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Sri Lanca, el ocaso de los Tigres Tamiles

La guerra civil de Sri Lanka, que comenzó en 1983, rara vez llegó a ocupar los titulares de los medios de comunicación, pero causó un auténtico desastre humano y económico en la tradicionalmente apacible isla, antes conocida como Ceilán. No se sabe a ciencia cierta el número de víctimas que ocasionó, aunque se barajan cifras entre los 80.000 y los 100.000 muertos. Tampoco resulta fácil determinar el número de personas que tuvieron que abandonar sus hogares debido a los combates, aunque en algunos momentos superaron probablemente el millón.

El conflicto civil en Sri Lanka enfrentó al Gobierno del país con una insurgencia que arraigó en las zonas pobladas mayoritariamente por tamiles, una etnia con orígenes en la vecina India, que constituye el 18 por ciento de la población de la isla. La insurrección fue pronto liderada por la organización Tigres de Libe­ración del Elam Tamil (LTTE), uno de los grupos guerrilleros y terroristas más sorprendentes de las últimas décadas. Pionero en procedimientos tan siniestros como el uso de suicidas o el reclutamiento de niños para su milicia, el LTTE alcanzó una devastadora eficacia en combate.

Las raíces del conflicto se hunden en la rivalidad entre la etnia tamil y la mayoría cingalesa, que supone algo más del 75 por ciento de la población del país. Cuando se produjo la descolonización británica de la India, la isla de Ceilán, pasó a convertirse en Estado independiente y cingaleses y tamiles se enzarzaron en un enfrentamiento permanente. Se daba la circunstancia de que los segundos eran relativamente prósperos en comparación con la media de la nación. Muchos no se sentían especialmente motivados para iniciar una sublevación armada para separarse de Sri Lanka  y existían partidos políticos tamiles con una activa participación en la vida política del nuevo Estado. Sin embargo, grupos radicales de uno y otro bando comenzaron a exaltar los ánimos. En este contexto surgieron los Nuevos Tigres Tamiles, liderados por Vellu­pilai Prabakharan, un curioso personaje difícil de catalogar en algún tipo de movimiento político que no fuese el de una fanática obsesión por la independencia.

En 1975, los Nuevos Tigres asesinaron al alcalde tamil de Jaffna, un político moderado considerado traidor a la causa. El aumento de los ataques y su progresiva exigencia de un estado independiente incitaron aún más la violencia que ya existía contra los civiles tamiles en las áreas de mayoría cingalesa. En 1977, centenares de ellos fueron asesinados en una campaña de violencia instigada desde el Gobierno. Las matanzas, los desplazamientos de población y el caos resultante exaltaron los ánimos en la antes relativamente pacífica comunidad tamil. Los Nuevos Tigres vieron aumentar su apoyo popular y se convirtieron en el LTTE. Sin embargo, no eran el único grupo armado en el conflicto, debiendo convivir con otras milicias como la Organización para la Liberación del Elam Tamil (TELO) o la Organización Revolu­cionaria de Estudiantes de Elam (EROS).

foto: Patrulla del LTTE en un vehículo “pick-up”. Puede apreciarse el típico uniforme de camuflaje atigrado utilizado por los combatientes tamiles.

El inicio del conflicto armado

Generalmente se considera que el conflicto armado propiamente dicho comenzó en julio de 1983, cuando trece soldados gubernamentales murieron en una emboscada del LTTE. El ataque tuvo una devastadora respuesta por parte del Gobierno, que promovió y toleró una auténtica limpieza étnica en toda la isla. Durante lo que se denominó el Julio Negro, un número indeterminado de civiles tamiles, quizás hasta varios miles, fueron asesinados. Los Tigres Tamiles mostraron también una tendencia al uso de la brutalidad más extrema, que destacaba incluso en el ya de por sí bestial panorama de la guerra civil en Sri Lanka. Su estrategia se orientó a limpiar las zonas de mayoría tamil de elementos de otras etnias, especialmente cingaleses y musulmanes, mientras imponían su propio liderazgo dentro del movimiento insurgente. Acosados por las matanzas y por la agresiva conducta de las tropas gubernamentales, muchos no tuvieron más opción que arrojarse en manos de  una insurgencia, que no les inspiraba excesiva confianza.

