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La artillería de campaña, un activo que recupera protagonismo

Las prácticas de tiro que me enseñaron el oficio de artillero en la Academia General Militar se realizaban con el obús Naval-Reinosa Modelo 1950 de 105/26 mm., con alcances habituales en el campo de tiro de San Gregorio de 6 o 7 km. y máximos de 11,4 km. Posteriormente, en Segovia, los cadetes tirábamos con el M114 de 155/23 americano, con la confianza de batir matabueyes. Su máximo alcance era de 14,5 km. Con este material, las distancias no eran mucho mayores que las de la artillería de la I Guerra Mundial (PGM).

Ya en el Goloso, en el ATP XII, mandé la Sección de Honores de la Plana Mayor con piezas de 105/26 Modelo 1943, batería que tiró las salvas de ordenanza en Getafe con motivo de la repatriación de los restos de S.M. Alfonso XIII. Mi batería se sintió protagonista de la historia aquella mañana de un enero frío de aguanieve junto a la pista donde aterrizaría el C-130 Hercules con los restos del monarca. El Grupo Expedicionario ATP XX contaba con el obús autopropulsado M109A1B, con un alcance máximo de 24 km., aunque la carga máxima, denominada de guerra, no estaba autorizada en tiempo de paz. Seguíamos con la misma artillería de principios del Siglo XX, entre otras cosas porque las comunicaciones analógicas, los tubos y las municiones no admitían mayores prestaciones.

Las mejoras del M109 han permitido llegar al modelo A6 Paladin, en el que unas nuevas suspensiones, un tubo optimizado y la digitalización del tiro permiten menos tiempos de entrada en posición, pero no suponen una mejora disruptiva. A su vez, la versión suiza Kawest (Kampfwertsteigerung) abandona el tubo M284 para incorporar el L47, con un alcance máximo de 27 km., que llega a 36 con Base-bleed, lo que implica nuevas municiones y, en especial, cargas de proyección y nuevas pólvoras acordes con las mayores prestaciones. 

Los sistemas de dirección de tiro digital han incrementado enormemente la precisión y la exactitud del tiro artillero, aunque el problema de la dispersión sigue estando ahí. Por ello, el uso de proyectiles guiados ha ido ganando protagonismo, con espoletas de corrección terminal (como la fabricada por ATK) o soluciones como Excalibur, un proyectil subcalibrado que alcanza los 40 km. y reduce sustancialmente el error probable, minimizando así los temidos daños colaterales.

foto: Vickers Modelo 1923 (foto Ejército de Tierra).

A su vez, los cohetes tienen un tratamiento particular. Concebidos para batir zonas, la precisión nunca fue prioritaria, ya que eran un complemento al cañón. El cohete Teruel de 140 mm. tenía un alcance de 25 km., pero el desa­rrollo de la familia se abandonó hace años y hoy ya no está en servicio. El sistema americano M270 MLRS alcanza 64 km, casi el doble que el cañón M107 de 175 mm. y mucho mayor que la de su evolución M110 de 203 mm. con capacidad nuclear.

Artillería pesada

El Krupp k5 de 283 mm. (1945) ferroviario tenía un alcance de 50 km. Durante la PGM se diseñó un cañón de 420/16 mm., el Gamma-Gerät, que era básicamente una versión a mayor escala del Beta-Gerät. Sustituyeron el tradicional cierre alemán de cuña por el de tornillo, usado por ingleses y franceses. El enorme Gamma fue lo que los alemanes llamaron Bettungsgeschütz (cañón de plataforma), al ir montado sobre un afuste fijo emplazado sobre una base de hormigón, algo que demoraba varios días la entrada en posición.

El monstruo pesaba 150 ton. y tenía que ser transportado en secciones sobre 10 vagones de ferrocarril (6 para el cañón mismo y otros 4 para las plataformas). Lanzaba proyectiles de 1.160 kg. a 12,5 km. de distancia. Moverlo era una pesadilla logística. Por esta razón, la artillería germana pidió una versión móvil: el primer obús realizó una demostración ante el kaiser Guillermo II en marzo de 1914 y el segundo fue entregado en junio de 1914.

La artillería naval permitió dotar las baterías españolas de costa. De todos los cañones, destaca por sus prestaciones el Vickers de 381/45, con un alcance algo superior a las 30 km. Su hermano pequeño, el Vickers-Amstrong de 305/50 llegaba a los 21,5 km. El más pequeño, el 152,4/50 alcanzaba lo mismo que su hermano mediano. 

En 1986 tuve la oportunidad de colaborar con Gerald Bull en Bruselas, en colaboración con su empresa Space Research, cuando en SITECSA, una sociedad del grupo UEE, trabajábamos para desarrollar un obús de 155/45, que finalmente acabó alumbrando el 155/52 SIAC, hoy en servicio en el Ejército español. La primera versión del 155/45 se integró en un taller de Granollers a partir de un boceto salido de mi lápiz, con APU (Auxiliar Power Unit), con motores hidráulicos y un pequeño motor diesel que le permitía entrar en batería de forma autónoma.

foto: Pieza de 155 mm. SIAC (foto Ejército de Tierra).

