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EL ESTADO MAYOR ALEMAN, EN LA SGM; UN PUNTO DE VISTA

Cuando por primera vez leí la magistral obra “Panzer Battles”, lo hice sencillamente porque deseaba obtener una mejor comprensión de la batalla de Kursk, en 1943, en la que Hitler volcó el grueso de sus fuerzas blindadas.

Yo nunca hubiera esperado conocer al autor de esa obra, el general de división Friedrich Wilhelm von Mellenthin, de quien la misma sólo contaba que en 1965 vivía en Johannesburgo. También se decía allí que entre 1939 y 1945 estuvo combatiendo en cada uno de los teatros de guerra europeos y del Norte de África, hasta que fue capturado por las fuerzas aliadas cuando trataba de sacar a sus tropas del saliente del Ruhr.
Pero, ¿cómo podría yo localizarlo en el caso de que eso fuese posible?. Unas cuantas llamadas telefónicas a Johannesburgo me dieron cierta información. El nombre se pronunciaba Fon-Mé-lén-tin. Todavía residía allí, y para él sería un placer concederme una entrevista. No tardé en hacer todos los arreglos logísticos.

En el portón del patio de una cómoda residencia urbana, situada en las afueras de Sandton, donde habitan familias de la clase más alta, me recibió un hombre delgado de distinguido porte, aristocrático y cortés. Su gran energía y vitalidad parecían atribuirle más estatura que sus 168 cm. Vestía un traje de calle azul de tres piezas, de corte europeo, con camisa blanca rígida de doble puño, y corbata con una raya gruesa. No usaba lentes, aunque tenía a la sazón unos 80 años de edad. Su cara bronceada era tranquila y serena, despejada de las arrugas que suelen afligir a los ejecutivos que han trabajado bajo tensión. Parecía más un gerente de banco que un general.

UNA FAMILIA DE RANCIAS TRADICIONES

Primero me invitó a saborear una deliciosa comida: arenques del Báltico, carne de ternera a la vienesa, col roja, budines, y un vivificante vino tinto de la región del Rin. La comida, según él, sería un almuerzo para empezar a trabajar pero, sin embargo, duró toda la tarde. Cuando finalmente terminamos, la mesa fue recogida y la cubrimos de cartas de la situación con los croquis que él mismo había confeccionado.

foto: El general de división Friedrich Wilhelm von Mellenthin.

Cuando hablaba de las pasadas batallas, sus ojos de azul claro parecían fijarse en la distancia, como si aún se encontrara en el límite avanzado de una zona de combate, todavía mirando la aproximación de los tanques soviéticos. Uno casi podía contemplar el humo y las polvaredas y oír el estruendo metálico de la Artillería. Parecía como si estuviera reviviendo las agonías de Kursk y Stalingrado, junto con las anteriores victorias en Francia, Polonia y el Norte de África.
Su temple era extraordinario, y sus acciones mostraban la firmeza y constancia de su carácter. No hizo ningún gesto innecesario. Su autocontrol resultaba muy natural, no afectado. También parecía ser capaz de controlar a aquéllos que lo rodeaban con el poder de la sugestión. Pero fue al visitar su caballeriza cuando observé algo muy revelador. Era un experto del dressage, es decir, de un deporte en el que el caballo obedece con sólo unos imperceptibles movimientos de las manos, las piernas y el peso del jinete. El dressage le exige a éste un control extraordinario manteniéndose durante más de diez minutos bajo el intenso escrutinio de cinco jueces. Ningún otro deporte requiere tal grado de cooperación entre la persona y la bestia: un ser viviente controlando a otro con apenas una sutil sugestión, sin látigo y sin espuelas. No puede forzarse al caballo a cumplir las órdenes, sino que tiene que hacer que el animal sienta orgullo, como si fuera una extensión de quien lo cabalga. Cuando se siente lo suficientemente orgulloso, entonces querrá obedecer al jinete. Las vitrinas del general rebosaban de trofeos de oro.
Las atávicas mansiones de los Mellenthin y de los Lienichen en Pomerania, según me informó mi interlocutor, habían pertenecido a su familia desde el año 1460. Unas trescientas familias de la aristocracia militar fueron dueñas del territorio de Ostelbien (Prusia Oriental, Pomerania y la Silesia). Los señores terratenientes vivían en grandes castillos, con amplias y masivas fachadas de unos tres pisos de alto, y con 20 ó 30 habitaciones que nunca llegaban a calentarse con las estufas de ladrillo que se encontraban situadas en rincones oscuros. Fue de esta clase de la que el Estado Mayor General (EMG) alemán extrajo un número considerable de sus oficiales. Las tierras pertenecientes a los Von Mellenthin no eran tan extensas como las de la mayoría de las familias aristocráticas, puesto que gran parte de sus antepasados habían seguido la profesión de las armas.

foto: “Caballería antitanque” polaca camino de la línea de fuego. Este fue el primer frente en el que combatió Von Mellenthin.

