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Submarinos “Balao” en la Armada española

(Revista Defensa nº 66, octubre 1983) De un total de cinco recibidos, los dos últimos submarinos de procedencia norteamericana en la Armada española deberían ser retirados en el curso del año 1983, y del 84, reemplazados por los mucho más modernos de la serie “Galerna” o “Agosta “. Los cinco pertenecen al tipo oceánico construidos en los EE. UU. durante la Segunda Guerra Mundial.

El primero de dichos submarinos sirvió en España desde 1959, pero los cuatro siguientes, con efectividad y características superiores a las de aquél en razón de su modernización, se incorporaron a la Armada a partir de 1971. Existían notorias diferencias entre ambas versiones.
La serie común a la que nos referimos dio cuerpo a la fuerza submarina norteamericana de la SGM, levemente reforzada por algunos otros sumergibles de preguerra. Unificada y normalizada, pues, la construcción de navíos de esta clase, la que preferiremos denominar serie única Gato/Balao/Tench, alcanzó las 226 unidades completadas; además de otras muchas en construcción, que al acabar la guerra se cancelarían y desguazarían en grada. Aunque nosotros consideramos un único tipo, la US Navy distinguió oficialmente tres, apenas diferenciados entre sí por el desplazamiento standard (idéntico en plena carga para las tres versiones) y la dotación, pero con dimensiones, silueta y características prácticamente idénticas. Los cinco submarinos españoles pertenecen o pertenecieron todos al segundo de los subtipos o versiones Balao, y el tercero cronológicamente, o Trench, es denominado a menudo Corsair. El conjunto de las tres versiones se ha conocido en ocasiones como Fleet class, o sea, serie Flota, aludiendo a las características plenamente oceánicas de los barcos, que podrían muy bien ser clasificados como submarinos de flota.
Al acabar la SGM, la serie Fleet constituía el núcleo casi completo de la fuerza submarina de los EE.UU. Hasta el nacimiento del Nautilus, primer navío de propulsión nuclear, e incluso después de él, se construyó un escaso número de submarinos clásicos para la US Navy, y aun éstos respondían casi siempre a funciones especializadas, como alerta radar, lanza-misiles, etc. El arrumbamiento de los numerosos Gato y similares llegaría con la generalización de los submarinos nucleares de ataque. Muchos de los Fleet se reservaron para experimentación o bien como pontones de entrenamiento para la Reserva Naval, mientras que otros muchos se cedieron a Marinas extranjeras en diversa cuantía: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, España, Grecia, Holanda, Italia, Japón, Paquistán, Turquía y Venezuela recibieron diversos ejemplares de dichas series en estados muy diferentes, desde la versión de guerra sin modificar y artillada hasta modernizaciones GUPPY.

La Marina, con mucho, más beneficiada fue la turca, que puso en servicio cantidades importantes de navíos del tipo y más adelante las reemplazó por otros similares mejor modernizados, con un total no inferior a los veintiún ejemplares, desde 1948. Las últimas transferencias correspondieron, claro está, a submarinos modernizados, según los programas GUPPY, los más largamente retenidos por la US Navy, que dio de baja su postrera unidad de la serie, el SS416 Tiru, el 1 de julio de 1975. A excepción de dos GUPPY cedidos en 1953 a la Marina Real neerlandesa, y luego desguazados, la transferencia masiva de submarinos con tal modernización sólo tendría lugar en los años setenta: desde 1971 a primeros de 1973, veintitrés GUPPY de las cuatro versiones que luego comentaremos se habían repartido entre ocho Marinas: Argentina, Brasil, Taiwán, España, Grecia, Italia, Turquía y Venezuela, conservando la US Navy todavía dieciséis ejemplares modernizados. La distribución de supervivientes de la serie a mediados de 1982 era la siguiente:
-Sin modernización GUPPY: uno, Chile (versión Balao).
-Con modernización GUPPY:
* versión GUPPY lA: 1 Argentina, 2 Perú, 1 Turquía.
* versión GUPPY II: 3 Brasil, 2 Taiwán, 1 Venezuela.
* versión GUPPY-IIA: 2 España, 1 Grecia, 7 Turquía.
* versión GUPPY-III: 2 Brasil, 1 Grecia, 2 Turquía.

