Actualidad
Spanish Chinese (Traditional) English French German Italian Portuguese Russian Grupo Edefa

Armada Española: avances en el submarino S-80, F-110 y el nuevo BAM-IS

En un marco económico complicado por la pandemia del COVID-19, continúa el avance de los grandes programas para la Armada española, el submarino S-80 y las fragatas F-110, se aprueba la construcción de un nuevo navío de actividades subacuáticas y persiste la necesidad de modernizar las fragatas F-100, dotarse de nuevos  buques hidrográficos y más patrulleros, proyecto que podrían beneficiarse de la participación en el programa de la futura corbeta de patrulla europea EPC (European Patrol Corvette).

No perder capacidades es el gran reto, como en repetidas ocasiones ha recordado el Almirante Jefe de Estado Mayor de la Armada (AJEMA), Almirante General Teodoro López Calderón, insistiendo en la importancia de estar presupuestariamente a la altura en las partidas destinadas al mantenimiento y a la actualización de los medios. Tras firmarse la orden de ejecución en abril de 2019, ya está en marcha el programa de las nuevas fragatas F-110. El plan prevé dotarse de 5, que se han designado como Clase Bonífaz, y que sustituirán a las 6 de la Santa María, representando la disminución de una unidad.

La Armada no alcanza ni al relevo de navío por navío de la década pasada, cuando se pudieron sustituir las 5 de la Clase Baleares por otras tantas F-100/105. Además, tiene previsto realizar la modernización de media vida de las estas últimas, que afectará a la plataforma, pero, sobre todo. al sistema de combate, con la idea de mantenerlas plenamente operativas hasta 2040-45, cuando está previsto sustituirlas. Para este programa se aprovecharían los sistemas desarrollados para las F-110, de cara a lograr la máxima razonable comunalidad en su sistema de combate y manejo de armas entre ambas clases, evitar riesgos tecnológicos y aunar sinergias en la formación del personal.

Los navíos de escolta son la base de la Armada, tanto para proteger nuestras amplias costas y vías comerciales, mayoritariamente marítimas, y atender a los continuos compromisos con la UE NAVFOR (Fuerza Naval de la Unión Europea), por los que aporta principalmente buques a la Operación Atalanta, pero especialmente a la OTAN. La Armada lleva años siendo uno de los pilares de las 2 flotas permanentes SNMG (Standing NATO Maritime Group) de la Alianza y, de hecho, desde julio de 2020 lidera la SNMG2. Para materializar esto no se puede enviar a un patrullero, aunque sea de los avanzados BAM (Buque de Acción Marítima), sino que se necesita un navío de altas prestaciones en guerra naval convencional.

La Armada ya está planeando la modernización de media vida de sus fragatas del tipo F-100/105 (foto OTAN).

Hay que recordar que la Armada contaba con 6 corbetas de la Clase Descubierta, unos navíos pequeños de 1.640 ton. de desplazamiento, pero muy bien armados con todo tipo de sistemas antisubmarinos (ASW), antisuperficie (ASuW) e, incluso, antiaéreos (AAW), características por las que se apodaban oficiosamente como Hormiga Atómica, lo que no se puede decir de los BAM que las sustituyen. Por otro lado, y ligado al ambicioso programa de submarinos en marcha, la Armada se dotará con un nuevo navío de actividades subacuáticas, que tiene la denominación de BAM-IS (Buque de Acción Marítima de Intervención Subacuática).

Está previsto que se firme la orden de ejecución del BAM-IS en el primer trimestre de 2021 y su entrada en servicio se produciría hasta 2024. El Ministerio de Defensa lanzó el programa en 2017, ante la necesidad de un buque de última generación de apoyo para operaciones de buceo y para el salvamento y rescate de submarinos, aunque la indecisión del anterior Gobierno y los retrasos del actual, han demorado la puesta en marcha de su construcción, finalmente aprobada por el Consejo de Ministros el pasado 20 de noviembre de 2020. El novedoso BAM-IS, que reemplazará al veterano BSR (Buque de Salvamento y Rescate) Poseidón, no estará en servicio cuando se inicien las pruebas de mar del S-80.

