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Armada española: Maestra en adaptarse a infinitas crisis económicas y cambios de Gobierno

España salió de la década de los 50 con una Marina de Guerra envejecida y decididamente anticuada en casi todo lo que tuviera que ver con armamento y electrónica. En el transcurso de esos dos lustros había pasado por la guerra de Ifni (1957) que demostró todas las dramáticas carencias de la fuerza anfibia y lo inadecuado de la Flota para cumplir misiones que requirieran cierto grado de modernidad.

También en esa década empezaron las transferencias de Ias primeras unidades procedentes de EE.UU. y por aquellas fechas los únicos barcos aceptables que se podían considerar relativamente modernos eran los destructores Lepanto y Ferrándiz, pertenecientes a Ias primeras series de la clase Fletcher, buques nada extraordinarios para los niveles de la época, pero que en España eran infinitamente más modernos que el resto de las unidades militares a flote. Apoyados en los acuerdos España-EE.UU., se estaba procediendo a la modernización de unas 30 unidades, alguna de las cuales poseía características marineras poco brillantes como era el caso de los Audaz y los submarinos, mientras que las demás eran excesivamente lentas para operar en escuadra como sucedía con las fragatas Legazpi las corbetas Atrevida y los ex-minadores convertidos en fragatas ASM. Entre 1959 y 1960 llegaron otros tres Fletcher, algunos dragaminas y el submarino García de los Reyes, que acometería después la agotadora tarea de entrenar en solitario a todas las unidades de superficie destinadas a la guerra ASM.

EL ASUNTO DE LAS FRAGATAS LEANDER

Mientras la modernización de la flota con buques de segunda mano se efectuaba por la vía USA, la Armada iniciaba su propio programa de renovación a través de La via británica adquiriendo sensores ingleses para los tres destructores Oquendo que estaban en construcción por aquellas fechas, iniciándose Ias conversaciones para la puesta en grada de cuatro fragatas Leander con las que se empezaría la renovación de la Flota. Lamentablemente, todo el asunto acabó como el rosario de Ia aurora, con los laboristas interpelando al Gobierno acerca de la improcedencia de esa transferencia de tecnología hacia un país cuyo régimen político de entonces no disfrutaba de las simpatías dentro de ese partido político. Particularmente pienso que los laboristas sólo querían hacer una especie de declaración más o menos platónica y testimonial, pero el Partido Conservador, entonces en el poder, decidió aprovechar el patinazo rival para dar lugar a un debate embarullado, del cual salió derrotado el Reino Unido y su industria naval, ya que España decidió olvidar todo el asunto y apoyarse en los EE.UU. para iniciar la modernización que le era tan necesaria. Así pues, una declaración de principios políticos que se podía confundir con el clásico derecho al pataleo dio lugar a un debate que apartó por varias generaciones a la Royal Navy y a la industria británica del futuro programa naval y de las necesidades de Ia Armada española.

LAS “BALEARES” Y LOS “LAURIA”

En estas andanzas llegamos a 1964, año en el que tuvo que decidirse la construcción de las fragatas que reemplazarían a las fallidas Leander. Las opciones se movieron entre los destructores Adams y las fragatas Brooke y Knox, si bien se barajó igualmente la idea de construir un ejemplar de los Farragut como buque insignia y cuatro unidades menores que podían ser de cualquiera de los tres tipos citados. Finalmente se optó por la Knox, que, con las modificaciones solicitadas por la Armada, acabarían convirtiéndose en las Baleares. El de safortunado Oquendo se quedó como ejemplar único y sus dos hermanos, programados para el desguace, acabaron siendo enviados a Cartagena y terminados según un criterio mucho más moderno. Fueron aprovechados en sus beneficios las torretas dobles de 127/38 compradas en los Estados Unidos para ser instaladas en el crucero Canarias, al que se le había previsto una extensa modernización que, finalmente, no tuvo lugar. Igualmente se decidió que todos los sensores fueran ahora estadounidenses, por lo que los que con destino a estos buques se habían comprado en Inglaterra acabaron en Perú, instalados en los veteranos cruceros clase Ceylon, de procedencia británica.

A mediados de 1964 la cosa se estaba embarullando un poco y existía, más o menos en proyecto y sobre el papel, un Oquendo, dos Launa y cinco Baleares y se corría el riesgo de acabar poseyendo una flota muestrario que generaría graves problemas económicos a la hora de mantenerla ya que el costo de los respetos encarecería mucho los gastos de operación.