foto: Esta curiosa foto tomada durante la Semana Naval de 1966, en Barcelona, muestra casi todo lo que tenía la Armada en submarinos. Están reunidos, de izquierda a derecha, los diminutos submarinos de “asalto” SA-42 tipo “Foca“ y SA-51 serie “Tiburón” con gente a bordo, acoderados al S-31, que ostenta un curioso numeral postizo. Próximos al muelle, los S-21 y S-22, cuyas “velas” de bañera muestran una clara inspiración en la del “Almirante García de los Reyes “.

El total es, pues, de veinticinco GUPPY,s entre ocho Marinas, más el chileno, que posee una modernización más limitada. Es indudable que el número de estos barcos se reducirá de año en año en todo el mundo, siendo muy incierta la posibilidad de que alguno llegue en condiciones de operatividad a la década de los noventa. En muchos casos, su sustitución se ha producido mediante la adquisición del extendido diseño alemán Tipo 209, de prestaciones muy elevadas, aunque responde a un concepto de submarino menor, con un radio de acción más reducido y las condiciones consiguientemente más limitadas para misiones de patrulla prolongada. En el caso español no es así, dado que son los Agosta, de radio de acción y reserva de torpedos casi tan grandes como en los GUPPY, los encargados de tomar su relevo, ofreciendo unas cualidades de velocidad, sensores y discreción comparablemente más altas que en los viejos submarinos norteamericanos; cualidades éstas que también aparecen en el Tipo 209 y en otros barcos contemporáneos.

LA MODERMZACION GUPPY

Haciendo abstracción de sus variantes ya relacionadas, la modernización GUPPY general fue un intento, al parecer muy logrado, de revalorizar los ya excelentes submarinos norteamericanos de la SGM, introduciendo en ellos refinamientos y modificaciones basados en la tecnología de los últimos sumergibles construidos por la Marina del III Reich, muy en particular su Tipo XXI, de características muy avanzadas, sobre todo en inmersión. Igualmente, la Marina soviética inspiró sus diseños submarinos de posguerra en los avances del tipo XXI.
Las características comunes a todos los submarinos Fleet modernizados bajo las siglas GUPPY, cualquiera que fuese su versión, se cifraron en los puntos siguientes:

