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Operación “cromita”, cuando los comunistas quisieron invadir Corea del Sur.

Cuando, a las 04:00 horas el domingo 25 de junio de 1950, hace casi setenta años, un Ejército de 90.000 norcoreanos, agrupados en siete divisiones, invadía a Corea del Sur cruzando el paralelo 38º, frontera establecida entre ambas naciones al final de la II Guerra Mundial (SGM,) sorprendió no sólo  a sus vecinos surcoreanos, sino también a Estados Unidos, hasta hacía poco responsable de la defensa de esta nación asiática, tras liberarla de la ocupación japonesa en 1945.

Evidentemente, el régimen comunista de Kim Il Sung había estudiado el dispositivo, estado de alistamiento y capacidad combativa del drásticamente reducido Ejército norteamericano de la posguerra, llegando a la conclusión de que su Gobierno se limitaría a observar y a protestar oficialmente  en la ONU por la invasión del Norte, pero sin intervenir en la lucha fratricida. Los comunistas sin duda creyeron ver una oportunidad de oro para reunificar la península coreana bajo un régimen totalitario, con poco riesgo y costo de vidas. En el momento de la invasión, Estados Unidos no tenía tropas del Ejército en suelo surcoreano, su Fuerza Aérea contaba con tan sólo unas alas en Japón y la Marina solo disponía de un crucero, cuatro destructores y unos pocos dragaminas navegando por el Mar del Japón.

Foto: Fases del desembarco de Inchon

Con tan escasas fuerzas en el teatro de operaciones, el dominio del mar, que se daba por supuesto para asegurar los suministros a Corea del Sur, era una condición sine qua non para poder imponer la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en la que se ordenaba intervenir a una coalición Aliada para liberar a Corea del Sur de las hordas invasoras. Harry Truman, a la sazón presidente de Estados Unidos, respaldado por una Resolución de las Naciones Unidas, estaba decidido a presentar batalla a la invasión comunista del Norte, apoyando a las tropas en franca desbandada del Ejército surcoreano, por lo que, como primera medida, el 26 de junio ordenó a la poderosa VII Flota, fondeada en la base de Subic Bay en Filipinas, que se hiciera a la mar proa a la Península Coreana. El principal elemento de la VII Flota era el portaviones USS Valley Forge (CV-45), que debería atacar con sus aeronaves a las tropas invasoras, para demostrar la determinación de Washington de apoyar al Gobierno de Corea del Sur. Esta rápida decisión sirvió, además, para disuadir a China de aprovechar la coyuntura para invadir la vecina isla de Taiwan y a la URSS de atacar a cualquier buque de la coalición de las Naciones Unidas en aguas del Mar de Japón, para no poner a su aislada base naval de Port Arthur en peligro de una posible represalia norteamericana.

La invasión había sido sin duda decidida por Stalin, mentor del régimen comunista establecido tras la SGM en Corea del Norte. El primer ministro norcoreano, Kim Il Sung no tenía la autoridad ni los medios necesarios para tomar tal decisión y los chinos, en junio de 1950, aún no tenían embajador en Pyongyang. Todo el armamento de los norcoreanos era ruso y había llegado por ferrocarril atravesando la frontera del Norte o por mar, desde el cercano puerto de Vladivostok. Se trataba de un auténtico arsenal con carros de combate T-34, aviones de caza Yak, obuses de 122 mm., cañones autopropulsados de 76 mm., morteros de 120, 82 y 61 mm., todo ello para armar un Ejército de 135.000 hombres, al mando del general Chai Ung Chai, que estaba organizado en siete divisiones de Infantería y una Brigada de Carros, con la notoriedad de que muchos de sus oficiales eran veteranos de la SGM y habían combatido junto al Ejército Chino. 