EL PROGRAMA NAVAL DE 1964

Estando así las cosas llegamos a diciembre de 1964, fecha en la que apareció en la “Revista General de Marina” un artículo firmado por el entonces vicealmirante Carrero Blanco en el que, por primera vez, se hacía referencia publica al Programa Naval que iba a servir en los siguientes 20 años como espina dorsal de las construcciones de la Armada española. Eso sí, el tipo de buques construidos diferiría sensiblemente de los inicialmente previstos. El plan de 1964 era como sigue:

-- Dos portaaviones ligeros entre 15.000 y 20.000 Tn. de características que se podían asemejar a las de los Colossus-Majestic, si bien, posteriormente, el almirante Carrero escribió en alguna de sus numerosas obras que el diseño que sirvió de base había sido el de los Foch franceses. Su UAE estaba previsto que consistiría en 10 aviones ASM, ocho helicópteros y 15 cazabombarderos. Tanto en el caso de los portaaviones como en los demás tipos de buque relacionados en este Programa Naval se indicaba el desplazamiento Washington de cada clase en lugar del a plena carga que por aquellas fechas ya era el que se utilizaba normalmente al indicar los desplazamientos.

foto: El submarino S-35 “Narciso Monturiol’ fue el último de los estadounidenses de la SGM de la Armada, a los que sustituyeron los modernos “Galerna”.

— Dos cruceros ligeros de 3.500 Tn. armados con un cañón de 127 mm., un lanzador óctuple ASROC y lanzamisiles Terrier. El modelo básico que se había tenido en cuenta eran los Farragut estadounidenses, con un andar de 30 nudos.

— Ocho destructores de 3.200 Tn., armados con dos cañones de 127 mm., un lanzador ASROC, un lanzamisiles Tartar y 32 nudos. El modelo inspirador estaba muy claro que eran los Charles F. Adams de la US Navy.

— Doce fragatas de 3.200 Tn., un cañón de 127 mm., un lanzador ASROC, un lanzamisiles Tartar y 28 nudos. Lógicamente se trataba de las Baleares, es decir, un derivado de las Knox adaptado a las necesidades españolas.

— Veintiocho fragatas ligeras de 2.400 toneladas, tres piezas de 76 mm., un ASROC y 24 nudos. Sorprendentemente el prototipo escogido era el de las dos Bronstein estadounidenses de las que la US Navy construyó solamente un par y no insistió en la serie.

Al igual que todos los buques relacionados anteriormente con la excepción de los portaaviones, no estaba previsto que entre sus armamentos figuraran los helicópteros.

— Ocho submarinos de 850 Tn. Que correspondían claramente al modelo Daphne de origen francés.

— Sesenta dragaminas del tipo Nalón de 350 Tn. y 13 nudos que se corresponde con la denominación española de los MSC estadounidenses.

— Cuatro buques APA y AKA de 7.500 toneladas para desembarco anfibio capaces de pones en Ia playa una primera oleada de 1.600 hombres y 600 Tm. de material. Si bien el almirante Carrero comentaría posteriormente que se trataba de desembarcar una primera oleada similar a un batallón reforzado, estaba claro que el volumen de fuerzas previsto se asemejaba más a un regimiento que a un batallón.

— Una aeronáutica naval compuesta por 79 aviones entre embarcados y con base en tierra y 74 helicópteros de diversos tipos.

Con todo lo relacionado anteriormente se pretendía formar una fuerza de dos grupos anticorsario compuesto cada uno de ellos por un portaaviones, un crucero y cuatro destructores. Seis grupos de escolta oceánica compuestos por dos fragatas y dos fragatas ligeras cada grupo, asistidas por 18 helicópteros pesados con base en tierra y 26 aviones ASM de largo radio de acción. Cuatro grupos de escolta costera compuestos de cuatro fragatas ligeras en cada grupo, a lo que se añadirían un total de 30 helicópteros pesados basados en la costa. Los submarinos tendrían una función eminentemente de escuela y por eso se escogió el Daphne dado su poco volumen y su pequeña reflexión sonar, pero la posibilidad de operar independientemente también estaba considerada, aunque de un modo muy marginal. A los 60 dragaminas Nalón los auxiliarían otros 80 pesqueros también pertenecientes a la Armada, pensándose en fabricar un total de 45 .000 minas de antena. Ya, para terminar este apartado, diremos que se constituirían un total de 40 equipos dragaminas que contarían con la cooperación de 20 helicópteros pesados dedicados a ese menester.

La realización del programa abarcaba 10 años con un costo redondo de 70.000 misiones de las pesetas de entonces, pareciendo ser que la financiación de esa cantidad podía ser absorbida sin excesivos problemas en el citado período de tiempo.