-Instalación de snorkel —el Schnorchel de los alemanes—, que consentía navegar en inmersión poco profunda durante toda su autonomía. Tal modificación se convertiría, por otra parte, en obligada, y muchos submarinos no incluidos en los programas GUPPY, como el español Almirante García de los Reyes, la recibieron.
-Mejoras hidrodinámicas, con vistas a la navegación en inmersión: proa redondeada —detalle concluyente para distinguir externamente a un GUPPY cuando las bañeras en vela se habían extendido a Fleet no modernizados—; torre carenada, recubriendo mástiles y periscopios; eliminación de apéndices, y, desde luego, de la artillería de cubierta... Dentro de los GUPPY existieron variantes en el perfil de la bañera, aunque la de vela sería más frecuente, incorporada también, según hemos dejado escrito, a otros barcos no modernizados bajo este programa. De las mejoras ofrecidas por las aludidas transformaciones dará buena idea el dato de que, casi a igualdad de potencia, un GUPPY lograba los 13 nudos en inmersión, mientras que un submarino Fleet si modificar alcanzaba apenas 10.
- Baterías de acumuladores de gran capacidad, con 126 células (cuatro o dos grupos, según versión).
Las letras GUPPY son iniciales de Greater Underwater Propulsión Power, esto es: mayor potencia propulsiva en inmersión. Las variantes no fueron solamente las cuatro ya mencionadas, sino cinco:
GUPPY-I: dos ejemplares se modificaron con anterioridad a 1948, al objeto de estudiar prototípicamente las características generales de la modernización. Ambos se convirtieron posteriormente a la versión siguiente.
GUPPY-II: quince submarinos se vieron afectados por esta transformación, única en todo el programa que dota a cada barco con cuatro baterías de acumuladores —dos en las demás—. La modernización duró desde 1948 a 1950.
GUPPY-IA: diez ejemplares convertidos en 1951; sus diferencias con el tipo siguiente residen exclusivamente en las dimensiones del casco, y en los consiguientes desplazamientos.
GUPPY-IIA: dieciséis navíos modificados en el período 1952-54.
GUPPY-III. versión última y, por tanto, más avanzada. Se conservan aquí los cuatro diesel de origen, ganándose el espacio requerido por la instalación de sonares mediante un corte transversal del casco para añadir una sección de 3,6 metros de eslora, la bañera se prolongó en metro y medio para alojar un attack center, y se embarcaron motores eléctricos nuevos. El programa GUPPY-III, simultáneo a las modificaciones FRAM para destructores, duró de 1960 a 1963, y operó sobre diez submarinos, aunque la cifra primeramente propuesta fue mucho mayor (35), anulándose ante los firmes proyectos de construcción de submarinos nucleares de ataque con prestaciones, naturalmente, muy superiores. Los GUPPY-III se identifican fácilmente por las tres pequeñas velas verticales que ostentan sobre cubierta, una a proa de la bañera y dos a su popa, pertenecientes al sonar AN/BQG-4, que entre todos los GUPPY es exclusivo de la versión III.
El motivo de que todos los tipos, excepto el III, hayan reducido sus motores diesel de cuatro a tres fue la necesidad de lograr un mayor espacio para alojar las instalaciones del sonar AN/BQG-2, embarcado en todas las versiones. La reducción de potencia diesel baja la velocidad máxima en superficie de 20 a 18 nudos, por lo que los GUPPY-III mantienen los 20 nudos aproximados. Todos los navíos afectados por los sucesivos programas GUPPY pertenecían a las series Balao y Tench, ninguno a la llamada Gato.
Ya hemos citado las variantes de bañera que existen entre los submarinos de estas series, modernizados o no. La mayoría de los GUPPY,s poseen la torre de vela, como los S-32, S-34 y S-35, españoles, pero algunos recibieron torre en escalón, semejante en su perfil proel a la del Almirante García de los Reyes, que no era un GUPPY, pero con su perfil de popa, mixta, asimilable a una vertical más diagonal, que perfila una protuberancia en la sección popel inferior de la bañera (así, el S-33 español, alias “chepa”). Algunos modificaron varias veces la torre a lo largo de su vida: sin ir más lejos, el S-35 español conservó durante bastantes años después de su modernización GUPPY una torre en escalón simple, como la citada del S-31, pero en la fecha de su cesión y la había ampliado a la más habitual y voluminosa vela. Lo cierto es que la torre en escalón recién citada era muy corriente en navíos modernizados fuera del programa GUPPY, y bastantes de éstos recibieron también bañeras. Dentro de las torres en escalón había muchas variantes, y algunas mostraban a la intemperie parte de los mástiles izables, con el escalón superior muy breve. Todavía en los años sesenta abundaban submarinos Fleet sin modificación alguna significativa, desde los tiempos de su construcción, con una bañera de altura muy reducida y rebasada por todo el enjambre de mástiles y periscopios, en idéntico aspecto al que mostraban en la SGM Entonces solían embarcar algún cañón de cubierta de tres, cuatro o cinco pulgadas (76/50, 102/50 ó 127 mm.), tratándose en el último y más común de los casos de un 127/25 corto. Por supuesto que todos perdieron estas armas y otras de menor calibre con la modernización GUPPY, si no antes.

foto: El S-31 “Almirante García de los Reyes” en el puerto de Santander, en la Semana Naval de 1968, igualmente con marcas de casco postizas, que podían llevar a suponer —con mucha imaginación— la existencia en los muelles subterráneos de Cartagena de más de un “Balao” mantenido en secreto bajo las siglas S-31.

