Actualidad
Spanish Chinese (Traditional) English French German Italian Portuguese Russian

La Segunda Guerra Mundial y la eclosión del portaaviones (1ª parte)

En el artículo “La II Guerra Mundial y el ocaso del acorazado”  procuramos pasar revista a los acorazados que intervinieron en la II Guerra Mundial (SGM), que significó su canto del cisne. Como contrapartida nos complace repasar ahora la eclosión de los inventarios de portaaviones en la misma era, cuando esa clase de grandes barcos pasó a ocupar el lugar del acorazado como buque decisivo, “capital ship”, de las grandes armadas. Es necesario subrayar que, si los acorazados estuvieron presentes a lo largo de todo el conflicto en las listas de las siete grandas armadas, solo operaron portaaviones tres de ellas, sin duda las más innovadoras y visionarias y objeto de deseo de las menores. Ello predecía la situación posterior, durante la llamada Guerra Fría, cuando la aviación embarcada fue la esencia de las armadas de la OTAN, mientras el bloque oriental o comunista la soslayó ostensiblemente.

En efecto, al iniciarse la nueva guerra en Europa, en septiembre de 1939, solo tres marinas poseen portaaviones: británica, norteamericana y japonesa, aunque las dos últimas potencias no entrarán en el conflicto hasta diciembre de 1941(1). Casual o no, en todo caso sorprendente, las tres tienen similar número de barcos de ese tipo: entre 5 y 7. A lo largo de la SGM se construyeron numerosísimos adicionales, muchos más que en cualquier otro período, pero sin variar la esencia de la situación inicial: Alemania e Italia intentaron infructuosamente poner en servicio varios portaaviones, pero al final, hasta el colapso del Japón, seguían siendo las tres mismas potencias las únicas que operaban buques de ese género.

Foto: El “Hosho” japonés en la Bahía de Tokio, a su entrega en diciembre de 1922.

La Conferencia Naval de Washington de 1922(2) se centró en limitar los efectivos navales de las potencias. En el caso de los portaaviones, como para otros buques de superficie, la relación aproximada que se acordó fue de 5 para Estados Unidos y Reino Unido, frente a 3 para el Japón y 1¾ para Francia e Italia. En toneladas estándar (buque equipado y dotado al completo, pero con exclusión del combustible y agua de calderas) se tradujo en limitar las flotas de portaaviones a las 135.000 (Estados Unidos y Reino Unido), 81.000 (Japón) y 60.000 (Francia e Italia), hablando siempre de ton. inglesas (long tons en Estados Unidos) de 1.016 kg. El límite de desplazamiento era de 27.000 ton. por barco, pero podía subir a 33.000 si sólo eran 2 los portaaviones poseídos por una potencia.

El tratado excluía de la suma los portaaviones inferiores a 10.000 ton. y los que estuviesen en servicio o construcción a la firma, que calificaba de experimentales. Ciertamente, los primeros portaaviones nacen al final de la Gran Guerra y consisten en conversiones de naves previas, sin criterios asentados sobre qué se pretenderá de ellos en el futuro, con el objetivo incierto de explorar cuáles podían ser sus posibilidades. Tampoco cabe omitir que los avioncitos de la época se encuentran en pleno crecimiento y, contra lo que cree algún visionario optimista, todavía es imposible predecir cuánto, cómo y por qué camino van a orientar su futuro. 

Período entreguerras: los años veinte

Si pasamos por alto los varios portahidros de la época, en 1917-18 la Royal Navy realiza ciertas conversiones sobre cruceros, que dota de cubierta de vuelo parcial. Pero el primer portaaviones propiamente dicho, es decir, con cubierta de vuelo corrida, es el británico HMS Argus, entrado en servicio en septiembre de 1918: permitirá demostrar que es factible operar aviones desde un buque. Era la transformación de un trasatlántico que iniciara su construcción en 1914, se conservó fuera de servicio en 1929-38 y sobrevivió la SGM: en la Marina británica hizo de portaaviones escuela, transporte de aviación y en acciones ocasionales llegó a operar como portaaviones de ataque.