En el terreno militar, las milicias tamiles no tuvieron demasiado éxito en sus operaciones iniciales contra el Ejército. La debilidad de los grupos insurgentes llevó a éstos a unir esfuerzos en 1984, creándose el Frente Nacional para la Liberación de Elam, que unía al TELO, el EROS y el LTTE. La acción coordinada de varios grupos permitió al menos asentar el control sobre la Península de Jaffna, aunque el LTTE siempre aspiró a convertirse en único representante de la resistencia. El conflicto entró entonces en una fase de estancamiento, que forzó al Gobierno a aceptar conversaciones de paz con los rebeldes. El Gobierno indio, que había prestado apoyo más o menos encubierto a la insurgencia tamil, tuvo un papel destacado en estas negociaciones, que finalmente condujeron a un acuerdo en 1987 por el que se reconocía una región tamil autónoma en el Norte y el Este de Sri Lanka. No satisfizo excesivamente al LTTE, que quedaba marginado en el Gobierno de la nueva autonomía. La India no estaba dispuesta a apoyar para ello a los potencialmente incontrolables extremistas de Prakhabaran.

foto: Un grupo de soldados de Sri Lanka pasa delante de los restos de uno de los tres Airbus destruidos en 2001 en el aeropuerto internacional Bandaranaike, como consecuencia de un devastador ataque de los Tigres Tamiles

El desaire a los Tigres Tamiles trajo consigo un dramático agravamiento del conflicto. El LTTE se negó a desmilitarizarse y a colaborar con las autoridades indias. En octubre de 1987, cinco soldados indios fueron asesinados por milicianos de los Tigres Tamiles y las hostilidades con las fuerzas indias de paz se convertían así en inevitables. Enfrentados al Gobierno de Sri Lanka, al resto de grupos tamiles y a las fuerzas indias en la isla, los Tigres parecían haberse buscado su propia ruina. Pero en ese momento se demostró la brutal eficacia que la organización podía llegar a desarrollar en tiempos difíciles.

En 1987, Prabakharan decidió recurrir a los ataques suicidas como método de combate. El primero se produjo en julio, reproduciendo el modelo utilizado por Hezbollah en el Líbano. Un camión bomba se lanzó contra una instalación del Ejército matando a varias decenas de soldados. Pero los Tigres pronto se mostraron innovadores. Crearon una unidad especial para lanzar ataques suicidas (los Black Tigers o Tigres Negros) y desarrollaron los procedimientos para flexibilizarlos mediante el uso de cinturones y chalecos explosivos, lo que permitía entrar en recintos cerrados o prohibidos al tráfico. De hecho, se considera que tuvieron una enorme influencia en algunos grupos terroristas palestinos, especialmente Hamas, que utilizaron de forma masiva esos cinturones durante la Segunda Intifada.

Pero, quizás, lo más eficiente de la estrategia del LTTE fue su capacidad para organizar una compleja estructura logística. Creó una red de captación de donativos entre los emigrantes y exiliados en el extranjero y también entre la población tamil en el Sur de la India. Además, se fue haciendo progresivamente con una flota de buques mercantes que utilizaban para transportar armas y abastecimientos a las zonas bajo su control. Los navíos participaban también en actividades como el contrabando de personas o estupefacientes, lo que contribuía a la financiación de la insurgencia y facilitaba los contactos con redes de tráfico de armas.

Con ventaja

Así pues, pese a encontrarse rodeados de enemigos, los Tigres Tamiles fueron capaces no solo de sobrevivir, sino de obtener una situación de ventaja. En 1990, las fuerzas de paz indias se retiraron de la isla después de sufrir más de mil bajas mortales. Todos los grupos armados tamiles, a excepción del LTTE, habían sido aniquilados o renunciado a la lucha armada. Los Tigres quedaban dueños del Norte de Sri Lanka y habían expulsado o masacrado a miles de musulmanes que vivían en Jaffna, convirtiéndose en el único representante de la resistencia tamil. Pero el LTTE aún fue más allá. En 1991, una militante de los Black Tigers en un ataque suicida asesinó al ex primer ministro indio Rajiv Gandhi en un ataque suicida, que había sido el impulsor de la participación de su país en el conflicto. Prabakharan temía que si volvía a ser elegido involucrase de nuevo a sus Fuerzas Armadas. La muerte de Gandhi tuvo unas consecuencias a la larga muy negativas para el grupo. Los apoyos internacionales decrecieron enormemente, sobre todo dentro de la numerosa comunidad tamil india.