En 1990, Bull fue asesinado cerca de su residencia. Antes, había sufrido prisión por revelación de secretos oficiales en Estados Unidos. Él fue el genio inspirador del proyecto ultrasecreto del hiper cañón de Barbados, el proyecto HARP (High Altitude Reserach Project) en 1962 para la puesta en órbita de satélites. Para mí fue una experiencia personal extraordinaria. El trabajo de muchos dio a luz años más tarde a la boca de fuego que hoy presta servicio en la artillería de campaña (y de costa) española.

Con el obús de 155/52 y un proyectil subcalibrado ERFB (Extended Range Full Bore) se podían haber rozado los 50 km. de alcance usando el dispositivo de relleno de culote Base Bleed. El problema era que la fabricación a un coste tolerable de ese proyectil, extraordinariamente afilado y dotado de costillas en lugar de una banda de conducción, lo cual era sumamente difícil de fabricar.

El limitado alcance es algo que se ha paliado parcialmente con el proyecto ER02 A1/2 de la Dirección General de Armamento y finalizado por EXPAL con una sombra bien resuelta: el exigente ojivado sólo podía realizarse en los hornos de inducción de Santa Bárbara en Trubia. Al no poder acceder a esos equipos, EXPAL optó por incorporar una ojiva roscada al cuerpo del proyectil. Los alcances máximos llegan a los 40 km. Este conjunto pieza/proyectil está en el estado del arte actual. El francés Caesar de 155/52, por ejemplo, anuncia 42 km. de alcance máximo. De ahí parece muy difícil pasar si no cambiamos el enfoque 180 grados.

Automatización

Si bien la artillería de campaña ha dado pasos evolucionando sus medios, éstos han venido de la mano de la capacidad de los sistemas de información, al automatizar el problema del tiro y facilitando la planificación de los fuegos, la innovación en cuanto a las cargas de proyección modulares, la simplificación de las operaciones de carga y disparo, la disminución de las dotaciones de la pieza, el incremento de las capacidades del observador avanzado y el targetting, etc., pero poco se ha logrado en cuanto a los alcances máximos, manteniendo con ello la vulnerabilidad frente a la contrabatería.

Hay que pensar que, hoy por hoy, el cañón electromagnético (una solución mágica para algunos) es pura ensoñación en el campo de batalla. Tal vez en los buques se tenga acceso a la cantidad de energía eléctrica que precisa para funcionar, pero en campaña lo veo lejano. Recientemente se ha anunciado por parte del US Army el nuevo obús autopropulsado Paladín de 155 mm., capaz de lanzar un proyectil guiado a 65 km. de distancia con flechas de 17 km. Tal vez pueda pensarse que con este desarrollo la artillería cañón ha tocado techo, pero no es así.

foto: Artillería de campaña M-110.A2 (foto Ejército de Tierra)

Hace pocas fechas se ha presentado la munición experimental ramjet de 155 mm. de Nammo, que promete alcances de hasta 150 km. El principio es sencillo: incorporar un motor jet en el proyectil de forma que no haga falta penalizar su masa con el comburente (oxígeno), pues éste abunda en la atmósfera y se puede aspirar durante el vuelo. Son distancias posibles mediante la innovación disruptiva, tanto en proyectiles cañón como en cohetes. Alcances cercanos a 150 km. con guiado terminal y precios contenidos nos dejarán al resguardo de la temida contrabatería enemiga.

No hay nada nuevo bajo el sol, pero a veces viejas ideas solucionan problemas actuales. De los motores ramjet ya hablábamos mi padre y yo en el libro Las pólvoras y sus aplicaciones (UEE, 1992), Tomo II, capítulo 33. También citábamos el potencial de las cargas líquidas, de los cañones híbridos y de otros sistemas de propulsión, incluidos los llamados a funcionar en el espacio exterior (capítulo 50).

Conclusión: la Artillería de campaña no ha dejado de evolucionar. El manejo de vehículos aéreos no tripulados para la observación, inteligencia y designación de objetivos ha vuelto a exigir un esfuerzo por incorporar capacidades insospechadas hace unas pocas décadas. En paralelo, el manejo de UAV (Unmanned Aerial Vehicle) suicidas como arma de ataque y defensa supondrán el incremento del protagonismo artillero en el campo de batalla.

Estos dispositivos, junto con la lucha anti UAV por múltiples medios, entre los que destacará el láser pulsado de potencia, van a exigir a nuestros artilleros mantener y diversificar la escrupulosa preparación que hoy exhiben. Por si los retos fueran pocos, no olvidemos el dominio de la tercera dimensión y la función antiaérea. Son buenas noticias. La Artillería está de vuelta para seguir siendo la última ratio regis. (Manfredo Monforte Moreno, Dr. ingeniero de Armamento y artillero de la Academia de Ciencias y Artes Militares, ACAMI)


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