemigo, apoyando el arma en obstáculos, disparando con relativa rapidez, etc., nos hallamos ante un tiro de combate. Si acortamos aún más las distancias, como es el caso de disparar de inmediato al entrar en una habitación, sin tiempo para encarar los elementos de puntería, el tiro es instintivo, sin duda, el más practicado y útil para los boinas verdes.

foto: Boina verde con un fusil “Barret” de 12,70 mm. Para manejarlos se seleccionan a quienes mejores resultados obtuvieron con los fusiles de 5,56 mm.

Otra clasificación la podemos realizar, según lo dicho, teniendo en cuenta la dirección del objetivo respecto a la línea de tiro, pudiendo entonces denominarse tiro de frente, de flanco, del revés y de enfilada. El primer caso surge cuando el plano de los proyectiles incide perpendicularmente sobre el plano anterior del objetivo. Si lo hace sobre su costado o sobre el plano posterior, el tiro es de flanco o del revés respectivamente. Cuando ambos ejes coinciden, el de la línea de tiro y del lado mayor del objetivo, se le llama de enfilada. Por su parte, el terreno también juega un papel importante en las trayectorias que siguen las balas. Si éstas marchan próximas y paralelas al suelo por tratarse de un terreno llano, se denomina un tiro rasante, muy peligroso a lo largo de toda la extensión de esta línea por la que circulan los proyectiles. Si por el contrario, debido a que el boina verde no se encuentra pegado al suelo sino, por ejemplo, en lo alto de un edificio, o bien, cuando el terreno es ondulado o montañoso, el área peligrosa se reducirá exclusivamente a la zona de agrupamiento de los proyectiles, llamándose entonces al tiro fijante.
Llegados a este punto aún nos queda por hablar de otro tipo de tiro, el de instrucción, que sirve de iniciación a todos los principiantes en esta materia. Con el mismo se persiguen tres objetivos concretos: desarrollar la habilidad del tirador, aumentar la confianza en sí mismo y en el arma que maneja, y aprender a corregir la puntería hasta conseguir una precisión aceptable. Para progresar adecuadamente en una mayor o menor comodidad y estabilidad del tirador, en los ejercicios de instrucción se adoptan progresivamente diferentes posiciones de tiro que van desde tendido en el suelo, pasando luego a la de sentado, rodilla en tierra y de pie.
Por último conviene diferenciar tres conceptos muy utilizados en el léxico militar sobre esta materia. Me refiero al tiro preciso, corregido o exacto. El primero es aquel en el que los impactos se agrupan en una pequeña zona, aunque ésta no coincida con el centro del blanco. Cuando se da esta última circunstancia, es decir, si los impactos se producen alrededor del centro, aun no estando demasiado agrupados, el tiro está corregido. Finalmente cuando el tiro es a la vez preciso y está corregido, esto es, se agrupa precisamente en el centro, se llama tiro exacto.

LA INSTRUCCION TÉCNICA
El primer paso a dar cuando un aspirante a boina verde recibe un fusil durante su periodo básico de formación es adquirir unos conocimientos técnicos que le permitan subsanar los entorpecimientos del arma, desmontar sus piezas para limpiarlas, modificar los elementos de puntería para corregir el tiro, enmascarar las diferentes partes del arma sin obstruir zonas delicadas como la ventana de expulsión, punto de mira, gatillo…

foto: Mientras la primera fila realiza tiro de precisión, rodilla en tierra, la segunda efectúa tiro instintivo