EL AÑO 1965

Recordemos, lector, aquel año. Estábamos en el centro de los fabulosos 60, la década maravillosa, la de Ia carrera a Ia Luna, la de los Beatles y Ia minifalda entre otras muchas cosas. Terminada la guerra de Corea el mundo había entrado en unos años de bonanza económica que alcanzarían su expresión máxima entonces antes de caer en los agoreros 70. Pero si ése era el perfil del mundo occidental, otra cosa cabía decir del de España; al menos en lo económico. Todavía seguíamos con muchos problemas de subdesarrollo, existían realquilados debido a los enormes déficits de viviendas, el pluriempleo era una práctica común y no resultaba nada raro —consecuentemente— el caso del español que salía de su casa a las 7 de la mañana para llegar a las 11 de la noche después de pasar por tres o cuatro empleos distintos. Ir de Barcelona a Zaragoza representaba enfrentarse a la travesía de los Bruchs luego afrontar la de La Panadella. En el Paseo de Gracia se podía aparcar a todas horas y empezaban a salir numerosos 600 de la Seat. En el plano naval tampoco era cierto que pudiera concretarse toda la escuadra en 10 años, pues la industria naval también había acumulado años de retraso y se necesitaba un esfuerzo ingente para sacarla del atasco en el que se encontraba, faltaban diques secos, instalaciones y equipos, y estas cosas eran muy caras y requerían, sobre todo, tiempo.

Como es sabido, los Foch son barcos de 265 m. de eslora y los Colossus de 212m, y hasta 1973 Ia E. N. Bazán no dispuso de un dique capaz de acoger esas unidades con tranquilidad. Se necesitaban inversiones en multitud de campos de la industria, la técnica, Ias comunicaciones, el turismo, la vivienda y la agricultura. La industria naval militar necesitaba aprender a andar antes de ponerse a correr y se planeó una primera fase que tuviera un precio razonable y que permitiera poner en movimiento un carro que había estado parado demasiado tiempo ya que, en 30 años, la Armada no había dado de alta ningún buque de guerra con un desplazamiento superior a las 4.000 toneladas a plena carga.

LA PRIMERA FASE

Como elemento básico de esta primera fase del Programa Naval, se habilitó la Ley 85/65 de modernización de las Fuerzas Armadas que habría de tener vigencia entre 1965 y 1972. Las tres Armas dispondrían de recursos adecuados a los líquidos disponibles y completarían las cantidades monetarias asignadas en el capítulo 600 incrementándolos con los fondos del Plan de Desarrollo puestos a disposición de la Armada y de los otros dos Ejércitos.

Con el fin de adquirir una experiencia aeronaval de la que se carecía desde el final de la guerra (1939), se dieron los pasos necesarios para adquirir un portaaviones ligero que sería el antiguo Cabot, de origen estadounidense. Dadas las complicaciones que existían en Ia época para que la Armada poseyera aviones de ala fija, se tuvo que preparar esa unidad como portahelicópteros y fue así como llegó a su base de Rota el día 20 de diciembre de 1967 después que el Senado, en Washington, aprobara el 8 de julio de 1965 la transferencia de esa nave en concepto de préstamo.

foto: Destructor D-22 “Almirante Ferrándiz “, del tipo “Fletcher”, primeros buques “modernos” de la Armada española en la década 50-60.

El conjunto de unidades que componían la primera fase del Programa Naval seria decisivo para el futuro desarrollo del mismo, marcando pautas que cumplirían posteriormente en las siguientes fases del Programa. La relación de buques incluidos en este primer grupo era como sigue:

— Un portahelicópteros del tipo Cabot que recibiría el nombre de Dédalo y que, posteriormente se convertiría en portaaeronaves, siendo el primero en el mundo en poseer aviones V/STOL de forma permanente entre los componentes de su UNAEMB. Ha resultado ser un barco de rendimiento excepcional, encontrándose en los últimos años de su vida activa.

— Cinco fragatas lanzamisiles que son las Baleares y que ahora se encuentran en activo con algunas de ellas en trabajos de modernización. Tienen características excelentes y su fallo más importante consiste en la carencia de helicópteros. Debe considerarse como una buena inversión.

— Dos destructores Roger de Lauria con muy buenos sensores y mediano armamento, pero provistos de motores construidos hacía 20 años con materiales de muy baja calidad. El Roger de Lauria ya ha sido tachado de las listas de la Flota mientras el Marqués de Ia Ensenada sigue en el servicio activo con muy corta esperanza de vida. Desde luego fue una muy mala inversión, y hubiera sido preferible que se hubieran desguazado tal como estaba previsto en un principio.

Dos submarinos Daphne de proyecto francés que posteriormente serían ampliados en otras dos unidades. El modelo llevaba varios años en servicio y estaban a punto de salir modelos bastante más interesantes. Quizá se pudo esperar un poco, pero es posible que el drama de la Armada consistiese en que ya no se podía esperar más. Fue una inversión bastante mediana.

Este conjunto de barcos fue entrando en servicio entre 1969, fecha de la entrega del Roger de Lauria, y 1976, año en el que se incorporaba a la Flota la fragata F-75 Andalucía, última de la clase Baleares. Para la terminación de esta primera fase se debió aprobar una nueva Ley: la 32/71 que prolongaba Ia vigencia de Ia anterior 85/65 hasta el año 1979 y permitía terminar todas las unidades importantes de la primera fase que todavía estaban en trance de conclusión.

