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Operación “plomo fundido” en Gaza

El fin del año 2008 y el comienzo del 2009 marcó el desarrollo de la “Operación Plomo Fundido”, que se distinguió por la invasión israelí de la zona de la Franja de Gaza, estrecha región de Palestina lindante con Egipto e Israel donde viven amontonados alrededor de poco más de un millón y medio de palestinos, en su gran mayoría de origen árabe y musulmán, que tiene 40 Km. de costa sobre el Mediterráneo oriental y que carece de las comodidades elementales que reclama una población moderna, como servicios eléctricos, cloacas y agua corriente. En esa zona la Autoridad Nacional Palestina (ANP) no ejerce el poder y se encuentra en manos de una organización nacionalista de tendencia política opositora ostensiblemente belicosa, Hamas(1), creada en 1987 por el jeque árabe Ahmed Yazin tras la 1ª Intifada (levantamiento del pueblo árabe), al que se le unieron varios grupos islámicos nacionalistas como “Los Coaligados de la Tierra del Isrá” y el “Movimiento Islámico de Lucha”.

La Franja de Gaza constituye una parte histórica y geográfica de Palestina, que está situada entre el Mediterráneo, al Oeste; el río Jordán y Jordania al Este; Líbano, al Norte; y Egipto al Sur, en la península del Sinaí. Su historia comienza antes de la presencia de las religiones monoteístas, siendo ocupada por pueblos de ascendencia semítica, que dieron origen tanto a hebreos como musulmanes, cuyas raíces lingüísticas son las mismas. Fue siempre codiciada por distintos pueblos vecinos o interesados en ella por motivos comerciales, como los fenicios, que intentaban establecer puertos en el Medi­terráneo oriental. Alejandro Magno ocupó Palestina en el año 331 AC, ocupación que se prolongaría durante todo el llamado período helenístico y con los Tolomeos y los Seléucidas, hasta el año 142 AC. Luego vinieron los romanos que tomaron Jerusalén en el 63 AC y la incorporaron a la provincia romana de Siria, creando la Siria-Palestina(2). Cuando el Imperio Romano se dividió, quedó bajo la dependencia de Bizancio, hasta aproximadamente el año 636 de nuestra era, en que se produjo la conquista árabe.

Es de destacar que llegó a constituir los reinos bíblicos de David y Salomón, a la muerte del cual se dividió en dos, que lucharon entre si y finalmente cayeron ante la voracidad de los vecinos y, más tarde, ocuparon sus tierras los cruzados que intentaban recuperar las tierras santas. No pudieron sostenerse frente a los embates del islámico Saladito, quien, en octubre de 1187, venció a los cruzados y restableció la ocupación musulmana. Sus sucesores ejercieron el poder hasta 1516, cuando fueron desalojados por los turcos otomanos del califa Selim I. La interpretación amañada de los escritos de Mahoma ha originado numerosos emprendimientos políticos y religiosos que alimentan las ideas de no pocos musulmanes, especialmente cuando se trata de declarar la guerra santa, vencer a los cruzados o llevar a cabo intifadas. Se soslayan los párrafos que hablan de la misericordia de Alá. La Biblia también tiene referencias que justifican la luchar contra los infieles, pero todo el mundo sabe que no se pueden esgrimir en el siglo XXI.