El repliegue indio significó un nuevo esfuerzo del Gobierno de Sri Lanka para aplastar a los rebeldes tamiles. Pero las operaciones encontraron serias dificultades. El LTTE no combatía ya como una guerrilla, sino que presentaba batalla desde posiciones fortificadas y combinaba las operaciones en tierra con las navales. En los años ochenta se había creado una pequeña fuerza naval, denominada Sea Tigers (Tigres del Mar), equipada con improvisadas lanchas artilladas y pequeños buques de carga, también armados. La actuación de los Sea Tigers fue especialmente eficaz para transportar fuerzas a lo largo de la costa y para proporcionar apoyo logístico a los contingentes terrestres. La Marina de Sri Lanka, con escasas capacidades, sufrió enormemente cuando el LTTE comenzó a lanzar ataques suicidas utilizando lanchas rápidas.

foto: Jovencísimos combatientes del LTTE sirven una ametralladora RPD. El reclutamiento de niños y adolescentes se convirtió en habitual, especialmente en los últimos años de la organización.

Entre 1991 y 1994, los Tigres resistieron con éxito las ofensivas gubernamentales, y fueron capaces además de asesinar al presidente del país, Ranasinghe Premadasa, mediante un nuevo ataque suicida. Las elecciones de 1994 significaron una pausa en los combates. Los desastrosos resultados del conflicto facilitaron la victoria de la Alianza del Pueblo, una coalición de partidos favorables al establecimiento de un acuerdo de paz con el LTTE. En 1995 se llegó a un alto el fuego, pero por poco tiempo. Los Tigres Tamiles estaban en una posición demasiado fuerte como para prestarse a concesiones y, en abril  de ese mismo año, se reanudaron los combates.

La ruptura del acuerdo de alto el fuego fue acompañada por un gran esfuerzo del nuevo Gobierno para acabar de una vez por todas con el LTTE. Con el apoyo de asesores militares norteamericanos e israelíes, las Fuerzas Arma­das se lanzaron a una ofensiva generalizada que, en diciembre de 1995, consiguió finalmente expulsar a los Tigres de Jaffna. Batidos claramente en combate por primera vez, el revés llevó a una furiosa movilización de todos los recursos disponibles. El reclutamiento de niños se convirtió en una medida habitual y la red de financiación en el extranjero recibió instrucciones para aumentar la provisión de fondos de la diáspora tamil.

Con nuevos recursos, el LTTE inició su contraataque. Paso a paso fue reconquistando el territorio perdido, consiguiendo victorias tan espectaculares como la conquista de la base gubernamental de Mulaitivu, en julio de 1996, aniquilando a los 1.200 hombres de su guarnición. En 1998 los tamiles iniciaron una contraofensiva general, apoyada por una ola de ataques terroristas en el Sur de la isla. En 1999 se hicieron con el control de toda la zona de Vanni, la región interior al Sur de Jaffna. En el año 2000, una nueva ofensiva del LTTE conquistó finalmente el complejo militar del Paso del Elefante, abriendo de nuevo el acceso a la Península de Jaffna. En un esfuerzo desesperado, las tropas del Gobierno consiguieron no obstante frenarles delante de la ciudad.

Así pues, en 2001, los Tigres habían alcanzado el punto máximo de su poder. Todo el Norte y el Este de Sri Lanka, a excepción de las áreas de Jaffna en la que se mantenían arrinconadas las tropas del Gobierno, estaba bajo su control. Su red logística proporcionaba puntualmente armas, equipos y fondos. Por si fuera poco, en julio de ese año, lanzaron un devastador ataque suicida contra el aeropuerto internacional Bandaranaike en el que destruyeron o causaron serios daños a la mitad de los aviones comerciales de las líneas aéreas de Sri Lanka. El Gobierno de Colombo se encontraba desmoralizado e impotente ante la fuerza militar del LTTE.

