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El Arma Submarina de la Armada española. ¿De la serie 60 a la serie 80?

(Revista Defensa nº 216, abril 1996) Cuando S.M. el Rey D. Alfonso XIII sancionó la Ley que el 17 de febrero de 1915 creaba el Arma Submarina, dotó a la Armada Española del tercer componente que junto con el Arma Aérea y los buques de superficie la convertirían en una Marina bien equilibrada, entre las de tamaño medio.

Los orígenes de la actual Flotilla, Base y Escuela de Submarinos, ya tuve ocasión de abordarlos anteriormente (ver DEFENSA núm. 59), por lo que dejaré ahora de lado el aspecto histórico para hacer una detallada descripción del panorama que ofrece el Arma Submarina a mediados de la década de los 90, haciendo a la vez una llamada de atención en favor de la necesidad de seguir en la misma línea estratégica en la que continúan las grandes potencias, con la construcción de este tipo de unidades. Los EE.UU., el Reino Unido y Francia se han decantado además por la utilización exclusiva de submarinos nucleares a pesar de su elevado costo, algo que está justificado por su alto rendimiento en la mar.

foto: Puente del “Tramontana” con S.M. El Rey, el jefe del Cuarto Militar, el AJEMA y el comandante del submarino.

Pretender con nuestro presupuesto de Defensa fabricar este tipo de submarinos sería algo ilusorio, pero tal y cómo afirmó la más alta autoridad de la Armada en su intervención ante el Congreso de los Diputados, el pasado mes de octubre, es necesario sustituir a los cuatro submarinos de la Serie 60 (Delfín, Tonina, Marsopa y Narval), por encontrarse todos ellos en su tercer tercio de vida y contar, por tanto, con más de veinte años sobre sus cuadernas.
Quizás, la primera premisa fuese la de convencer al sufrido contribuyente de la necesidad de detraer del erario público la cantidad de 120.000 millones de pesetas, cifra aproximada del proyecto de construcción de cuatro submarinos convencionales clase Scorpene (EN Bazán/DCN), Mora y (RDM, de Holanda), Tipo T96 (Kockums, de Suecia) o los alemanes 209/212, que si no son nucleares al incorporar un sistema de propulsión independiente del aire (AIP), resultarían muy adecuados para el escenario estratégico que nos rodea: Mediterráneo y Atlántico Norte. El razonamiento es bien sencillo: el submarino es el arma de los débiles por su elevado rendimiento, no olvidemos que el 30 por cien de los hundimientos en ambas guerras mundiales fueron debidos a este tipo de nave, que une a su gran discreción el enorme efecto de disuasión que crea en un posible adversario o agresor.
Existen algunos estrategas teóricos, que piensan que después de la caída del Muro de Berlín y del desmoronamiento de la Unión Soviética, los submarinos ya no tienen razón de ser puesto que nuestras aguas dejaron de estar surcadas por los incómodos submarinos soviéticos clase Foxtrot, Whiskey, Charlie, Víctor, etc., y que las actividades de operaciones de mantenimiento de la paz han pasado a ser el objeto principal de las Marinas de Guerra, misión que creen puede ser desarrollada sin el auxilio de submarinos, olvidando el importante papel informativo y de inteligencia que pueden desarrollar. A estos creadores de una nueva Jeune Ecole del siglo XXI, habría que recordarles que el submarino es el arma naval más mortífera, y por lo tanto eficaz, creada en todos los tiempos, que su efecto de disuasión basta para mantener a una Flota amarrada en puerto, tal y como ocurrió en el conflicto de las Malvinas, y que es además la única unidad naval capaz de operar largos periodos de tiempo, por si sola y sin apoyo de nadie, en aguas en las que no se tiene superioridad naval ni aérea. La disminución del número de submarinos rusos y su práctica desaparición del Mediterráneo, no debe llevarnos a conclusiones erróneas, dada la proliferación creciente de estas naves en países inestables del Tercer Mundo, próximos a nuestras costas.

foto: El submarino “Tonina” (S-62) (Foto: Diego Quevedo Carmona).