En 1969 se aprobó la construcción de otros dos Daphne por la Junta de Defensa Nacional para añadir a los dos aprobados en la primera fase.

LA SEGUNDA FASE DE 1972

El 21 de julio de 1971 se aprobó la Ley 32/71 que preveía fondos presupuestarios para la Defensa durante el período 1972-1979. El almirante Barbudo, entonces jefe del Estado Mayor de la Armada (AJEMA), indicó el 5 de enero de 1972, durante Ia tradicional Pascua Militar, que las unidades a construir durante la segunda fase del Programa Naval serían las siguientes:

— Tres destructores de Flota, cuyas características no fueron dadas a conocer nunca y que, finalmente, no pasarían de la fase de intención.

— Dos submarinos Super Daphne que son los Galerna.

— Diez escoltas costeros pertenecientes todos ellos al tipo Descubierta, un proyecto de la Bazán basado en Ias corbetas que acababa de construir para Portugal y que provenían de un proyecto alemán.

— Trece patrulleros pesados similares a los Lázaga.

— Diez patrulleros ligeros parecidos a los Barceló.

— Seis lanchas rápidas lanzamisiles, cuyas características no fueron comunicadas, pero que, en los periódicos de Ia época se insinuaba que estaban basadas en Ias francesas La Combattante III.

— Dos buques nodrizas, uno de ellos de submarinos y el otro de dragaminas, que hubieran sido muy parecidos a los buques franceses del tipo Rhin. El nodriza de submarinos, parecía de construcción segura, pero los acontecimientos impedirían que ese proyecto pudiera fructificar.

— Un buque hidrográfico, clase Malaspina, y otro buque auxiliar de hidrografía clase Castor.

— Un número no especificado de helicópteros y armamento para la Infantería de Marina.

Por aquellas fechas era ministro de Marina el almirante Baturone Colombo que acababa de volver de un denso viaje por Francia trayendo en su cartera diversos acuerdos de cooperación con el país vecino, muchos de los cuales no pudieron fructificar debido a la crisis del petróleo que empezó a azotar al mundo a finales de 1973.

foto: Submarino S-71 “Galerna “en la ceremonia de su puesta a flote. Es el primero de la “Serie 70” (Agosta), y su construcción se contempla en la segunda fase del citado Programa Naval.

En este 1972, que estaba empezando entonces, Ia Armada contemplaría la llegada a Ferrol de los dos primeros FRAM, la botadura del Delfín, primer submarino que se construía en España al cabo de 20 años; y la botadura de Ias dos últimas Baleares, con lo que toda la serie estaba a flote al terminar el año. También en el transcurso de 1972 hubo un relevo en los cargos más altos de la Armada y el almirante Pita da Veiga sería nombrado AJEMA, siendo acompañado por el también almirante José Ramón González López en la jefatura de la Flota. Este equipo, enormemente activo y bastante agresivo cuando había necesidad de serlo, afrontó los años turbulentos que se avecinaban consiguiendo que la Armada fuera respetada y tenida muy en cuenta en los temporales económicos y políticos de los años siguientes. La enérgica personalidad de Pita da Veiga, el popular Yamamoto, y la suave y diplomática actitud de González López, una mano de hierro con guantes de terciopelo, impidieron el naufragio del Programa Naval en los procelosos mares de la época.

Dejo para el final el acontecimiento más importante que registró la Armada en 1972: el 8 y el 9 de noviembre de ese año en aguas internacionales al NE. de Cabo Creus, tomó cubierta en el entonces portahelicópteros Dédalo un avión Harrier llegado en vuelo directo desde Inglaterra. Durante todo el día 9 hizo diversas tomas y despegues en sus modalidades vertical, corto y medio con resultados plenamente satisfactorios. También realizó maniobras en la cubierta de vuelo y el hangar efectuando posteriormente un ejercicio de tiro sobre blanco al garete regresando después a su base de partida.

LOS ACONTECIMIENTOS DE 1973

En la Pascua Militar de 1973, el almirante Pita da Veiga, todavía AJEMA, redujo sensiblemente el número de algunas clases, suprimió otras y creó nuevas unidades que no se habían mencionado el año anterior. El nuevo enfoque que se daba a la segunda fase del Programa Naval se concretaba así:

— Un crucero ligero y tres destructores, cuyas características seguían sin una definición clara. Esta vez, sin embargo, habría ciertos cambios en esa actitud. Hasta ese año siempre se había pensado en barcos con propulsión clásica de calderas y turbinas de vapor, pero en 1973 fue botado el destructor Spruance, primero de la serie de su nombre, propulsado exclusivamente por turbinas de gas y se dieron a conocer las características principales de las Perry que todavía tardarían unos tres años en descender de Ia grada. Los mandos principales de la Armada concretaron las características del crucero ligero asimilándolas a las de los Spruance y las de los destructores eran las que se indicaban para las Perry. Existía un fuerte interés en acceder cuanto antes a la tecnología de las turbinas de gas aprovechándose esa oportunidad para dar los primeros pasos por ese nuevo camino.