Todo lo que quedaba de su patrimonio alemán eran unas cuantas fotografías y pequeños recuerdos que él y su familia pudieron llevarse consigo mientras huían del avance de los Ejércitos soviéticos. Una vez concluida la contienda pasó dos años y medio corno prisionero de guerra y otros tres como refugiado en Alemania Occidental. En 1950, Von Mellenthin se fue a Sudáfrica, pues ése era uno de los pocos países que aceptaban refugiados. A la edad de cincuenta años, cuando la mayoría de los hombres comienzan a pensar en el retiro, emprendió una nueva carrera en el mundo de los negocios, comenzando en el escalón más bajo. A cada instante menospreciaba el valor de sus éxitos, explicando que había sido un hombre de suerte. Prefería que sus colegas lo llamaran F. W. (apócope de Friedrich Wilhelm).
Durante las siguientes semanas, a medid a que yo lo conocía mejor, noté que este hombre era la quinta esencia del oficial del EMG alemán. Era uno de esos aristócratas para quienes el servicio militar constituía más una vocación que una profesión.
Von Mellenthin ha practicado meticulosamente dos decretos históricos del EMG, a saber: Los oficiales de Estado Mayor no tienen nombres (adoptado para preservar el anonimato del EMG después de su prohibición por el tratado de Versalles), y Grandes logros, poca ceremonia; más una realidad que apariencia. Al hablar de las victorias obtenidas en combate, minimiza la importancia de su participación, separándose del escenario. Es igualmente humilde cuando alude a sus éxitos comerciales. En 1953 fundó la aerolínea Trek Air (ahora Luxavia) en Johannesburgo. La enlazó con Europa, convirtiéndola en una compañía lucrativa, logrando hacerse con una gran porción del mercado de Lufthansa. Esta aerolínea alemana lo contrató convirtiéndole en director regional. El negocio de las líneas aéreas, afirma, consiste tan sólo en dar buen servicio y seleccionar la mejor gente.

 ADELANTO BIOGRAFICO

El general nació el 30 de agosto de 1904 en la guarnición del regimiento al cual pertenecía su padre, en el antiguo centro comercial de Breslau. Cuando contaba 14 años, su padre, el teniente coronel Paul Henning von Mellenthin, cayó muerto mientras dirigía el fuego de la artillería en el frente occidental, el 29 de junio de 1918. Su hermano mayor, Horst, fue sepultado vivo por una carga artillera francesa aunque pudo salvarse.

foto: Hindenburg fue el máximo exponente de la oficialidad de carrera alemana en la PGM.

Descendiente de una antigua familia noble de Pomerania, Von Mellenthin cuenta entre sus antecesores al príncipe Augusto von Hohenzollern de Prusia y a Federico el Grande. Es pariente —ya sea directamente o por matrimonio— de muchas de las familias más aristocráticas de Alemania, y su linaje se remonta hasta la época de los caballeros teutónicos. El árbol genealógico que adorna su estudio alcanza al año 1200 de nuestra Era.
Después de graduarse de la escuela secundaria, se alistó como lancero en el 72 Regimiento de Caballería, el 1 de abril de 1924. Debido a su pasión por los caballos y por los torneos hípicos —principalmente las carreras de obstáculos— pasó los primeros once años de servicio con la Caballería. Al cabo de 18 meses de servicio como simp le soldado fue ascendido a cabo, y en 1926 lo seleccionaron para que asistiera a la Escuela de Infantería, en Ordruf, y a la Escuela de Caballería, en Hannover. El 1 de febrero de 1928 le nombraron leutnant (teniente segundo) en el Reichswehr, que en ese momento contaba con un total de 100.000 efectivos. Era uno de los sólo 4.000 oficiales permitidos para todo el Ejército.
Su excelente educación y habilidad táctica le aseguraron ser seleccionado como candidato para recibir adiestramiento de Estado Mayor General. Sin embargo, antes tuvo que pasar el arduo examen de toda una semana de duración. Recuerda que de los más de mil oficiales convocados para examinarse, únicamente unos 150 fuímos admitidos a la Kriegsakademie. Ocupando su lugar entre el 10 por ciento mejor calificado, Von Mellenthin inició su instrucción en la Academia de Guerra berlinesa, el 1 de octubre de 1935.

LA KRIEGSAKADEMIE

El objetivo tradicional de la Kriegsakademie era el de entrenar a los oficiales de EMG para que pudieran cumplir funciones como asesores y asistentes de los comandantes de grandes unidades, amén de proporcionar oficiales para el Estado Mayor (EM) del Ejército.

foto: El general Schleicher, con el uniforme del Reichswehr.