Los submarinos tipos Gato/Balao/Tench supusieron un gran avance de diseño en la época en que se construyeron: gran desplazamiento, prolongadísima autonomía, robustez de construcción y fácil reproducción en amplia serie, así  como una elevada potencia diesel que permitía tanto altas prestaciones en superficie como una veloz recarga de baterías. La US Navy los construyó en forma prácticamente normalizada, repartiendo el trabajo entre buen número de astilleros, llegando a organizarlo de forma tal que algunas unidades se construían en el breve plazo de nueve meses. Igual que sucedió con destructores de la misma época, reproducidos en gran serie, la rapidez no fue sinónima de provisionalidad ni de bajas calidades, dado que la duración de la vida de aquellas contrucciones se ha prolongado en muchas Marinas mucho más allá de la edad de desguace esperable. Los Fleet fueron siempre submarinos muy seguros, con una razonable cota máxima de inmersión —aunque muy inferior a las habituales hoy en día—. Y casco muy compartimentado, de doble sección en el centro y sencilla a popa.

LOS “BALAO” ESPAÑOLES

Cuando el S-31 Almirante García de los Reyes fue entregado a la Armada se preveía la cesión de un segundo, el cual, por alguna razón que desconocemos, jamás llegó. En su vida norteamericana, el primer Balao español, bajo el nombre de USS Kraken, intervino activamente en la SGM: realizó cuatro patrullas de guerra y algunos ataques colectivos mediante la táctica de las manadas de lobos, hundiendo un barco japonés en 1944 y dos en 1945, luciendo un par de banderitas japonesas pintadas sobre los tubos de lanzar por sus dotaciones norteamericanas, banderitas que conservaría durante su prolongado servicio español. El Kraken llevó a cabo también algunos salvamentos de pilotos navales en aguas japonesas, y terminado el conflicto pasó a la Flota del almirante Hasley. Modernizado fuera del programa GUPPY, y con notables adiciones en equipo electrónico, el Kraken fue transferido a la Marina de Guerra española en Pearl Harbour, Hawai, allá por el mes de octubre de 1959, tras las obras de revisión y reforma que habían comenzado en 1958.
El primer submarino moderno de la Armada española recibió el nombre de Almirante García de los Reyes, rompiendo con la costumbre que la Marina había venido siguiendo en los últimos años, de individualizar únicamente con siglas a los submarinos. Ello no obstante, recibió también la numeración E-1 —submarino número 1 del tipo E—, aunque ya había series con las letras G (el G-7) y con las F y T los de los tipos Foca y Tiburón. Por otra parte, aunque nunca adquirido por la Armada, hubo en los años treinta un muy curioso E-1, terminado por la empresa Echevarrieta y Larrinaga de Cádiz en 1931, construido según planos e intereses experimentales alemanes encubiertos, y que compraría la Marina turca para denominarlo Gür...

foto: El “Cosme García” navegando en superficie para cargar sus baterías.

