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La autoametralladora cañón Ford M-8 Hércules

La Historia, a veces, da la impresión de que gusta repetirse y algo así sucedió con la adquisición en Francia, de manera precipitada, de varios vehículos blindados de ruedas, de origen norteamericano; Ford M-8 “Greyhound”, que una vez en poder del Ejército de Tierra español fueron rebautizados con un nombre que, sin duda, les quedaba un poco grande: “Hércules”.

Esa compra tuvo lugar a finales de 1957, cuando los acontecimientos en el entonces enclave español de Sidi Ifni, situado en el costado occidental de Marruecos, y en el Sáhara, igualmente administrado por Madrid, estaban calentándose sobremanera y la posibilidad de que se produjese una crisis bélica cada vez era mayor. Hasta aquí, todo más o menos normal, de no ser porque algo parecido había ocurrido treinta años largos antes, en 1921, cuando encontrándose en plena revuelta los montes del Rif, en el, a la sazón, protectorado español de Marruecos, el Gobierno obtuvo de Francia la entrega de varios Renault, Schneider y Sairit-Chamon que, nada más llegar, marcharon al teatro de operaciones norteafricano, sin tiempo para conocer a fondo el funcionamiento de las máquinas ni, tampoco, para familiarizar con las mismas a sus tripulantes.
Pero centrémonos en el que es motivo de este reportaje, la ya mencionada auto- ametralladora cañón (AAC) Ford M-8 Hércules.

DE NUEVO LA GUERRA
Desde el 1 de abril de 1939, cuando concluyó la contienda que durante tres años había ensangrentado a España, el país no volvió a verse envuelto en una confrontación armada. Pudo sortear los peligros y tentaciones de la Segunda Guerra Mundial, pero ahora, de pronto, un autodenominado Ejército de Liberación que, en realidad, estaba constituido por bandas armadas y financiadas por el entonces heredero del trono de Marruecos, el príncipe Muley Hassan, más tarde Hassan II, empezó a hacerse notar de manera inquietante. En vista de ello, fueron enviadas, tanto a Ifni como al Sáhara, algunas unidades desde sus guarniciones en la Península o en Ceuta y Melilla. Por lo que hace al Sáhara, a la División de Caballería se le ordenó organizar una fuerza expedicionaria —tres Grupos en total— compuesta por personal y materiales de los Regimientos de Caballería Santiago nº 1 y Pavía nº 4, aportando cada uno de ellos tres escuadrones: uno de Plana Mayor, otro mecanizado y un tercero blindado. En cuanto al tercer Grupo lo integraban dos baterías transportadas del Regimiento de Artillería nº 19, con ocho piezas de obuses de 105/26, remolcadas por camiones Ford K.
El escuadrón blindado del Pavía incorporó los únicos diez carros de combate ligeros (CCL) que poseía el Regimiento y que eran M-24 Chafee. El Santiago, sin embargo, carecía de un material de este tipo así que se pensó en dotarlo con un blindado que fuese capaz de moverse y de combatir en un lugar de condiciones tan duras como las del desierto sahariano.

Foto: Desfile en tierras saharianas. En primer lugar, a la derecha, un “Hércules”.
La elección, tras unas apresuradas negociaciones, recayó en el M-8, de los que Francia tenía una decena disponibles. Y fue así como este blindado de ruedas pasó de l’Armée de Terre al Ejército de Tierra, debiendo mencionarse que nueve de ellos portaban una torre artillada con un cañón M-6, de 37 mm., una ametralladora coaxial con el mismo de 7,62 mm., y otra antiaérea móvil sobre un pedestal en lo alto de la torre. Esta última era una Browing M2 , de 12,70 mm. En cuanto al décimo vehículo, se trataba de la versión M-20, similar en todo al resto de la serie salvo por el hecho de carecer de torre de combate, al asumir las funciones de mando y transmisiones del escuadrón.
Por su parte, los escuadrones mecanizados de los dos Regimientos incorporaron,  con destino a sus pelotones de exploradores, vehículos todo terreno tipo jeep que, en el caso del Santiago, fueron reforzados con camiones orugas blindados (COB) M5 , con buenas prestaciones para moverse en terrenos difíciles.

