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Los polacos en la Segunda Guerra Mundial

El primer acto nacional de lucha de los polacos, en la SGM, lo constituye la guerra defensiva de Polonia, en septiembre de 1939. El 1 de septiembre, el ejército polaco fue sorprendido mientras realizaba su plan de movilización. A pesar del encarnizamiento y rapidez del ataque alemán, este plan, en lo que respecta a las tropas de línea, fue cumplido enteramente, a la vez que, en el curso de los 35 días que duró la campaña, se formaron con urgencia varias divisiones y más de diez brigadas y regimientos que no estaban previstos en el plan de movilización, incluidos fuertes destacamentos obreros, para la defensa de Varsovia.

En símbolo del ahínco y tenacidad de la defensa polaca se convirtieron los anales del puesto aislado de Westerplate en Gdansk, ya que 183 soldados polacos se defendieron durante 6 días y medio contra un enemigo 15 veces superior en número. Hay que mencionar igualmente el amenazador contraataque de los dos ejércitos polacos “Pomorze” y “Poznán” (batalla del Bzura), que desbarató los planes de los tres ejércitos alemanes que operaban en el curso medio del Vístula. Todavía en la cuarta semana de la guerra luchaban aisladamente grandes agrupaciones de fuerzas polacas. El ejército polaco sucumbió definitivamente después de 35 días de lucha, perdiendo cerca del 25 por ciento de sus efectivos, entre muertos y heridos.
La dificilísima situación estratégica, la desfavorable configuración de las fronteras, que ya en el punto de partida de la campaña permitía a los alemanes un doble y profundo flanqueamiento de las fuerzas polacas, así como la superioridad numérica y técnica del enemigo, impedían a Polonia una defensa eficaz. No obstante, la resistencia polaca clavó en el frente oriental, durante largo tiempo, al 80 por ciento de las fuerzas de tierra alemanas, todas las divisiones blindadas y motorizadas, absolutamente todos los carros y el 60 por ciento de la aviación, incluidos casi todos los modernos aviones de combate. Un fiel testimonio de la escala y tenacidad de la resistencia hábilmente ofrecida por el soldado polaco a pesar de que ya desde el primer día los alemanes disponían de una superioridad de casi el doble de hombres, el quíntuple de carros y 9 veces más aviones de combate—, puede ser el hecho de que, para vencer al ejército polaco, los alemanes tuvieron que emplear tantos proyectiles de artillería, granadas de mortero y bombas, como posteriormente, en 1940, utilizaran para vencer a los cuatro ejércitos de la coalición (Francia, Gran Bretaña, Bélgica y Holanda) en el frente occidental.
Las pérdidas alemanas en Polonia, aunque relativamente insignificantes en hombres —16.343 muertos— fueron, sin embargo, mucho más importantes en material bélico, suponiendo cerca del 30 por ciento del parque de carros alemán y el 32 por ciento de aviones de combate empleados contra Polonia. Además, según testimonio del intendente general del ejército alemán, se gastó la mayoría de las reservas de municiones, casi todas las bombas de aviación y una parte considerable de la reserva de combustibles líquidos. Al terminarse la campaña de Polonia, la Wehrmacht era incapaz de efectuar operación ofensiva alguna de importancia, necesitando hasta 7 meses para alcanzar, en la víspera de la invasión de Francia en 1940, una “capacidad ofensiva” aproximadamente igual, el mismo estado numérico de material de combate y de reservas de que disponía en septiembre de 1939.

Una dramática escena del centro de Varsovia, durante la insurrección de esta ciudad en el verano de 1944.