El general Ludwig Beck, quien supervisaba el plan de estudios en esa época, empezó a cambiar la orientación de la Academia concentrándose más bien en enviar a oficiales capacitados para integrar el EM de las nuevas divisiones, que estaban en proceso de organizarse. Además, en 1933, también redujo el curso de Estado Mayor General de tres años —el periodo regular hasta ese entonces— a sólo dos, con el fin de satisfacer la acrecentada demanda de oficiales de EM causada por la rápida expansión del Ejército bajo el mando del nuevo canciller del Reich, Adolfo Hitler.
El curso comenzó el 1 de octubre de 1935 y consistía en nueve meses de conferencias y ejercicios de Estado Mayor. La única interrupción en los estudios era el ejercicio semanal sobre la carta, sin tropas y sin equipo, recuerda Mellenthin. A fines del mes de junio, los candidatos fueron enviados a cursar tres meses de instrucción entrelazada con una rama de las Armas de combate que no fuera la suya. Después de eso tuvieron lugar las maniobras de otoño, y, según Von Mellenthin, otro octubre gris. El segundo año era muy similar al primero, pero aún más difícil, puesto que se empezaba a eliminar a los candidatos menos dotados. Los más talentosos, que permanecían, eran destinados a ocupar posiciones selectas del EMG durante periodos probatorios de 18 meses de duración. Sólo después de completar satisfactoriamente dichos turnos recibían el título de Generalstabsoffizier.
Von Mellenthin obtuvo su calificación en la Academia en el otoño de 1937 y fue destinado al EM del 3º Cuerpo de Ejército en Berlín, donde recibió los codiciados distintivos plateados para el cuello de la guerrera y las rayas rojas en las perneras del pantalón. Finalmente le permitieron colocar las siglas i.G. después de las del rango. Al cabo de quince años de trabajo duro, había alcanzado el título de Hauptmann im Generalstab (capitán de Estado Mayor General).

ESPIGANDO RECUERDOS

Yo siempre he tenido suerte. Von Mellenthin no menciona que el hecho de que ser de cuna noble lo ayudó mucho. El misterioso lazo entre la gente de buena familia era más sólido que los sencillos organigramas. La nobleza estaba unida por un fuerte sentido de cofradía. Se conocían desde la niñez, asistían a las mismas escuelas privad as, estudiaban en las mismas academias militares y se encontraban asignados a regimientos vecinos. Muchos de ellos, además, eran parientes. Los individuos de sangre noble, debido a su superior educación y garbo social, predominaban en el EM. Irónicamente, esta situación había sido creada por los aliados quienes tras su victoria en la PGM prohibieron el EM y clausuraron la Academia de Guerra con lo que uno y otra continuaron sus actividades en la clandestinidad.

foto: Von Rundstedt en el Reichswehr. En la SGM brillaría con luces propias.

El genio y la creatividad militares florecieron en estas condiciones. El secreto dio paso al misterio. Los injustos dictados de Versalles convirtieron el EM alemán en una élite casi masónica. Con los extremadamente raros nombramientos de oficial, el Ejército atrajo una proporción de nobles mucho mayor que la que había servido bajo el Kaiser. En 1913, sólo el 27 por ciento de los oficiales subalternos usaban el von de la nobleza delante de los apellidos. En 1928, cuando Von Mellenthin recibió su nombramiento de oficial, el 35 por ciento de los tenientes empleaban el von. En la políticamente confusa República de Weimar, la nobleza consideraba que el servicio militar estaba por encima de la política, y que era una de las pocas profesiones dignas de su categoría social.
La posición de Von Mellenthin como capitán de EM del Cuerpo de Ejército (CE) de Berlín le fue propicia puesto que le exigía cumplir funciones de Inteligencia a nivel nacional. Trabajaba abiertamente en sus tareas de EM, al mismo tiempo que mantenía un enlace secreto con el personal de contraespionaje del Distrito Militar de Berlín, cuya misión era la de proteger contra cualquier penetración a las fábricas de armamentos secretas existentes en ese lugar.
A pesar de su designación como oficial de EMG, Von Mellenthin continuaba considerándose un oficial de Caballería. Sentía que había adquirido una perspectiva más amplia y que podía concebir operaciones
de mayor envergadura. También pensaba que su destreza como jinete lo había capacitado para asumir riesgos calculados, pero no insensatos.
Y, con todo esto, estalló la guerra.
El Ejército alemán entró en Polonia a las 04:45 horas el 1 de septiembre de 1939. Olas de ataques lanzadas por la Luftwaffe para debilitar la resistencia enemiga precedieron a las columnas Panzer. Al producirse la invasión, Von Mellenthin permanecía agregado al CE de Berlín como oficial de Inteligencia en el Estado Mayor. Le ordenaron abordar un Storch (una diminuta avioneta fabricada por la corporación Fieseler), sin armamento para protegerse, y llegar hasta el Cuartel General (CG) avanzado del 8º Ejército, que se encontraba cerca de Lodz, para que preparara un informe sobre la situación. En ruta, el motor del Storch se descompuso, por lo que el piloto tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en territorio enemigo, según indicaban los mapas cartográficos que llevaba. Grupos de hombres vistiendo desconocidos uniformes verdes rodearon la aeronave antes incluso de que pudiera detenerse y cuando F. W. y el piloto apuntaban sus metralletas para disparar, oyeron voces dando órdenes en alemán. Habían aterrizado en medio de una unidad alemana de construcción de puentes, que formaba parte de una fuerza de obreros cuasi militares bajo el mando del Dr. Fritz Todt, ministro de Armamentos.

