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Polivalencia y autonomía, las claves de los patrulleros OPV

El tipo de buques comúnmente denominado OPV (Offshore Patrol Vessel) engloba un segmento muy amplio en el que encontramos barcos de variado tamaño, normalmente por debajo de las 2.000 ton., con armamento ligero y sistemas no demasiado complejos. Operados por marinas de guerra o guardacostas, heredan la misión de los patrulleros, pero están diseñados para operar en alta mar y por periodos prolongados de tiempo.

Combinan una plataforma estable, que les permite operar lejos del litoral con un coste de adquisición y operación sensiblemente inferior a un buque de guerra convencional. Operan sobre todo en la denominada ZEE (Zona Económica Exclusiva), en torno a 200 millas de la costa, donde realizan misiones que podemos denominar de perfil bajo (en comparación a las estrictamente militares), como la vigilancia de contrabando y pesca ilegal, interdicción de actividades ilícitas, la vigilancia de instalaciones offshore o búsqueda y rescate en la mar. También se incluye garantizar la libertad de navegación frente a la piratería, comprendiendo rutas mercantes y el trabajo de las flotas pesqueras

Dependiendo de las necesidades de cada usuario, encontramos buques de diversos desplazamientos y tamaños; con armamento ligero, como ametralladoras pesadas o cañones de gran calibre; y plantas propulsoras de bajo consumo, que permiten autonomías prolongadas a velocidad de patrulla pero pueden ser más rápidos si es necesario realizar una interceptación. Son especialmente útiles en aquellos países que cuentan con una ZEE de gran tamaño que es necesario proteger y que requieren un elevado número de buques. De ahí que su adquisición sea más rentable en estos términos que una corbeta o fragata por ejemplo.

Mientras que son pocos los paí­ses que cuentan con portaviones o submarinos nucleares, por ejemplo, son muchísimos en todos los continentes que cuentan con patrulleros y también con los ahora denominados OPV. No se trata, por tanto, de un recurso para marinas de poca capacidad adquisitiva, que los adquirirían en lugar de corbetas o fragatas, como se ha llegado a decir, sino que potencias como Rusia, Francia o Australia, por citar algunos ejemplos, tienen importantes programas de adquisición de nuevos OPV para desplegar en sus aguas más cercanas.

Sin embargo, como mencionamos antes, son muchos los tipos de OPV, en función de las necesidades de sus usuarios. Tenemos buques de desplazamiento contenido, pero dotados de importante armamento, como los israelíes; otros sin sistemas de combate militares; algunos de tamaño compacto, pero con misiles de superficie, la mayoría carentes de sistemas de defensa aérea o algunos que pueden alojar hasta 2 helicópteros.

Polivalencia y autonomía

En líneas generales podríamos afirmar que las características principales de un OPV son la polivalencia y la autonomía. La primera se ve reflejada en configuraciones que permiten afrontar diferentes misiones, gracias a un acertado diseño, al que se suma la posibilidad de embarcar sistemas específicos en formato de contenedor o que pueden operarse desde la cubierta de vuelo o las polivalentes, incluyendo la zona de estiba de equipos. Entre estos están los de lucha contra la contaminación; vehículos aéreos no tripulados UAV (Unmanned Aerial Vehicle), tanto de ala fija como rotatoria, de superficie USV (Unmanned Surface Vessel) e incluso submarinos UUV (Unmanned Underwater Vehicle) no tripulados. Estos permiten ampliar el radio de acción de los sensores y desempeñar misiones específicas.

A menudo cuentan con una gran habitabilidad, muy por encima de la de su tripulación habitual, dado que están concebidos para actuar en casos de asistencia humanitaria o crisis medioambientales o, como en Europa hace años, en tareas de rescate de las víctimas de las redes de tráfico de personas que se encuentran en peligro en alta mar. Disponen también de cubierta de vuelo para alojar un helicóptero medio, a veces con hangar, pero no siempre, y, sobre todo, medios para desplegar y recuperar embarcaciones rígidas de casco hinchable RHIB (Rigid-Hull Inflatable Boat).

Mientras que los helicópteros permiten ampliar el radio de acción de los sensores del buque y adquirir información en tiempo real, las lanchas facilitan acercarse a otros navíos, realizar inspecciones o adentrarse en aguas litorales. Se pueden desplegar y recuperar mediante grúas, aunque muchos cuentan con rampas a popa para facilitar la entrada. Estas características se reflejan en la apuesta por diseños flexibles, modulares o fácilmente configurables a las necesidades del usuario, con diferentes longitudes de eslora, tamaños de cubierta de vuelo o equipos de misión, unos más próximos a buques civiles y otros con equipos estrictamente militares, incluyendo radares, sistemas de combate o equipos de guerra electrónica.