EL ARMA SUBMARINA ESPAÑOLA HOY DIA

A lo largo de 80 años, la Flotilla de Submarinos ha pasado por muchas vicisitudes, desde un esplendoroso año de 1930, en el que se alcanzó un máximo de 16 unidades, hasta el mínimo de 1972 en que se contaba con un sólo submarino operativo, el Almirante García de los Reyes (S-31). Actualmente con ocho unidades homogéneas, al tener los mismos equipos de detección y armas, cuatro de la clase Delfín y cuatro de la clase Galerna, el Arma Submarina es un componente fundamental de la Fuerza de Combate de la Armada Española, encuadrada en la Flota y que tiene como cometidos principales:
* Combatir la amenaza submarina a nuestras líneas de comunicaciones marítimas.
* Atacar a la fuerza de superficie y al tráfico submarino del enemigo.
* Efectuar operaciones de minado ofensivo.
* Realizar incursiones en la costa enemiga.
* Llevar a cabo operaciones de recolección de inteligencia.
Estos cometidos, que son comunes a todas las Flotillas de Submarinos del mundo, ya que abarcan las posibilidades principales de ese tipo de buques basadas en su principal cualidad, la invisibilidad y consiguiente discreción, no han variado con el cambio de la situación estratégica mundial, al desaparecer el bloque del Este y derrumbarse el imperio soviético.
La Flotilla de Submarinos española está al mando de un capitán de navío de la escala superior del Cuerpo General de la Armada (COMSUBMAR), que auxiliado por un Estado Mayor ejerce las funciones de mando tipo y las de Autoridad Operativa de Submarinos (SUBOPAUTH) española dentro de la OTAN. Este capitán de navío, antiguo comandante de submarinos, es a su vez jefe de la Base de Submarinos Isaac Peral y director de la Escuela de Submarinos Almirante García de los Reyes. Normalmente también se le designa presidente de la Junta de Doctrina de Submarinos (PREJUSUB), organismo dependiente del Estado Mayor de la Armada, que crea la doctrina táctica de los submarinos españoles y edita todas las publicaciones de régimen interior de la Flotilla.

foto: Cámara de mando de un submarino Serie 70.

El Estado Mayor se encuentra bajo el mando de un capitán de fragata al que, además de haber sido comandante de submarinos, se le exige ser diplomado de Estado Mayor y dominar el idioma inglés dado el creciente número de ejercicios que se realizan con Marinas aliadas, y porque las publicaciones y documentos oficiales están escritos en ese idioma. El citado Estado Mayor tiene las cinco secciones clásicas, con un capitán de corbeta especialista en submarinos al frente de ellas, excepto en la de aprovisionamiento en la que hay un comandante del Cuerpo de Intendencia. En la Base de Submarinos un ayudante mayor, capitán de corbeta, se encarga de prestar el apoyo necesario a los submarinos y sus dotaciones, para lo que cuenta con los diferentes servicios necesarios: alojamientos, comedores, instalaciones deportivas, tanque de escape libre, biblioteca, enfermería, capilla, lavandería, etc. En la otra rama, la Escuela de Submarinos, un capitán de fragata, antiguo comandante de submarinos, es el jefe de Estudios del que dependen los diferentes departamentos de la Escuela de Submarinos, simuladores, secretaría técnica, etc.
En el ámbito de los simuladores, la Escuela puede considerarse modélica al contar con dos simuladores de plataforma correspondientes a la Serie 60 (SIENDA) y Serie 70 (SISMA), un simulador táctico (SATS) para el adiestramiento en el sistema de combate de los submarinos y en los lanzamientos de torpedos, que fue totalmente desarrollado por la industria nacional (SAES) en colaboración con la Escuela de Submarinos, y simulador de propulsión (SIMPRA) y de timones (ECA). 
Cuenta además la Base con unos extensos talleres de mantenimiento, carga de baterías, electricidad, etc., que orgánicamente dependen del Almirante del Arsenal de Cartagena, aunque su misión consiste en apoyar, como segundo escalón de mantenimiento, a los submarinos.

LOS SUBMARINOS
En la Figura 4 pueden apreciarse las principales diferencias entre los submarinos de ambas series; series que cuentan en esencia con los mismos equipos de detección, gracias a la modernización experimentada por la serie Delfín a mediados de la década de los 80, con la capacidad de lanzar idénticos torpedos de 28 generación, F-17 filoguiado contra buques de superficie y submarinos a “snorkel”, y L-5 contra submarinos en inmersión total. La serie Delfín conserva la capacidad de lanzar también los torpedos de la 1ª generación E-1 4 y E-1 5 contra buques de superficie y L-3 contra submarinos.

foto: El “Siroco” recuperando sus balizas con mal tiempo.

Ambas series sufrieron la modernización de baterías, instalándoseles elementos tubulares, con mucha mayor capacidad y vida útil, fabricadas por la factoría Tudor, de Zaragoza, con apoyo técnico de la casa alemana Hagen. Otras modernizaciones previstas son la instalación de nuevos equipos ESM Acrux fabricados por Indra, la optronización de los periscopios y la adquisición de sónares remolcados TAS, todo ello supeditado a la necesaria existencia de fondos presupuestarios, hoy por hoy inexistentes. Una vieja aspiración del Arma Submarina es la posesión de misiles SSM contra buques de superficie, tipo Subharpoon o Exocet, algo que de conseguirse aumentaría sobremanera el valor táctico de los submarinos clase Agosta y Pakistán en los suyos.