Foto: Artilleros del USS Toledo en su montaje de 40mm

Por el contrario, las tropas de Corea del Sur no podían compararse a las de su vecino del Norte, ni en cantidad ni en calidad. Aunque nominalmente eran 98.000 hombres, si quitamos 33.000 de los servicios, sólo quedaban 65.000 combatientes agrupados en ocho divisiones de Infantería, que habían sido adiestrados y equipados por el Ejército de los Estados Unidos, con armas ligeras excedentes de las utilizadas en la SGM, pero carecían de aviones, carros de combate y cañones de grueso calibre, siendo su arma más poderosa 89 cañones de 105 mm, al mismo tiempo que sus reservas de munición apenas les permitían algunos días de combate. Por si fuese poco, el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Chae Byong Duk, era conocido como Fat Boy (chico Gordo), ya que, con tan solo 1,67 m. de altura, pesaba 111 kg., y más parecía un pacífico Buda que un aguerrido general.

La decisión de intervenir

En este estado de cosas, el avance del Ejército comunista se hizo con la capital, Seul, que albergaba un millón de habitantes, en la mañana del 27 de junio y pese, a los esfuerzos de Chae Byong Duk por parar el arrollador avance de las tropas del Norte, que a guisa de Blitz Krieg o guerra relámpago había utilizado sus carros de combate siguiendo la escuela del general alemán Guderian, apoyados de forma certera por la aviación norcoreana, que carecía en ese momento de enemigos en el aire. En los cuatro días siguientes, las divisiones del Sur sufrieron derrota tras derrota, por lo que el presidente Truman dio la orden al general Mac Arthur, a la sazón en su Cuartel General de Tokio, de alistarse para detener el avance de las tropas norcoreanas en su invasión de Corea del Sur. El norteamericano envió a su vez un mensaje a su presidente con el siguiente texto: Unidades surcoreanas incapaces de resistir a la ofensiva enérgica del Norte. Factor determinante constituido por carros de combate y aviones enemigos. Pérdidas surcoreanas hacen precarias las posibilidades de resistencia y denotan poco ardor en el combate. Bajo mi punto de vista, el derrumbe total es inminente.

Foto: Almirante Radford comandante del Pacífico y general MacArthur

Ante la situación descrita, se disiparon las últimas dudas del presidente Truman, decidiendo lanzar a los Estados Unidos a la guerra al lado de Corea del Sur. Mac Arthur recibió esta vez la orden más concreta de empeñar de inmediato a la Fuerza Aérea y a la VII Flota, que ya se encontraba en el Estrecho de Formosa, para impedir el avance de las tropas del general Chai. Curiosamente, no mencionaba al Ejército de Tierra norteamericano, ya que de forma optimista creía que con los aviones y los buques podría contener el avance comunista, algo en lo que no coincidía Mac Arthur. El 29 de junio, las Naciones Unidas instaban a los países miembros apoyar y asistir a Corea del Sur para repeler la agresión armada y a restablecer la paz y la seguridad internacional en la zona. Ese mismo día, el almirante Turner, comandante de las Fuerzas Navales de Estados Unidos para Extremo Oriente, recibía un mensaje del almirante Patrick Brind, comandante en jefe de las Fuerzas Británicas en Extremo Oriente, con base en Hong Kong, con el siguiente texto: Indíqueme las operaciones en las que mis buques pueden ser necesarios. La posición actual de la “Task Group 96.8” es al Sur del Japón, está al mando del contralmirante Adrewes y comprende los cruceros “Triumph”, “Belfast” y “Jamaica”, dos destructores y tres fragatas. Mayor rapidez, laconismo y disponibilidad son imposibles.

Además de norteamericanos y británicos, un total de 16 naciones se unieron bajo la bandera azul de las Naciones Unidas, con el general Mac Arthur nombrado el 10 de julio como comandante en jefe del Mando Unificado  de las  Naciones Unidas (CINCUNC), que encontraba ante sí una situación desesperada: miles de soldados surcoreanos huyendo hacia el Sur, incapaces de tomar la iniciativa de un contraataque, por lo que recomendó la intervención inmediata de la Infantería norteamericana, recomendación aprobada por el presidente Truman, cuando las fuerzas locales se hallaban encerradas en una bolsa de 230 km. de perímetro, rodeando la ciudad de Pusan. La táctica comunista preveía un rápido avance para ocupar toda la Península, sin darle tiempo al enemigo a resistir ni a recibir ayuda del exterior, pensando que un ataque desde fuera contra un territorio unificado bajo el régimen comunista tendría una gran oposición política de las naciones, algo que estuvieron a punto de conseguir.

