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La Base Aérea “Vicecomodoro Marambio”

(Revista Defensa nº 94, febrero 1986) En torno del Polo Sur se extiende un continente de hielos eternos donde —superando la terrible hostilidad del medio ambiente— científicos de todo el mundo ejercen intensa actividad. Una de las principales puertas de ingreso al llamado continente blanco es la base aérea “Vicecomodoro Marambio de la Fuerza Aérea Argentina. Este reportaje versa sobre ella.

Sobre una meseta que corona la ex-isla Seymuro, sobre el mar de Weddell, a unos 200 m. sobre la superficie del agua, corre la pista de 1.200 m. de longitud de la base aérea Vicecomodoro Marambio, habilitada el 25 de septiembre de 1969 para aviones con tren de aterrizaje convencional, con lo que se impulsó una intensa actividad de exploración y ardua labor de los hombres de la Aeronáutica argentina.
Los cielos antárticos, la conquista por aire de los ámbitos polares y los servicios para el bien común, fueron objetivos acariciados por los aviadores desde muchos años atrás. En 1951, el 19 de diciembre, un avión Avro Lincoln, con el vicecomodoro Gustavo Marambio a los mandos, transportó carga de material de supervivencia y la arrojó para suplir las necesidades de la base del Ejército General San Martín. De entonces data el comienzo de la actividad aeronáutica normal en el sector antártico, para beneficio de todas las instalaciones argentinas o extranjeras existentes en aquellas latitudes.
La actividad de la Fuerza Aérea argentina desde ese momento fue permanente y procurando siempre perfeccionar sus condiciones y ampliar sus posibilidades. Consecuentemente con esta política, en 1961 se creó la base Teniente Benjamín Matienzo, desde la cual operaban todo el año los livianos aviones Beaver provistos con tren de aterrizaje para nieve e integrantes del Grupo Aéreo 1 Antártico que servían permanentemente las necesidades de las bases. Se inauguró poco después el Primer Servicio de Transporte Aéreo Militar, en el que participó con destacada actividad un precursor de la Aeronáutica polar, el capitán Mario Luis Olezza. Este servicio enlazaba con periodicidad a Río Gallegos con Matienzo.

foto: Operaciones de carga de material y personal en la RAM (Base Aérea Militar) Rio Gallegos, con destino a “Marambio “. El personal viste el uniforme antártico.

Algo a destacar en las primeras etapas de los vuelos antárticos: el 12 de noviembre de 1965 Olezza cruzó el Polo Sur, uniendo Matienzo con la base estadounidense Mc Murdo en un avión Douglas C-47 matriculado TA-05, al cual el ingenio de esos precursores le había incorporado la turbina de un Morane Saulnier en la sección de cola para incrementar su rendimiento. Este aparato constituye hoy la pieza principal del Museo Aeronáutico del Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires y es objeto de interés para los especialistas de todo el mundo.

LOS “PICAPIEDRAS”
Las crecientes necesidades logísticas obligadas para mantener la actividad científica, cuyas exigencias se incrementaban a diario, determinaron el establecimiento de una base que posibilitara el aterrizaje de aviones con tren convencional, capaces de transportar cargas pesadas o voluminosas. Se hicieron numerosas exploraciones, innumerables pruebas, ensayos de suelos, mediciones atmosféricas, determinación de vientos y de la temperie, encontrándose finalmente en una pequeña isla perdida en la inmensidad del mar de Weddell a 64° 14’ de latitud Sur y 56° 43’ de longitud Oeste el lugar conveniente. Allí los fuertes vientos que soplan sobre la meseta de 14 km. de largo por 8 de ancho impiden la acumulación de nieve, creando un micro entorno excepcional en aquel continente de hielos perennes.
En esa isla Seymuro —hoy Marambio— un pequeño grupo de hombres enfrentaron solos, prácticamente aislados del mundo, en la zona más inhóspita del planeta, donde casi no existe la vida vegetal, sino en formas primarias, donde los vientos y las bajas temperaturas producen sensaciones térmicas de más de -60ºC, el desafío de abrir una puerta accesible por aire para el sexto continente.
Ese grupo de heroicos trabajadores anónimos —todos ellos hombres de la Fuerza Aérea argentina—, con explosivos, picos, palas, coraje y fuerza, durante noventa días lucharon contra las rocas, el viento, las neviscas, el frío, comidas enlatadas y ligeras, tiendas en las que dormir permeables al ataque del clima... Pero llegaron al fin propuesto. El 25 de septiembre de 1969 un diminuto Beaver P-03 despegó de Matienzo y a las 11:45 aterrizó en la pista que los modestos picapiedras construyeron en solamente tres largos y duros meses.
Desde ese momento la actividad se intensificó. Había, además de la inagotable fortaleza anímica, más herramientas, mejores carpas, mayores facilidades para la alimentación, medicamentos y más personal. Y se llegó así al 29 de octubre.
Desde Matienzo, ese día, el legendario TA-05, también ahora pilotado por Olezza, emprendió el vuelo con las primeras luces desde la pista de nieve, aterrizando sobre ruedas en la nueva pista de Marambio, que quedó así inaugurada. Luego, llevando consigo las vivencias de los abridor de rutas nuevas en el planeta, retornó al continente para buscar su sosiego, ocupando un lugar preponderante en un museo.
Un Fokker F-27 de la FAA aterrizó más tarde en Marambio, llevando a su bordo autoridades nacionales y jefes de las Fuerzas Armadas argentinas. Unos meses después, la pista de la base Vicecomodoro Marambio recibiría a un pesado Lockheed C-130 Hercules de la FAA, que transportaba su carga completa. La puerta para la Aviación estaba así abierta. El continente blanco desde ese momento mide su distancia de los grandes centros de población en horas de vuelo.