EN OCCIDENTE

La derrota bélica y la caída del Estado polaco no llegaron a quebrantar la voluntad de existencia de la nación polaca. Varias decenas de miles de soldados atraviesan las fronteras húngara, rumana o lituana, y miles de voluntarios siguen aún durante largos meses, desde el país ocupado, las huellas de los soldados, para volver a formar las fuerzas armadas polacas junto a los aliados. En el período de la guerra estrambótica”, de esa calma que paralizaba el frente occidental, se forma en Francia un ejército polaco de 80.000 hombres, en cuyas filas, junto a los llegados de Polonia, se hallaban muchos miles de mineros y obreros polacos establecidos desde largo tiempo en Francia. En el Atlántico combaten buques de guerra polacos que poco antes de estallar la guerra habían llegado de Polonia a Gran Bretaña, o que bien después de la derrota de septiembre habían salido del Báltico rumbo a Occidente. En Francia e Inglaterra se concentran también varios miles de aviadores polacos, bien instruidos, entre ellos algunos cientos de pilotos.
Este ejército toma parte, en la medida de lo posible, en cada combate. La Brigada Autónoma Polaca de Tiradores de Podhale constituía casi la tercera parte de las fuerzas aliadas enviadas a Noruega, y su participación en el asalto de Narvik atestigua que Polonia vive y continúa luchando. La ª1 División de Granaderos de Wielkopolska y también, posteriormente, la II División de Tiradores de Infantería luchan en la defensa de Francia en ambos flancos de la línea Maginot y, más tarde, junto con la improvisada brigada blindada, cubren los flancos y la retaguardia de los cuerpos de ejército franceses en retirada. Los pilotos polacos derriban sobre Francia 50 aviones alemanes.
La amarga ironía del destino quiso que los últimos disparos en defensa de Francia, en la trágica campaña, partieran del fusil del soldado polaco el 24 de junio, cubriendo la retirada de las unidades polacas y francesas que se replegaban hacia el territorio de la Suiza neutral.
Con los restos de sus fuerzas armadas, Polonia estuvo al lado de la Gran Bretaña en el verano de 1940. Los destacamentos polacos reciben sectores de la costa para su defensa, y los aviadores polacos juegan un enorme papel, nada simbólico en absoluto, en la Batalla de Inglaterra. Participan en ella 139 pilotos de caza polacos. El 12 por ciento del total de los aparatos derribados en esta batalla es obra de los pilotos polacos.
Cuando el foco de la guerra se trasladó gradualmente al este, en primer lugar a África, tampoco faltaron allí los polacos. La heróica defensa de Tobruk, que duró no pocos meses, fue en gran medida obra de los polacos: los soldados de la Brigada Autónoma de Tiradores de los Cárpatos constituían más del 30 por ciento de la guarnición de esa fortaleza.
Cuando el 22 de junio de 1941 se creó el nuevo frente de guerra: el soviético-alemán, aparece allí gradualmente la participación y el esfuerzo armado de Polonia. Los buques mercantes y navíos de guerra polacos navegan, combaten y perecen en los convoyes aliados rumbo a Murmansk, transportando armamento. En la retaguardia del frente soviético, a orillas del Volga y en los Urales se forman las divisiones polacas (primero dos, luego seis, con un total de 80.000 hombres), las cuales, según las primeras intenciones del Gobierno polaco de Londres, debían incorporarse a la lucha en el frente oriental.

Un insurgente polaco sale de una alcantarilla entregando, en primer lugar, su arma.

EN EL PAIS OCUPADO

Es excepcionalmente difícil, en cambio, la situación en el país ocupado.  Hasta la primavera de 1940, los restos del ejército vencido en septiembre tratan de mantenerse en las montañas y bosques, pero a medida que transcurre el tiempo van cediendo en la lucha desigual, y el precio en sangre que pagan las aldeas y pueblos por ayudarles a vivir y luchar, es espantoso.
Ya desde el comienzo de 1942 se configuran en la Polonia ocupada dos concepciones opuestas sobre la conducción de la guerra. Una de ellas traza y realiza la fuerte y extendida corriente del movimiento patriótico clandestino polaco, ligado al gobierno polaco del general Sikorski, quien vive en la emigración, primeramente en Francia y luego en Londres. Es ésta una concepción consistente en resucitar el Estado polaco independiente, deshecho en septiembre de 1939, y en fortificar el Ejército Nacional (AK) clandestino concebido sobre todo para emprender operaciones armadas en el momento en que fuera posible una insurrección general, o sea, en el momento de quebrantarse Alemania bajo los golpes asestados por los países aliados en los frentes. Mientras tanto, rige la consigna de “en su lugar descanso”, para no malgastar prematuramente las fuerzas.
El alto mando del AK se afana por vincular sus esfuerzos, particularmente la subversión combativa y el penetrante servicio de información, a la estrategia de las grandes potencias occidentales, sobre todo de la Gran Bretaña. Pero los vínculos no son fuertes entre tan alejados campos de lucha. Los estados mayores aliados consideran el territorio de Polonia como parte del campo estratégico de acción del Ejército soviético, limitando en vista de ello su propio interés por el mismo. La ayuda material y técnica a la Polonia clandestina ligada a Londres es considerablemente inferior a la que podía ser.
La segunda corriente de clandestinidad iniciada por los grupos comunistas, así como por su organización armada, la Guardia Popular (GL), basaba sus cálculos en la plena convicción de que el pueblo polaco está condenado por los hitlerianos a un gradual exterminio físico y, en vista de ello, no puede esperar pasivamente a los desenlaces que puedan producirse en los frentes, sino que debe inmediatamente poner en tensión todas las fuerzas para la defensa de su propia existencia y acelerar la victoria general. Se consideraba como orientaciones de especial transcendencia la paralización del transporte alemán (ya que por las líneas de comunicación polacas pasaba el 80 por ciento del aprovisionamiento alemán a los ejércitos que luchaban en el frente principal: el frente oriental), la inmovilización del sistema económico alemán de explotación de las tierras polacas y la defensa de la población contra el terror y el exterminio. Con este fin, la Guardia Popular (1942-1943), y posteriormente el Ejército Popular (AL), formado en la transición de los años 1943-1944, reorganizan y amplían los grupos de combate en las ciudades y los destacamentos guerrilleros en el campo, vinculando cada vez más estrechamente su esfuerzo armado al de los Batallones Campesinos, que defienden sus propias aldeas contra el pillaje y la destrucción, así como al esfuerzo de los destacamentos más activos del Ejército Nacional.