Pero ante si se encontraron con el genio militar del mejor general de Estados Unidos, con amplia experiencia de combate y unos recursos técnicos muy superiores al Ejército norcoreano. En mayo de 1945, el US Army había conocido su apogeo con 8.290.000 hombres y, en el verano de 1950, esa cifra se había reducido hasta los 592.000, es decir, a un 7 por ciento de su tamaño al acabar la SGM, con el agravante que gran parte de sus efectivos eran técnicos y auxiliares es decir, no combatientes, por lo que tan sólo contaba con catorce divisiones de Infantería, si bien cuatro de éstas se encontraban en Japón bajo las órdenes del propio Mac Arthur.

Foto: El asalto de los marines a los diques

Las Fuerzas Navales norteamericanas en Extremo Oriente comprendían una flotilla al mando del contralmirante Jay, con un crucero, cuatro destructores  tres dragaminas y cinco submarinos, más la VII Flota con un portaviones, un crucero, ocho destructores y tres submarinos. En cuanto a la Fuerza Aérea en Extremo Oriente, al mando del general George Stratemeyer, comprendía 1.172 aviones de todo tipo y 33.625 hombres. El Cuerpo de Infantería de Marina estaba bien lejos de su apogeo de 485.000 hombres durante la SGM, alcanzando sólo la cifra de 75.000 efectivos, con únicamente dos  divisiones de las seis originales. Paradójicamente, Mac Arthur no tenía Marines bajo su mando, si exceptuamos a la guardia militar embarcada en los buques de la VII Flota.

El 30 de junio, el presidente Truman aprobaba la utilización de tropas terrestres en la Península coreana, que combatirían bajo la bandera de Naciones Unidas, por lo que Mac Arthur pudo ordenar de inmediato el transporte aéreo de parte de los efectivos de la 24 División, al mando del general de división Dean, a la ciudad de Pusan, que, afortunadamente, poseía el mejor puerto de Corea y desde donde las tropas recién llegadas debían partir con la orden de ocupar la parte central surcoreana. El día 5 de julio fue el primer encuentro, en Osan, entre norteamericanos del 34º Regimiento y la avanzadilla norcoreana, que acabó en una estrepitosa derrota de los primeros, que no pudieron contener el avance de los carros T-34 de Corea del Norte, dando pie al avance de la 4ª División de esa nación. Afortu­nadamente, tres días antes una fuerza naval aliada compuesta por el crucero norteamericano Juneau, el británico Jamaica y la fragata de la misma nacionalidad Blue Swan había hundido a cuatro torpederos norcoreanos que escoltaban a diez buques cargados de víveres para el Ejército rojo, que habían salido del puerto de Chumunjim en la costa Este.

Por pequeño que parezca este encuentro, fue el mayor combate naval de la Guerra de Corea, dada la inmensa superioridad Aliada frente a su enemigo norcoreano, si bien los buques de las Naciones Unidas se las vieron siempre con un enemigo oculto y peligroso: la mina de orinque. Ese mismo día 3 de julio, los portaviones Valley Forge norteamericano y el británico Triumph, lanzaban a sus bombarderos por primera vez contra objetivos militares próximos a la capital del Norte, Pyongyang, y paralelamente la Fuerza Aérea de Extremo Oriente machacaba las columnas norcoreanas al Sur del paralelo 38. El primer encuentro terrestre con tropas estadounidenses había demostrado que las del Norte tenían la moral muy alta y no se amilanaban ante nadie, siendo su preparación para el combate mejor que la de sus oponentes del Sur, al combinar tácticas soviéticas y chinas. Ante esta situación, Mac Arthur, que ya había pedido el refuerzo de la 2ª División de Marines y al 8º Ejército del general Walker, previó una campaña larga y costosa en vidas para recuperar todo el territorio perdido y vencer al Ejército norcoreano, algo que no le gustaba ni estaba dispuesto a soportar Washington.