ERWIN ROMMEL

En sus seis años de servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, Von Mellenthin trabajó estrechamente con muchos de los más altos generales alemanes incluyendo a Erwin Rommel, Hermann Balck y Heinz Guderian. La lista podría completarse con unos cuantos mariscales de campo, entre ellos, Albert Kesselring. Sin embargo, la mera mención de Rommel pareció tener un efecto catalizador en Von Mellenthin. Adoptando el tono de voz del oficial del EMG, inmediatamente se trasladó, en el espacio y el tiempo, al Norte de África recordando haber estado allí con Rommel desde el 1 de junio de 1941 hasta el 15 de septiembre de 1942, sirviendo inicialmente en Inteligencia y más tarde en Operaciones.

foto: Derrotado en África, aunque tan sólo debido a su carencia de medios, Rommel reapareció en el sector de operaciones del Oeste donde le vemos revistando a voluntarios de la India.

“Conocí al general Rommel por primera vez en 1938, cuando prestaba servicio con el 3º CE, en Berlín. No me imaginé en aquel entonces que, en sólo tres cortos años, me encontraría sirviendo bajo su mando en el Norte de África. Era el supervisor más exigente que he conocido en mi vida. Era muy duro con todos, especialmente consigo mismo”.
Rommel tenía poca confianza en los oficiales que el EMG le había enviado desde Berlín para ayudarlo, en junio de 1941. Inmediatamente rechazó a Von Mellenthin y a otros más, haciéndoles caso omiso por un tiempo muy largo e incómodo y diciendo:Yo no necesito ningún Estado Mayor.
La actitud de Rommel es fácil de entender pues se trataba de un oficial procedente de la clase media que se había abierto camino él mismo, sin padrinos. A pesar de sus increíbles logros en la Primera Guerra Mundial (fue distinguido con la más alta condecoración alemana, la Pour le Mérite, por su desempeño como jefe de compañía en la batalla de Caporetto, en octubre de 1917), nunca fue admitido en el EMG. Si Hitler —con su habilidad para identificar a aquellos jóvenes no conformistas que tenían talento— no lo asciende, nunca habría sido transferido de la Infantería y asignado al mando de una fuerza blindada.
Rommel sabía que los oficiales de EMG le informaban a él públicamente, y secretamente al jefe del EMG, en Berlín, sobre él. Von Mellenthin recuerda: Siendo como era un soldado de combate, nos contemplaba con sospecha. Pensaba que tal vez nosotros trataríamos de supervisarlo, y hasta de arrebatarle el mando. Y añade: “Hitler no tenía la intención de confiarle un papel importante en el desierto. Su incompleta fuerza expedicionaria se limitaba a una división de Infantería ligera, la 55ª , la cual más tarde le agregaron la 15 ‘Panzer’. Nunca le dieron suficiente cobertura aérea o apoyo logístico. Por orden de Hitler, su misión consistía simplemente en servir como fuerza de bloqueo o como barrera para evitar que los británicos, que estaban avanzando, destruyeran a los italianos. Rommel no veía ningún motivo que justificase esa táctica tan poco agresiva. Por consiguiente, rápida y decisivamente tomó la ofensiva antes de que los británicos pudieran reunir suficientes fuerzas como para lanzarse contra Trípoli”.

foto:  Rommel consulta un mapa con un oficial italiano. Los italianos, al igual que los alemanes, sentían una auténtica devoción hacia el jefe del Afrika Korps.