A continuación viene uno de los capítulos más delicados en el proceso del aprendizaje de tiro, la adaptación del arma al cuerpo o mejor aún, diría yo, del cuerpo al arma. La compenetración entre ambos debe ser tal que ésta parezca un miembro más de aquel. De este modo el tirador, al igual que puede dominar un brazo suyo manteniéndolo inmóvil y en alto señalando con el dedo hacia un lugar determinado, debe ser capaz de apuntar su arma correctamente, contener la respiración para que el fusil no se mueva con el ritmo de ésta y apretar el gatillo sin que por esta acción final del dedo en el disparador se desvíe la trayectoria del tiro en el último momento.
Pero lograr que el fusil resulte un miembro más del cuerpo no es una tarea fácil. Lo primero es evitar rigideces y conseguir una cierta comodidad, pues sin ella tampoco existirá una adecuada concentración. Toda posición de tiro debe ser por tanto estable y exigir el mínimo esfuerzo muscular. Que sean los huesos y no los músculos los que soporten el peso del arma. Para ello ha de moverse el cuerpo hasta encontrar una postura natural en la que se apunte sin ningún tipo de tensión. El culatín permanece firmemente apoyado contra el hombro mientras que la mejilla descansa sobre la culata con el ojo frente al alza. La posición del tronco, piernas y brazos variará lógicamente según se esté tendido, rodilla a tierra, sentado o de pie.
Una vez bien fijada el arma al cuerpo y lograda la mayor relajación muscular, hay que dirigir el fusil hacia el blanco haciendo uso de los elementos de puntería. Estos son dos, el alza (próxima al tirador) y el punto de mira (cercana a la boca de fuego). De lo que se trata es de conseguir una línea recta que partiendo del ojo del tirador pase por el alza y el punto de mira y termine en el centro del blanco. El problema viene de la dificultad de la vista humana de mantener enfocados (nítidos) simultáneamente objetos tan alejados como los elementos de puntería, situados a tan solo unos centímetros del ojo, y el blanco, que puede estar a más de cien metros. Sin embargo, la mayoría de los tiradores tienen la capacidad de enfocar su vista al blanco, viéndolo nítido, y a continuación mirar hacia el alza, que también la ven con claridad. Estos sucesivos cambios de enfoque tienen lugar con tanta rapidez de delante a atrás y de atrás a delante que en la práctica blanco y alza parecen estar nítidos simultáneamente. Esta capacidad es conocida como la acomodación de la vista al tiro.

foto: Tiro con pistola. El pequeño tamaño de esta arma y la facilidad con la que puede desviarse la trayectoria de sus disparos, exige la máxima disciplina en el tiro.

La última acción antes de que se produzca el disparo es la de apretar el gatillo. Ello debe realizarse sin ningún esfuerzo consciente, deslizando el disparador hacia atrás siguiendo el eje del cañón, evitando así desvíos laterales del arma. El movimiento será uniforme y suave, sin pasadas ni sacudidas y, una vez más, en completa relajación. Para favorecer esto último debe de contenerse la respiración mientras dure la presión del gatillo. Efectivamente, si entre cada ciclo respiratorio existe habitualmente una pausa de dos o tres segundos, con la citada contención puede aumentarse sin esfuerzo hasta unos seis u ocho segundos, tiempo más que suficiente para apretar con suavidad el disparador.

DEL TIRO DE PRECISIÓN AL DE COMBATE

Del tiro de instrucción, que según hemos visto sirve para adquirir unos conocimientos elementales sobre esta materia y para confiar en las posibilidades del fusil asignado, el boina verde pasa sucesivamente por el tiro de precisión, de combate y, por último el instintivo.

foto: El mortero “Comando”, de 60 mm., consta de un tubo que lleva acoplada una pequeña placa base y goniómetro móvil, lo que permite hacer un fuego eficaz e inmediato,

Sin prisas, sin limitación del tiempo para efectuar el disparo, con el tiro de precisión realizado sobre dianas con círculos concéntricos se pretende, en una primera fase, agrupar los disparos en el menor espacio posible, y una vez logrado este objetivo, corregir el tiro hasta llevar el agrupamiento hasta el centro de la diana, es decir, obtener un tiro exacto. El grado de dificultad progresa mediante el tamaño de los blancos, primero de 1 m. de diámetro y luego de 0,5 m., la distancia entre el tirador y las dianas, que sucesivamente aumenta de 25 m. a 50, 75, 100, 200 m y por último, la comodidad de la posición adoptada por el boina verde, que va desde tendido en el suelo, hasta de pie, pasando antes por sentado y rodilla en tierra.
La correa del portafusil resulta de gran ayuda pues estirada a la medida de cada usuario, envolviendo el codo del brazo contrario al que soporta el peso principal del arma, sirve para producir una buena estabilidad en la sujeción y favorecer la inmovilidad del fusil durante la ejecución del disparo. Por su parte, de un ojo apuntando y el otro cerrado se intenta que al final los boinas verdes sean capaces de disparar, una vez lograda la acomodación de la vista al tiro, con los dos ojos abiertos simultánea mente, de forma que tanto el punto de mira como el blanco se vean nítidos al mismo tiempo. Durante este periodo se seleccionará entre los boinas verdes que mejor agrupen los impactos, a los futuros francotiradores, asignándoles los fusiles de precisión Accuracy y Barret.
Finalizados los ejercicios del tiro de precisión, se inician los de combate, adoptando posiciones similares a las que un boina verde puede encontrarse en el campo de batalla, esto es, tiro desde detrás de obstáculos, en esquinas, ventanas, puertas, descansando el arma sobre la mochila, apoyando el culatín en el hombro contrario. A continuación se sigue avanzando en la instrucción del tiro marchando con diferentes posturas, tanto del tirador como por la forma de llevar el arma, al objeto de practicar el paso con rapidez desde estas posiciones iniciales a la propia de un tiro instintivo. Así podemos hablar de tiro comando, de cazador, ultra, de axila..., basados todos ellos en detenerse, reducir la silueta del tirador y a la vez sujetar y apuntar el arma de forma automática.

