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El misterio de la máquina “Enigma”

Según los diccionarios de la lengua española, enigma significa un conjunto de palabras de sentido encubierto para que sea difícil entenderlo o interpretarlo. Pero el enigma al que alude este trabajo se refiere a la máquina que los alemanes emplearon durante la Segunda Guerra Mundial (SGM) y cuyo desencriptamiento, por parte de los aliados, les proporcionó a estos últimos grandes éxitos, habiendo motivado muchas leyendas que el autor pretende situar en su justo nivel.

La historia de la SGM reúne infinidad de relatos sobre hechos notables en los cuales participaron agentes secretos y sobre los que reinó el misterio, incluso muchos años después de concluido aquél conflicto. Eso hizo que se viesen envueltos en un halo de romanticismo o de fantasía en el que, muy a menudo, la verdad se encontraba ausente. Aquí puede incluirse lo sucedido con la máquina Enigma que los alemanes utilizaron a lo largo de toda la guerra, ignorando que el enemigo había conseguido desencriptarla, obteniendo de ello informaciones tan valiosas como las siguientes: 
• Anticipar, en 1940 la retirada de Dunkerque al conocer que Hitler había ordenado acelerar el cerco de las fuerzas anglo-francesas situadas en el borde mismo del Canal de la Mancha. 
• Decidir la Batalla de Inglaterra, lanzada por la Luftwaffe al descubrir con antelación los blancos elegidos por los pilotos alemanes, lo que permitió movilizar y dispersar a los aviones de las Reales Fuerzas Aéreas (RAF), de una base a otra para evitar su destrucción y activando a tiempo, además, las defensas antiaérea y 
• Desalentar la planeada invasión del Reino Unido, la Operación León Marino, al señalar las bases de concentración de las tropas alemanas en la costa francesa. 
• Planificar y llevar a cabo con absoluto éxito los desembarcos en el Norte de África (Operación Torch), en Sicilia (Operación Husky), en Italia peninsular (Operación Avalancha), y en la Europa atlántica (Operación Overlord), así como las decisivas batallas de Normandía (Arromanches y La Falaise), junto con otras grandes operaciones y batallas que culminarían con el cruce del Rhin y la derrota germana en el frente occidental. 

Foto: Fábrica de radios AVA, en Varsovia. Allí, según los polacos, reconstruyeron varios equipos “Enigma” en base a un modelo extraviado por los alemanes en un envío postal. 

Lo curioso es que las Enigma, en el periodo de entreguerras se vendieron sin la menor traba e incluso recurriendo a anuncios con textos como el siguiente: La natural curiosidad de sus competidores será inmediatamente frenada por esta máquina que le permitirá mantener todos sus documentos, o al menos una parte importante de ellos, en absoluto secreto.

POLACOS, FRANCESES, BRITANICOS... 
Enigma fue creada en 1923 por el ingeniero alemán Arthur Scherbius, quien había estudiado los aparatos de este tipo que funcionaron durante la Primera Guerra Mundial y su invento no pasó de ser una mera curiosidad comercial que una firma berlinesa ofrecía por tan sólo 144 dólares. De ahí que los agentes de la Inteligencia británica no se fijaran en ese curioso aparato que si llamó la atención de los polacos —canal por el que iría primero a Francia y luego al Reino Unido— y de los argentinos. 

Foto: Militares alemanes cifrando un mensaje urgente en la máquina “Enigma “.

La historia polaca asegura que en 1929 una máquina Enigma dirigida a una empresa alemana de Varsovia se extravió en las oficinas de correos y fue tal el interés que demostraron no sólo sus destinatarios sino, inclusive, el cónsul germano, que al encontrarla tomó cartas en el asunto el servicio secreto polaco que, aún ignorando de qué se trataba, tomó una serie de fotografías. Fue dos años más tarde cuando supieron que con ese ingenio el renacido Ejército alemán cifraba sus mensajes, motivo por el cual infiltraron un agente en la fábrica de las Enigma recabando una preciosa información. De ahí surgió la leyenda posterior sobre los estudios que llevaron a desentrañar, en parte, los arcanos de la máquina y de los técnicos polacos artífices de esos descubrimientos, que en septiembre de 1939, al ser invadido su país por los alemanes, huyeron primero a Francia, donde construirían enormes réplicas en madera, las pompes, y, acto seguido, al Reino Unido donde por fin, con ayuda de los británicos, lograron apoderarse completamente de los secretos de las Enigma. 
Pero los polacos no fueron los únicos en acceder a este precioso material ya antes de la SGM pues en 1931, a cambio de dinero, un agente alemán, Hans Thilo Scmid, desleal le facilitó a los franceses una sustanciosa información de la que se hizo cargo el capitán Gustave Bertrand, director del Servicio de Criptografía del Ejército; el mismo con el que trabajaron los polacos refugiados en Francia en 1939 y, a continuación, todos ellos más los británicos. 
También los norteamericanos reclaman su parte en esta historia pues aseguran que fue una supuesta audaz espía, Amy Elizabeth Thorpe, alias Cynthia, esposa del diplomático británico Arthur Pack, quien convertida en amante de un alto responsable del Ministerio de Asuntos Exteriores polaco, supo de los trabajos que se estaban llevando a cabo en Varsovia en torno a la máquina Enigma, informando a los Estados Unidos. 