foto: F-16 israelíes en formación

Ese celo por la defensa de los principios religiosos tornó incompatible la vida de los pueblos judíos, cristianos y musulmanes. Palestina quedó bajo la tutela del Imperio Otomano hasta el fin de la I Guerra Mundial, en la que tomó partido por Alemania y el Imperio Austro-Húngaro, tras la contienda debió ceder el suelo que ocupaba, que fue adjudicado como mandato a Gran Bretaña. Lo mismo ocurrió con los territorios del Líbano y Siria, que pasaron a ser mandatos franceses. Así, Londres haría frente a los reclamos de judíos y musulmanes. La II Guerra Mundial (SGM) dio origen a otros nuevos y se volvieron a agitar los ánimos de unos y otros. Los judíos, organizados en asociaciones independistas clandestinas, como Lahomei Herrut Israel (Combatientes por la Liberación de Israel) –dirigida por Abraham Stern– e Irgun Zeva’i Leumi (Organismo Militar Nacional) –por el que luego sería presidente de Israel, Menajem Beguin–, iniciaron movimientos contra la presencia británica. El último llegó hasta la guerra o la insurrección general en 1944. Ese mismo año murió en El Cairo lord Walter Moyne, ministro del Reino Unido residente en dicha ciudad, a manos de terroristas judíos de la Banda de Stern, quien había sido abatido dos años antes por la policía inglesa en una acción de represión. El 22 de julio de 1946, los integrantes de Irgun, volaron el hotel Rey David en Jerusalén, donde funcionaban oficinas administrativas británicas, causando la muerte de 91 personas y heridas otras 45. Es oportuno citar el asesinato del conde Folke Bernadotte (1895-1948), mediador de la ONU entre Israel y los árabes, por parte de la Banda de Stern. 

Los árabes, que combatían junto con los ingleses contra las potencias del Eje Berlín-Roma, no dejaban de manifestar la necesidad de efectuar cambios en los antiguos territorios ocupados por los británicos, no ocultando sus intereses por Palestina, y no cesaban de ejercer violencia sobre la población judía afincada en la región. Finalmente los jaqueados ingleses decidieron abandonar, viendo la ocasión más honorable en 1947, al amparo de la resolución de la ONU que recomendaba la partición de Palestina en un Estado judío y otro árabe. El judío fue creado, pero Egipto, Siria, Jordania, Líbano e Irak respaldaron su posición enviando tropas a atacar y recuperar el nuevo Estado. El 1 de agosto de 1948, el último soldado británico abandonaba ese suelo. Se inició así la primera guerra abierta entre los pueblos judío y árabe. Contra los que presagiaban un rápido triunfo de estos últimos, en el frente había una total falta de coordinación y planes operativos debidamente concebidos, permitiendo que los judíos avanzaran en todos los frentes.

Este fracaso árabe originó distintas reacciones en sus países, que debían reorganizar y coordinar mejor las fuerzas. En todos se registraron golpes de estado constantes y asesinatos de elementos adversos y, después de destronar al rey Faruk en Egipto y remplazar al primer presidente del país, el general Muhammad Naguib, tomó el poder el general Gamal Abdel Nasser (1918-70), quien entra en el juego de la Guerra Fría y busca en la Unión Soviética la ayuda militar para preparar la revancha. Recibió toda clase de armas, aviones y barcos, pero fracasó en sus intentos y perdió no solo las campañas militares, sino también enormes extensiones de territorio, hasta el canal de Suez. Israel quedó victorioso y reforzado, pero no ganó la paz. Tampoco el fin de la Guerra Fría la trajo, ya que sus enemigos árabes sustituyeron la lucha abierta con grandes operaciones militares por la guerra asimétrica, que desangra lenta pero inexorablemente al adversario más poderoso y desgasta a los pueblos adversarios, abandonándolos a continuar un conflicto sin posibilidades de un éxito definitivo.

Las nuevas características del conflicto

Los árabes saben explotar los éxitos logrados y cómo enfrentar a un adversario que los supera, no en número pero sí en tecnología, en producción y en procedimientos tácticos convencionales. Han observado bien lo pasado en la Indochina francesa, luego en Argelia, más tarde en Irak y ahora en Afganistán. Conocen que las guerras largas y de baja intensidad, pero continuas, resultan más rendidoras y efectivas que las tipo relámpago, de pocos días, donde se despliega un herramental bélico y tecnológico abrumador. El tiempo y el implacable goteo sangriento terminan por roer las mentes de los combatientes y de los pueblos, ansiosos de vivir en paz y tranquilidad, compitiendo comercialmente. Si a esa posibilidad se añade una sólida e insistente motivación psicológica (exaltación de mártires que ofrecen la vida por la patria o por un Dios), el éxito final siempre será para el más débil físicamente, pero superior en cuestiones morales.