 CAMINO DE AFRICA
La mayor parte del personal del Grupo expedicionario del Regimiento de Caballería Santiago abandonó su acuartelamiento, en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, el 19 de diciembre de 1957, trasladándose por ferrocarril a Cádiz, donde embarcaría con destino al puerto canario de Las Palmas en el mercante Plus Ultra. El resto permaneció en su base, a la espera de recibir los nuevos corceles, las AAC M-8/M-20, que procedentes de Francia, vía Irún, llegaron a su destino en los primeros días de enero de 1958, acompañadas por una comisión de militares del país vecino. Estos tenían como tarea instruir en las peculiaridades del nuevo material —que a los efectos reales no era nuevo en absoluto— a quienes iban a ser, y en circunstancias muy comprometidas, sus tripulantes.

Foto: Un M-8 en el Sáhara. Obsérvese la Cruz de San Andrés pintada, sobre un círculo blanco, en el costado izquierdo.

Tan sólo diez días después de recibir los Hércules, hombres y máquinas pusieron rumbo a Sevilla. Esto sucedía el 13 de enero y el 16 de ese mismo mes, los vehículos eran embarcados, en la capital hispalense,  a bordo del Isla de Tenerife, siguiéndolos un día más tarde sus dotaciones. El 20 el vapor se encontraba frente a la costa sahariana, pero una orden le hizo poner rumbo a Las Palmas de Gran Canaria, donde atracó, permaneciendo allí hasta la mañana de cuatro días después cuando, de nuevo, reemprendió la marcha llagando, esta vez sí, a la playa de Sidi Atzman. Entre el 25 y 27, siempre del mencionado mes de enero, todo el material fue puesto en tierra, de forma muy laboriosa, utilizando barcazas, procediéndose acto seguido, con las debidas precauciones, a cubrir el trayecto hasta la ciudad de El Aaiún, donde encontraron cobijo en el acuartelamiento del III Tabor del Grupo de Tiradores de Ifni.
El 28, en el aeródromo de El Aaiún, los expedicionarios fueron revistados por el general gobernador del Sáhara, José Héctor Vázquez, iniciando al día siguiente, sin más dilaciones, las tareas encomendadas y que consistían en protección a convoyes y reconocimiento del terreno. También fueron programados ejercicios de tiro e instrucción, sin olvidar el entretenimiento y revisión tanto de las AAC M-8 como de las demás armas y equipos.

 BAJO EL FUEGO

El lunes 10 de febrero los blindados del Santiago asumieron la vanguardia de una columna enviada contra las bandas que se habían posicionado en la Saguía el Hamra, en la zona de Edchera, lugar de una trágica emboscada, que le costó a La Legión varias decenas de muertos y heridos. En pleno avance, la columna fue atacada por un nutrido fuego enemigo que produjo varias bajas propias, resultando afectados, igualmente, los Hércules, uno de los cuales, el ET179183, resultó acribillado quedando fuera de uso dos de sus neumáticos ya que los de tipo impinchable se habían quedado en el puerto de Las Palmas y no fueron recuperados hasta un tiempo después.
Al llegar el verano de aquel 1958, por órdenes circulares del 22 y 29 de agosto, se crearon los Grupos Ligeros Blindados 1 y 11 con encuadramiento, respectivamente, en los Tercios Don Juan de Austria, 39 de La Legión, y Alejandro Farnesio, 42 del mismo Cuerpo. Para los nuevos Grupos se estableció una plantilla que, sin variar el número de escuadrones, fijaba su composición en: Escuadrón de Plana Mayor y dos Escuadrones Ligeros Blindados. Todos ellos estaban al mando de oficiales y suboficiales del Arma de Caballería, siendo integrada la tropa por caballeros legionarios. En cuanto al material, se equiparon con el dejado por las unidades expedicionarias que, concluida poco antes la campaña, habían comenzado a regresar a sus bases de origen.