Poco posterior fue el HMS Eagle, comenzado como acorazado Almirante Cochrane para Chile, comprado por el Reino Unido en 1918 y terminado como portaaviones en 1924. Tres cruceros de batalla cancelados en virtud del tratado de Washington se convirtieron en los portaaviones Furious, Corageous y Glorious, entregados en 1925-30: el primero, carente de isla, era ostensiblemente diferente del otro par.

Foto: Buen ejemplo de camuflaje en damero, tan en boga durante la Gran Guerra, es esta imagen del HMS “Argus” en 1918. En el fondo hay un acorazado de la serie “Revenge”.

Paralelamente, la Marina de Estados Unidos convierte un carbonero de flota de 1912 en su primer portaaviones operativo, el CV-1, que entra en servicio en 1920 como USS Langley: durante la SGM ya se había degradado a portahidros, perdiéndose en el 1942. Consecuencia también del tratado de Washington, la misma Armada tiene que renunciar a sus 6 cruceros de batalla de la serie Lexington, cuyas quillas se habían puesto en 1920-21: 4 se cancelan y 2 se transforman en los CV-2 Lexington y CV-3 Saratoga, terminados ambos a finales de 1927 y caracterizados por sendas descomunales chimeneas.

Fue igualmente británico el HMS Hermes, primero proyectado ad hoc como portaaviones, puesto en grada ya en 1918 y entregado en 1924. Se perdió en acción de guerra en 1942, aunque la primacía construido como tal desde la quilla se la disputa el japonés Hosho: si bien se inició en 1920, se terminó antes, en 1922. El primero norteamericano diseñado como tal, el CV-4 Ranger, fue más tardío: se construyó en 1931-34 y tenía escasa protección. El imperio japonés puso en servicio 2 tan grandes como los Lexington norteamericanos en 1927-28, los Akagi y Kaga, iniciados respectivamente como crucero de batalla y acorazado, reconvertidos para cumplir con las exigencias del tratado de Washington. Ambos se beneficiaron de profundas reconstrucciones en la década de 1930.

También Francia, ateniéndose al tan repetido tratado, mandó al desguace 4 acorazados inconclusos de la serie Normandie, mientras el quinto se entregó en 1927 convertido en el portaaviones Béarn: 21 nudos era demasiado poco y durante la SGM no operó como tal. En 1943 quedó del lado aliado y se transformó en transporte de aviación.

Foto: Aunque groseramente de la misma serie, el HMS “Furious” (el más próximo, sin isla) se diferenciaba claramente de los otros 2, “Courageous” y “Glorious” (uno de ellos también en la foto, con isla), aquí en las proximidades de Gibraltar.

Consolidación: los años treinta

Las construcciones de los treinta ya no son reconversiones motivadas por el tratado, sino proyectos específicos. Característica común es que también los limita el tratado de Washington, pero en el sentido de forzar su desplazamiento. Por ejemplo, el tamaño del Ryujo japonés y del Wasp norteamericano lo determinó el límite máximo de tonelaje fijado para cada país, si bien el primero evitó alcanzar las 10.000 ton. estándar, dentro de las cuales no computaría como portaaviones. Aunque al final de la década ya no regían limitaciones semejantes, no mucho mayores que el Ryujo fueron los 2 Soryu, bastante diferentes entre sí, pero que definen las pautas para casi todos los japoneses posteriores.