La otra característica es la autonomía, y es que, mientras que los patrulleros están diseñados para operar próximos a la costa, un OPV debe poder hacerlo en alta mar y durante prolongados períodos de tiempo, a menudo dos semanas. Imaginemos la ZEE de un país como Australia o Brasil, por ejemplo, o los distantes territorios galos alejados de la metrópoli, donde los OPV constituyen el principal medio de superficie. Obviamente, para operar durante más tiempo es necesario combustible, mayor habitabilidad para la tripulación y más capacidad para portar todo lo necesario para esa travesía.

foto: El OPV chileno Marinero Fuentealba (OPV-83) (US Navy)

Eso implica un mayor desplazamiento, que, en algunas ocasiones, los aproximan a corbetas e incluso fragatas, respecto a las que presentan importantes carencias de equipos militares. Pero es que hay que recordar de nuevo que su misión es diferente a la de estos, pues no están concebidos para operar en entornos de amenaza antiaérea, para luchar contra submarinos ni otros medios de superficie de entidad. Sí están equipados sin embargo para enfrentarse a amenazas de tipo asimétrico, a menudo mejor que los grandes buques de guerra. Cuentan con armamento de medio calibre, torres de empleo remoto y sensores electro-ópticos que les permiten reaccionar ante amenazas próximas en forma de esquifes o embarcaciones suicidas por ejemplo.

Estos medios son más que suficientes para realizar operaciones de interdicción contra narcotraficantes, piratas o pesqueros ilegales. El denominado trinomio formado por buque, helicóptero y embarcación interceptora de alta velocidad constituye una valiosa herramienta en este tipo de escenarios. También son útiles para ejercer la llamada presencia naval, cuando ciertas situaciones diplomáticas se presentan y se requiere su presencia para disuadir a un adversario regional ante algún tipo de pretensión, caso habitual cuando se trata de la siempre discutida extensión de las ZEE o cuando se descubren reservas de hidrocarburos en zonas reclamadas por más de un país.

Tendencias del mercado

Solo por analizar algunos de los casos citados, nos pararemos sobre ciertas novedades de este sector. Por ejemplo, los OPV para los territorios galos de ultramar, el programa POM (Patrouilleurs Outre-Mer), que contempla la construcción a cargo de SOCARENAM de 6 nuevos patrulleros de 70 m. de eslora, que se sumarán a otros 3 ya entregados, estando previsto que en 2025 todos los basados en el extranjero hayan sido renovados. Deberán poder operar un UAV con capacidad de despegue y aterrizaje vertical, o VTOL (Vertical Take-off and Landing). En un contexto de amenazas crecientes para los recursos pesqueros, la biodiversidad y las normas internacionales del derecho del mar, París tiene la intención de ejercer plenamente su soberanía y responsabilidades en Francia y en el extranjero, luchando contra la contaminación y por la preservación del medio ambiente y desempeñando tareas de búsqueda y rescate.

El caso de Australia también es significativo, puesto que en el marco del programa SEA 1180, en 2018 aprobó la construcción a cargo de empresas locales de 12 OPV por 2.400 millones de dólares, basados en un diseño de la alemana Lürssen. Los bautizados ya como Clase Arafura, por el nombre de la primera unidad, se basan en el Lürssen OPV 80 y serán empleados en misiones de vigilancia marítima y seguridad, aunque los entregados en último lugar reemplazarán a buques destinados a la lucha contra minas e investigación hidrográfica, lo que ilustra el concepto de polivalencia antes analizado. Con una eslora de 80 m. y un desplazamiento próximo a las 1.700 ton., tendrán una autonomía de 4.000 millas náuticas y una velocidad máxima de 20 nudos, albergando una tripulación de 40 personas, que en caso de misiones de asistencia humanitaria podría incrementarse hasta las 60. Su cubierta de vuelo permitirá operar UAV, desplegar USV y UUV y dos tipos de lanchas RHIB, de 8,4 y 10,5 m.

El mismo diseño OPV 80 de Lürssen es el elegido por la Armada de Uruguay, que tiene previsto adquirir hasta 3 unidades. Se ofrecen otros dos diseños similares, el OPV 85 y el OPV 90, de 85 y 90 m. de eslora, respectivamente, pudiendo recibir armamento de mediano calibre, un sistema de defensa aérea e incluso un segundo helicóptero, que se alojaría en un hangar telescópico. Estos diseños se caracterizan por la cubierta de misión, que se ubica bajo la de vuelo, donde se encuentra la rampa para recuperar las lanchas o el espacio preparado para operar sistemas no tripulados.