El objetivo estratégico de ambos contendientes es el mismo: desalentar y disuadir al adversario e imponerle la propia voluntad, pero las formas operacionales y tácticas son diferentes. Este tipo de guerra no se libra sólo en los campos de batalla o en los escenarios de lucha, sino en las mentes. En la era de la información, los conflictos se desarrollan en la prensa, con el objetivo de ganarse a la opinión pública, que arrastra a la política y a las tomas de las decisiones más trascendentales. La imagen de un anónimo soldado muerto impresiona mucho menos que la de unos padres llorando y portando en sus brazos el cadáver de un hijo destrozado por las bombas de un bombardeo. Cuando se exhiben las fotos de las escuelas, hospitales, edificios religiosos bombardeados, se omite mencionar que, en muchas ocasiones, esos lugares han sido elegidos para almacenar materiales bélicos o establecer puestos de mando, esperando criminalmente engañar al enemigo.

Israel no ha logrado equilibrar o superar a su adversario en la guerra de la información y atraerse la opinión mundial. A la vista están los masivos y enardecidos actos públicos en su contra en todo el mundo. Esa es la verdadera debilidad de la causa judía. Hamas –que tiene dos alas, una civil de ayuda social y humanitaria, y otra militar, denominada Brigadas Alzedin Al-Kassar– es totalmente intransigente; no acepta diálogo alguno con su adversario, no busca la paz con Israel, sino su desaparición lisa y llana del Cercano Oriente y, si fuera posible, de la faz de la tierra. Torna así imposible el cese de hostilidades. Los líderes judíos saben que sus enemigos son eternos y que están decididos a todo, incluso miran con creciente desconfianza a sus proclamados aliados, que pueden llegar a repetir la actitud ya vista en Vietnam y en Laos, país éste, vecino al anterior, abandonado por las grandes potencias occidentales y la misma ONU, donde se cometiera uno de los genocidios más graves del siglo pasado(3). Las características del actual conflicto son la asimetría de las fuerzas y la baja intensidad de sus enfrentamientos, si bien son crueles y sangrientos.  

Nadie duda del grado avanzado en que se encuentra el Estado de Israel en materia de tecnología militar y el destacado puesto que ocupa en la industria bélica mundial. El alto grado de eficiencia de las Fuerzas Armadas israelíes (Tzahal) provoca una gran asimetría bélica con respecto a las Brigadas Azedin Al-Kasam. Sus productos abastecen o son reproducidos en muchos países. Las Tzahal cuentan con un equipamiento similar o superior a la OTAN, la UE y la misma Rusia. Frente a esas enormes y codiciadas capacidades, Hamas sólo opone el ya conocido herramental bélico de las armas livianas de infantería de origen soviético de los años setenta u ochenta. Dispone de cierta capacidad artesanal para construir coheteras de artillería, esto es, armas sin trayectoria guiada, como son los Kassam, que constituyen una familia o serie de modelos de distintas prestaciones de alcance. Al ser balísticos, sólo requieren ser apuntados con la debida alza para graduar el alcance y dispararlos; y carecen de sensores que permitan seguir y modificar su trayectoria, por lo cual resultan eficaces para sortear los impulsos térmicos y del radar. El radar puede distinguir la trayectoria –como sucede con los proyectiles de mortero y artillería convencionales–, pero no modificarla. No existen medidas electrónicas contra ellos.

Estos cohetes fueron desarrollados por Nidal Fat’hi Rabah Farahat, producidos bajo la dirección de Adnan al-Goul(4) y utilizados por primera vez en octubre de 2001. Los primeros ejemplares eran muy imprecisos y caían antes de llegar al blanco, pero se perfeccionaron, con tenacidad existiendo ahora varios modelos que tienen alcances de hasta unos 50 km. Los israelíes disponen de un sistema de alarma que no es muy temprana, ya que los radares captan al cohete cuando está en vuelo, dejando muy pocos segundos para que la población se ponga a cubierto en los refugios. Se comprobó que son pocas las bajas que causan, pero no así las destrucciones. Los Kassam no disponen de plataformas de tiro, sino que utilizan una sencilla y única rampa que se monta y desmonta rápidamente, como los clásicos morteros de infantería, para desorientar al enemigo sobre su posición real. De esa manera, el fuego de contrabatería efectuado por los israelíes cae muchas veces en lugares donde no hay blancos que merezcan ser abatidos.