La idea estratégica

Tras una primera semana de continuos reveses estadounidenses sobre el terreno, en el cerebro de Mac Arthur se concibió una idea que habría de dar un vuelco de 180º a la desastrosa campaña. Para ello, decidió en primer lugar ralentizar al máximo el avance victorioso del enemigo, para fijarlo en sus posiciones y, por medio de un desembarco anfibio en su retaguardia, a 230 km. del frente, encerrarlo en una bolsa tras cortarle sus líneas de aprovisionamiento. Esta genial idea, en la que entraba de pleno la VII Flota, tuvo al principio la oposición del contralmirante Doyle, que no veía de una forma clara el éxito del desembarco anfibio, ya que el lugar escogido por Mac Arthur, la Bahía de Inchon, no reunía buenas características hidrográficas, por carecer de unas playas adecuadas y contar con mareas de 11 m. de amplitud, que dejarían en seco a los buques anfibios tipo LST (Landing Ship Tank) que llevarían el peso del transporte de personal y material a tierra. Pero Mac Arthur, tras su experiencia en el Pacífico durante la SGM, era un gran defensor de los desembarcos anfibios, dada la posibilidad de realizarlos allí donde tácticamente más convenía. Un desembarco en Inchon privaría, además, al enemigo de su puerto más importante y de su mejor aeropuerto, ubicado en el cercano Kimpo, además de obligar al Ejército norcoreano a batirse en dos frentes, tras sufrir un importante golpe bajo a su moral, ya que la recuperación de la capital, Seul, a corta distancia de Inchon, formaba parte de la operación posterior al desembarco.

Foto: Buques LST desembarcando su carga en la playa de Inchon

Así, el plan expuesto por Mac Arthur a sus generales y almirantes era desembarcar a la 1ª División de Marines para reconquistar Seul, mientras que la 7ª División de Infantería, que iría después, establecería una barrera al Sur. Estas dos unidades, que formarían el X Cuerpo de Ejército, al mando del general de división Almond, depende­rían operativamente del 8º Ejército. A su vez, el comandante de las fuerzas navales, denominadas 7ª Joint Task Force, sería el contralmirante de la 7ª Flota, Arthur Struble. A este plan se oponía el general Omar Bradley, a la sazón jefe del Estado Mayor del US Army y enemigo declarado de las operaciones anfibias y del Cuerpo de Infantería de Marina, cuya extinción había propuesto. Pero Mac Arthur envió un mensaje urgente al presidente Truman y éste autorizó el envío de la 1ª División de Marines, que contaba en sus filas con mucho veteranos de Guadalcanal y Okinawa. La llamada del comandante general de Infantería de Marina, Clifton Cates, a sus hombres y reservistas para el combate fue totalmente efectiva, pues la 1ª División, que contaba el 30 de junio con 7.789 hombres, el 15 de septiembre entraba en guerra con unos efectivos de un pequeño Cuerpo de Ejército, 26.000 hombres bien armados y equipados y, lo que es más importante aún, con moral de victoria infundido por el esprit de corp, que caracteriza a los Marines. 

La fecha elegida del 15 de septiembre para el desembarco anfibio fue decidida por la fase de la luna que permitía una mayor amplitud de marea, procurando así que los LST pudiesen llegar a las playa sin problemas y sin que lo impidiesen los numerosos bancos de arena próximos a ella. En principio, deberían dejar su carga en una serie de pequeños muelles y pantalanes en un frente de 6 km. Otro obstáculo a tener en cuenta era la estrechez del canal de acceso al puerto de Inchon y la falta de espacio para fondear a los navíos de apoyo, fondeaderos que además debían soportar fuertes corrientes de 5 nudos, con el consiguiente peligro de garreo al estar al ancla. Por si esto fuese poco, al general de división de Infantería de Marina Oliver Smith no le gustaba desembarcar en el corazón de una ciudad, detrás de un dique de fácil defensa por parte de los norcoreanos y que podrían diezmar a su 1ª División, teniendo en cuenta, además, que la hora H era a las 17:30 y la puesta del sol a las 18:43, lo que les dejaba poco más de una hora para desembarcar y hacerse con una vía de acceso a una ciudad oriental de más de 250.000 habitantes, jalonada de defensas norcoreanas.