El 1 de marzo de 1941, las fuerzas del Afrika Korps sorprendieron a los británicos. Bengasi cayó en manos de los alemanes, ¡y poco después Rommel sitiaba Tobruk!. El 21 de marzo derrotó a los británicos en El Agheila. En enero de 1942 fue ascendido al rango más alto de general, tomó Tobruk en junio y lo ascendieron a mariscal de campo. Los ojos de F.W. brillan y sonríe, recordando que capturamos toneladas y toneladas de botín inglés; casi mil vehículos de combate, 400 cañones y más de 45.000 prisioneros.
Presintiendo el peligro que representaba un Ejército Panzer tan cerca del canal de Suez, Churchill exclamó: ¡Ay Rommel, Rommel, Rommel!. ¿Qué más importa, sino derrotarte?. Además, el peligro no se limitaba únicamente a las proezas de Rommel en el campo de batalla; su carácter carismático empezaba a afectar a los soldados de todas las nacionalidades. Sus hombres, tanto alemanes como italianos, literalmente habrían hecho cualquier cosa por él. Incluso los soldados británicos lo admiraban tan abiertamente, que su Alto Mando se vio obligado a ordenar que los oficiales dejaran de hablar sobre Rommel. Sin embargo el encanto de Rommel no siempre se manifestaba ante su Estado Mayor. Nunca fue tan gentil ni tan cortés como James Mason lo caracterizó (en su película). Para servir a sus órdenes era preciso poseer una constitución de hierro, y nervios muy resistentes.
Rommel, frecuentemente, pasaba muchos días sin comunicarse con su Estado Mayor. Von Mellenthin recuerda las raras ocasiones en las que Rommel regresaba a su CG a tiempo para oír la orientación diaria: Llegaba del campo todo mugriento y cubierto de polvo e irrumpiendo en el puesto de mando exclamaba bruscamente: “Wie ist die Lage!” (¿Cuál es la situación?). A esto, Westphal y yo (Operaciones e Inteligencia) respondíamos instantáneamente con un resumen suscinto de cinco minutos. El Zorro del Desierto no necesitaba más de 30 segundos para analizar los acontecimientos y determinar el debido curso de acción. ¡Entonces algunas veces expedía órdenes para toda una semana!. Rara era la vez que estas órdenes tenían que ser modificadas, evoca F.W. con asombro.
Las diferencias en educación y temperamento fácilmente podían haber sido el factor que separó a Romrnel de sus asesores de Estado Mayor. Rommel, a fin de cuentas, era un plebeyo, hijo de un maestro de escuela de Wurtemberg. Había obtenido su experiencia en combate en la hecatombe que fue para los alemanes la Primera Guerra Mundial. Sus principales virtudes militares eran su arrojo físico, su gran imaginación y su destreza. A veces trataba a sus principales oficiales de EM con una descortesía mordaz; sin embargo nunca era así con los soldados ni con los prisioneros de guerra.
Von Mellenthin todavía recuerda con admiración las buenas relaciones que su superior cultivaba con los soldados rasos y los prisioneros de guerra: Rommel insistía en que los oficiales consumieran las mismas raciones que las tropas, aunque sí les permitía utilizar otro comedor. Muchas veces la ración no consistía en otra cosa que pan rancio agorgojado, y un vaso de agua salobre. (Había agua porque Rommel, con su astucia innata, insistió en traer de Alemania expertos zahoríes para que descubrieran y perforaran los manantiales de agua potable). Sólo cuando capturábamos depósitos de abastecimiento británicos el Afrika Korps podía gozar de buena comida. En esas ocasiones, los oficiales, los soldados rasos y los prisioneros compartían igualmente los ranchos. La carne seca de res, tan despreciada por los soldados británicos, era un deleite culinario para el Zorro del Desierto y sus tropas. Algunos hasta la empacaban enviándola a sus familias, en Alemania.
Si bien inicialmente no quiso utilizar los servicios ni de Westphal ni de Von Mellenthin, Rommel llegó a depender de ambos cada vez más. Ellos administraban su CG, librándolo de la brega diaria de EM lo que le permitía concentrarse exclusivamente en los asuntos operativos. Talentosos y enérgicos, estos oficiales poseían las cualidades que más estimaba Rommel: lealtad y eficacia.
Con la conquista de Tobruk, Rommel alcanzó la cumbre de su carrera. Según Von Mellenthin: Después de ese logro, y a pesar de la escasez de gasolina y la fatiga de sus tropas, avanzó hacia el Este con la idea de tomar el canal de Suez; aventura que fracasó debido principalmente a la falta de refuerzos. No obstante estos problemas, creía que valía la pena hacer ese esfuerzo, porque así era él.

HERMANN BALCK

Tras abandonar el Estado Mayor del Afrika Korps, a fines de 1942, Von Mellenthin fue nombrado jefe de Estado Mayor del 48 Cuerpo Panzer, bajo el mando del general Hermann Balck. Balck era un individuo firme, imperturbable bajo el fuego y de inflexible determinación. Un general de tanques de mucho talento. F.W. sirvió con Balck casi continuamente desde diciembre de 1942 hasta finales de 1944, desde la batalla del río Chir, cerca de Stalingrado, hasta el Grupo de Ejércitos G en Francia, en el área de la Muralla Occidental (Muro del Atlántico).

foto: El general Hermann Balck, jefe del 48” Cuerpo “Panzer”

En todos estos destinos, Balck fue el comandante de toda la fuerza completa, y F.W. se mantuvo a su lado como asesor, guía y confidente. Entre los dos habían acumulado más de doce años de experiencia de combate, y colaboraron a base de una confianza mutua sin límites.

