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APILAS:potencia contracarro para el infante

(Revista Defensa nº 74,  junio 1984) Cuando en 1983 el presidente Miterrand puso en marcha la “Operación Manta” en apoyo del Gobierno prooccidental del Chad, una de las principales amenazas que se le planteaban inicialmente a la fuerza expedicionaria era la posibilidad de tener que enfrentarse, sin armas pesadas, a los abundantes medios blindados que Libia puso al servicio de las fuerzas del rebelde Gukuni Huedei. Interrogado a este respecto por los informadores, el ministro de Defensa, Charles Hernu, declaró que las unidades desplegadas en el Chad no corrían ningún riesgo, ya que estaban equipadas “con un arma única en el mundo que a pesar de su ligereza es capaz de destruir cualquier carro de combate”.

Contrariamente a lo que algunos periodistas pensaron —y dijeron—, el ingenio al que tan ambiguamente se refirió el ministro no consistía ni en un arma secreta ni en un rayo de la muerte ni nada parecido, sino en un humilde y sencillo lanzagranadas que se caracteriza, eso sí, por unas prestaciones previamente inalcanzadas: el APILAS.

VIDA Y MILAGROS

El nacimiento del APILAS se remonta al verano de 1978 cuando la oficina técnica de diseño SERAT se hizo cargo del estudio del proyecto ACCE lanzado por el Ministerio de Defensa para sustituir al lanzagranadas contracarro del Ejército francés STRIM ACL-89.
Finalizada la etapa de desarrollo, se encargó de la industrialización del APILAS a la prestigiosa firma fabricante de municiones Manurhin, accionaria de SERAT, que lo terminó en 1980, presentándolo públicamente en junio del año siguiente con ocasión de la exposición Satory-VIlI.
En competencia con el APILAS se presentaron otros proyectos de otras empresas francesas: el SEP DARD-120, que dotado con una potentísima carga perforante será capaz de atravesar casi un metro de blindaje; el Luchaire ACL-89 STRIM-II, los Thomson-Brandt ACIP300 y AC-HPL, mientras que el Jupiter de Luchaire-MBB fue el único concurrente al programa ACTCP (1).

(1) Estas siglas corresponden a los dos programas establecidos por el Ministerio de Defensa para sendos sistemas contracarro portátiles de corto alcance para pequeñas unidades de Infantería. ACCP = Anti-Char Courte Portée; ACTCP =Anti-Char Tres Courte Portée.

A mediados de 1983, y con un retraso de un año respecto al calendario previsto, el Ejército francés anunció que su elección había recaído sobre el APILAS, encargándose a Manurhin la producción de un lote inicial de 5.000 unidades que habrá de ampliarse en una segunda fase a 21.000. La decisión del Ejército fue muy mal recibida por los decepcionados competidores, objetando algunos de ellos que la elección estuvo únicamente motivada por la urgencia (2) y que seguramente no es más que una medida transitoria a la espera de la puesta en servicio de un sistema más ajustado a las necesidades militares.

(2) El APILAS era, en el momento de su designación, el único concurrente al ACCP que había completado totalmente la fase de desarrollo.

foto: Lanzamiento de un “APILAS” en un polígono de tiro. Obsérvese que el rebufo del disparo no resulta particularmente llamativo.

En mi opinión, creo que, aunque hay que reconocer el derecho de las empresas descartadas a enrabietarse, la sustancial cantidad de APILAS solicitados no permite hacerse ilusiones respecto a las posibilidades de que se produzca un encargo posterior de otro sistema.
A raíz de su éxito comercial, el APILAS fue presentado al concurso convocado por el US Army para el suministro de un lanzagranadas que sustituyese al fracasado y carísimo Viper. Esta vez no hubo suerte, y a pesar de los esfuerzos del socio estadounidense seleccionado por Manurhin para comercializar el sistema, Olin Corporation, el Stingshot —que ésta era la espectacular denominación seleccionada para lanzar el APILAS en los EE.UU.— fue preterido en beneficio del mucho más ligero, sencillo y menos potente AT4, de FFV (3).  
A pesar de este fracaso, y a la espera de las calificaciones que de su servicio en el Chad reciba el APILAS, las perspectivas comerciales de este ingenio se consideran muy buenas.

(3) En realidad, parece ser que el APILAS nunca llegó a ser considerado seriamente, ya que no se ajustaba en casi ningún aspecto a los requerimientos del US Army.