Corbetas

Otra de las carencias de la Armada es que necesita una urgente actuación es su capacidad de patrulla y control marítimo de las amplísima Zona Económica Exclusiva (ZEE) con la que cuenta España. Para asegurar la misión, salvo los 6 modernos BAM, la Armada cuenta con una más que veterana flota de patrulleros, muchos de los cuales acumulan en sus cuadernas en torno a 40 años de servicio. Es por ello que se necesita poner en marcha el programa de adquisición de una segunda serie de BAM para desplegar nuevos navíos adaptados al rol de patrulla marítima. Una de las opciones pasa por la colaboración en el EPC, un Programa todavía en fase de definición, en el que España se integraba, junto con otros 3 países de la UE y de la OTAN: Francia, Grecia e Italia.

Los plazos se antojan largos ante la acuciante necesidad de control de la ZEE española, por lo que la solución más rápida sería contratar esa segunda serie de BAM directamente a Navantia. En la parte industrial, en el caso español el programa EPC es liderado por ésta. La otra gran novedad de este interesante proyecto es que forma parte de la Cooperación Estructural Permanente (PESCO) de la UE, lo que se traduce en la financiación del organismo de parte del Programa, especialmente en las críticas primeras fases de definición y desarrollo tecnológico del proyecto. Incluye, además de a Navantia, a la francesa Naval Group y la italiana Fincantieri (que lo harían conjuntamente mediante su empresa común Navaris), que se encuentra ya trabajando en las primeras fases de definición del proyecto, que dotará a las marinas de las 4 naciones de un navío de combate ligero de última generación.

Será una plataforma común y multimisión, que pueda ser utilizada por las marinas de los países participantes u otras ajenas, abriendo así un importante número de oportunidades de exportación en este importante mercado. Hablamos de un navío de escolta de unas 3.000-3.100 ton. de desplazamiento, unos 110 m. de eslora y 5 de calado, totalmente modular, como todos los de última generación, un diseño altamente demandado tanto por marinas de primer orden, como de otras de menor presupuesto para el control de sus aguas marrones (costeras). Con la participación de los ministerios de Defensa, el EPC cumpliría en el futuro con los requisitos para acceder a la importantísimo Fondo de Defensa Europeo, lo que permitiría consolidar financieramente el proyecto.

La Armada cuenta actualmente con 2 series de veteranos patrulleros de altura OPV (Offshore Patrol Vessel), las antiguas corbetas de la Clase Descubierta y las de la Clase Serviola, que necesitarán el relevo por modernos navíos. En ambos casos apenas se las ha modernizado en los últimos años, más allá de dotarlas de un pequeño número de nuevos sensores. Dado que de momento estamos ante las fases iniciales del Programa, no se sabe todavía cuántos de estos navíos encargará la Institución, ni su rol exacto, aunque el AJEMA apuntó a que el requerimiento español se inclinaría por un buque de acción marítima de altas prestaciones para patrulla de altura, frente a planteamiento, como el italiano, que busca corbetas destinadas al combate en escenarios de alta intensidad, con importantes sistemas de armas.

Puesta en marcha esta renovación, se hace urgente hacer lo mismo con los medios de patrulla marítima. De ahí que cobre relevancia el programa EPC, que además puede beneficiarse de las políticas del plan PESCO, si bien las necesidades de los socios no son idénticas. Las misiones principales de estos buques se centran en la protección de los intereses en los espacios marítimos de soberanía e interés nacional, con especial atención al mar territorial y a la ZEE. Se busca así prevenir, disuadir y detectar actividades ilícitas, localizar los buques sospechosos de estas actividades, prestar apoyo a organismos del Estado en la lucha contra las actividades ilícitas y efectuar operaciones de interdicción marítima, además de la obvia de prestar auxilio y rescate en la mar.