Organización terrorista

Pero, como ocurre con frecuencia, el cenit de una fuerza militar suele convertirse también en el primer indicio de que el desastre está próximo. Y, en el caso de los Tigres Tamiles, su aparente éxito se basaba en unos cimientos muy desequilibrados debido a su extremismo. Cuando se produjeron los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, muchos gobiernos, entre ellos el norteamericano, observaron con sospecha como el LTTE utilizaba procedimientos muy similares a los habituales entre los terroristas islámicos de Al Qaeda. En 2001, Washington declaró al LTTE organización terrorista global. Reino Unido había hecho lo mismo un año antes. Esto significó crecientes dificultades para conseguir fondos de la numerosa comunidad tamil en estos dos países.

En realidad, es muy poco probable que el LTTE tuviese alguna relación con Al Qaeda, aunque sí esporádicamente con la OLP (Orga­nización para la Liberación de Palestina) y con Hezbollah. Pero cuando Estados Unidos co­men­zó su Guerra contra el Terrorismo, Prabakharan comprendió que su grupo se encontraba en el punto de mira. Como consecuencia, el LTTE cambió de actitud, mostrándose dispuesto a entablar negociaciones con el Gobierno. En 2002, con la mediación de Noruega, se estableció un alto el fuego que, pese a sus numerosas violaciones, se mantuvo oficialmente durante los años siguientes. Inicialmente, aceptó renunciar a la independencia y buscar algún tipo de solución federal. Pero los Tigres llevaban demasiado tiempo en guerra como para conformarse con una solución descafeinada. Además, Prabakharan sabía que en un Sri Lanka pacificado el papel de su organización se convertiría rápidamente en marginal.

foto: Un obús “Tipo 66” de origen chino en acción. El Ejército de Sri Lanka recibió más de cuarenta de estos obuses de 152 mm. en la última década, lo que le proporcionó una notable superioridad de fuegos.

Los Tigres nunca consiguieron ganarse un apoyo generalizado de la comunidad tamil. Sus seguidores, que no eran más de unos cientos de miles, les habían apoyado inicialmente porque eran la única alternativa a las matanzas promovidas por el Gobierno. Y más tarde, al igual que ha ocurrido con otros movimientos insurgentes, como las FARC colombianas, la insurgencia se transformó en un modo de vida para estas comunidades, cuyos miembros eran adoctrinados desde la infancia para una lucha a vida o muerte. El LTTE fue capaz de establecer una administración en las zonas bajo su control, que incluía tribunales, fuerzas de policía y hasta un banco. Pero vivir bajo su gobierno siempre se pareció más a una prueba de supervivencia y adoctrinamiento que a una existencia satisfactoria, por lo que los Tigres tuvieron que dedicar muchos esfuerzos a evitar el éxodo de civiles hacia las zonas controladas por el Gobierno.

A partir del 11-S, los controles a la navegación en aguas internacionales hacían cada vez más difícil el tráfico de armas. Los cargueros del LTTE eran localizados con frecuencia y muchos estados no dudaban en pasar información al Gobierno de Sri Lanka. Como consecuencia, diez buques de mercancías fueron capturados o hundidos por la Marina entre 2003 y 2007 y las líneas de suministro internacionales de los Tigres comenzaron a colapsarse. En 2003, las milicias que controlaban el Este del país, lideradas por el coronel Karuna, se declararon en rebeldía frente a la dirección central del LTTE. Las razones tuvieron que ver con luchas por el poder en su seno y con la insatisfacción de muchos tamiles con el movimiento. Karuna fue aparentemente tentado por el Gobierno para escindirse de los Tigres y abandonar la lucha armada y así lo hizo, llevándose consigo a varios miles de combatientes, asestando con ello un serio golpe a la potencia militar del LTTE.