 EL CONCEPTO

El propósito básico que animó el diseño del APILAS no fue otro que el de proporcionarle al combatiente individual la capacidad de destruir o inutilizar el más pesado carro de combate; no importa cuál sea la calidad de su blindaje. Un objetivo difícilmente realizable si tenemos en cuenta la gran evolución que en los últimos años experimentaron las técnicas de protección; evolución que se ha manifestado en la práctica con la introducción de los blindajes espaciados, laminados, estratificados y activos que montan todos y cada uno de los carros de la última generación.

La eficacia de los blindajes señalados es tal que los lanzagranadas capaces de inutilizar un carro de la penúltima generación (Blindicide RL-83, Instalaza M-65, Carl Gustav, RPG-7, ACL-89 ó LAW) apenas sí pueden arañar el casco de un Leopard-2, M-1, Challenger o T-80. En términos más específicos, si para destruir o al menos dañar los equipos y la tripulación de un M-60 o un T-62 bastaba una capacidad perforante entre 200 y 400 mm., para inutilizar un carro de la última generación dotado de blindaje Chobham se precisan valores dobles o triples.
Otro componente interesante de la filosofía del APILAS es su carácter usar y tirar. Esta cualidad se consideró aconsejable en base al estudio de las condiciones del actual campo de batalla, en el que la coyuntura se modifica vertiginosamente, propiciando el desarrollo de muy breves pero violentísimos encuentros en los que la flexibilidad y la potencia de fuego juegan un papel vital (4).

(4) Si bien las especificaciones del ACCP insistían en la cualidad de reutilizable.

En estas condiciones, parece más aconsejable que el pelotón disponga de varios lanzagranadas usar y tirar, que puedan ponerse en juego simultáneamente cuando la situación lo aconseje, y no un solo lanzagranadas dotado con varios proyectiles de recarga incapaz, dada su escasa potencia de fuego, de aprovechar al máximo una coyuntura favorable o de afectar decisivamente la suerte de la lucha (5).
Añadamos que otra de las características exigidas al APILAS —y cumplidas por éste— fue la de que gozara de una ligereza y de una compacidad compatibles con su transporte a mano y con el reducido espacio disponible en el interior de un Vehículo de Combate de Infantería, así como un precio lo suficientemente bajo como para autorizar su producción en grandes cantidades.

(5) En este punto hay que considerar, también, que resultaría arriesgadísimo hacer más de un disparo desde una misma posición, con lo que la potencia de fuego. se vería aún más disminuida por la necesidad de cambiar de emplazamiento continuamente. Lo que es norma en las doctrinas de empleo de todos los Ejércitos.

Ni que decir tiene que muchas de estas exigencias están en directa contradicción pero, a juzgar por las apariencias, parece ser que los técnicos de SERAT y Manurhin encontraron la fórmula adecuada para combinarlas. Examinémosla.

EL ARMA

El conjunto proyectil-lanzador APILAS constituye un disparo completo no desengarzable desde el momento en que la incorporación del cohete dentro del tubo y la ligazón de sus circuitos respectivos se realiza en fábrica, quedando el arma completamente sellada hasta el momento de utilizarla.
El tubo está realizado en fibras bobinadas de Kevlar, mientras que las dos empuñaduras, la culata, los tapones de sellado anterior y posterior y el bloque que contiene los elementos de disparo y puntería se componen de un conglomerado de poliestireno y plástico, que además de proporcionar una mullida pero resistente protección antichoque al arma la hace invulnerable a la corrosión. El tubo está estudiado para asegurar la integridad física del portador, aunque se produzca la detonación accidental del propulsor del cohete.
A pesar de su concepción usar y tirar se ha previsto que por lo menos en tiempos de paz los tubos de lanzamiento sean conservados y remitidos al fabricante para que proceda a su recarga, con lo que se esperan obtener ciertas economías en el empleo del arma.
El sistema de puntería, localizado en el centro del tubo, consiste en un anteojo telescópico simple de cuatro aumentos graduado en elevación y dirección escamoteable en el bloque central de poliestireno para evitar su deterioro durante el almacenamiento y el transporte. El anteojo se acopla indistintamente a la izquierda o a la derecha del arma de forma que pueda ser apuntada con idéntica precisión tanto por soldados diestros como zurdos, afirmando el fabricante que con el cambio del anteojo no se produce ninguna pérdida de paralelaje entre éste y el tubo.
Para evitar que por despiste o nerviosismo se proceda al disparo del arma sin antes haber efectuado la imprescindible operación de retirar el tapón anterior, este elemento bloquea el orificio practicado en el anillo antirrebufo por el que pasa la línea de mira del anteojo.
Para el tiro nocturno, el telescopio diurno cede su lugar a un telescopio nocturno dotado con un tubo de intensificación de luz que, al igual que aquél, cuenta con una lente de tres aumentos y graduación en ángulo y distancia. Aunque no previsto en los prototipos, los modelos de producción llevarán un apagallamas fijado al visor para darle una mayor sensación de seguridad al tirador, evitándose que la posible aprehensión de éste afecte a la precisión del disparo.
La energía para el circuito de disparo la proporcionan dos pilas de litio situadas en una caja dispuesta justo detrás del bloque de protección central. La alimentación accidental del circuito de disparo está virtualmente imposibilitada por el receptáculo de goma completamente aislante e impermeable que acoge a las pilas y por la existencia de tres mecanismos de seguro, un pasador de seguridad dotado de una llamativa cinta roja, un pulsador de resorte cuyo accionado activa un avisador luminoso y un pestillo mecánico que impide el desplazamiento del botón de disparo. Todos los seguros y el botón de disparo se encuentran concentrados en un área fácilmente alcanzable con la mano mientras se sostiene el arma sobre el hombro en posición de tiro, con lo que resulta perfectamente factible efectuar toda la secuencia de preparación mientras se apunta al blanco.