Los destacamentos guerrilleros de la Guardia Popular que operaban en los bosques fueron creciendo hasta formar batallones, surgiendo también grupos de ataque y puestos clandestinos en los pueblos y aldeas. La actividad de movimiento de resistencia, en particular la Guardia Popular y de los batallones campesinos, profundamente arraigados en el campo, permitía perturbar seriamente los planes alemanes de explotación de Polonia estorbaba en las cosechas, reducía considerablemente los suministros de cereales y carne, que los alemanes se proponían sacar del país ocupado.
No pueden olvidarse en modo alguno los resultados excepcionalmente importantes de la labor de los servicios de información guerrilleros. Los servicios de ambas corrientes patrióticas clandestinas tenían y transmitían a los aliados  gran cantidad de datos esencialísimos, tanto sobre las reagrupaciones estratégicas de tropas alemanas, en lo que se especializaba el servicio de información de la Guardia Popular, como sobre las investigaciones técnicas alemanas y su producción armamentística (por ejemplo datos sobre las investigaciones referentes a los proyectiles V1 y V2 y a su producción, coronados por la obtención de un proyectil entero por el AK y los Batallones Campesinos, y la entrega de sus partes más importantes a Inglaterra).

EL NUEVO EJÉRCITO

Mientras en los primeros tiempos el esfuerzo armado de los polacos en la emigración había seguido paso a paso el curso de los acontecimientos bélicos, a mediados de la guerra la situación se había complicado considerablemente. Las divergencias políticas, difíciles de aclarar, hicieron que el soldado polaco, que se disponía a la lucha en los nuevos campos de batalla decisivos para el futuro de Europa y de la propia Polonia , en Moscú, Stalingrado y Kursk, en resumidas cuentas no tomara parte alguna en estos combates. Las unidades polacas formadas en la Unión Soviética por el Gobierno de Polonia en la emigración, se hallaban en el Cercano Oriente y allí se incorporaron a los británicos. Sin embargo, en la primavera de 1943, las izquierdas polacas, iniciaron la formación de las nuevas Fuerzas Armadas Polacas en la URSS.
El anhelo de muchos refugiados polacos que abrigaban el pleno convencimiento de que su lugar estaba junto al Ejército Soviético en el frente de guerra decisivo, en el camino más derecho y más corto hacia su país; el afán de un puñado de organizadores y el ardiente deseo de la juventud en la que se basaba la preparación de los nuevos cuadros de estas fuerzas, fueron apoyados por el Ejército Soviético con una eficiente ayuda de material y moderno armamento, así como de cuadros.
El 12 de octubre de 1943, las primeras unidades de estas fuerzas la 1 División de Infantería “Tadeusz Kociuszko” y el 1 Regimiento de Carros “Héroes de Westerplatte”— que contaban con unos 12.000 hombres, participaron con las divisiones soviéticas en la ofensiva cerca del pueblo de Lenino, en la llamada Puerta de Smolensk.