Alternando sus visitas al borde avanzado del área de combate, los dos acordaron que el éxito de la táctica Panzer dependía de comunicaciones muy rápidas. Esto les exigía formular conjuntamente una apreciación de la situación en el campo de batalla cada doce horas. Von Mellenthin insiste en que las enormes presiones que presentaba el frente ruso le dejaban sólo cinco minutos para informar a Balck. Basándose en planes formulados conjuntamente en estas reuniones que tenían lugar dos veces al día, Balck le daba órdenes a F.W., quien a su vez se las pasaba a los mandos subordinados. En ningún momento el Estado Mayor del CE de Von Mellenthin consistió en más de tres oficiales subalternos (Operaciones, Inteligencia e Intendencia).
De orígenes sueco-finlandeses, Balck fue apodado el impávido nórdico por Von Mellenthin. Era uno de los comandantes de más temple bajo fuego que he visto en mi vida —absolutamente imperturbable. También era un realista total. Eso lo demostró el 30 de diciembre de 1941 mientras informaba a Hitler sobre la situación en Stalingrado. Se consumieron dos horas durante las cuales el Führer le interrumpió pocas veces. Le recomendó a Hitler que no ordenara una retirada por ningún motivo. Balck era de la opinión que, con la nieve a una profundidad de dos metros, y la temperatura a 50 grados centígrados bajo cero, sería imposible iniciar una retirada. Tampoco iba a ser factible preparar nuevas posiciones. Balck y Hitler se enfrascaron entonces en un argumento sobre las pérdidas de tanques, las cuales Hitler había minimizado. Compararon sus cifras. Balck le informó a Hitler sin vacilar que sus cifras eran erróneas: “Usted está equivocado; yo estaba allí: las mías son las cifras correctas”, dijo Balck, según Von Mellenthin.
El análisis realista de Balck logró dos propósitos: reforzó la decisión de Hitler de mantenerse firme en Stalingrado (algunos estrategas dicen que ésa era la única decisión correcta posible, dadas las circunstancias), y obligó a Albert Speer, el ministro de Armamentos, a aumentar la producción de tanques. Fue Balck quien detuvo la incursión soviética en el río Chir, diezmando completamente el 52 Ejército Ruso de Tanques del mariscal Romanenko. Y también fue Balck quien, en Tatsinskaya, destruyó todo el 242 Cuerpo de Tanques soviético. Finalmente, fue el impávido nórdico el que audazmente atacó a todo el 52 Ejército de Choque ruso que mandaba Popov, destruyéndolo completamente. Eso pudo conseguirlo a pesar de las superiores proporciones de combate rusas de once a uno en Infantería, siete a uno en tanques, y veinte a uno en cañones.
Cuando Balck tomó el mando del 48° Cuerpo Panzer en Kiev, en 1943, insistió de nuevo en que Von Mellenthin fuera su jefe de Estado Mayor, anotando lo siguiente en su diario: Lo conozco desde mi temporada en el río Chir. Nos entendemos completamente. Nunca sobrecargamos a las unidades con papeleo innecesario. A menudo nos alternamos en las visitas al frente para mantenernos en estrecho contacto con los hombres.
Von Mellenthin permaneció con Balck hasta fines de 1944, cuando ambos fueron transferidos al frente occidental. Al llegar a ese sector, Balck pidió que Von Mellenthin fuera su jefe de EM; en esta ocasión con el Grupo de Ejércitos G, en Francia. Trabajaron juntos hasta que el general Guderian puso término a su relación profesional.

HETNZ GUDERIAN

Conocido afectuosamente por sus hombres como Papá Heinz o Schneller Heinz (Heinz el rápido), los aliados lo conocían como el alemán responsable de la creación del Blitzkrieg (guerra relámpago). Fueron los tanques de Guderian los que realizaron el avance motorizado hasta Viena en 1938, y suyas las formaciones que barrieron a las fuerzas polacas, nada más estallar la guerra. Finalmente fue su embestida hasta la costa de Abbeville, en 1940, la que dividió en dos a los Ejércitos aliados. El “milagro” de Dunkerque no habría existido, si Hitler no hubiera dado la orden a Guderian de que se detuviera. Guderian era valiente, arrogante, atrevido, y difícil; ¡hasta llegó a encarcelarme una vez!.
¡Me encarceló!,
repite F.W. riéndose a carcajadas. Sucedió cuando a finales de 1944, en el frente occidental, los alemanes estaban en retirada y Von Mellenthin era jefe de Estado Mayor del Grupo de Ejércitos G, esta vez también al mando de Balck. Guderian había enviado a uno de sus subalternos para que nos diera asesoramiento no solicitado y poco apreciado, sobre cómo emplear la artillería, Nuestro problema, a esas alturas, no residía en cómo emplear la artillería, sino en dónde obtener cañones y municiones para continuar resistiendo. Todo escaseaba gravemente. Muchas de nuestras divisiones “Panzer” sólo tenían cinco tanques cada una.

foto: El coronel general Guderian pasa revista a las tropas, en Berlín.