BASE “VICECOMODORO MARAMBIO”
La Antártida es una zona terrestre cubierta por el mayor manto natural de hielo del planeta, rodeada por un océano circumpolar profundo. Es un continente
—casi la décima parte de la superficie terrestre— en el que no crecen árboles, no hay población autóctona y por ser el sitio más frío e inhóspito de la Tierra prácticamente no hay vida.
Sin embargo, un numeroso núcleo humano repartido entre varias nacionalidades ha establecido bases científicas de toda índole en ese territorio de conformidad con la letra del Tratado Antártico.

foto: Uno de los “C-130H” de la Fuerza Aérea argentina sobrevuela las instalaciones de la base aérea “Vicecomodoro Marambio

Para enfrentar la dura realidad ambiente, se establecieron un centenar de centros permanentes de apoyo a la actividad de  los especialistas en geología, meteorología, biología y otras ramas del saber que procuran incorporar tan singular continente a los conocimientos del hombre habitante de nuestro mundo.
Una de esas bases es la Vicecomodoro Marambio, dependiente de la FAA, que tiene actividad permanente y provee apoyo logístico para científicos argentinos y extranjeros afectados a actividades específicas, pero que además actúa como subcentro de Búsqueda y Salvamento (SAR), Centro de Apoyo a la Navegación y Protección al Vuelo, comunicación interbases, tanto de correo como sanitarias y de mantenimiento y fundamentalmente la actividad del Centro Meteorológico, que provee información valiosísima a gran parte del Hemisferio Sur. Toda la actividad de apoyo se realiza en directa coordinación con la Dirección Nacional del Antártico, dependiente del Ministerio de Defensa, y con el Ejército y la Armada, que también poseen bases antárticas, en procura de economía de medios y para evitar duplicación de esfuerzos.

INFRAESTRUCTURA
Cinco módulos principales interconectados alojan a la cocina, comedor, casino, administración, jefatura, central de comunicaciones y alojamiento para poco menos de un centenar de personas. Actualmente se finaliza la remodelación del pabellón hospital —deteriorado hace tiempo por un incendio— y se concluye el montaje de la planta procesadora de líquidos residuales. Hay que considerar que las condiciones del suelo y ambientales exigen la práctica de este método para disponer de los desechos. También están concluyendo los trabajos de puesta en funcionamiento de la nueva planta generadora de electricidad.
Se han construido un hangar que permite alojar dos helicópteros Chinook o dos Twin Otter; un pabellón para el inflado de globos sonda meteorológicos e instalaciones para el lanzamiento de cohetes de investigación en la alta atmósfera.
Si bien la actividad en Marambio es permanente, la presencia de personal varía de acuerdo con las épocas del año. La dotación normal son técnicos del servicio de tránsito aéreo, comunicaciones, meteorología y SAR (hay dos pilotos de DHC-6 Twin Otter permanentemente), y otro personal de diferentes servicios integran una totalidad de 30 militares y unos cinco civiles.
El personal científico no permanente o ambulatorio oscila de forma notable de acuerdo con los programas a realizar. Por ello varía entre siete y cuarenta hombres. Finalmente, hay que citar al grupo de construcción y mantenimiento que es también variable: entre ocho y veinticinco hombres. Todos ellos utilizan para su desplazamiento, de acuerdo con las necesidades y condiciones ambientales, motocicletas con patín delantero y oruga, que transportan dos personas y remolcan un trineo a una velocidad de 70 a 80 km/h; dos Mercedes Benz Unimog; dos o tres Snowcats; tres Squidozer de oruga y jeeps.

METEOROLOGIA
La base meteorológica Marambio está integrada por cuatro estaciones meteorológicas:
De superficie: Hace observaciones trihorarias de cielo, vientos, visibilidad, presión atmosférica, temperatura, de auroras, nubes noctiludentes y fenómenos especiales. Responde a requerimientos de bases, aeronaves, buques y patrullas terrestres.