Al adoptar la Armada española el sistema de numeración hoy en boga —una decena para cada serie—, el Almirante García de los Reyes dejó de ser E-1 para llamarse S-31, poco tiempo después de su entrega. Desde entonces fue el único barco mínimamente al día dentro de la fuerza submarina española, separado por un abismo tecnológico de los otros sumergibles, y no admitiendo comparación siquiera con los dos tipo D modernizados, los S-21 y 5-22, que, a pesar de la profunda transformación llevada a cabo en ellos, respondían a un proyecto original demasiado antiguo como para poderse actualizar en una medida razonable. El Almirante García de los Reyes fue en 1964 a Filadelfia para sufrir obras generales y cambio de batería, trabajos éstos que se prolongaron hasta el siguiente año. Con la baja del S-O1 alemán (ex G-7) en 1970 y de los S-21 y S-22 al año siguiente, el Almirante García de los Reyes pasó a ser el único submarino oceánico de la Armada. Sin embargo, la sustitución de los viejos sumergibles ya estaba prevista a manos de barcos GUPPY, aunque los submarinos de nueva construcción tipo Daphné se encontraban próximos a ser operativos.
Los acuerdos hispano-norteamericanos de 1970 favorecían la transferencia de un par de GUPPY,s, pero antes de escogerlos y recibirlos en préstamo la Marina adquirió —a primeros de 1971— un submarino versión IIA, que permitiría de primera intención engordar un poquito el solitario inventario submarino y después incrementar hasta cuatro unidades la escuadrilla de submarinos oceánicos de origen yanqui, estructurándola en forma paralela a los cuatro Delfín, que habrían de entrar en servicio entre 1972 y 1975. El GUPPY IIA fue, pues, propiedad de la Armada desde su transferencia (mientras que los dos siguientes serían préstamos) se les adelantó en un año y recibió una marca de casco, S-32, que lo equiparaban en serie al menos modernizado S-31 y un nombre con gran tradición, Isaac Peral, asignado el 16 de octubre de 1971. Como USS Ronquil había combatido, al igual que la gran mayoría de los submarinos de los EE.UU., en la SGM, en el teatro del Pacífico, hundiendo 10.615 Tm., y convirtiéndose en el primer submarino yanqui que entró en el Japón tras el armisticio. Bastantes años más tarde trabajó para los productores de Hollywood en Estación Polar Zebra.
En cuanto a los dos barcos ofrecidos por los acuerdos España-EE.UU., se aceptaron también dos GUPPY IIA. En un principio fue mencionado el SS-377 Menhaden, pero definitivamente se entregarían, en forma simultánea, los Picuda, en Key West, y Bang, en New London, éste con el dudoso palmarés de haber sido el primer submarino convertido en GUPPY-IIA. Ambos llegaron a la Base de Submarinos de Cartagena el 9 de diciembre de 1972, aunque ya el 14 de junio anterior habían recibido sus nombres españoles de Narciso Monturiol y Cosme García, ambos tradicionales. También ellos contaban con hoja de servicios de guerra, pues el Picuda había hundido nada menos que doce buques, destructores, dos de ellos con un total de 49.539 toneladas, y tal vez por eso se encontraba ya demasiado cansado como para durar mucho en la Armada española. En cuanto al Bang, en seis patrullas de guerra echó a pique a ocho barcos, que totalizaban 20.181 toneladas, y averió otros siete, ganando cinco medallas de combate. El primer hundimiento, con torpedos Mk.14, fue el del Takegawa Maru, el 27 de abril de 1944. Acabada la guerra, en febrero de 1947, sería colocado en reserva (en conserva plastificada), para reactivarse el 1 de febrero de 1951. La US Navy lo mantuvo en el Mediterráneo hasta 1972, y en aquel agosto, muy poco antes de ser transferido, realizó su inmersión número 10.000.

foto: Este submarino botado en 1944, sin modernización GUPPY y con muchas millas en sus cuadernas, era, sin embargo, en el momento de su incorporación, incomparablemente más avanzado que sus congéneres españoles.