foto: El lanzacohetes “C-90” es un arma desechable una vez utilizada, lo que facilita su transporte. La granada que emplea puede desde abrir brechas en paredes a destruir carros de combate.

Por otro lado, logrados todos estos objetivos con la actuación exclusiva de un solo boina verde, comienza el tiro combinado con el desplazamiento de compañeros, lo que supone extremar las medidas de coordinación y segundad en evitación de accidentes. Así, mientras uno o dos hombres avanzan corriendo por los costados del tirador, éste les apoya con su fuego. Cuando aquellos se detienen, se cubren y empiezan a disparar, es entonces el citado tirador quien inicia el movimiento, ahora protegido por el fuego de sus compañeros.
Por último, dominadas las diferentes modalidades del tiro con las armas individuales de dotación, normalmente pistola y fusil, pasa a aprenderse el manejo de las armas colectivas. El lanzacohetes C-90 no presenta ningún misterio pues resulta fácil de apuntar a través del visor con retículo que lleva incorporado. Por su parte el mortero Comando de 60 mm. al ser un arma que bate zonas, y que además lleva un goniómetro de fácil manejo, tampoco presenta ninguna dificultad para su empleo. Finalmente la ametralladora ligera MG-42, o AMELI, una vez disparadas unas cuantas cintas y aprendido a solucionar las interrupciones y los cambios del cañón, son armas muy apetitosas por el volumen de fuego que produce en intervalos reducidos de tiempo.

EL LASER, UN BUEN ALIADO
Un buen complemento al tiro de combate e instintivo lo constituyen una serie de ejercicios que se inician con perdigones, continúan con el tiro reducido en barracones del propio acuartelamiento y finalizan con fuego real en el campo de tiro donde son habilitadas una serie de calles, con sus puertas y ventanas simuladas con paneles. La novedad consiste, según veremos, en los dispositivos láser y pro-point acoplados a las armas.
El primero de estos ejercicios es el tiro con balines. Tiene lugar con armamento extranjero simulado, a escala real y con las mismas características que las armas originales, es decir, que para cargar, montar, quitar el seguro, disparar a ráfagas o tiro a tiro, hay que seguir los mismos pasos que daría un boina verde español de encontrarse una de estas armas durante el desarrollo de una misión en zona de guerra. Con esta práctica, a la ventaja de conocer el funcionamiento del armamento ajeno hay que añadir la posibilidad de realizar ejercicios de tiro en el interior de edificios del cuartel, eludiendo el peligro de los rebotes producidos sobre las paredes en el caso de utilizar munición de guerra, todo ello sin necesidad de desplazarse a los campos de maniobras y tiro.

foto: Con el láser  acoplado a la pistola se obtienen mayores prestaciones en los entrenamientos.