Los alemanes contaban con muy pocas armas de asalto. La mayor parte de su artillería consistía en piezas capturadas, con unas cuantas granadas. La situación de personal era aún peor: Recibimos una mezcla de personal de la Luftwaffe; viejos, y jovenzuelos que prácticamente no habían recibido ningún entrenamiento. Contábamos con batallones especiales de viejos que padecían de malestares estomacales, o que estaban cortos de oído. Tal vez hablé de una forma demasiado brusca con el emisario de Guderian. Me porté como un chico travieso.
El visitante regresó disgustado, y le dijo a su superior que Von Mellentinni siquiera le había hecho caso. Guderian ordenó que me presentara en el CG del Ejército en Zossen, cerca de Berlín, y me regañó severamente. Yo no dije nada en defensa propia, absolutamente nada. Los oficiales no estaban acostumbrados a replicar a Guderian cuando se encolerizaba o estaba de mal genio, especialmente cuando habían insultado a uno de sus emisarios personales. Así que me arrestó, encerrándome en el CG por una semana; luego me despidió. Irónicamente, ahora desocupado, aproveché la oportunidad para visitar a mi familia en las Navidades de 1944.
Durante esas vacaciones F.W. pudo sacar a su esposa e hijos del Este, antes que fuera totalmente ocupado por los rusos. Buena suerte, otra vez. ¡Siempre he tenido buena suerte!, comenta Von Mellenthin con alegría.
¡Avanzar!. ¡Avanzar!. ¡Era ese tipo de general!. En combate, Guderian continuamente potenciaba el grueso de las fuerzas blindadas, manteniendo concentradas la potencia de fuego y la movilidad, nunca dispersándolas. Von Mellenthin insiste en que Guderian, al concluir la guerra de esta forma, logró crear no sólo una nueva Arma de combate, sino también una nueva técnica de mando: Mi intención no es desprestigiar a J.F.C. Fuller, Liddell Hart, o Charles de Gaulle, como los grandes teóricos que eran en cuanto a las operaciones blindadas. Sin embargo, Guderian era el que materializaba la acción. El tomó la teoría y la llevó a la práctica. F.W. considera que Guderian llegó a ser uno de los mejores estrategas de Alemania, superado quizá sólo por el mariscal de campo Erich von Manstein. Él fue quien estuvo de acuerdo con Manstein en lanzar la Operación Sichelschnitt. Sichelschnitt fue la atrevida incursión blindada de mayo de 1940, en la cual los tanques alemanes se abrieron paso por la boscosa meseta de las Ardenas, sorprendiendo a los aliados que consideraban el área impenetrable.
También abogó por una estrategia mediterránea, con el objetivo de embotellar a los británicos. Este plan fue rechazado por Hitler, quien ya había decidido atacar a Rusia. Finalmente, Guderian se opuso —en perjuicio propio— a los constantes cambios de dirección ordenados por Hitler, tan pronto llegaron a Rusia. El quería avanzar directamente contra Moscú, sin los costosos rodeos que Hitler deseaba pues comprendía el consejo de Clausewitz, respecto al mantenimiento del objetivo. Guderian, por otra parte, imponía tremendas cargas a los oficiales de su Estado Mayor. Era casi imposible comunicarse con él cuando dirigía las operaciones desde el frente.
Von Mellenthin recuerda una ocasión en la que un colega del EMG trató de comunicarse con Guderian durante la campaña francesa. En el área donde había esperado encontrar el puesto de mando, fue inmovilizado por el fuego de la artillería. Refugiándose en una trinchera, les preguntó a varios oficiales alemanes, que ya se encontraban protegiéndose allí, dónde podía estar Guderian. Ellos le contestaron, riéndose: Si usted desea hablar con el viejo, empuñe un fusil y gatee hasta la próxima loma. El está en la cresta con los soldados, ¡disparando a los franceses!.
Con sus colegas, con los generales de más antigüedad, con los mariscales de campo y hasta con Hitler, Guderian no vacilaba en expresar su desacuerdo. Era muy testarudo y obstinado. Esto se debía a que había formulado un nuevo método de combate, e impacientemente deseaba llevarlo a la práctica. Al igual que Rommel, era un soldado entre soldados, siempre dispuesto a enfrentar el peligro, a dar un ejemplo personal, a dirigir desde el mismo frente. Quién sabe... Si Hitler hubiera aceptado el consejo de Guderian avanzando sin interrupción hasta Moscú cuando los Ejércitos soviéticos estaban muy débiles para maniobrar y dejaban las avenidas de aproximación relativamente faltas de protección, tal vez habríamos tomado la capital rusa en 1941, antes de la temporada de invierno.

HITLER

Von Mellenthin le da crédito a Hitler por haber apoyado a Guderian en la creación de las formaciones Panzer, cuando muchos generales de alto rango se oponían a esta innovación. Hitler estimuló el interés asistiendo a las pruebas de nuevos tanques. También hizo todo lo posible por mejorar nuestra red de carreteras, que en aquella época se encontraba en pésimas condiciones. Al ver los últimos modelos de tanques de Guderian, que estaban probándose en el polígono de pruebas de Kumersdorf, en febrero de 1935, el Führer pronunció su famosa frase: ¡Eso es lo que yo necesito; lo que deseo tener!.
F.W. nunca estuvo de acuerdo con la idea del mariscal de campo Keitel de que Hitler era el caudillo militar más grande de toda la Historia. Tampoco está de acuerdo con el general J.F.C. Fuller, el experto británico en guerra blindada, quien  dijo que Hitler había sido uno de los soldados más originales de todos los tiempos.

foto:  Hitler tuvo la sagacidad de intuir el genio de Rommel, sacándolo del anonimato, así como la brillantez de las ideas de Guderian.

