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Así se forja un Marine: Boot Camp

Hoy conforman las plantillas del USMC unos 180.000 efectivos, centrados en cometidos de tipo expedicionario (foto Octavio Díez Cámara).
Hoy conforman las plantillas del USMC unos 180.000 efectivos, centrados en cometidos de tipo expedicionario (foto Octavio Díez Cámara).

El espíritu de lucha es básico para poder asumir los cometidos propios del combate que definen a diferentes unidades militares. El Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos, o USMC (United States Marine Corps) focaliza sus capacidades en sus combatientes: los “Marines” son tropas de élite forjadas para asumir cometidos de tipo expedicionario en cualquier punto donde se requiera su presencia.

Por ello se hace especial hincapié en todo lo que es su selección inicial, preparación física y capacitación moral y militar, una serie de valores que, hábilmente complementados, darán lugar a un tipo de soldado que será capaz de seguir las instrucciones de sus mandos con precisión y de trabajar coordinadamente con sus compañeros para obtener un determinado fin. Todo el proceso que permite transformar a un civil en un Marine incluye varias fases, que serán más o menos largas en función de la especialidad militar ocupacional MOS (Military Occupational Speciality) que escoja.

Lo que sí es idéntico es el proceso inicial de transformación que permite imbuir a los recién llegados en una serie de hábitos, rutinas, fundamentos, ideologías…, para hacer de ellos unas tropas de élite que sean capaces de cumplir los exigentes objetivos que definirán su carrera profesional. Se concreta en el llamado Boot Camp, una capacitación que les vamos a explicar.

Muchos datos llegan hasta nosotros en relación con los planes de transformación del Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos, una Fuerza que tiene hoy a unos 180.000 efectivos en sus plantillas y sobre la que se plantea, en documentos como el New USMC Force Design Initiatives publicadas por el Servicio de Investigación del Congreso estadounidense en octubre de 2020, una reducción de unos 12.000 de sus miembros a completar antes de que acabe la década actual.

En las capacidades ofensivas que, con sustanciales medios aéreos y terrestres propios, pueden conseguir las distintas estructuras operativas con las que el USMC responde a distintos escenarios y necesidades, sobresale una pieza que es clave para afianzar lo que son sus capacidades reales. Se trata del Marine, el combatiente individual que, en función de la especialidad que defina su carrera profesional, trabajará encuadrado en una u otra estructura. A ese personal se le da un adiestramiento básico en los centros de formación, inicial que se conocen como Centro de Reclutas del Cuerpo de Marines, o MCRD (Marine Corps Recruit Depot), uno de ellos localizado en las instalaciones de Parris Island (Carolina del Sur), en la costa Este; y otro, en la Oeste, en las de San Diego (California).

Se tienen unas exigencias mínimas para superar la formación, aunque para los más retrasados se insiste en determinadas áreas y así lograrán su objetivo de graduarse (foto Octavio Díez Cámara).

Adiestramiento

En este último lugar, donde he estado en la última década varias veces para ser partícipe de lo que allí acontece, hay un día especial, el viernes. Sobre las 6 de la mañana se van concentrando vehículos en la zona de acceso de la puerta 5, situada en la calle Washington, civiles que esperan en cola la correspondiente inspección de lo que llevan consigo y la aportación de algún documento que acredite quienes son. Se trata sobre todo de familiares o amigos de los que protagonizan una vistosa ceremonia que se inicia a las 10 de la mañana y finaliza sobre las 11:30, un acto que tiene lugar en la zona llamada Shepherd Field, para graduar a una de las doce compañías -alguna llega a tener 400 efectivos- que suelen estar en ese emplazamiento viviendo el intenso proceso formativo que les vamos a explicar; entre 3 y 5 de ellas se gradúan cada mes, siguiendo un plan preciso que permite que entre 15.000 y 20.000 nuevos jóvenes se especializan cada año en el MCRDSD.

Tan ingente cantidad de militares permite ir renovando las necesidades de las plantillas del USMC. Se trata de un proceso que se sustenta en reclutadores distribuidos por todo tipo de ciudades estadounidenses, que se encargan de promocionar un estilo de vida distinto, que permite a muchos una salida profesional y a otros incluso acceder a la obtención de la ciudadanía. Curiosa es la sensación que se tiene cuando, viéndolos desfilar con orgullo ante los presentes, se observa su especial juventud o se analiza que en momentos históricos, como cuando Estados Unidos desplegaba sus tropas en Afganistán e Irak un sustancial tanto por ciento resultaría herido o muerto en combate.

Ese hándicap no supone para ellos, hombres y mujeres -desde 2021 se las adiestra también en San Diego- que ese día visten una uniformidad que poco tiene que ver con la que llevarán en sus destinos o en operaciones reales, un problema y la tasa de los que solicitan ser admitidos no decae si atendemos a lo que, desde estamentos oficiales, se explica. Las mismas fuentes son especialmente precisas en lo que son los tres requisitos básicos exigibles a todos aquellos jóvenes que aspiren a ser combatientes de tropa: tener residencia legal en el país, una edad entre 17 y 28 años, y aportar el diploma que acredite haber realizado estudios preuniversitarios.