Argentina se decantó en 2018 por los OPV 90 Gowind de la francesa Naval Group, encargando 4, de los que opera ya el primero, el ARA Bouchard (P-51). Sin embargo, este realmente era un demostrador construido por el astillero, que deberá ser modificado a la misma configuración de los otros 3 buques de nueva construcción, adaptándose a las necesidades de esa Armada, que lo usará para patrullar su ZEE, en la que predominan las malas condiciones meteorológicas.

Para todo tipo de necesidades

La Armada Bolivariana de Venezuela cuenta con dos tipos de buques que encajarían en esta categoría, ambos construidos en España por Navantia, concretamente los POVZEE (Patrullero Oceánico de Vigilancia de la Zona Económica Exclusiva) de la Clase Guaiquerí, basados en el Avante 2200; y los BVL (Buque de Vigilancia de Litoral) de la Guaicamacuto, que se derivan del diseño Avante 1400. Encargados 4 de cada uno, sin embargo por diversas circunstancias finalmente opera 3 de cada tipo.

Es representativo que Navantia ofrece su familia de patrulleros Avante con desplazamientos de 300 a 3000 ton., configurados como Patrol o Combatant, encajando los mayores en el concepto de corbeta, caso por ejemplo de las encargadas por Arabia Saudí, con una importante dotación de sensores y armamento. Navantia también es responsable de los BAM (Buques de Acción Marítima), diseñados y construidos para la Armada española para misiones de control del mar en escenarios de baja intensidad, liberando a las fragatas para otras tareas. Con casi 94 m. y más de 2.600 ton., están en el segmento superior de la categoría, también por equipamiento.

foto: El Naiguatá (GC-23), tercer buque de la clase Guacamacuto o Avante 1400 (Navantia)

Con 6 unidades en servicio, su diseño modular y configurable permite construir buques para aplicaciones específicas, como las hidrográficas, de inteligencia o de apoyo a submarinos, habiéndose aprobado este verano la construcción del denominado BAM-IS (Intervención Subacuática), que actuará como buque de salvamento y rescate de sumergibles, apoyando a los S-80 Plus, actualmente en construcción también por Navantia.

Colombia y Chile han construido sus propios OPV, denominados PZM (Patrullero de Zona Marítima), basándose en el OPV-80 de la alemana Fassmer.  En el caso de Colombia, COTECMAR construyó 3 de estos y planea otros 3 mejorados, denominados OPV-93C, de 93 m. de eslora, 14,2 de manga, 2.550 ton. de desplazamiento, una velocidad de 20 nudos y autonomía de 10.000 millas y de hasta 40 días. La Armada de Chile cuenta con 4 de estos PZM construidos por ASMAR, con desplazamiento en torno a las 1.800 ton., contando los 2 últimos con armamento mejorado y casco optimizado para las misiones antárticas. Se contempla la construcción de otros 2, que incorporarían mejoras en mando y control y comunicaciones, además de sonar remolcado y hasta misiles antibuque.

También son conocidos en la región los diseños de Israel Shipyards, que ha vendido embarcaciones ligeras y lanchas rápidas, ofreciendo actualmente los Saar 72, más próximos por concepto a una corbeta ligera. En diciembre del año pasado llegó a Honduras el OPV construido por ese astillero por valor de 54 millones de dólares para equipar a la Fuerza Naval, buque que recibió el nombre de General Cabañas y que se basa en el concepto OPV 62M, heredero de las Saar 4,5 de la Marina de Israel. Con una eslora de 62 m., tiene una velocidad máxima  de 32 nudos, una autonomía de 5.000 millas o de 14 a 20 días y una tripulación de hasta 30 personas.

El interés generalizado por los OPV se traduce también en la actividad del mercado de segunda mano. Por ejemplo, Brasil adquirió 3 encargados por Trinidad y Tobago a BAE Systems, bautizados ahora como Clase Amazonas; mientras que este verano Bahrein se hizo con el patrullero HMS Clyde de la Royal Navy, que había estado operando en la zona del Atlántico Sur desde su botadura en 2006, una vez que el año pasado fue relevado por un OPV más moderno, el HMS Forth.

Revista Defensa nº 510, octubre 2020, José María Navarro

 


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