— Diez escoltas costeros, que seguían siendo de la clase Descubierta.

— Dos submarinos oceánicos clase Galerna.

— Seis patrulleros pesados clase Lázaga que, como es sabido, corresponde a un proyecto de Lürssen financiado al 50 por 100 por el Ministerio de Comercio y la otra mitad por la Armada y destinado, en un principio, a dotar con unidades potentes a las recién creadas Fuerzas de Vigilancia Marítima (FUVIMAR).

— Seis patrulleros ligeros clase Barceló, también un proyecto Lürssen financiado en su totalidad por el Ministerio de Comercio y destinado a las FUVIMAR.

— Un buque de apoyo logístico destinado a sustituir al Teide en su tareas de petrolero de Flota. Este barco no tenía definidas sus características y, finalmente, no se construyó. El que en 1985 siga el Teide arrastrando su fatigada presencia en numerosos ejercicios y maniobras debería hacer reflexionar profundamente a los políticos encargados del Ministerio de Defensa.

— Un nodriza de submarinos que, como dijimos antes, era de diseño francés y existía un fuerte interés por construirlo.

Dos buques hidrográficos, que acabarían siendo el Malaspina y el Tofiño y otros dos auxiliares de hidrografía que serían los Antares y Rigel.

— Aeronaves, sin especificar número ni tipo, lanchas de desembarco, respetos, municiones y tren naval.

Para todo este conjunto de unidades estaba prevista una dotación de 55.000 millones de pesetas que parecía una cantidad realista y bastante acorde con los precios de la época, pero, lamentablemente, estábamos en los primeros días de 1973, justo en el umbral de la crisis económica que empezaría con los incrementos demenciales del precio del petróleo y que, de una u otra manera, todavía continúa hoy. Los costos de los barcos de guerra subieron a límites increíbles y en 1982 un destructor Spruance costaba el doble de lo que supuso el portaaviones nuclear Enterprise en su día. La Ley 32/71, que amparaba esa dotación presupuestaria, se hizo obsoleta casi al nacer, y no cubría las necesidades más indispensables requeridas para sustituir los barcos de más de 30 años a retirar. La primera parte de esta segunda fase, acabó construyendo, al final, las unidades siguientes:

— Cuatro corbetas Descubierta y dos submarinos Galerna.

-- Seis patrulleros Lázaga y otros seis Barceló, financiados según se indicó anteriormente.

— Los cuatro buques hidrográficos.

— Ocho aviones Harrier, dos de los cuales eran biplazas y los otros seis monoplazas. Cuatro helicópteros ASM Seaking, que junto con los aviones anteriores completarían las escuadrillas del Dédalo. Ocho helicópteros Cobra destinados a la Infantería de Marina para apoyo directo. Siete Hughes-369 para embarcar en los FRAM y en los Roger de Lauria y cuatro Agusta Bell  AB-212 que se destinaron a tareas de guerra electrónica.

foto: El almirante Baturone Colombo, ministro de Marina cuando se inició la segunda fase del Programa Naval español.

El resto del dinero disponible fue encaminado a terminar los trabajos que quedaban pendientes de la primera fase cuya terminación excedería ampliamente los 10.000 millones programados en 1971. La bonanza económica que se prolongó hasta 1972, también produjo efectos secundarios no previstos en el Programa Naval, siendo el más importante la carencia de personal capacitado que se estaba acumulando año tras año, ya que los jóvenes que estaban a punto de entrar en la Universidad consideraban excesivamente dura la carrera militar y preferían buscar su futuro en la iniciativa privada. A finales de 1973, cuando Pita da Veiga era ministro de Marina, el déficit de personal que se necesitaba para mantener el 100 por 100 de efectividad en los buques de la Flota ascendía ya a 100 oficiales, 150 suboficiales y 2.000 especialistas, y eso significaba, simplemente, que ninguno de los estamentos de Ia sociedad española veía un porvenir atractivo en las alternativas que ofrecía la Armada a los que entraban a su servicio.

LAS PERIPECIAS ENTRE 1974 Y 1977

El principal acontecimiento de este período fue el cambio político que se produce a finales de 1975 con la restauración monárquica. Los años 1976 y 1977 se caracterizaron por la incoherencia política y una cierta frivolidad que se veía atenuada por Ia amenaza terrorista que escogió sus victimas entre el estamento militar mientras eludía, cuidadosamente, a la clase política. Simultáneamente, la crisis económica afectaba al mundo entero, en general, y a España, en particular, produciendo ruina de empresas, pérdida de empleos, violencia callejera, delincuencia juvenil y otros males dejados por la triste combinación de crisis y anarquía que imperó a su libre albedrío en ese período.