Aún a fines de 1972 se gestionaba la compra, a precio reducido, de otro GUPPY-IIA. La negociación prosperó, y el barco pasó a denominarse S-35, sin nombre. Como SS-368 Jallao había operado también en el Pacífico durante el último año de la SGM, hundiendo el crucero japonés Tama, de 5.700 toneladas, y un transporte de igual nacionalidad. Entregado en New London en junio de 1974, debió llegar a España a finales de julio, y durante cinco años no tendría nombre. La idea primera era que sirviese para jubilar al 5-31 y unificar toda la fuerza de submarinos grandes alrededor de la misma versión, reservándosele, posiblemente, el nombre del Almirante García de los Reyes en cuanto éste fuese dado de baja. El paso siguiente fue la adquisición en propiedad de los S-33 y S-34, aún prestados, que tuvo lugar a fines de 1974.
Pero los planes no prosperaron y la compra del S-33 se reveló un mal negocio porque en 1975, cuando se estaba procediendo ya a la reducción de la dotación del S-3l Almirante García de los Reyes en antesala de jubilación, el Narciso Monturiol sufrió una muy seria avería en la propulsión, tanto que pasó a tomarse en consideración la rentabilidad de su reparación o la alternativa de su baja en lugar de la del S-31. A éste se le restituyó su dotación y recobró la plena operatividad, y durante algún tiempo el S-33 se mantuvo en primera situación (reserva) amarrado, no decidiéndose su baja definitiva hasta 1977. El Almirante García de los Reyes fue puesto algo más al día, recibiendo cuando menos un voluminoso domo sobre cubierta que debemos atribuir a un sonar adicional, tal vez procedente del retirado S-33, tal vez un AN/ SQS-4 proveniente de un destructor, tal vez nuevo o acaso experimental. El S-35, aún sin nombre, tomaría el de Narciso Monturiol del S-33, con fecha 27 de junio de 1979, y la flotilla de submarinos pasaba, pues, a estructurarse en forma simétrica: cuatro recientes Daphné o Delfín o S-60, por una parte, y por la otra cuatro Balao o S-30 o Almirante García de los Reyes, de los que únicamente el primero no era un GUPPY-lIA.
Así las cosas, el reemplazamiento de los cuatro norteamericanos, barco a barco, estaba ya sentenciado a manos de los cuatro Agosta o Galerna o S-70: el primero causaba alta provisional en período de pruebas en 1982, y debería seguir uno cada año, hasta 1985, de forma que, sin duda para librar dotaciones con destino a los nuevos submarinos oceánicos, en 1982 se dieron de baja dos Balaos, los S-31 y S-34. 12 desaparición completa de la serie en la lista de Buques de la Armada se prevé así escalonada, entre 1983 y 1984, con la fecha tope de 1985. El 2 de enero de 1982, la Agencia Efe anunciaba el final de la última singladura del S-31 Almirante García de los Reyes, habiendo cubierto bajo bandera española 132.252 millas de navegación y 10.257 horas de inmersión. El S-34, por su parte, realizaba su última inmersión el 28 de junio de 1982, en aguas del Mar de Alborán, y ésta coincidía en fecha con la primera salida a la mar del S-71 Galerna. Para el Cosme García se trataba en realidad de la inmersión número 11.064 de toda su historia, y dentro de la Armada realizó más de mil de ellas, rebasando las 7.000 horas bajo el agua. Sus servicios incluían patrullas durante la crisis en el Sáhara (1975), y a finales de 1979, junto con el S-35 recién bautizado como nuevo Narciso Monturiol y el Narval —tipo Daphné—, el S-34 intervino en el primer paso español en inmersión por el Estrecho, durante una navegación de los tres barcos hasta Canarias, que duró ocho días en cota snorkel.
Otra peripecia de los Balao españoles, acaso la última a destacar, tuvo lugar durante las maniobras Ocean Venture hacia septiembre de 1981, en que un grupo de buques españoles que incluía a los submarinos S-32 Isaac Peral, S-34 Cosme García y S-61 Delfín hubo de enfrentarse a una fuerza yanqui compuesta por los portaaeronaves anfibios Saipan (39.300 toneladas p.c.) y Guam (de 18.300), un crucero tipo Belknap y un destructor de cada uno de los tipos Farragut, Charles F. Adams y Spruance, más una fragata tipo Bronstein. Pues bien, aunque el Cosme García fue hundido el día 16, esa misma fecha el Delfín se situó inadvertidamente en posición de largar ocho torpedos contra la formación y, lo que fue más grave, el viejo Isaac Peral fue capaz de traspasar la barrera antisubmarina y torpedear al Saipan. Los sistemas de sonar embarcados por la formación norteameric ana incluían los muy potentes AN/ SQS26 AXR AN/SQS-23 y el más moderno AN/SQS 53 a bordo del destructor John Rodgers, tipo Spruance, lo cual consiente poner una vez más en tela de juicio la utilidad de los sistemas antisubmarinos más avanzados cuando las condiciones del mar no favorecen.
Concluyendo: los remanentes S-32 y S-35, últimos Balao españoles y de los pocos submarinos de la SGM que van quedando en el mundo, no pueden tardar ya en perder su condición operativa para ser dados de baja.