Foto: Parte delantera de un M-S y, al fondo, un pelotón de M-24, todos ellos pertenecientes a Grupos Expedicionarios de caballería.

Una nueva directiva del Ejército, cambió la denominación de los Grupos, que de Blindados pasaron a ser Saharianos, mientras que las AAC M-8/M-20, los semiorugas M-5 y el resto de los vehículos tácticos, sustituyeron su librea caqui por otra color arena, o garbanzo, más acorde con el escenario en el que se movían.
Los Hércules, a medida que pasaban los años, iban demostrando sus muchas flaquezas y haciéndose merecedores de un relevo que por fín llegó en 1966, cuando fueron adquiridos, una vez más en Francia, pero ahora en una empresa local, la casa Panhard, varios ejemplares de la Automitralleuse légére AML-245 H-9, con mortero de retrocarga de 60 mm.

EPÍLOGO
A partir de su relevo nada sabemos sobre las AAC, siendo de suponer que, como tantas otras cosas, la casi totalidad de ellas cayeron víctimas del soplete. No fue hasta 1981 cuando descubrí un par de estos vehículos en la zona ajardinada situada en el acceso al antiguo Centro de Instrucción y Recluta nº 4 de Cerro Muriano, en Córdoba, donde después iba a tener su sede la Brigada Mecanizada de Infantería XXI. Los dos Hércules en cuestión portaban una reglamentaria librea caqui aunque, de forma muy heterodoxa, les habían pintado de blanco, a la rusa, el círculo externo de los neumáticos.

Foto: Un M-20, atascado en la arena, es ayudado a salir por su tripulación.

Más tarde, en otra visita a Cerro Muriano, me sorprendió ver que ahora lucía  un caprichoso mimetizado tricolor que nunca portaron a lo largo de su vida operativa, puesto que al principio eran de color verde-caqui francés, luego caqui español y más tarde garbanzo, añadiéndoseles, para su identificación desde el aire, una cruz de San Andrés en negro, sobre círculo blanco, pintada en el guardabarro delantero izquierdo. También lucían sendas lanzas, con gallardetes del Arma de Caballería, en el centro de los faldones laterales así como, lógicamente, las matrículas: la frontal sobre el glacis superior y la trasera sobre el guardabarros de la izquierda.
Al producirse el ya mencionado cambio nominativo de los Grupos, que de Blindados pasaron a ser Saharianos, fue adoptado, como se ha dicho, el color arena o garbanzo, momento en el que al distintivo de las lanzas le sustituyó en el 1 Grupo el de La Legión, en negro y en la misma ubicación. Por otra parte, se añadió un rectángulo partido en su diagonal (de color rojo el triángulo superior resultante y blanco el inferior), que fue a situarse en dos lugares del vehículo: en la parte frontal, entre las escotillas del conductor y la de su ayudante y operador de radio, y en la zaguera, sobre el guardabarros derecho. Además, la matrícula pasó del glacis superior al inferior.

EN LOS MUSEOS
Resulta difícil hablar con rotundidad sobre cuantos M-8 sobreviven y donde se encuentran. De momento, lo que sí cabe hacer es felicitar a los Museos Regionales Militares y a algunas unidades del Ejército, entre ellas el Regimiento Ligero Acorazado Villaviciosa nº 14, por la muestra que ha creado y mantiene en el acuartelamiento General Cavalcanti, donde, entre otros materiales, figura la AAC M-8 bautizada Cordobés. También al que es, hoy por hoy, el más completo museo de carros, blindados y Artillería que pueda contemplarse en España: el existente en la base de la Brigada Acorazada, en El Goloso, y donde hay, restaurado, otro ejemplar de M8 , el conocido por Cerromuriano.

Foto: M-8, en Cerro Muriano, con pintura reglamentaria (arriba) y muy imaginativa (abajo).

 

 


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