Foto: Tropas surcoreanas listas para ser inspeccionadas

Además, los Marines necesitaban desembarcar 3.000 ton. de material, lo que implicaba que los LST no podrían retirarse antes de que la marea bajase, con lo que quedarían varados e inmóviles en seco a la vista del enemigo y de su aviación, que podría destruirlos. El obstáculo natural más peligroso, aparte de los ya nombrados, lo constituía el islote Wolmi-do, o Isla de la Media Luna, situado al Oeste de Inchon, con una altura máxima de 107 m., cuyos cañones allí instalados podrían barrer a los Marines en su intento de llegar al dique, por lo que era necesario conquistar esta posición antes de arriesgar a la 1ª División. Todas estas dificultades hicieron que el Estado Mayor del contralmirante Doyle emitiera un informe, diciendo: Si se estableciese una lista de cosas que no se pueden hacer durante una operación anfibia, se obtendría una descripción exacta de la operación de desembarco en Inchon. Pero el Estado Mayor de Doyle no conocía el carácter decidido de Mac Arthur, totalmente inasequible al desaliento, que consideraba Inchon el único puerto donde podría desembarcar para destruir a un enemigo pillado por sorpresa. Y aún había dos incógnitas más, la posibilidad de que las aguas de la Bahía estuviesen minadas y la carencia de información de la defensa de costa norcoreana, a la que se le suponían unos efectivos de 2.000 hombres.

La  operación “Cromita”: el desembarco anfibio 

En lo que a la US Navy se refiere, la única operación de la Guerra de Corea a la que la Historia deberá conceder un importancia transcendental fue ese desembarco anfibio en Inchon, ya que implicó un total de 262 buques, no sólo de Estados Unidos, sino también del Reino Unido, Francia, Canadá, Nueva Zelanda y Holanda, para transportar 70.000 efectivos. Durante 83 días, las fuerzas terrestres de las Naciones Unidas se habían batido constantemente a la defensiva, encontrándose casi siempre al borde de la derrota. Colina tras colina y valle tras valle, los ejércitos de Estados Unidos y Corea del Sur, junto con los de sus aliados, habían ido retrocediendo desde el primitivo paralelo 38 hasta un perímetro de 100 km. sobre el puerto de Pusan, habiendo sufrido elevadas bajas. El  15 de septiembre, gracias a la genial idea estratégica del general Douglas Mac Arthur, todo iba a cambiar, pese a la oposición inicial del jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general Bradley, del jefe de Estado Mayor del Ejército, general Lawton Collins, y, en menor medida, de los almirantes americanos que, encabezados por el jefe de EM de la Armada, Forrest Sherman,  seguían pensando en el último minuto que el desembarco en esas condiciones era una locura.

Foto: Buques fondeados durante el desembarco anfibio de Inchon

Frente a estas opiniones contrarias, Mac Arthur defendió su operación, denominada Cromita, con el argumento de que el desem­barco anfibio por la retaguardia del enemigo es la herramienta más poderosa de que disponemos, añadiendo que, para emplearla adecuadamente, debemos penetrar dura y profundamente en territorio enemigo. Inchon sería la punta de lanza desde la cual se aplastaría el Ejército norcoreano, permitiendo recuperar Seul de manos comunistas. El plan de la Operación Cromita del vicealmirante Struble, coman­dante de la VII Flota, comprendía tan sólo cuatro sencillos puntos:

1) Desembarco inicial de un batallón de Marines en la isla de Wolmi-do, para destruir sus defensas antes del desembarco principal.

2) Desembarco principal en las playas Red, Yellow y Blue de Inchon de la 1ª División de Infantería de Marina, a la hora H: 17:00 locales.

3) Ampliar la cabeza de playa rápidamente para conquistar el aerodromo de Kimpo y la ribera del río Han, al Oeste de Seul, que se ocupará a continuación. Después habrá un desembarco sin oposición de la VIII División de Infantería, reforzada con tropas del X Cuerpo de Ejército.