Salvo los 6 BAM de la Clase Meteoro, que entraron en servicio entre 2011 y 2017, la Armada cuenta en esta área con las veteranas 2 Descubierta reconvertidas a patrulleros, entregadas a la Armada en 1980, acumulando 40 años de servicio, siendo su cometido original muy diferente al ahora encomendado. También se incluyen los 4 Serviola, con entradas en servicio en 1991 y 1992; los 3 supervivientes Anaga, que son aún más veteranos (1981-82), mientras que los Toraya lo hicieron en 1987 y 1988. Los 3 patrulleros de Cooperación Pesquera conforman la Clase Chilreu, habiendo causado este ya baja al tratarse de un antiguo barco pesquero reconvertido, mientras que los 3 en servicio fueron encargados para el cometido de vigilancia, inspección y apoyo a la flota pesquera, con entradas en servicio en 1997, 2000 y 2004.

De los 2 patrulleros de vigilancia costera, aún consta en el listado de la Armada el P-101, si bien en mayo de 2020 causó baja en el Listado Oficial de Buques de la Armada, mientras que el P-114, que entró en servicio en 1979, sigue en activo. Más veterano aún es el patrullero de vigilancia interior Cabo Fradera, que sigue desempeñando su misión fluvial en Galicia, siendo el segundo buque más veterano en la Armada (solo superado por el buque escuela Juan Sebastián de Elcano), pues fue construido en 1961 y entró en servicio 3 años después. Finalmente, hay que mencionar la necesaria renovación de los muy veteranos buques hidrográficos, vitales para los compromisos de seguridad internacionales asumidos por España para mantener actualizadas las cartas marítimas,  otra de las prioridades de la Armada.

El S-80, a buen ritmo

Uno de los puntos más críticos de la capacidad de la Armada es su bajísima disposición de sumergibles, ya que actualmente sólo le restan en servicio 2 unidades S-70, lo que se traduce en que la Flotilla de Submarinos (FLOSUB) sólo podrá contar con 1 unidad. Estos buques no dejan de ser imprescindibles, no sólo para cualquier marina militar, sino para las estrategias globales de defensa de una nación moderna, en buena parte gracias a su capacidad de disuasión, de ataque a las líneas marítimas enemigas y de realizar operaciones de inteligencia y encubiertas en las cada vez más numerosas zonas de conflicto gris, entre otras.

Tras pasar el programa de su desarrollo y construcción, que dirige la Dirección General de Armamento y Construcción (DGAM), unos años muy difíciles, ahora, tras algunos atrasos por la pandemia del COVID-19, lo previsto es que la empresa española Navantia ponga a flote el primero de la Clase S-80P (Plus) el próximo mes de marzo en su planta de Cartagena (Murcia). Esta primera unidad, el Isaac Peral, no estará en manos de la institución hasta principios de 2023.

Esta primavera se pondrá a flote el primer submarino S-80 Plus, el Isaac Peral (foto Julio Maíz).

Este relevo marca 2 próximos retos, según explicó el vicealmirante Gonzalo Sanz Alisedo, Jefe de la División de Planes de la Armada, mantener la capacidad operativa y asegurar una transición ordenada de los S-70 a los S-80. El otro objetivo es preparar el apoyo al ciclo de vida de la nueva serie de submarinos, en la que, por primera vez, España tiene la autoridad de diseño. Estamos ante un medio internacionalmente designado como SSK (Hunter-Killer Submarine) de última generación, con capacidad oceánica de larga distancia, dotado de sensores y armas optimizados que también permiten su operación en el litoral.

Una de las características principales de la Clase S-80P es que dispondrá de un revolucionario sistema de propulsión anaeróbico AIP (Air-Independent Propulsion) desarrollado por Navantia en colaboración con Abengoa y Collins Aerospace, denominado BEST, el cual consume bioetanol para generación de energía y permite la navegación en inmersión silenciosa, pudiendo permanecer sumergido hasta 3 semanas. Esto lo hace muy apto para operaciones que requieren una alta discreción, como son las de inteligencia desde aguas internacionales y las de infiltración y exfiltración de unidades de operaciones especiales.