Otro arma que da dolores de cabeza son los cohetes Grad, basados en el sistema soviético BM-21, que entró en servicio en 1963 y que desde 1976 fue montado en una plataforma móvil –camión Ural-4320– constituyendo una batería múltiple y móvil de 40 tubos lanzadores de calibre 122,4 mm., que se disparan en forma aislada, salvas o todos juntos, con muy poco intervalo. En el Ejército soviético su misión era destruir a las fuerzas enemigas en el campo, incluidos vehículos de artillería, blindados y transporte. Se pensó utilizarlos para abrir camino en campos minados. Los Grad a que se refieren las informaciones difundidas sobre el actual conflicto son de dos tipos, según su alcance, pero con la misma cabeza explosiva de 19,4 kg. El largo mide 3,23 m. y posee un rango de 20,4 km.; y el corto, 1,9 y alcance de 11 km. Algunas noticias hablan de hasta 50 km. Dado la clandestinidad y secreto que les protege, no puede estimarse con certeza si la resistencia palestina posee armas o equipos mas actualizados. La designación Grad resulta vaga, pues los BM-21 no corresponden a un solo modelo sino a un sistema(5) que presenta distintos aspectos y las informaciones que se difunden no precisan a cual se refiere. Lo que llama la atención es que se habla de impactos de cohetes aislados, cuando tienen capacidad para ser disparados en salvas.

El concepto de guerra de baja intensidad

La expresión de baja intensidad se refiera al empleo de las armas de destrucción masiva y se hizo presente con la utilización de éstas al fin de la SGM, cuando fue notoria su utilización, aunque no la calidad de los medios. Puede resultar muy cruel y sanguinaria, pero no causar exterminios masivos como los conflictos de gran o alta intensidad. También, tal vez, se aplicaría actualmente el término a aquellos conflictos donde se empleen armas prohibidas por el derecho internacional, como las bombas de racimo o cluster. Pero no se concibe una guerra sin provocar muertes y destrucción de bienes. En las operaciones que se desarrollan en Palestina se advierte que, a pesar de lo cruento de los bombardeos, al cabo de una semana de luchas continuas, las bajas no alcanzan los niveles de antes de las explosiones devastadoras de Hiroshima y Nagasaki en Japón.

En la SGM se llevó a cabo la llamada Opera­ción Gomorra, que se desarrolló, en julio de 1943, sobre la ciudad alemana de Hamburgo. Consistió en cinco ataques aéreos consecutivos, tres efectuados de noche por la RAF inglesa y dos de día por la USAF norteamericana, con oleadas de más de 700 aviones cada una. Causó la muerte de entre 33.000 y 70.000 personas y heridas a no menos de 125.000, así como la evacuación forzada de 900.000 habitantes. Si comparamos esas cifras y efectos con las bajas que originó la fase aérea de Plomo Fundido establecemos qué significa una operación de baja intensidad. En un tiempo similar, las muertes no llegaron a las 1.000 personas y 3.000 heridos.

Otra comparación con episodios de gran o alta intensidad puede hallarse en el empleo de los medios de lucha, como los tanques y tropas blindadas. En la célebre batalla de Kursk, la Operación Zitadelle, desarrollada también en 1943, los alemanes emplearon 900.000 tropas, 2.700 carros y sufrieron 56.000 bajas, mientras que los rusos intervinieron con 1.300.000 hombres y utilizaron 3.300 tanques y sufrieron 178.000 bajas. En Plomo Fundido se habla de una a tres columnas de tanques israelíes de unos 80 tanques cada una, lo que equivaldría a alrededor de 240. Ciertamente, las menores bajas y las menores magnitudes no pueden ser alivio para nadie, es sólo la fría estadística del significado de una guerra de baja intensidad.

foto: Desde la ciudad de Gaza, “Hamas” lanza un cohete hacia Israel.