4) Los cruceros y destructores proporcionarán el fuego naval de apoyo necesario. Los aviones de un portaviones rápido y otro de escolta darán la cobertura aérea y apoyo inmediato en el área del objetivo.

Con estas sencillas directrices, el complejo planeamiento quedó listo en tan sólo 23 días, aunque gran número de buques y aeronaves iniciaron los movimientos preliminares el 10 de septiembre y los infantes de Marina se adiestraron en Camp Pendle­ton, sede de la 1ª División de Marines, a donde llegaron los jeeps, los vehículos anfibios DUKWS y tractores que deberían ser transportados a Inchon. Como fuente de información geográfica principal se utilizó la memoria del capitán de navío Brittain, referente al desembarco de las fuerzas norteamericanas de ocupación de Corea en 1945, durante la SGM. Una vez listos los preparativos, se comenzó la neutralización de la Isla de Wolmi-do. Para ello, el 10 de septiembre, cinco días antes del desembarco principal, los aviones de los Marines incendiaron la isla con 95 bombas de NAPALM  (palmitato de sodio). El reconocimiento aéreo posterior mostró la total destrucción de 39 de los 44 edificios e incendiada todo el área habitable. No contentos con esto, continuaron los ataques aéreos en los dos días siguientes.

El día 13 de septiembre comenzaron los bombardeos de los cañones de los cruceros Toledo, Rochester, HMS Kenya, HMS Jamaica y los destructores Mansfield, De Haven, Lyman, K. Swenson, Gollet, Gurke y Henderson, todos ellos bajo las órdenes del contralmirante norteamericano Higgins, que había corrido el riesgo de fondear a los destructores en mitad de la canal de acceso, mientras que los cruceros hacían fuego a una distancia prudente, comprendida entre 7 y 10 millas. Astutamente, el almirante había enviado sus buques con la marea baja, para así descubrir las posibles minas fondeadas por el enemigo. El bombardeo duró una hora, en que los montajes de artillería de costa de Wolmi-do fueron neutralizados, eso sí, con el costo de tres destructores alcanzados por los disparos desde la isla. El bombardeo del día siguiente duró 75 minutos, sin que los cañones enemigos hicieran un solo disparo. En la noche del 12  de septiembre, el general Mac Arthur embarcó a bordo del buque de mando Mount McKinley en el puerto japonés de Sasebo con destino Inchon. Simultá­nea­mente el Batallón de Marines que debía tomar Wolmi-do embarcaba en el puerto de Pusan en el buque anfibio Fort Marton  y en los destructores Bass, Diachenko y Wantuck.

Foto: Tropas chinas atravesando el río Yalu

Así, a las 05:40 horas del día D, 15 de septiembre, los cañones aliados abrían fuego de nuevo contra Wolmi-do, lanzando 6.400 cohetes sobre su castigada superficie, al mismo tiempo que los aviones Corsair de los portaviones ametrallaban las playas para eliminar cualquier tipo de oposición, mientras que los Marines desembarcaban a las 06:31 en la isla y los civiles de la ciudad de Inchon huían despavoridos para ocultarse en los alrededores. Este primer desembarco encontró poca oposición por parte de los 300 defensores norcoreanos todavía supervivientes allí, por lo que el precio de la conquista de la isla fue de 20 Marines heridos contra 120 enemigos muertos y 180 hechos prisioneros, sin contar los numerosos soldados contrarios que yacían destrozados entre los escombros de los bombardeos anteriores. Cuando, por fin, la bandera de las barras y estrellas se izó en un maltrecho árbol en la cima de la colina, un Mac Arthur exultante puso el siguiente mensaje al almirante de la VII Flota, Struble: Los Marines y la Flota no han tenido jamás una conducta más brillante que la de esta mañana.