De altura: Medición de presión, temperatura y humedad, con equipo de radiosondeo automático y dirección e intensidad de vientos en altitud y sondeos especiales a requerimientos de aeronaves.
De radiación solar y contaminación: Registra radiaciones solares y presencia de contaminantes.
Receptora de fotografías transmitidas por satélites meteorológicos APT: Captación de información de satélites meteorológicos e interpretación técnica de las fotografías para la detección de témpanos, nubes y otros fenómenos meteorológicos.
Los servicios de comunicaciones cuentan con un telediscado directo vía satélite por la red de comunicaciones telefónicas de todo el mundo al igual que teletipo. Además, por diversas ondas de radio frecuencia se tienen enlaces para tráfico de mensaje, radioconversación, tráfico particular de la dotación, apoyo a las aeronaves en vuelo, con bases extranjeras de acuerdo con los requerimientos y con las de las otras Fuerzas Armadas y del Instituto Antártico Argentino.

OPERACION DE LOS “HERCULES”
Durante el año 1984 los aviones Lockheed C-130 Hercules y KC-130 realizaron 48 vuelos desde El Palomar, que se completaron con 60 penetraciones o, lo que es lo mismo, aterrizajes en la pista de Marambio.
Esta intensa actividad, un promedio de cinco vuelos mensuales, permite el suministro permanente de los materiales imprescindibles para el funcionamiento de Marambio, y desde allí operaciones de apoyo a otras bases mediante la utilización de los DHC-6 y Bel? 212. Esto significa que hay un contacto permanente para la distribución de correspondencia, medicamentos, evacuación sanitaria y cualquier otra emergencia que se produzca en la vasta zona de influencia de esa base de la Fuerza Aérea argentina. Los C-130 transportan gasóleo artic, JP-1, lubricantes y anticongelantes, según las necesidades. Por buque llegan unos 600.000 litros de gasóleo artic, gas propano envasado y cerca de 100.000 litros de JP-1. La operación marítima tiene lugar una vez por año.

foto: Impresionante aspecto de las instalaciones de “Marambio” en el verano austral.

Marambio posee una pista de 1.200 m. y 30 de ancho, operable durante todo el año, aunque cuando la temperatura del suelo está por encima de 0ºC pierde algo de solidez, lo que no impide las operaciones. Las máquinas no requieren modificaciones en el tren de aterrizaje convencional sobre ruedas, con una carga de despegue de 58.970 kg. de máximo, que puede incrementarse en 2.270 si el avión se ayuda con JATO (Jet Assisted Take 0ff). Normalmente la carga de pago es de 11 Tm., pero se ha llegado a alcanzar las 15. La tripulación normal la integran dos pilotos, dos mecánicos, un navegante y dos auxiliares de carga.
Las operaciones están apoyadas con luces de aproximación de alta intensidad y balizaje a combustible, equipo VOR y radar azimut y distancia, lo que permite efectuar vuelos nocturnos. Se ha llegado a operar con vientos de hasta 70 nudos en superficie, estimándose que, por meteorología, la mitad de los días del año las operaciones son rutinarias, un cuarto en condiciones marginales y el resto cerrado. Pero de todos modos, operar en Marambio es siempre algo crítico, por cuanto que el despegue y aterrizaje se realizan en condiciones de máximo esfuerzo. Los pilotos tienen que estar calificados especialmente, exigencia que poseen el 70 por 100 del resto de la tripulación y que pierden si pasan más de cuatro meses sin ir a la Antártida.
Los aviones parten habitualmente desde El Palomar hacia Río Gallegos, en el sur de la Patagonia argentina. Desde allí inician los cruces a Marambio, donde llegan en tres horas y 15 minutos aproximadamente, cubriendo unas 960 millas náuticas de distancia.

EL FUTURO
La República Argentina, como signataria —con otros 13 países— del Tratado Antártico, tiene fundamentales derechos y obligaciones en ejercicio de su soberanía y contribuyendo también a la investigación científica que efectúen organismos nacionales y extranjeros en la zona.
Los programas a corto plazo se han proyectado manteniendo la misma geopolítica que hasta ahora, procurando mejorar las instalaciones y equipos, condicionados por las dificultades económicas argentinas. Estas obligaron a suspender las actividades de la base de lanzamiento de cohetes de investigación científica, que con carácter permanente operaba la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), organismo científico dependiente de la FAA. Cabe recordar que desde Marambio se llevó a cabo una inyección de plasma de bario en la alta atmósfera para medir el comportamiento de la magnetosfera e ionosfera. Este proyecto se realizó conjuntamente con el Instituto Max Plank, de Alemania Federal, y la NASA.
Pese a ello, en los planes a cumplirse se encuentra la construcción de una pista de un mínimo de 2.000 m. y valor soporte apta para operar durante todo el año con aviones de transporte pesados (crítica B-707B, equipamiento con ILS y GCA para eliminar dificultades operativas actuales y permitir la alternativa a las aeronaves que hacen la ruta traspolar Buenos Aires, Río Gallegos, Auckland y otras terminales en el Oriente. Se procurará también construir facilidades para alojamiento y racionamiento del personal en tránsito.


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