Inició su primera fase el 27 de diciembre, poco antes de la media noche, precedida por una intensa y sostenida reunión de informaciones de inteligencia, tanto humanas (HUMINT) como tecnológicas. Se conocen los intentos de los agentes clandestinos de la inteligencia israelí para infiltrarse en las filas de Hamas y otras organizaciones palestinas, así como en la Administración civil. El objetivo era observar los movimientos de la gente, detectar las salidas de los túneles, así como los acantonamientos o cuarteles de los efectivos y material bélico, e informar a sus mandos. El uso intensivo de los UAV(6) (aviones no tripulados) consiguió un detallado mosaico de la región, con lo que se logró establecer cartas con cuadrículas de unos 400 m. para volcar en ellas las informaciones recogidas, con el fin de establecer planes de fuego para la artillería y los bombardeos aéreos con la precisión más ajustada posible. Asimismo, los UAV dirigían desde el aire su equipamiento electroóptico descubriendo las nuevas posiciones de los lanzamisiles.

La inteligencia israelí sabía en qué cuadrícula se encontraban y se escondían los blancos enemigos y antes de efectuarse un ataque aéreo o un fuego de artillería lo anunciaban a la población civil con lanzamientos de octavillas, lo cual no siempre ha sido posible ante la rapidez con que se desplazaban los efectivos de Hamas. Estos han demostrado poco respeto por la gente, que sufre los efectos implacables del fuego adversario e incluso se ha especulado con la obtención de un rédito favorable desde el punto de vista de la propaganda. Hamas y los palestinos en general explotan la acción clandestina y verdaderamente subterránea de los 200 túneles excavados a lo largo de la frontera con Egipto; pero allí estaban los agentes israelíes que marcaban las salidas. A pesar que muchos combatientes árabes se muestran vistiendo uniformes militares u ostentando insignias partidarias, una gran mayoría no lo hace y usa ropas civiles para pasar desapercibidos, lo que ha motivado no pocos errores fatales. Cuando un palestino se te acerca con los brazos en alto, no sabes si quiere parlamentar, rendirse, o hacerse volar con una carga explosiva, decía un soldado de las Tzahal y eso es válido también para mujeres, niños o ancianos con voluntad de ser mártires. 

Numerosas han sido las gestiones para detener esta guerra que azota al Cercano Oriente, pero tanto una como otra parte han condicionado el diálogo con puntos de vista que han sido rechazados. Que va a haber un cese del fuego es indudable, pues ambos contendientes necesitan un minuto de respiro para reponer fuerzas y restañar heridas; pero la guerra seguirá. El futuro de la paz en Palestina no es nada optimista. Son años y siglos de historia que deben evaluarse bien para lograr una paz aceptada por ambas partes, empeñadas aparentemente en la mutua destrucción.

Notas: 

(1) Significa fervor y es acrónimo de Harakat al-Muqáwama al-Islamiya, o Movimiento de Resistencia Islámica. 

(2) La resistencia palestina a los romanos fue intensa y durante la misma se fundó el cristianismo. El islamismo se constituiría alrededor de cinco siglos después, ya en la Era Cristiana, incorporando parte de las anteriores religiones monoteístas que forman parte del libro que escribiera Mahoma, El Corán.

(3) Favoreció la llegada al poder del llamado Jemer Rojo, encabezado por Saloth Sar, más conocido como Polt Pot, (1925-98) bajo cuyo régimen no menos de 2 millones de personas fueron exterminadas.

(4) Este personaje fue muerto por las Tzahal en octubre del 2004.

(5) El Grad BM-21, que está en pleno desarrollo, comprende hasta ahora los modelos 9K59 Prima, de múltiples tubos (30 ó 40); V, para las tropas aerotransportadas; P, de un solo tubo lanzador y se considera liviano; M, para naves de desembarco; 1, de 30 ó 36 tubos lanzadores; y PD Damba, que se usa en las bases marítimas para defensa contra comandos adversarios o minisubmarinos detectados en la zona.

(6) Unmanned Aerial Vehicle.


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