EL FUTURO

En la mente de todos los submarinistas españoles figura como primera necesidad la sustitución de los cuatro submarinos de la serie 60, submarinos que han cumplido perfectamente su función a lo largo de casi un cuarto de siglo en la Armada Española, llevando el peso del adiestramiento de la Flota, pues no hay que olvidar que nuestros buques y helicópteros son eminentemente antisubmarinos. El Plan Altamar, haciéndose eco de esta necesidad, preveía el inicio de la construcción de cuatro submarinos de la Serie 80, a finales de esta década, una vez que se hubiesen completado las otras construcciones necesarias en la Armada: patrulleros de altura, buques logísticos, cazaminas, buque anfibio, fragatas F-100, etc. Ya en la década de los 80 se hicieron estudios exhaustivos de la viabilidad en diferentes astilleros de Alemania, Francia, Holanda y Reino Unido para ver cuál era el proyecto que mejor se adaptaba a las necesidades de la Armada Española.

foto: Timoneles de buceo de un submarino clase “Ga1erna’

Desgraciadamente, la disminución del presupuesto de Defensa por debajo del 2 por cien del PIB, hizo inviable la construcción de la Serie 80, que de existir hoy día hubiera podido arrastrar a otras naciones aliadas o amigas (Portugal, Sudáfrica, Pakistán, Chile, Perú, etc.) que necesitaban renovar sus Flotas submarinas, a este proyecto. Nos estamos refiriendo, lógicamente, a aquellas Marinas que poseyendo submarinos clase Daphné o incluso los británicos Oberon, ven como sus naves se están quedando obsoletas y no quieren renunciar a poseer este arma.
En la Figura 6 figuran las características generales deseables en la Serie 80, características a las que habría que añadir la de contar con un sistema de propulsión independiente del aire (AIP), algo de lo que escribí en profundidad en mi trabajo “Submarinos anaerobios, la última tecnología” (ver DEFENSA núm. 185), y que constituye un sistema vital para un submarino que debe navegar hasta el año 2030. Con un sistema AIP, un submarino convencional es capaz de navegar hasta 15 días sin necesidad de recurrir al indiscreto snorkel para cargar sus exhaustas y siempre limitadas baterías, ya que el AIP permite por medio de un motor de combustión interna, células de combustible, diesel de circuito cerrado, etc., cargar contínuamente a bajo régimen las baterías. Las características generales reseñadas, junto con la propulsión AIP, permitirían a España disponer de un submarino con las siguientes cualidades operativas:

• Extraordinariamente silencioso, gracias al aislamiento acústico de todos sus equipos y propulsión.

• Gran capacidad de detección, al contar con equipos tales como sonar remolcado (TAS) y de costado (Flank array).

• Gran autonomía en la zona de patrulla, próxima a 30 días.

• Elevada potencia de fuego, al contar no sólo con torpedos filoguiados, sino también con misiles antibuque.

• Alta posibilidad de supervivencia, al incorporar un sistema AIP que le va a permitir tener su batería por encima del 80 por cien de su capacidad en todo momento.

foto: El “Mistral” —S-73— (Foto: Diego Quevedo Carmona).

EL PROYECTO ESPAÑOL ‘SCORPENE”
De cara a la construcción de la Serie 80, la Empresa Nacional Bazán ha desarrollado en conjunción con la DCN (Dirección de Construcciones Navales) francesa, un ambicioso programa denominado Scorpene (escorpina). Este proyecto culmina la colaboración entre ambas entidades después de más de treinta años de programas comunes, que permitieron la construcción de los cuatro Delfín y cuatro Galerna en los astilleros de Cartagena. El Scorpene o proyecto CM-2000, es un diseño nuevo que incorpora los últimos avances y tendencias tanto en su concepción (formas, construcción modular) como en su tecnología (motor propulsor síncrono, diesel de doble alimentación y casco de alta resistencia).

foto: La costa murciana conoce bien a los submarinos españoles. Aquí vemos el “Galerna” (Foto: Diego Quevedo Carmona).