Sin embargo, no por eso se detuvo el Programa Naval, y fue precisamente a despecho de este ambiente caótico como la Armada consiguió, a través de una eficaz gestión política, Ias mejores ayudas para sacar adelante una parte importante del mismo. La tan nombrada Ley 32/71 que se había quedado vacía y ya no estaba en condiciones de proporcionar más recursos a los tres Ejércitos fue nuevamente activada por un Parlamento que pretendía tener contentos a los militares y el Consejo de Ministros del 21 de mayo de 1976 autorizó la formalización del contrato entre la Marina de Guerra y la E. N. Bazán para la construcción en Ferrol de cuatro corbetas del tipo Descubierta para añadir a las otras cuatro que ya se construían en Cartagena por aquellas fechas.

Desafortunadamente fue en esa época cuando los achaques del Dédalo empezaron a agudizarse, señalando con realismo descarnado que los años no pasan en balde. En la Pascual Militar de 1977 el AJEMA de la Armada, el almirante Buhigas, advirtió que el objetivo más inmediato es conseguir un nuevo portaaeronaves que sustituyese al Dédalo y un trío de fragatas que reemplazasen a los venerables destructores Fletcher.

También por esas fechas se produjo un acontecimiento de gran simbolismo que vale Ia pena relatar aunque nos aparte, ligeramente, del objetivo de este trabajo: la Orden Ministerial 79/77 del Ministerio de Marina dispuso que la fragata Vulcano causara baja en la Lista Oficial de Buques de la Armada el día 12 de marzo de 1977 quedando asignada a la Zona Marítima del Mediterráneo como buque pontón de apoyo logístico. El antiguo minador Vulcano había participado en la caza del destructor republicano José Luis Díez en la noche del 29 al 30 de diciembre de 1938 y años después sería uno de los minadores modernizados por la ayuda estadounidense volviendo a ingresar en escuadra en febrero de 1961 convertido en fragata. En el momento de su baja era el último superviviente que quedaba de todos los buques que entraron en combate durante Ia guerra. Con su desaparición quedaba cerrado un capítulo importante de la agitada historia de España.

Volviendo ahora al hilo de nuestro relato llegamos a las últimas horas del 12 de abril de 1977, día en el que el almirante Pita da Veiga presentó su dimisión como ministro de Marina por estar en desacuerdo con Ia decisión del Gobierno de legalizar el Partido Comunista. La pérdida de este digno y prestigioso marino fue hondamente lamentada por la Armada, acostumbrada a confiar en la eficaz gestión que durante cuatro años muy difíciles había desarrollado el enérgico oficial general. Su ausencia sería cubierta interinamente por el almirante Pery Junquera, uno de los preceptores que tuvo S. M el Rey durante sus años jóvenes. Mientras tanto, el resto de los altos cargos de la Armada se afanaban reorganizando la Institución para adaptarla a una nueva idea que ya había tomado cuerpo y a la que le faltaba poco tiempo para que tomara vida: la creación de un Ministerio de Defensa, estamento aparecido el 4 de julio de 1977 junto con la formación del nuevo Gobierno que se dio a conocer en esa fecha después de las primeras elecciones generales de las que salió triunfante UCD. Con esta nueva organización, la cadena de mando era encabezada por el AJEMA que, por aquellas fechas, seguía siendo el almirante Buhigas.

El nuevo gabinete siguió su política de buenas relaciones con los militares, y un decreto-ley que preveía dotaciones presupuestarias para el Programa Naval permitió ordenar la construcción de Ias siguientes unidades:

— Un portaaeronaves, que por aquellas fechas tenia oficialmente el numeral PA-11 y el nombre de AImirante Carrero. Posteriormente poseería los distintivos R-11 Príncipe de Asturias. El contrato entre la Armada y la E. N. Bazán se firmó el 29 de junio de 1977, precisamente en el período de tiempo que va de la celebración de las elecciones generales el 16 de junio de 1977 a la formación del nuevo Gobierno que, como ya apuntamos antes, se conoció el 4 de julio del mismo año.

— Tres fragatas Oliver H. Perry FFG-7 que serían empezadas a construir inmediatamente después de la botadura del portaaeronaves al que se le concedió Ia máxima prioridad vistos los fallos que estaba presentando el Dédalo.

— Dos submarinos del tipo francés Agosta que serían luego los dos últimos Galerna, contratados el mismo día que el PA-11 y lasF-80.

— Diez patrulleros Amiga construidos para sustituir a los Lázaga y Barceló en las misiones que tenía previstas el Ministerio de Comercio. Eran una versión barata (los llamaron los tacañones, recordando a ciertos personajes de un popular programa televisivo) pero mucho mejor adaptados al cometido exigido por dicho Ministerio.

— Otras unidades menores, tren naval, aeronaves de diversos tipos no especificados y armamento diverso.