El S-80P es actualmente el único submarino de 3.000 ton. en construcción a nivel internacional y se encuentra en la gama más alta entre los convencionales, dotando a la Armada de un arma estratégica de muy altas capacidades. Como unidad polivalente, sus misiones principales serán la vigilancia litoral y oceánica, la recopilación y reconocimiento de inteligencia y la disuasión de cara a fuerzas navales hostiles. Estas unidades pueden operar integradas en grupos de combate; están preparadas para la guerra antisuperficie, o ASuW (Anti-Surface Warfare); y antisubmarina, o ASW (Anti Submarine Warfare), incorporando sofisticados sistemas de torpedos pesados HWT (Heavy Weight Torpedo), misiles UGM-84 Harpoon y el minado de zonas estratégicas.

Proyección sobre tierra

En cuanto a la proyección del poder naval sobre tierra, la Armada dispone de la capacidad de lanzamiento de misiles de crucero Raytheon BGM-109 Tomahawk con posibilidad de ataque a tierra, o TLAM (Tomahawk Land Attack Missile), el apoyo y protección al despliegue de fuerzas desembarcadas y evacuación de personal civil. La falta de presupuesto y la política no posibilitará la deseada integración de este sistema de diseño y fabricación estadounidense. El S-80P está adaptado para transportar un equipo de 8 personas de fuerzas de operaciones especiales con todo el material requerido por la Armada, en concreto para su unidad denominada FGNE (Fuerza de Guerra Naval Especial), que tiene sede en La Algameca (Cartagena).

Ello evita que estos profesionales tengan que ser transportados en los pasillos, como ocurría en los anteriores de las series S-60 y S-70. El nuevo SSK cuenta con más de 6 estibas exteriores para diverso material específico para las misiones de infiltración, de las que 4 son resistentes a la presión exterior para material no sumergible (motores fueraborda, armamento, explosivos,…). Para mantener las condiciones necesarias de discreción, autonomía, etc., se le ha dotado de diversas capacidades de despliegue cercano a la costa de los profesionales de la FGNE u otra fuerza de élite o personal. Además de las formas de despliegue clásico entre 2 aguas (cubierta húmeda) o en navegación en superficie, el S-80P puede posarse en el fondo, lo que permite el despliegue de buceadores de combate, la espera en el mismo lugar durante la misión y su recuperación de forma segura. 

Además de cumplir la misión, se busca que el tiempo de exposición durante las operaciones de infiltración y exfiltración sea mínimo. Si además en el futuro se pudiese dotar de sistemas de minisubmarinos, o SEAL (Sea Air and Land) Delivery Vehicle (SDV), apenas expondría a la nave a las defensas ASW enemigas, en comparación con las tradicionales capacidades de despliegue en superficie o de cubierta húmeda, tantas veces practicadas por el personal de la FGNE desde las antiguas series de submarinos de Navantia, los S-60 y los actuales S-70, a los que sustituirán los 4 S-80P de los que se dotará la Armada.

Torpedos antisubmarinos MK54 para las fragatas F-110

El MK54 ha sido seleccionado para dotar a las fragatas F-110 de un torpedo ligero que les proporcione capacidad de guerra antisubmarina. Junto a este torpedo es preciso adquirir un nuevo banco de pruebas MK695 TSTS. El MK-54 forma parte del conjunto integrado de guerra antisubmarina (ASW) de las fragatas F-110 y el sonar de casco, el remolcado de profundidad variable, las sonoboyas, el sistema de procesamiento e interfaz con sistema LAMPS y los sistemas de defensa antitorpedo NIKIE o señuelos lanzables. El MK-54 es un torpedo ligero, de calibre 324 mm., estandarizado en la US Navy desde 2004, desarrollado por esta y Raytheon en el marco del programa Torpedo Híbrido Ligero. Tiene un peso de 276 kg. y una longitud de 2,7 m. (Julio Maíz)


Copyright © Grupo Edefa S.A. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.