Tras una pausa de dos años, el soldado polaco de las fuerzas armadas de tierra volvió a encontrarse en el frente.
Después de algunos meses, el ejército polaco en la URSS contaba ya con unos 40.000 hombres y se componía de 3 divisiones de infantería, una brigada blindada, otra de artillería pesada, varias unidades menores y 2 regimientos de fuerzas aéreas.
En aquel tiempo, el soldado polaco, que actuaba en el sur en el marco de los planes y propósitos aliados, iba incorporándose poco a poco a la lucha activa. En enero de 1944 llegó al frente italiano el II Cuerpo de Ejército Polaco, compuesto de dos divisiones de infantería y una brigada blindada con unos 46.000 hombres en total. Desde entonces hasta el final de la guerra contribuyó con su concienzuda aportación en esfuerzo y sangre a la victoria de los aliados. Independientemente de cómo apreciemos la necesidad política y eficacia militar de la campaña italiana, es evidente que el soldado polaco jugó en ella un gran papel y, con su esfuerzo en la batalla de Monte Cassino, contribuyó considerablemente a abrir el camino de Roma, y al norte hacia las fronteras de Alemania. Los 900 paracaidistas y tiradores de montaña, enterrados en el campo de batalla de Monte Cassino en el sector de ataque del cuerpo polaco, constituyen también una parte esencial de las pérdidas mensuales de la Wehrmacht en mayo de 1944, cuyo total fue de 24.000 hombres.
El 1 de agosto de 1944, siguiendo a las tropas aliadas, desembarcó en Normandía la 1ª División Blindada polaca con 11.000 hombres y más de 280 carros de combate.
A partir de entonces, por caminos diferentes, desde el este, el occidente y el sur, el soldado polaco marchó junto con los tres aliados en dirección a su Patria.
Sin embargo, de acuerdo con las previsiones, el frente que enjulio de 1944 impidió la ocupación alemana y trajo la libertad a las primeras aldeas y distritos polacos venía del este, y los más importantes combates por el futuro de Polonia se libraban a orillas del Vístula. Entre tanto, en la Polonia ocupada iba extendiéndose la lucha guerrillera a todo trance y haciéndose cada vez más radical la actitud de la población polaca.
En vísperas de la liberación, en el verano de 1944, las fuerzas guerrilleras del Ejército Popular se habían reorganizado ya en 16 brigadas que actuaban en los bosques (de las que las mayores contaban hasta con mil hombres) y varias decenas de batallones. Operaban en la cercana retaguardia del frente que se iba acercando y ya en comunicación directa con él. Las Fuerzas armadas de la clandestinidad, ligadas al Gobierno polaco de Londres: el Ejército Nacional, proceden a la aplicación de su modificado plan de acciones armadas masivas, denominado plan “Burza”; se incorporan a las unidades los soldados que hasta entonces se hallaban en la clandestinidad y atacan a las unidades de la retaguardia alemana que se baten en retirada bajo la presión del Ejército Soviético.
El 1 de agosto se lanzó a la lucha Varsovia, donde el primer día de la insurrección cerca de 20.000 insurrectos atacaron a la guarnición alemana. Es de lamentar que las premisas políticas del plan, que consistían en apoderarse a tiempo de la capital, tomando la delantera al Ejército Soviético y al Ejército Popular Polaco, se dejasen sentir pesadamente sobre los resultados militares del sacrificio del soldado-insurrecto. La insurrección, no concordada con las fuerzas soviéticas que se aproximaban, resulta prematura, y los insurrectos libran en medio del mayor aislamiento una desesperada lucha de 63 días contra los alemanes.
En ese tiempo avanza por la región de Lublin el Ejército Polaco, reorganizado en la Unión Soviética a base de la 1 División de Infantería Tadeusz Kociuszko”. Cuenta ya con 4 divisiones de infantería, una brigada blindada y otra de caballería, disponiendo, además, de una fuerte, artillería (5 brigadas). Las unidades de combate disponían en total de 57.000 hombres, 1.161 cañones y morteros, 182 carros y cañones blindados y 63 aviones. Conforme a los propósitos y posibilidades de las tropas soviéticas, que en los lejanos accesos de Varsovia trataban de establecer cabezas de puente en el Vístula y el Narew  favorables posiciones de partida para una maniobra de envolvimiento de la capital—, el Ejército Polaco combate a orillas del Vístula. Los carristas polacos ayudan a la infantería soviética en la defensa de las cabezas de puente de Warka y Magnuszew, inflingiendo en Studzianki serias pérdidas a la división “Hermann Goering” recién llegada de Italia, a la 19 división blindada y a la 45 división de granaderos. La infantería y artillería polacas tratan de establecer cabezas de puente en la desembocadura del Pilica, y posteriormente participan en los combates por los accesos directos de Varsovia, liberando en septiembre de 1944 su barriada de Praga, situada en la orilla derecha del Vístula.
En el frente occidental, en el audaz, pero no bien pensado, intento de atravesar el Rin y abrir el camino hacia el corazón de Alemania, participaron, en el otoño de 1944, también los polacos: los soldados de la Brigada Autónoma de Paracaidistas. En Arnhem ayudaron con arrojo y habilidad a los paracaidistas británicos que se encontraban en una situación extremadamente difícil.
En esa época parecía que la guerra llegaba a su fin. Después de la derrota de Bielorrusia y Francia; tras la derrota en los Balcanes; después de pasar Rumania al lado de las potencias antihitlerianas y la catástrofe del grupo de ejércitos alemán en Ucrania del Sur; luego de perdidas sus fuentes de abastecimiento de productos petroleros, carente ya de aliados y privado de la mayoría de sus conquistas territoriales, el III Reich se hallaba en pleno ocaso. Sin embargo, desde el punto de vista de los intereses polacos, la guerra apenas si entraba en su fase decisiva. El 75 por ciento de la población del país y el 80 por ciento de su patrimonio material se hallaban aún en poder de los ocupantes. En las ejecuciones públicas y las acciones de represión, en los campos de concentración y las prisiones perecían a diario miles de polacos. Por eso, el esfuerzo desplegado por Polonia tenía que ir incrementándose para, en la medida de nuestras posibilidades, acelerar la victoria y la liberación, aunque no fuese más que unos días. Desde el 22 de julio de 1944; desde el día de la liberación de los primeros distritos de Polonia y la implantación en ellos del poder provisional: el Comité Polaco de Liberación Nacional, este esfuerzo llegaba ya a ser el esfuerzo organizado del Estado en lucha, que se apoyaba en su propio país y en la parte del pueblo liberado. En el sombrío y difícil otoño de 1944, en los terrenos de la Polonia lubliniana de la orilla derecha del Vístula, pobre y devastada por la guerra, el poder popular, apoyado por la población y la ayuda material del Ejército Soviético, incrementa la fuerza del ejército regular que, ya el 1 de enero de 1945, cuenta con más de 285.000 hombres. Aparte de las fuerzas formadas en la URSS, en las filas de este ejército se hallaban los miles de guerrilleros del Ejército Popular y también de todas las demás corrientes polacas de independencia, miles de voluntarios y de movilizados. En el cuerpo de oficiales, los especialistas soviéticos constituían cerca del 40 por ciento. El resto se componía de oficiales de las guerrillas y ya instruidos en el Ejército Polaco en la URSS; más de 4.000 antiguos oficiales polacos movilizados en las tierras liberadas y jóvenes alumnos de liceos, con frecuencia graduados en las escuelas militares del frente.