 A través del subterfugio que representaba un decreto-ley y aprovechando la inexistencia de un Gobierno al que todavía le faltaban unos cuantos días para nacer, se pudo avanzar un paso de gigante en la realización de las unidades programadas para la segunda fase del Programa Naval que por aquellas fechas estaba a punto de cumplir los trece años de existencia.

Ya constituido el nuevo Gobierno, con fecha del 27 de septiembre de 1977 se publicó Ia Orden 1134/77 del Ministerio de Defensa por medio de la cual quedo constituido el Grupo Aeronaval de la Flota que estaría formado por el Dédalo y sus escoltas y se daban normas para perfeccionar el adiestramiento aeronaval y para llevar a cabo la promulgación de doctrina. Esta acta de nacimiento de lo que, dentro de muy pocos años, iba a ser la más importante Agrupación de la Armada es la base sobre Ia que se asienta todo el proceso de modernización que van a tener los esquemas de guerra naval en años venideros.

foto: Helicóptero Agusta-Bell “AB-212SW”, de Ia 3ª Escuadrilla de Aeronaves. Desde el inicio del Programa Naval, e incluso antes, se impulsó el Arma Aérea de Ia Armada.

El almirante Buhigas podía sentirse orgulloso de los espectaculares triunfos que estaba consiguiendo, pero su período de tiempo se estaba acortando rápidamente al tener que pasar, a causa de la edad, a la situación B. En su afán de conseguir nuevas dotaciones de dinero presionó duramente al Gobierno y, a finales de noviembre de 1977 tenía que dimitir de su cargo después de que no fueran atendidas sus peticiones presupuestarias para las dotaciones del Programa Naval y las nuevas retribuciones previstas para el personal de la Armada. Los periódicos de la época señalaban que en los dos meses que al almirante Buhigas le quedaban como AJEMA difícilmente conseguiría llevar a cabo el desarrollo de nuevos esquemas, lo que le había impedido a quemarse en el cargo y dejar el camino más despejado para que los esquemas y planteamientos de Ia Armada fueran defendidos por un hombre más joven que dispusiera de algunos años por delante para impedir que la personalidad de la Armada quedara diluida en la formación del Ministerio de Defensa recién creado. En cualquier caso sigue causando asombro la extraordinaria trayectoria de este almirante que después de su dimisión fue sustituido por Arévalo Pelluz, también de su mismo empleo y hasta entonces subsecretario del Ministerio de Defensa. Si alguna cosa debemos admirar, de la Armada es la extraordinaria sagacidad que ha tenido para elegir sus ministros de Marina, primero, y posteriormente sus AJEMA. La calidad humana, profesional y técnica de todos ellos y su espíritu de servicio y capacidad para sacrificarse por el bien de la Institución siguen siendo un profundo motivo de reflexión.

DESDE 1978 A LOS OCHENTA

Los años que median desde 1978 hasta los años ochenta, han sido de realización de todas las unidades programadas, trabajo intenso del Grupo Aeronaval para cumplir con su misión de promulgar doctrina y adaptación de los buques previstos a los nuevos adelantos tecnológicos que aparecen cada vez con más rápida cadencia. En 1982, a instancias del Gobierno, la Armada renunciaba a las dos últimas Descubierta que fueron vendidas a Egipto recibiendo la promesa de que esas dos unidades serían sustituidas posteriormente por una pareja de Perry. Promesa cumplida en parte por la decisión del Consejo de Ministros del 19 de diciembre último, que autorizó la construcción de Ia cuarta y última fragata F-80. Un año antes, al empezar 1981, las pretensiones de la Armada se concretaban así:

— Dos portaaviones del tipo Príncipe de Asturias con una dotación de aviones formada por 18 unidades de composición variable que incluiría AV-811 Harrier-Il, Sea King,  Seahawk LAMP 5-III y AB-212.

— Dos cruceros ligeros o destructores, que serían unos Spruance modificados de acuerdo con las necesidades de la Armada española y habilitados como buques de mando, con una mejora sustancial de las comunicaciones.

— Ocho fragatas lanzamisiles o escoltas de escuadra, antes llamados destructores, que serían las fragatas F-80 de la clase Perry, de origen estadounidense. Con esta docena de unidades volvemos a encontrarnos con la formación solicitada en 1964 por Carrero Blanco: dos grupos de combate compuestos cada uno de ellos por un portaaviones, un crucero y cuatro escoltas. Las necesidades nacionales son tan obvias que al cabo de casi 20 años la agrupación prevista se sigue manteniendo exactamente igual, aunque los barcos solicitados ahora sean totalmente diferentes de los que se pedían entonces. El tonelaje a plena carga ascendía en 1964 a 56.600 Tn. y 3.115 tripulantes para cada grupo y ahora quedaba reducido a 36.900 Tn. y 1.885 hombres respectivamente, lo que es una muestra admirable de cómo la Armada mantiene sus pretensiones intactas mientras se adapta a los tiempos como un guante a una mano.