...Y ARGENTINOS 
Durante los años de la PGM al Ejército argentino le fue imposible renovar sus materiales, acudiendo a la importación ya que, como es lógico, todos los que producían los países involucrados en la contienda iban directamente a cubrir sus propias necesidades. Pero alcanzada la paz, el poder ejecutivo nacional ejercido entonces por el Dr. Hipólito Yrigoyen decidió, en 1921, recuperar el tiempo perdido creando la Comisión Técnica Permanente de Armamentos a la que le fue subordinada la Comisión de Adquisiciones en el Extranjero. Esta partió hacia Europa a principios de 1924, encontrándose ya al frente del gobierno el Dr. Marcelo T. de Alvear y siendo ministro de la Guerra el coronel (luego general) Agustín P. Justo. Tenían como objetivo principal seleccionar y remitir a Buenos Aires pequeñas partidas de materiales para ensayarlos, figurando entre los comisionados Adolfo Carlos Udry. 

Foto: El general Guderian en su puesto de mando móvil con, en primer plano, una máquina “Enigma”.

Capitán recién ascendido, de origen suizo, Udry se había especializado en radiocomunicaciones y poseía, desde el 24 de marzo de 1917, el carnet nº 112 de piloto argentino. En este último año citado había llevado a cabo, desde el avión que tripulaba y mediante enlace radiotelegráfico, el primer reglaje de tiro de Artillería en tiempo real escenificado en el país. En 1918 editó el Manual del Radiotelegrafista Militar y creó el Laboratorio Radioeléctrico del Ejército, llamado inicialmente Sección de Experiencias. Fruto de sus investigaciones, obtuvo una patente de inventor por los transformadores de baja frecuencia que construyó personalmente y que fueron instalados en la primera serie de radiorreceptores con amplificador —llamados EA 23— para ondas continuas. 
Fue este valioso personaje quien, una vez en Europa. contactó con el padre de las Enigma, el Dr. Scherbius, interesándose por las mismas, dadas las posibilidades de encriptamiento que ofrecían. En total se hizo con dos ejemplares, que, llegados a Argentina en 1926, permitieron efectuar los primeros ensayos de cifrado y descifrado. El éxito fue tal que el Gobierno decidió adquirir nuevas unidades en las que fueron introducidas tan notables modificaciones que darían lugar al denominado Modelo Argentino 126. 
Respecto a los originales el Modelo Argentino 126 tenía un funcionamiento muy interesante pues al oprimir una tecla se producía una inversión del circuito eléctrico, a la vez que mecánicamente generaba un veintiseisavo de vuelta en el primer rodillo de la derecha. Además, era necesario teclear 26 letras para que el rodillo central avanzara 1/26 de vuelta. Las conexiones se cruzaban en los rodillos con cada movimiento. Para complicar aún más la operación de cifrado, podía cambiarse la conexión del cableado, lo cual alteraba los caminos de los impulsos eléctricos a través del panel de conexiones, proporcionando 456.176 conexiones extras. Esto suponía una asombrosa seguridad en la transmisión de los mensajes ya que sólo quien poseyera un equipamiento similar era capaz de desencriptar los mensajes cifrados por una Enigma. 
Posteriormente, en 1930, se recibieron en Argentina las Enigma de la variante Modelo para Mandos Superiores, mucho más complicadas y de manejo algo lento ya que, al cifrar, debía dárseles tiempo a los electroimanes para que accionaran el complejo mecanismo de los rodillos conmutadores desencadenando el funcionamiento de las letras de inscripción. Y es que esta máquina imprimía el texto como las máquinas de escribir, y en vez de los tres rodillos de las Modelo 125 A, utilizaba ocho, lo que permitía combinar una clave basada en una palabra de ocho letras, como calabozo, mientras que con las anteriores la palabra clave sólo podía contener tres letras, como cal. 