Para colmo de males, a finales de 2004 el devastador tsunami que arrasó las costas del Índico golpeó con fuerza a Sri Lanka, causando unas 30.000 víctimas. Muchas de ellas se produjeron en las zonas costeras bajo control del LTTE, lo que ocasionó problemas a la hora de hacer llegar allí la ayuda humanitaria, suponiendo una nueva pérdida de recursos humanos y económicos para el grupo de Prabakharan. En las elecciones presidenciales que se celebraron en la isla a finales de 2005, el partido UPFA obtuvo la mayoría. El nuevo presidente Rajapaksa era partidario de endurecer la postura hacia el LTTE y pronto comenzó un proceso de rearme, en el que recibió un valioso apoyo de Pakistán y China, siempre interesados en buscar aliados en zonas de tradicional influencia india. La nueva actitud fue contestada amenazadoramente por Prabakha­ran, que advirtió de una inminente reapertura de las hostilidades si Rajapaksa no mostraba voluntad de trabajar por la paz.

Se reaviva la guerra

En efecto, los incidentes se habían multiplicado en 2005 y en 2006 casi podía hablarse otra vez de guerra abierta, para gran frustración de los estados implicados en el proceso de paz, especialmente Noruega. En octubre de 2006, el último intento por resucitar las conversaciones de paz fracasó y las hostilidades, que nunca habían cesado del todo, se reanudaron en toda su intensidad. Las Fuerzas Armadas de Sri Lanka se encontraban en mejores condiciones que las habituales para hacer frente a los Tigres. Su potencia de fuego había mejorado considerablemente con la adquisición de lanzacohetes múltiples checos RM-70 y unos 40 obuses chinos Tipo 66 de 152 mm., aparte de sistemas para el control y dirección de fuegos. A comienzos de 2007, la intención del presidente Rajapaksa y de los mandos supremos de las Fuerzas Armadas era aprovechar los nuevos medios para tomar la ofensiva.

Para ello se eligió la zona Este del territorio ocupado por el LTTE. Allí los Tigres eran más débiles por la escisión del coronel Karuna. Las nuevas tácticas del Ejército de Sri Lanka preveían la penetración de pequeñas unidades y equipos de operaciones especiales que, cuando eran atacados, podían solicitar potentes concentraciones de artillería y ataques aéreos en su apoyo. Inevitablemente, estas tácticas provocaron desde el primer momento un alto número de víctimas civiles, algo que se agudizaba por la costumbre de los Tigres de disimular sus unidades en áreas con alta presencia de población. En abril de 2007, el LTTE en el Este de la isla había sido arrinconado en un área de un centenar de kilómetros cuadrados.

El resto de 2007 fue empleado para asegurar el territorio reconquistado y desgastar a los Tigres en sus líneas avanzadas de defensa en el Norte. Utilizando de nuevo la combinación de infiltraciones de infantería y fuego masivo de artillería, el Ejército fue desgastando sus defensas en la región interior de Vanni. Al mismo tiempo, se lanzó una campaña de eliminación de dirigentes del LTTE mediante ataques aéreos e incursiones de fuerzas de operaciones especiales. Tanto el jefe de la rama política como el máximo responsable de inteligencia de la organización fueron víctimas. En el nuevo periodo de hostilidades hizo su aparición una rudimentaria fuerza aérea organizada por los Tigres. Utilizando aviones ligeros checos Zlin Z-143 modificados para transportar bombas, los Air Tigers comenzaron a lanzar atrevidos ataques contra las bases aéreas y navales de las fuerzas armadas enemigas. Pero, reforzada con seis cazas F-7G cedidos por China, las fuerzas aéreas de Sri Lanka se mostraban cada vez más capaces de defender sus instalaciones.

En enero de 2008, el Gobierno de Sri Lanka denunció oficialmente el alto el fuego teóricamente vigente desde 2002. Era una señal de que el presidente Rajapaksa quería acabar con el conflicto de una vez por todas. En la primera mitad de ese año, las fuerzas gubernamentales presionaron al LTTE en la costa Oeste, penetrando lentamente hacia su capital, Kilinochchi, y hacia los accesos a Jaffna por la carretera A-32. En agosto de ese año, tras ocho meses de combates, los Tigres habían retrocedido hasta su capital.