— 16 fragatas de escolta oceánica, entre las que ya están incluidas las cinco Baleares que todavía se pueden considerar bastante modernas. Se habla de un proyecto de Bazán con un tonelaje similar a Ias F-80 pero de diseño muy diferente y armado con misiles de defensa de zona y dos helicópteros.  El total de 16 unidades permitiría constituir cuatro grupos de escolta oceánica de cuatro fragatas cada grupo mientras que los grupos de escolta costera quedan limitados a dos grupos de tres Descubierta cada uno de ellos.

— Seis corbetas Descubierta, tal como acabamos de señalar.

— Ocho submarinos, todos ellos en servicio o en construcción adelantada, siendo los cuatro Delfin y los cuatro Galerna los que forman la totalidad de la flotilla de proyecto francés en sus dos clases.

— Un buque de apoyo logístico, que se ha insinuado alguna vez que sería del tipo francés Durance y que ya no permite ninguna demora más, pues el Teide hace ya bastante tiempo que pasó el límite de edad.

— Una flotilla anfibia compuesta de un LPD y cuatro LST sin que se especifiquen características. Desde un punto de vista personal considero que la componente anfibia de la Armada está sobredimensionada después del abandono del Sáhara y se dedica a la Infantería de Marina una parte del presupuesto no acorde con la importancia real del Arma. Se debería hacer un cuidadoso estudio que indicara el monto exacto de efectivos que se necesitan ahora, en esta etapa postcolonial.

— Una flotilla de guerra de minas compuesta por ocho dragaminas de características no conocidas y cuatro cazaminas similares a los Tripartite.

— Un velero escuela para sustituir al Juan Sebastián Elcano, que fue botado en 1927, es decir, cuando la gran mayoría de los políticos que se sientan en el Parlamento no habían nacido todavía.

— Un transporte ligero sin definir y un nodriza de submarinos definido hace ya mucho tiempo según se pudo leer anteriormente.

— Unidades menores, tren naval, aeronaves de varios tipos y armamento diverso.

Los 34 buques de superficie solicitados coinciden exactamente con los 34 barcos de construcción antigua que estaban en servicio al empezar 1974, cuando la Baleares era el único buque moderno entregado a la Armada y todavía no podía sacársele todo su rendimiento a esa flamante unidad. El Canarias, el Dédalo, los cinco Fletcher, los cinco FRAM, los dos Roger de Lauria, el Oquendo, los ocho Audaz, los dos Liniers, los dos Legazpi, los dos Vulcano y las cinco Atrevida necesitaban unos 9.500 tripulantes, mientras que los 34 barcos propuestos ahora andarán por los 8.000 tripulantes, dado el mayor automatismo de todos los sistemas y los adelantos técnicos ocurridos en estos 20 años. Esta coincidencia en las cifras no parece una casualidad; el lector lleva bastante adelantado este artículo y ya se ha podido hacer a la idea de que Ia casualidad no es una de las características fomentadas por los hombres de Ia Armada y que todos los pasos y todas las cifras y todos los requerimientos son calculados cuidadosamente, incluyendo las crisis, las dimisiones y los ascensos.

foto: Primero, como AJEMA, y, después, como ministro de Marina, el almirante Pita da Veiga impulsó grandemente el Programa Naval, aunque con algunos retoques.

Este conjunto de 1981 puede considerarse como el actual Programa Naval, siendo válido hasta el final de la década. El Gobierno socialista será el encargado de proporcionar fondos para la tercera fase del Programa, que, al cabo de 20 años, ha sido construido en un porcentaje todavía inferior al 50 por 100, habiendo sido los Gobiernos de UCD los que cargaron con la parte más pesada de la financiación. En 1985, los socialistas llevan sobre sus hombros la responsabilidad de contribuir con su aportación a mantener la Defensa naval dentro de unos límites de eficacia y calidad acordes con las obligaciones adquiridas en acuerdos internacionales y con la peculiar situación geográfica de España.

CONCLUSIÓN

Los requerimientos de la Armada se vienen manteniendo desde hace 20 años como necesidades lógicas que han persistido a través de cambios de régimen y crisis económicas. A la hora de las realidades, desapareció el régimen anterior, igual que, ojala, desaparecerá la crisis algún día, mientras que Ia Armada, vieja de muchos siglos, continúa, y sus necesidades son producto de un análisis lógico de sus obligaciones. Cuando el sentido común haya quedado convencido sólo es cuestión de emprender una negociación que conduzca a un compromiso, y es seguro que Ia vieja institución de los señores de la mar océana sabrá encontrar dentro de sus miembros al personal adecuado que dirija esa negociación hasta llevarla a buen puerto. Amén.

Revista Defensa nº 82, febrero 1985, Ricardo F. Álvarez Berán


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