foto: Submarino oceánico S-34 ‘Cosme García”

LOS NOMBRES ESPAÑOLES

Precisamente fueron los Balao quienes rompieron con la tradición de la Armada de innominar sus submarinos, tradición que ha tenido algunas excepciones desde la creación del Arma Submarina en 1915, pero nunca continuidad hasta los años setenta:
-Almirante García de los Reyes—uno  de los nombres más largos —si no el que más— empleados por la Marina de Guerra española, revive la memoria de Mateo García Reyes, nacido en 1862 y ministro de Marina en 1928, que se encontró ligado a la fuerza submarina nacional desde su creación. Único buque de la Armada en llevar este nombre; en el día de su retirada el submarino lo cedió a la cartagenera Escuela de Submarinos.
-Isaac Peral—Oficial de Marina e inventor, se unió en lugar prominente a la pléyade de quienes a lo largo del XIX se esforzarían en todo el mundo por dar solución técnica a la navegación submarina, si bien Peral, como tantos otros, no logró que su navío sumergible fuese adoptado, desarrollado y tuviese continuidad. Botado el 8 de noviembre de 1888, espació sus diversas experiencias hasta el 7 de junio de 1890, en que verificó la última. Propiedad de la Armada, que aún lo conserva en buen estado en Cartagena, el que fue siempre denominado submarino Peral podría considerarse como primer buque en ostentar ese nombre. El segundo fue un sumergible tipo Holland, de construcción norteamericana, llamado ya Isaac Peral, y primero que sirvió como operativo en la Amada, desde 1916. Después llevó el mismo nombre durante sus años iniciales de servicio, a partir de 1925, el submarino C-1. El S-32 fue, pues, el cuarto Isaac Peral de la Armada, y ya antes de su retirada se ha adjudicado su nombre (1 de abril de 1982) a la Escuela de Submarinos.
-Narciso MonturioI(1819-1885)--Sometió a pruebas dos sucesivos submarinos de buenos resultados, denominados ambos Ictíneo, uno en 1859 y otro en 1860, con un tercero más perfeccionado en 1864: al tampoco hallar eco en sus investigaciones hubo de abandonarlas, sin que sus desarrollos se aprovechasen en ningún diseño ulterior. El segundo submarino operativo en la Armada española se denominaría A-l Narciso Monturiol, habiendo entrado en servicio en 1917. Los S-33 y S-35 representaron, por tanto, el segundo y tercer navío con tal nombre en la Marina de guerra.
-Cosme García.—Fue un inventor logroñés del siglo pasado, también interesado por los problemas de la navegación submarina, que llegó a construir y probar con éxito dos pequeños y sucesivos sumergibles: el primero, terminado en 1858, lo probó en Barcelona, y el segundo el 4 de agosto de 1860, en Alicante. Cosme García murió en 1874, y también un gemelo del primer Narciso Montunol, el submarino A-2, ostentó su nombre desde 1917, convirtiendo al S-34 en apenas segundo buque de guerra español con tal denominación.