Los norteamericanos, por su parte, habían proyectado algo mucho más racional, aunque no tan grande como los Lexington, los Yorktown (CV-5) y Enterprise (CV-6), con buen blindaje horizontal, o sea, de cubierta. De hecho, el Wasp (CV-7), arriba mencionado, solo es un derivado suyo, empequeñecido y más lento, para completar el límite de 135.000 ton. estándar asignado. Como en 1937 habían prescrito los tratados que dieron continuidad al de Washington y ya no había restricciones, justo al empezar la guerra en Europa la serie tendrá un tardío continuador, el CV-8 Hornet, terminado un mes antes del ataque a Pearl Harbour. Sólo uno del trío sobrevive a la guerra, porque los aviones japoneses hunden los Yorktown y Hornet en 1942. En cambio, el HMS Ark Royal, único de su proyecto y construido en 1935-38, se mantuvo dentro del límite de 22.000 ton. fijado por los tratados. No tuvo mucha vida, torpedeado por el submarino alemán U-81 a finales de1941, a 30 millas de Gibraltar.

Foto: El USS “Lexington” y su enorme y desproporcionada chimenea, en 1929.

En 1937, en plena Guerra Civil española, era obvio que los vientos de guerra no tardarían en abatirse sobre Europa. En ese año encargaron los británicos 4 grandes portaaviones de un nuevo tipo, la serie Illustrious (Illustrious, Formidable, Victorious e Indomitable), algo mayores que el Ark Royal. Eran los primeros que tenían el hangar blindado en los costados, contra artillería de cruceros. Puestas las quillas en el mismo 1937, los 4 entraron en servicio en 1940 y 1941, cuando ya había guerra en Europa, aunque no en el Pacífico. También antes de estallar el conflicto, pero ya en 1939, se encargan otros 2 derivados agrandados, los Implacable e Indefatigable, terminados en 1944. El lento Unicorn, bastante menor, se proyectó como buque de reparaciones aeronáuticas, pero acabó actuando como portaaviones.

Para respetar escrupulosamente los límites de los tratados, Japón construyó en los años treinta 3 buques rápidos de apoyo a submarinos, que se pudiesen convertir fácilmente en portaaviones: una vez transmutados fueron los 2 Zuiho y el Ryuho. Aunque al acabar 1936 caducan las restricciones al tamaño de buques y flotas, la metamorfosis del trío no empezó hasta 1941. En cambio, antes de iniciarse en Europa la guerra ya tenían en construcción los 2 Shokaku, derivados muy agrandados de los Soryu, que se entregarían a tiempo de atacar Pearl Harbour. Más tarde (1942-44) harían lo mismo con 2 portahidros de los años treinta, que conformaron la serie Chitose.

Por consiguiente, al comenzar la guerra en Europa todos los portaaviones en servicio se reducen a 19: el francés, 7 británicos, 6 japoneses y 5 norteamericanos. Pero hay bastantes más en construcción y proyecto, porque ya hace tiempo que se viene percibiendo el conflicto como inevitable, y los planes se extienden también a Francia, Alemania e Italia. Al final de la guerra, las potencias usuarias de portaaviones serán las mismas que a su inicio: Gran Bretaña, Japón y Estados Unidos. La radical diferencia reside en que ahora los norteamericanos son los grandes operadores y, además (consecuencia de la aparición del portaaviones de escolta), han construido tres cuartos (148 sobre 203) de los que actúan en la SGM.

Gran Bretaña durante la Guerra

Al estallar el conflicto en Europa con la invasión de Polonia, ya hemos establecido que el Reino Unido tiene 7 portaaviones en servicio y otros tantos (casi todos mayores) en construcción incipiente. No les va bien a los británicos en los primeros años: de los 7 iniciales pierden 3 en 1939-41, antes de la entrada en guerra de Estados Unidos, y 2 más al año siguiente. El esfuerzo principal se centra en terminar los 6 grandes y eficaces buques de la nueva serie que, simplificando, denominamos Illustrious en nuestros cuadros 1 y 2 (en realidad tres subseries).

Foto: El HMS “Ark Royal” en 1939, mientras lo sobrevuelan los “Swordfish” del 820 Naval Air Squadron.