Este submarino fue diseñado específicamente tanto para la guerra antisubmarina como para la antisuperficie, gracias a sus seis tubos y dieciocho armas (torpedos, misiles o minas). Su sistema de combate integrado descansa en redes de área local redundante reconfigurables en función del estado de aislamiento del buque, con consolas multifunción intercambiables en las que puede presentarse la información proveniente de los distintos sensores del buque. Un dato a tener en cuenta es la excelente habitabilidad prevista, algo que le permitiría a su dotación permanecer alojada en puerto sin necesidad de buscar alojamiento en tierra, inconveniente que afecta hoy día a las dotaciones de los Delfín y Galerna. El coste cifrado en unos 30.000 millones de pesetas por unidad se considera razonable frente a los 60.000 de los Tipo 212 alemanes.
Este proyecto, que sustituye al abortado Bipartito franco-español, podría ser una alternativa a los proyectos sueco (Gotland), alemán (Tipo 212) y holandés (Moray) que hoy por hoy son los más avanzados en submarinos convencionales, junto con el Kilo ruso.
El Scorpene puede incorporar un sistema AIP o anaerobio denominado MESMA, que de instalarse cambiaría la denominación del submarino de CM-2000 a AM- 2000, alargando su eslora hasta los 70 metros y aumentando su desplazamiento hasta las 1.870 toneladas. El MESMA (Módulo de Energía Submarina Autónoma), utiliza en esencia los mismos principios de funcionamiento que la propulsión nuclear, sólo que la producción de calor en el circuito primario se logra mediante la combustión de etanol en una atmósfera de oxígeno puro, en lugar de por una reacción nuclear. Esta producción de energía es aprovechada para generar vapor que moverá una turbina conectada a un generador de corriente, que después de ser rectificada alimentará a la batería. El único elemento móvil es una pequeña turbina de vapor, lo que hace que el sistema sea intrínsecamente silencioso (ver, sobre este tema: “El ‘Scorpene’, nuevo hito en la colaboración franco-española”, en DEFENSA núm. 168).

CONCLUSIONES
La Flotilla de Submarinos española ha llegado, a mediados de esta década, con ocho unidades homogéneas y bien adiestradas por el elevado número de ejercicios nacionales y aliados, operaciones multinacionales, patrullas, etc., en que participa. España puede sentirse orgullosa de contar con una unidad de élite como es el Arma Submarina, compuesta por más de 800 personas (de ellas dos oficiales femeninas) y que supone un pilar importante en la defensa de su espacio estratégico de interés vital, ya que incluso en tiempo de paz su papel es trascendente por el efecto disuasorio que produce entre potenciales agresores a la soberanía del territorio español y a sus líneas marítimas de comunicación.
Crear una unidad como ésta, bien dotada de personal y material costaría un esfuerzo y gasto ímprobos, y posiblemente no se alcanzaría el mismo resultado, dados los 80 años de experiencia con que cuenta.

foto: El “Tonina” (S-62), en seco (Foto: Diego Quevedo Carmona).

Comisionados de todo el mundo quedan gratamente impresionados por la disponibilidad y medios de adiestramiento de las dotaciones de los submarinos españoles, entre los que cabe destacar el moderno simulador táctico totalmente realizado por la industria nacional, y que permite que los lanzamientos de torpedos en cualquier condición se realicen de forma impecable, algo que antes era difícil de obtener en la mar dado su elevado costo, que limitaba el número de lanzamientos.
La sustitución de los submarinos de la Serie 60 es algo que no puede demorarse, y que acometería sin duda la Armada, que ya lo ha previsto en el Plan Altamar, de contar con los recursos presupuestarios necesarios. Existen soluciones válidas en el mercado para construir los cuatro submarinos de la Serie 80 en la factoría que la EN Bazán posee en Cartagena. No debe escucharse a los estrategas aficionados que preconizan la falta de protagonismo del submarino. No olvidemos que actualmente no hay nada efectivo para localizar y destruir un moderno submarino nuclear de ataque (SSN) que puede bajar a 900 metros de cota, transitar a más de 30 nudos y lanzar sus armas a más de 1.000 millas de distancia con una precisión de metros. Desgraciadamente, la Armada Española no puede contar con submarinos nucleares de ataque pese al inmenso valor estratégico que le daría, pero sí puede, por mucho menos costo, incorporar modernos submarinos convencionales de ataque dotados de un sistema de propulsión independiente del aire, ya que es lo más parecido a un SSN. Todos sabemos que la Defensa es cara, existe la posibilidad de gastar bastante menos, pero a cambio se pierde la guerra, y la Historia está llena de naciones que escatimaron en su defensa, con resultados nefastos al entrar en combate, y como muestra ahí está el desastre naval español del 98.

Revista defensa nº 216, abril 1996, José María Treviño


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