A las 16:45, el bombardeo más importante caía sobre las playas de Inchon para preparar el desembarco principal. Cruceros, destructores, buques lanzacohetes y aviones disparaban sus proyectiles contra la artillería de costa y sus puestos de ametralladoras. Los norcoreanos no tuvieron ninguna duda de que el desembarco imposible iba a tener lugar inmediatamente: a las 17:30 horas, cuando los cañones de la VII Flota enmudecieron. Al Norte de Wolmi-do se encontraba la playa Red, que en esencia era un dique de 300 m. que los Marines debían trepar con escalas adosadas a los vehículos anfibios de dos batallones. Esta primera ola pudo desembarcar sin recibir un solo disparo del sorprendido enemigo, que reservó toda su potencia de fuego para la segunda y tercera. Al mismo tiempo, el 1er Regimiento de Marines tomaba la playa Blue, formada igualmente por diques ubicados al Sur de la isla de Wolmi-do, desembarcando en quince olas de vehículos anfibios y seis más de lanchas de desembarco.

Al caer de la noche, los Marines prosiguieron su avance gracias a la ayuda de proyectores gigantes de los navíos fondeados en las proximidades y, aunque estaba previsto un contraataque por parte del enemigo, este no tuvo lugar, por lo que con las primeras luces del día siguiente se procedió a la limpieza de las calles de la ciudad de Inchon. El día 17 aniquilaron una unidad norcoreana dotada de carros de combate, antes de hacerse con el aeropuerto de Kimpo. En esa misma jornada, la 7ª División de Infantería desembarcaba sin oposición, al mismo tiempo que empezaba a llegar al puerto todo su material pesado de artillería y vehículos. Con esta última acción, el desembarco de Inchon finalizaba con un éxito que no preveían ni siquiera los más optimistas, dado el reducido número de bajas: 20 muertos y 196 heridos.

Epílogo

La realización de la Operación Cromita puede considerarse todo un acierto, brillantemente ejecutada por la US Navy y los Marines, aunque también hay que tener en cuenta el factor suerte, ya que en Inchon no se encontraron minas, arma que después utilizarían los norcoreanos en número de 3.000 para bloquear el puerto de Wonsan. Hay que resaltar la gran visión estratégica del general Mac Arthur, ya que el desembarco puso fin al avance norcoreano, pudiendo recuperar, el 27 de septiembre, Seul con sólo 536 bajas, frente a las 21.000 del enemigo, que además tuvo 130.000 prisioneros, colocando en franca desbandada al antes victorioso Ejército norcoreano, desapareciendo de facto todas sus Divisiones. Pero la autorización recibida de la ONU para continuar la campaña más allá del paralelo 38 hizo que la hasta ahora observadora China hablase en palabras de su ministro de Asuntos Exteriores, Chu En Lai: El pueblo chino no tolerará ninguna agresión extranjera, ni quedará impasible ni pasivo ante la invasión salvaje de un pueblo vecino por los imperialistas. 

Foto: Los tres almirantes responsables del desembarco VA Struble JTF7, CA Doyle CTF90 y CA Higgins CTG90.6 a bordo del buque de mando

La intervención china hizo que el intento de las Naciones Unidas por unificar las dos Coreas fracasase. El Ejército rojo de Mao Tse Tung invadió Corea del Norte, enviando 500.000 voluntarios, de los que, el 16 de octubre, 180.000 del 4º Ejército chino cruzaban el río Yalu por tres lugares distintos. El 25 de noviembre, los chinos iniciaban una gran ofensiva, que culminaba el 4 de enero con la reconquista de Seul. Mac Arthur fue relevado en abril de 1951 por el general Matthew Ridgway, por discrepancias con el presidente Truman y querer utilizar la bomba atómica contra los chinos. Al usar solo convencionales, el conflicto se prolongaría hasta 1953, en que ambas coreas volvieron a sus primitivas fronteras, aunque, eso sí, dejando en el campo de batalla más de 2 millones de muertos en tres años de cruenta guerra, incluyendo a 33.000 norteamericanos.

El 27 de julio de 1953 se firmaba el armisticio en la ciudad de Panmunjon, dejando a la península dividida como la conocemos en nuestros días, con un Estado comunista al Norte y otro capitalista al Sur, volviendo así al statu quo ante bellum. El paralelo 38 continuó siendo la frontera más militarizada del mundo, pues la Guerra de Corea, en la que sólo se ha firmado un armisticio, no un tratado de paz, oficialmente todavía no ha terminado, como demuestran las continuas escaramuzas entre las dos.


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