Más bien es del parecer que el ejercer un mayor grado de precaución, junto con un estricto seguimiento de la estrategia del EMG, habría servido al Ejército alemán mucho mejor que el seguir los inspirados presentimientos de Hitler.
Alemania estaba lista para la llegada de Hitler pues la derrota y el desarme unilateral había dejado al país con una mentalidad de sitio. Se daban cuenta los alemanes que eran atacados a cada instante por vecinos hostiles; una convicción que fue reforzada por la ocupación francesa del Ruhr, y por las incursiones polacas a la Silesia, cerca del hogar de Von Mellenthin. Comunistas alemanes, apoyados por la Rusia soviética, casi consiguieron derrocar a la frágil República de Weimar. Con dicho historial, Von Mellenthin considera que Hitler era un puente entre los alemanes irreconciliables en Alemania, en esa época. Era capaz de enfrentar la peligrosa amenaza comunista en la propia Alemania, y al mismo tiempo promover su doctrina política: el nacionalsocialismo. Como oficial de Estado Mayor, Von Mellenthin nunca se imaginaba que Hitler invertiría totalmente las ideas de Clausewitz, volviendo al revés la relación entre los políticos y los militares. El político ordenaba guerra; los militares aconsejaban moderación. Aquél ordenaba un ataque; éstos sugerían una demora. Cuando oficiales del EMG trataron de explicar a Hitler las dificultades inherentes a las operaciones invernales en Rusia, el Führer los reprendió por su cobardía, diciéndoles que sus generales tenían que ser como los perros de los carniceros, que atacan todo lo que se encuentre al alcance de la vista.

EL ESPIRITU DEL ESTADO MAYOR

La idea de que el EMG había planificado la guerra auspiciada por Hitler, predominó en el proceso abierto en Nuremberg contra las principales figuras del III Reich. Von Mellenthin y unos 150 de sus colegas fueron encarcelados por períodos de hasta dos años y medio, mientras los aliados buscaban probar que eran culpables de crímenes de guerra. Incluso el conde von Gersdorff, quien trató de asesinar a Hitler, fue encarcelado. Finalmente el tribunal pudo condenar a muerte sólo a Keitel y a Jodl. Los integrantes del EMG fueron absueltos. Los juicios en Nuremberg concluyeron considerándoles militares esencialmente técnicos; brillantes en la prosecución de su profesión, e ingenuos políticamente.

foto: El mariscal Keitel junto con el mariscal Jodl fueron los dos únicos miembros del EMG alemán en ser  ahorcados por los aliados

Las deficiencias ideológicas de esos hombres fueron descritas acertadamente por B.H. Liddell Hart, el famoso historiador militar británico, quien dijo de ellos:
Los generales alemanes de esta guerra constituyeron el mejor producto de su profesión en todo el mundo. Podrían haber sido mejores, si sus perspectivas hubieran sido más amplias y su entendimiento más profundo. Sin embargo, si se hubieran convertido en filósofos, habrían dejado de ser soldados.
Más de 300 oficiales del EMG murieron en combate y lo mismo les sucedió a más de un tercio de los oficiales generales, cifra no registrada probablemente por ningún otro país en tiempos modernos. También las pérdidas entre los generales durante la guerra habían sido muy altas.
A pesar de este asombroso número de muertes y de lo que supuso para él haber sido encarcelado, el carácter de Von Mellenthin sigue sin cambio. Todavía continúa montando sus caballos favoritos durante dos horas todas las mañanas, trabaja en su despacho ocho horas al día, y además ofrece sus servicios como consultor a varias instituciones benéficas, sin recibir paga alguna. Una vez al mes preside una comida formal de su familia de más de treinta personas. Participa en maniobras militares con la mayor frecuencia posible, y es invitado como conferenciante a centros de la OTAN y de los aliados.
Una vez al año asiste a un banquete con los compañeros de su antiguo Regimiento, reuniéndose en Wiesbaden, Alemania, puesto que Breslau ahora se ha convertido en Wroclaw, una ciudad polaca. La mayoría de los viejos aristócratas prusianos que disfrutaban del baquete ya han fallecido. Sin embargo su lema de ichdien (yo sirvo), que adorna la bandera regimental, recuerda a los sobrevivientes el noble espíritu del Estado Mayor General alemán.

Revista Defensa nº 219/220, julio/agosto 1996, Verner R. Carlson (*)

(*) El Sr. Carlson es un oficial retirado del Ejército de los EE.UU., graduado de Estado Mayor, antiguo agregado militar en varias Embajadas de su país, especialista en Inteligencia, veterano del Vietnam y colaborador de la“Military Review”.

 


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