CÓMO FUNCIONABAN LAS “ENIGMA” 
Las originales Enigma, con 12 kg de peso, eran portátiles estando contenidas en cajas de madera con tapa, cierre y asa de cuero para su transporte, siendo sus dimensiones exteriores de 30 cm de frente, por 25 de fondo y 15 de alto. El funcionamiento era eléctrico a base de una corriente continua de 110 v, pero también podía conectarse a una corriente alterna empleándose en este caso un transformador- reductor de 220/110 v, y una válvula rectificadora a vapor de mercurio que suministraba la intensidad de 1 a, para el trabajo. Modelos posteriores permitieron el empleo de baterías o tomar la corriente de los vehículos sobre los cuales iban -de ser ese el caso- montadas. 

Foto: Caja de cableado de los contactos de la máquina “Enigma”. 

Los textos eran compuestos mediante 26 teclas dispuestas en 3 hileras, en forma semejante a los teclados de las máquinas de escribir alemanas, y a cada tecla le correspondía una bombilla eléctrica tipo linterna de 3,8 v a 0,20 a, que al accionarse la tecla se encendía y señalaba el nuevo valor de la letra cifrada. Esos primeros ejemplares utilizaban tres rodillos cifradores, conteniendo otros tantos alfabetos integrados por las 26 letras del alfabeto telegráfico internacional, lo cual autorizaba trabajar con 26x26x26 combinaciones alfabéticas distintas, osea 17.576 combinaciones diferentes. Dicho de otra forma: podían combinarse y usar 17.576 alfabetos incoherentes y recíprocos sucesivos antes de que se repitiese en el texto un mismo valor para una letra cifrada. 
Los alfabetos eran inversos y recíprocos porque, por ejemplo, si se apretaba la tecla cifradora A y se encendía la bombilla de ciframiento M, recíprocamente en el mismo alfabeto si se apretaba la tecla M, la máquina respondía encendiendo la letra A en el otro alfabeto. Así mismo, eran incoherentes porque el orden de las letras de los alfabetos no seguían el orden de los alfabetos normales, sino otra  sucesión distinta como, por ejemplo: M, Z, K, L, O... 
Si bien los ocho rodillos proporcionaban 209 millones de opciones, finalmente los alemanes sucesores de Arthur  Scherbius —quien murió en 1929 al ser arrollado por un caballo desbocado—, decidieron en 1942, en plena SGM,  modificar las Enigma introduciéndoles un rodillo cifrador más —cuatro en total— e insistir en la alteración del cableado, con lo que lograron un equipo muy semejante al anterior, pero con la increíble capacidad de 150 billones de combinaciones cifradoras. 

OTRAS MÁQUINAS CIFRADORAS EN ARGENTINA
Los argentinos no se interesaron tan sólo por Enigma ya que entre 1934 y 1945 adquirieron otros modelos más prácticos, sencillos y económicos de accionamiento preferentemente manual. Entre los mismos figuran los desarrollados por el ingeniero alemán Von Kryha, quien había perfeccionado dos sistemas. Uno, liviano, bautizado Liliput, que únicamente pesaba 300 gr., se caracterizaba por el hecho de que sus alfabetos y números de cifrado se deslizaban circularmente merced al accionamiento de un botón igual a los de dar cuerda a los antiguos relojes de bolsillo. El otro sistema, con 5 kg de peso, bautizado Standard, iba en el interior de una caja metálica de forma semicircular, era transportable en un estuche de cuero y poseía un mecanismo interior que accionaba una poderosa cuerda de resorte semejante a las de los relojes de pared. Llevaba dos discos, uno interior fijo en el que se tomaban las letras o números del texto a cifrar, y otros exterior giratorio en el que podían leerse las letras correspondientes del texto cifrado. Asimismo, la firma Kryha le proporcionó a Argentina un equipo más grande y pesado, que era operado eléctricamente en forma muy parecida al sistema Enigma. 
No hay que olvidar los materiales comprados a la casa A. Crytoteknik, de Estocolmo, así como a Hagelin cuyo modelo más avanzado, el C.48A, que los norteamericanos perfeccionaron y adoptaron como M.209, y que más tarde también incorporó el Ejército argentino.

Foto: Un “Sherman” neozelandés avanza a  través de Castel Frentano, en Italia. Los desembarcos en  Sicilia y en la Península apenina se vieron favorecidos al conocer los aliados, a través de “Engima”, los planes de los alemanes (Foto: Colección Alberto Carbone) 


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