Tras presentar su solicitud y ser admitidos como precandidatos se les reúne por pelotones que llegan con cadencia semanal. Todos sus componentes siguen conjuntamente un proceso de transformación desde unos estándares propios de la vida civil -muchos proceden del entorno rural, pero también los hay de grandes ciudades- a uno en el que, como militares, formarán parte de un colectivo en el que deberán obedecer las órdenes precisas que reciban. Es un cambio conceptual que se consigue actuando en sus cuerpos y mentes con preparación personal y técnica y a través de imbuirles conceptos como el honor, el coraje y el compromiso.

Esa transformación es responsabilidad de sargentos con una larga experiencia de servicio y que actúan como Drill Instructor guiando, en su progresión, a aquellos que tienen bajo su mando. El proceso de adaptación al nuevo rol, con cambios físicos y psíquicos que buscan que sean capaces de enfrentarse a las batallas del futuro y ganarlas, dura trece intensas y exigentes semanas perfectamente definidas y orientadas en su ejecución y objetivo final; se les priva de comida y sueño, tienen que superar marchas diurnas y nocturnas, trabajan escenarios en los que evacúan bajas y deben suministrar logística a terceros, realizan ejercicios para valorar el potencial de liderazgo, se ejercitan en movimientos de infiltración a pie de día y de noche…, todo ello incidiendo en que la capacidad de actuar en equipo superará las actuaciones individualizadas.

Después del “Boot Camp” llegarán otros periodos más intensos y exigentes, que permitirán aposentar capacidades reales necesarias para los cometidos propios del combate (foto USMC).

Su primera semana la dedican a aspectos administrativos, a la entrega de uniformidad y enseres, a que conozcan las reglas básicas a cumplir o a pruebas físicas como el IST (Initial Strenght Test) que comprende flexiones en la barra y en el suelo y una carrera de fondo de 2,4 km. que tienen que realizar en menos de 13,5 min. Superados esos días llega el periodo de 11 semanas en el que se procede, en 4 fases o periodos preparatorios, a su capacitación personal y técnica en un proceso que dura de lunes a domingo e incluye jornadas maratonianas, con actividades tanto de día como de noche.

La primera fase de tres semanas está dirigida a iniciar el proceso de transformación personal, a que sepan apreciar su capacidad de esfuerzo y límites mentales o a conocer los valores que definen a la institución a la que buscan pertenecer; la segunda, que dura 4 semanas, afianza la intensidad de las prácticas y la exigencia en su preparación, para que sean capaces de desarrollar su confianza personal para hacer frente a adversarios internos o externos y a superar cualquier obstáculo; en la tercera dedican 3 semanas a avanzar hacia la consecución de los objetivos finales y en superar la prueba el Crucible, sirviendo la cuarta fase de una semana adicional, para preparar con intensidad todo lo relativo con su graduación.

Más específicamente, en la primera semana de las anteriores fases conocen aquellas características de la vida militar que les serán importantes, se les da el fusil de asalto reglamentario M27 IAR (Infantry Automatic Rifle) del 5,56x45 mm., derivado del HK416 de la germana Heckler & Koch; se les inicia en aspectos como los primeros auxilios o el programa de artes marciales propio y hasta se les dan consejos para incidir en su mejor transformación de cara a lo que se les exigirá en su evolución física.

La segunda semana suele concentrar su actividad en las estaciones del circuito de la Base, en la lucha cuerpo a cuerpo o el esgrima de fusil, y a trabajar la musculatura de su tren inferior de cara a una carrera de unos 4 km. que marcará el tránsito hacia los siguientes 7 días, que dedicarán a conocer aspectos organizativos, iniciarse en formaciones de orden cerrado y a superar distintas zonas de obstáculos. Los últimos días de la primera fase llevan a cabo ejercicios de supervivencia básica en el agua WSB (Water Survival Basic), donde se les concentra en una piscina en la que tienen que nadar con vestimenta militar de cara a poder ser ágiles, resolviendo problemas que puedan surgirles en los desembarcos anfibios propios de su especialidad como Infantes de Marina estadounidenses.

Cambio de ritmo

La progresión de la mayoría les suele llevar hasta el cercano Camp Pendleton, una base superlativa que incluye unidades operativas, campos y zonas de adiestramiento e instalaciones como las del Batallón de Entrenamiento de Campo, o WFTBN (Weapons and Field Training Battalion). que se encargará de la formación que reciban durante la segunda fase preparatoria. La experiencia se inicia allí con la llamada semana de la hierba (grass week), que les aproxima a las armas personales y los visores en ellas instaladas, para que sepan todo lo relacionado con ellas, de cara a calificarse como expertos en su manejo y tiro. Se desarrollan también marchas a través que llegan a 13 km y son el precedente de otra semana de campo (field week), que comprende temas relacionados con la preparación de su mochila, el mimetismo personal, ejercicios de tiro más exigentes, que realizan ya empleando prendas antibala o máscaras antigás, y marchas cada vez más largas y exigentes.