El asalto final

En el otoño de 2008 se inició el asalto a Kilinochchi desde dos direcciones: a través de la autopista A-9 en el Este y de la carretera A-32 en el Oeste. El LTTE mostraba ya signos de desmoronamiento, aunque sus combatientes seguían presentando una resistencia fanática. En febrero de 2009 cayó finalmente, lo cual supuso la desintegración de gran parte de las líneas de defensa de los Tigres y el dramático éxodo de cientos de miles de refugiados, que intentaban acogerse bien a las áreas bajo control del gobierno, bien a lo que quedaba en manos del LTTE.

Los últimos meses de la guerra fueron extremadamente sangrientos. En el caos del repliegue del LTTE y las sucesivas ofensivas del Ejército, miles de civiles quedaron atrapados en el fuego cruzado. Los Tigres no mostraron ningún escrúpulo a la hora de forzar el éxodo de cientos de miles de tamiles para servir de cobertura y fuente de reclutamiento para sus milicias. Y las fuerzas armadas tampoco mostraron ningún reparo a la hora de bombardear áreas e instalaciones repletas de refugiados, ni en provocar el desplazamiento forzoso de miles de tamiles para separarlos de la guerrilla. No se sabe muy bien cuantos civiles murieron en este periodo, pero Naciones Unidas estima que debieron ser más de seis mil.

Finalmente, en febrero de 2009, el territorio bajo control del LTTE se redujo a unos centenares de kilómetros cuadrados en la zona este alrededor de Mullaitivu. El Gobierno estableció un área de fuego prohibido en este área para proteger a los refugiados, aunque las violaciones a ese estatus fueron numerosas. A finales de abril, la ofensiva final del Ejército disolvió lo que quedaba de las líneas de defensa tamil y decenas de miles de personas abandonaron el área de fuego prohibido. Los últimos núcleos de defensa cayeron en mayo y Prabakharan murió junto con otros líderes del grupo en una emboscada del Ejército cuando intentaba abandonar la zona de los combates. El 16 de mayo de 2009, el Presidente Rajapaksa declaró oficialmente la victoria y la liberación de todo el territorio nacional.

La ofensiva final no había sido incruenta para las fuerzas gubernamentales. Más de 6.000 soldados y marineros murieron entre 2007 y 2009. El fin de las hostilidades vino marcado por un comportamiento del Gobierno que ha provocado fuertes críticas internacionales. Cientos de miles de tamiles se acumulan todavía en campos de refugiados sometidos a un estricto control del Ejército para detectar infiltrados del LTTE. Y no se ha aceptado ninguna investigación externa sobre lo que ocurrió en los últimos meses del conflicto.

Contra lo que se esperaba, el LTTE no ha sido capaz de pasar a una fase de guerra irregular y parece que sus milicianos han sido prácticamente aniquilados, mientras la población civil, que tradicionalmente les apoyaba, se encuentra totalmente desanimada por la catastrófica derrota final. No se han producido incidentes violentos de importancia en la isla en los últimos meses. Los Tigres siguen gozando de un gran apoyo entre la diáspora tamil, pero su nuevo líder, Pathmanatam, fue arrestado en agosto en un país del Sudeste asiático y trasladado rápidamente a Sri Lanka.

Las razones para el rápido declive de los Tigres Tamiles, después de haberse consolidado como uno de los grupos insurgentes con más éxito del mundo, son sencillas. Su estrategia y procedimientos eran demasiado extremos y radicales. Funcionaron bien a la hora de asentar su poder mediante el terror y para derrotar inicialmente a las modestas Fuerzas Armadas de Sri Lanka. Pero el LTTE no fue capaz de ganarse el apoyo generalizado de la minoría tamil en la isla, a la que nunca pudo ofrecer un futuro prometedor, ni tampoco pudo aspirar a una cierta legitimidad internacional. Por eso, pese a su eficacia en combate y a la indudable habilidad administrativa y logística de sus líderes, su existencia se mantuvo siempre en un precario equilibrio y su organización se derrumbó espectacularmente cuando un Gobierno agresivo y muy apoyado internacionalmente utilizó sin complejos toda la potencia de sus Fuerzas Armadas.

Revista Defensa nº 379, noviembre 2009, José Luis Calvo Albero


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