LOS TORPEDOS

Ciertamente, muy poco se ha divulgado por lo que se refiere a los modelos de torpedos embarcados por los Balao en España. Tanto en armas convencionales—preprogramadas— como buscadoras acústicas, parece que se recurrió a torpedos de origen norteamericano y poca modernidad, en el caso del S-31 por las circunstancias y medios con que la Armada se desenvolvía, y para los GUPPY en vista de su provisionalidad de paso por la Marina.
Es posible que el S-31 Almirante García de los Reyes recibiese durante su servicio español, sobre todo en sus primeros años, torpedos G-7a de origen alemán—los tres últimos Fletcher españoles modificaron sus tubos para acogerlos, acaso compartidos, con los Mk.15 norteamericanos— y de prestaciones, en su tiempo, elevadísimas, hasta el punto de inspirar algunos ingenios norteamericanos ulteriores. Pero probablemente los Balao emplearon con profusión torpedos Mk.14 yanquis de la SGM, y acaso aún sus sucesores Mk.16 y Mk.18, todos ellos convencionales, o sea, con trayectoria a programar antes del lanzamiento. El Mk.14 mostró un cúmulo de fallos en sus operaciones iniciales, fallos que atañían al montaje de la espoleta tras el lanzamiento y a su curso, factores ambos que llegaron a comprometer seriamente la seguridad del navío lanzador, y también problemas en las espoletas de proximidad, que a menudo no funcionaban en impactos seguros. En el transcurso de la SGM se solventaron sobre la marcha aquellas dificultades, de forma que el Mk.14 continuó en servicio con la US Navy hasta 1973, y con otras Marinas mucho después. Su sucesor Mk.16 no tuvo tanto éxito, propulsado por navol (mezcla de hidrógeno con peróxido de hidrógeno), pero sí el Mk.18, derivado de un torpedo alemán capturado intacto, y con un precio de aproximadamente 2/3 del coste de un Mk14, por lo que el Mk.18 fue reproducido en 8.500 unidades, resultando mucho más discreto que el Mk.14 para el torpedeo diurno, en razón de la reducida estela que provocaba en superficie su propulsión eléctrica, no de vapor.

foto: El “Almirante García de los Reyes”, ex-USS “Kraken” y ex-E-1, con su numeral definitivo S-31, que conservaría durante veintidós años.

En cuanto a torpedos acústicos, con seguridad se ha empleado en España el veterano Mk.27, porque en Cartagena se constituyó un taller para los mismos, dependiente de las Defensas Submarinas locales. No es difícil suponer que se encontraría relacionado con estos submarinos. Todos sus modelos se utilizaron en la US Navy en funciones de entrenamiento previas al Mk.37, y todos ellos eran de propulsión eléctrica y búsqueda acústica pasiva, útiles contra blancos de superficie y sumergidos, aunque la velocidad (12 nudos en búsqueda, 16 en persecución) los hacían, sin duda, muy poco aptos para las operaciones, sin contar con las dificultades inherentes a la escucha pasiva y a las contramedidas hoy en uso. Al tratarse de un 19 pulgadas (483 mm.), el Mk.27 sería utilizado desde tubos de 21 pulgadas de submarino con dispositivo de subcalibración. Otro torpedo acústico de la SGM fue el Mk.28, mucho mayor en longitud y con 21 pulgadas de calibre, del que se fabricaron más de dos mil durante el tiempo de la guerra; realizaba un recorrido preprogramado hasta la proximidad del supuesto blanco, y allí iniciaba la búsqueda acústica pasiva, únicamente en la fase terminal.
Existe la posibilidad de que la Armada haya utilizado también ingenios acústicos activos más modernos en sus Balao, como el Freedom Torpedo (filodirigido o programado) y, más fácilmente, el Mk.37, que en alguno de sus modelos embarcan las fragatas tipo Baleares y el destructor Marqués de la Ensenada (y embarcó su hoy desaparecido gemelo, el Roger de Launa), largando desde tubos Mk.25. Su operación desde submarinos es habitual desde hace tiempo, siempre con los dispositivos de subcalibración que compatibilizan estos torpedos de 19” con los tubos de lanzar de 21”. Más improbablemente, la Armada ha podido hacer uso también a bordo de los Balao de torpedos de origen francés similares a los embarcados en submarinos Daphné y Agosta, ya que de todos ellos se fabrican versiones de 21 pulgadas.
En los años sesenta llegó a citarse oficialmente el armamento del S-31 Almirante Garcia de los Reyes como compuesto por tubos lanzatorpedos en número de seis más cuatro varaderos de torpedos acústicos, lo cual podría abonar la creencia en la especialización de algunos tubos para empleo de torpedos de 19 pulgadas de calibre.

Revista Defensa nº 66, octubre 1983, ARTABRO


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