Vuelven durante la tercera fase al MCRDSD. Durante la octava semana tienen lugar prácticas de integración como equipo, superan una inspección por parte del comandante de las instalaciones o aprenden a hacer frente a heridas caracterizadas por un flujo de sangre intenso; la novena se caracteriza por tener que superar una pruebas físicas que comprueban su evolución, en prácticas de lucha cuerpo a cuerpo que implican 47 movimientos básicos o en pasar el examen one mind, any weapon; en la décima tienen lugar pruebas escritas que comprueban sus conocimientos, se ejercitan en técnicas de progresión vertical como el rapel y comienzan a trabajar, vistiendo ropa de gala, la ceremonia final.

La última semana de esta fase la dedican al Crucible, que suelen realizar en Camp Pendleton. Supone 54 horas continuadas de esfuerzo, que intentan simular el estrés propio del combate para validar como responden a pruebas, como una marcha de 70 km. de recorrido continuado, donde se les lleva al límite personal en lo físico y en lo psicológico. Su esfuerzo tiene como recompensa que reciban, acreditando la finalización de su adiestramiento básico, el emblema que aglutina al globo terráqueo, un águila y un ancla e identifica los valores que definen a los marines y que han sido afianzados en todo tipo de escenarios de lucha durante más de dos siglos.

Los “espartanos” del siglo XXI reza este mural, que define el carácter actual de la Infantería del USMC (foto Octavio Díez Cámara).

El proceso apuntado finaliza, el último viernes de la semana número trece con la ceremonia formal de graduación como infantes de Marina de Estados Unidos, que precede al proceso posterior de adiestramiento en función del destino al que se les asigne, aunque la mayoría de ellos volverán a Camp Pendleton para asumir una formación avanzada que incide en las capacidades necesarias de cara a su incorporación a los batallones del USMC. El esfuerzo realizado por cada uno de los alumnos que asisten al proceso preparatorio que les hemos descrito no es el único necesario. Para completarlo hay un trabajo intenso en un lugar que lleva asumiendo tareas formativas desde 1924 y que ha tenido picos de trabajo con ocasión de la II Guerra Mundial o las de Corea y Vietnam.

Hoy, el MCRDSD tiene como máximo responsable a un general de brigada, que se encarga de dirigir a un colectivo de 2.000 componentes de los cuáles1.200 es personal del USMC. De estos últimos, unos 500 son los drill instructors, la mayoría sargentos que, específicamente formados para la tarea en un centro específico, se encargan de la gestión directa de las distintas fases del proceso previamente apuntado, que imbuye a los formados de valores como el honor, el coraje o el compromiso. Los formadores están asignados a un Regimiento de Adiestramiento de Reclutas que tiene 5 batallones: Cuartel General y Servicios, con tareas tan variopintas como la seguridad, el armamento o el protocolo; Servicios de Apoyo que cubre aspectos administrativos y logísticos, y tres específicos de formación.

Son el 1er Batallón de Entrenamiento de Reclutas, o RTB (Recruit Training Battalion), el 2º y el 3º, con personal formativo al que respectivamente se identifica por las camisetas rojas, amarillas o azules que emplean en actividades formativas. En cada uno de ellos suelen mantenerse activas [1] 5 compañías identificadas por las letras desde la A (Alfa) a la M (Mike) y estructuradas de forma idéntica: las dirige un capitán e incluyen entre 4 y 6 pelotones con unos 9’ alumnos y 4 o 5 instructores cada uno.

Sobre la Base de San Diego, apuntamos que combina un entorno clásico con edificaciones de estilo español que se construyeron hace más de cien años,  almacenes de chapa metálica ondulada que en su día acogieron a alumnos y áreas que han ido adaptándose a las necesidades formativas, como las zonas deportivas externas con obstáculos, la piscina cubierta de grandes dimensiones, los gimnasios con zonas para artes marciales y la torre que facilita prácticas de movimiento vertical con las técnicas del rapel y fast rope.

Acabaremos con un apunte genérico sobre los que por allí pasan para ser marine de Estados Unidos. Un tanto por ciento relevante escoge servir con un contrato inicial de 4 años y menos son los que escogen un periodo mayor de hasta 6 en el que lo usual es que reciban unos 20.000 dólares al año de salario e incentivos como asistencia médica o plan de jubilación. Algunos optan por ampliar ese compromiso asistiendo a la preparación como suboficiales e incluso los hay que aspiran a ser oficiales. El USMC es una familia militar con hondas raíces y un carácter especial que hace que sus componentes se sigan considerando marine muchos años después de haber abandonado esas estructuras. (Octavio Díez Cámara)

[1] En función de las necesidades de personal de cada momento histórico.

 

 

 

 

 


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