Hacen también otro diseño bastante menor, los Colossus, otros tres subtipos iniciados en la Guerra (Colossus, Majestic y Centaur), pero durante el conflicto sólo terminan 5 Colossus; otros 8 de estos (incluida la variante Majestic, muy parecida) y 4 Centaur se acabarán después (6 en los años 50 y 1 tan tarde como en 1961), y ello sin contar 2 terminados como buques de mantenimiento aeronáutico y 5 más que se cancelaron al final de la Guerra, uno de ellos ya botado. Es obligado subrayar que los Colossus/Majestic se convirtieron en los portaaviones más internacionales, porque tras la SGM y en los años cincuenta nada menos que 8 se transfirieron a las marinas de Argentina, Australia (2), Brasil, Canadá, Francia, la India y los Países Bajos.

Otro proyecto iniciado durante la Guerra fueron los mucho mayores Eagle: aunque sus quillas se pusieron en 1942-43, este y el Ark Royal se terminaron en los años cincuenta y 2 se cancelaron. En julio de 1943 se aprobó otra serie mayor, próxima a las 60.000 ton. a plena carga, los 4 Malta, pero ni uno solo se inició, cancelándose en octubre de 1945 y enero siguiente. También operaron los británicos número muy crecido de portaaviones de escolta. Pero preferimos relacionarlos junto con los norteamericanos más adelante.

Japón desde Pearl Harbour

De la importancia que los japoneses conferían a su aviación embarcada da buena prueba el hecho de que empleasen nada menos que 6 portaaviones para el ataque a Pearl Harbour, que marca la ampliación final del conflicto. No es fácil describir la lista nipona porque, muy a diferencia de los norteamericanos, operaron con demasiados tipos de portaaviones, muchos constituidos por un único representante. Hemos ido relacionando los orígenes de los que estaban en servicio o construcción antes de septiembre de 1939 y ahora agregaremos los posteriores.

El par Junyo eran trasatlánticos que, en 1940, estando aún en grada, pasaron a la Armada Imperial para convertirse en portaaviones de casi 30.000 ton., terminándose en 1942. Bastante mayor fue el Taiho, un derivado del Shokaku algo agrandado, que fue el primero japonés con cubierta de vuelo acorazada. El verdadero tipo estándar de portaaviones japonés fue la serie Unryo, derivada del Soryu: se aprobaron 6 en el programa 1941-42 (todos botados en 1943-44) y 11 en el de 1942 (8 eran derivados agrandados), pero del total sólo entraron en servicio 3. Inconcluso quedó también el pequeño Ibuki, conversión de un crucero ligero tipo Mogami.

Foto: Gemelo del "Shokaku", vemos el "Zuikaku" en Kobe el 25 de septiembre de 1941, día de su entrega. Dos meses después, tanto él como su cabeza de serie participaron en el ataque a Pearl Harbour.

Aunque de utilidad militar nula, el Shinano fue el mayor portaaviones de la historia hasta la irrupción de los norteamericanos de los años cincuenta. Iba a ser el tercer Yamato: el almirantazgo japonés reconoció que el valor de los acorazados se había devaluado irremisiblemente frente a la aviación embarcada y decidió reutilizar el último como portaaviones, antes de que fuese demasiado tarde. Se pretendía que sirviese como transporte para reponer aviones, bombas y combustible a los portaaviones combatientes, mientras su capacidad de operar aeronaves propias sería limitada.

Foto: El “Shoho” se había construido como buque de apoyo de submarinos, bajo el nombre “Tsurugisaki”, pero con la idea de convertirlo en portaaviones en cuanto los tratados lo permitiesen, igual que su gemelo, que como portaaviones se llamó “Zuiho”.

No hubo ocasión de comprobarlo porque, incompleto y sin estanqueidad, lo hundió el submarino USS Archerfish a finales de 1944. Aunque su efectividad como portaaviones fue nula, mencionemos los 2 acorazados tipo Ise que, a raíz de la carencia tras la batalla de Midway, recibieron hangar y cubierta de vuelo en su mitad popel, en teoría para que operasen 22 aviones…


Copyright © Grupo Edefa S.A. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.