Los perdigones son pequeñas esferas de plástico que no se estropean con el impacto sobre siluetas de cartón o corcho (donde se quedan insertados), ni tampoco cuando rebotan tras hacer blanco sobre siluetas metálicas que van apareciendo repentinamente a lo largo de un circuito preparado a tal efecto. Además, son poco peligrosos si impactan sobre una persona con la excepción lógica de los ojos, motivo por el que los tiradores deben usar gafas de combate en población. Un siguiente paso consiste en sustituir los perdigones por munición de tiro reducido (eficaz hasta 20 m.) aprovechando el mismo circuito citado.
El siguiente ejercicio, efectuado con láser y disparos simulados con sonidos, se lleva a cabo sobre una pantalla gigante de vídeo o sobre una pared blanca de un salón en la que se proyectan películas de acción. En esta peculiar sala de cine se reproducen situaciones similares a las existente durante un golpe de mano o en un rescate de rehenes, debiendo el espectador, en este caso convertido en tirador, apuntar instintivamente hacia el blanco señalizándolo con el punto rojo del láser e inmediatamente efectuar o no el disparo, según se trate de un soldado oponente o de un amigo o rehén. En la pantalla del vídeo pueden establecerse de forma progresiva distintos grados de dificultad, en escenarios diferentes, reproduciendo lo que sería el momento más intenso de una acción cuando el tirador avanza corriendo por calles o por el interior de edificios (esto se simula habiendo grabado con la cámara en movimiento, enfocando a derecha e izquierda como si de la mirada del propio tirador se tratase). Así, como ejemplo de una de estas escenas, de repente salen de una esquina dos individuos que se cruzan con otro que aparece en una puerta, disparándose entre ellos, apuntando alguno de los que se supone es enemigo hacia el tirador, es decir, hacia el centro del salón, hasta que se escucha su disparo en la película de vídeo. Además, los contrincantes aparecen a diferentes distancias, adoptando diversas posiciones (de pie, tendido...), en distintos lugares (puerta, muro...), y en una situación estática o moviéndose más o menos rápidos como en un caso real.
Cabe señalar el magnífico entrenamiento que este tipo de tiro supone para el boina verde que instintivamente debe apuntar y, en fracciones de segundo, saber distinguir si es amigo-enemigo para actuar en consecuencia. A esta ventaja de aprender a adoptar posiciones instintivas hay que añadir la de no esperar hasta el final para ver los resultados en los blancos. En efecto, en cada disparo efectuado el punto fijo de láser le indicará, sin lugar a dudas, y tanto al tirador como al instructor situado detrás, si le está dando a la silueta o no. Es más, de tratarse de un contrincante, podrá observarse la pantalla como éste apunta y hace fuego (se escucha el sonido del dispar o del adversario) sobre el soldado que realiza las prácticas con láser, de modo que de antemano puede saberse si el boina verde habría sido o no lo suficientemente rápido y certero, anticipándose al tiro del enemigo o, por lo contrario, su lentitud o falta de precisión serían motivo de trágicas consecuencias.
Un tercer ejercicio consiste en un tiro nocturno con láser efectuado sobre siluetas metálicas abatibles, sin ningún tipo de iluminación artificial, colocadas bien en una línea de tiro o bien a lo largo de una vaguada, apareciendo las siluetas a medida que el tirador avanza. Todos los aficionados al tiro sabemos lo difícil que resulta acertar de noche a 20 ó 50 m. sobre blancos no iluminados. Ahora, con la ayuda del láser se apunta con el arma a la cadera, localizando en fracciones de segundo el blanco, y si el punto rojo señaliza el objetivo, solo hay que apretar el gatillo y con un solo disparo obtener un acierto.

foto: En el circuito de tiro de combate el boina verde va ocupando sucesivos puestos y hace fuego sobre siluetas abatibles.

Finalmente, el cuarto ejercicio de este circuito de tiro instintivo es también de fuego real pero sin láser, realizándose de día, a pleno sol, circunstancia en la que el designador no es efectivo pues no se ve el haz emitido. Por ello al dispositivo láser lo sustituye otro, denominado pro-point que consiste en una especie de visor ancho con un punto rojo en el centro, facilísimo de encarar con rapidez ante la aparición repentina de blancos imprevistos. Aquí interviene la imaginación para montar calles con paneles o incluso aprovechando los blancos cuadrados del tiro a los que se acoplan unos pies para que se mantengan verticales y así construir edificios con sus puertas, ventanas, esquinas, pasillos, etc., al objeto de efectuar disparos desde distintas posiciones y ángulos. Pero sobre todo, este ejercicio sorprende a los tiradores por las siluetas metálicas —abatibles cuando son tocadas por un disparo— que aparecen en cualquier momento del trayecto y que provocan con su caída el levantamiento de otras siluetas giratorias, vasculantes, etc. A ello hay que añadir siluetas móviles ubicadas encima de un carrito que se desplazan paralela, perpendicular o transversalmente a la línea de tiro.
En definitiva, el tiro instintivo con estos medios auxiliares —láser y
pro-point— efectuado en escenarios simulados, similares a los de un caso real, constituyen la culminación de la instrucción en tiro de la que, según hemos podido ver, los boinas verdes son unos auténticos especialistas.

Revista Defensa nº 263, marzo 2000, Vicente Bataller Alventosa (Tcol. Jefe del GOE-III)


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