EL FINAL EN BERLIN

A mediados de abril de 1945, el Ejército Soviético se hallaba en los accesos a Berlín, presto para la última ofensiva que habría de poner fin a la guerra. Junto a él, a ambos flancos de la gran operación, ocuparon posiciones las tropas polacas. Los polacos rompieron la tenaz defensa alemana en los accesos de Berlín en el Odra, en el Nysa y en los bosques de Muskauer, cubriendo luego los flancos de las grandes tenazas que el Ejército Soviético iba apretando en torno al nido de Hitler. En total, 12.500 soldados polacos llegaron a Berlín donde apoyaron a los carristas soviéticos en la lucha por el sector central de defensa de la ciudad, cercando el Reichstag y la Cancillería del Reich. Los soldados polacos se apoderaron por asalto del complejo de edificios del Instituto Politécnico, del grupo de estaciones, pasajes subterráneos y edificios del metro en Charlottenburgo Chausse, atacando en dirección de Unterden Linden. Finalizaron su ruta de combate izando las banderas blanquirrojas en la Puerta de Brande-burgo y en la Columna del Triunfo en el centro del sector principal de defensa, entre el Reichstag y la Cancillería del Reich. De todos los soldados aliados, tan sólo al soldado polaco le tocó luchar junto al soviético por la conquista del centro del imperio de Hitler.

Revista Defensa nº 22, febrero 1980, Zbifniew Zaluski


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