EL COHETE

Tiene éste la forma característica de los proyectiles de la última generación, consistiendo en un cilindro perfecto de 112 mm. de diámetro rematado en su extremo delantero por una ojiva afilada.  La carga propulsora se encuentra situada en el centro del cuerpo del cohete dando salida a los escapes a través de una sola tobera en cuyo alrededor se agrupan nueve aletas semisesgadas, que le imprimen un ritmo de rotación durante el vuelo de quince giros por segundo. Delante del propulsor va la espoleta que cuenta con tres seguros que sólo se desconectan una vez que el cohete se aleja del lanzador, tras ser liberados por un dispositivo de relojería y un émbolo accionado por los gases de escape. A la espoleta la acciona un circuito eléctrico que sólo se cierra al juntarse, por efecto de un fuerte impacto, el cono que forma la ojiva del cohete con otro cono más pequeño inscrito en a la aquél.
La carga es de tipo perforante hueco (HEAT), caracterizándose por ofrecer unas capacidades de penetración previamente sólo alcanzadas por los más pesados misiles anticarro y por proyectiles en flecha. En efecto, causó sorpresa incluso a los mismos diseñadores de SERAT la capacidad destructiva demostrada por el APILAS ya en su fase de experimentación. Por ejemplo, en una de las pruebas iniciales, un APILAS no sólo perforó de parte a parte un carro Sherman utilizado como blanco sino, también, una plancha de acero situada a... ¡dos metros por detrás del carro!
Más específicamente, la capacidad de perforación máxima demostrada sobre un bloque macizo de acero asciende a 761 mm. así como a más de dos metros sobre bloque de cemento armado. Igualmente, el APILAS ha perforado en todos los ensayos el blindaje triple del blanco carro pesado OTAN, habiendo manifestado en estas mismas pruebas un considerable efecto residual sobre lo que sería el interior del carro (6).

(6) El blanco carro pesado OTAN se compone de tres planchas de 10, 25 y 80 mm. distanciadas entre sí 33 cm. e inclinadas a 650. Medio metro por detrás del blanco se sitúan 10 planchas adicionales de 10 mm., que permiten hacerse una idea de la capacidad destructiva residual.

Es interesante señalar que tanto la espoleta como la carga destructiva fueron estudiadas para funcionar correctamente hasta en muy abiertos ángulos de incidencia, evitándose los molestos e inoportunos rebotes tan frecuentes en los lanzagranadas de las generaciones precedentes.
Un detalle muy curioso de la munición del APILAS es que en vez de estar realizada como es habitual en materiales metálicos, el cuerpo se compone de fibras muy resistentes fuertemente trenzadas. El sentido de semejante conformación reside en la necesidad a que se enfrentaban los proyectistas de SERAT de proporcionar una gran capacidad destructiva a un arma que había de resultar ligera por encima de todo. El empleo de materiales tan ligeros no ha afectado, sin embargo, a las condiciones de vuelo y estabilidad del ingenio, ya que éste resiste la fuerte aceleración del disparo manteniendo una rigidez perfecta.

COMPLEMENTOS

Para abaratar el adiestramiento del personal destinado a manejar el APILAS sus diseñadores han preparado una serie de accesorios instructivos que podemos resumir:
— Un falso APILAS para adiestrar al personal en su manejo y para acostumbrarlo a sus características ergonómicas.
— Un arma de ejercicio idéntica al lanzagranadas dotada con un fusil de 7,5 milímetros cuya munición tiene unas características balísticas idénticas a las del cohete.
— Un simulador de tiro Giravión-Dor and DX-221 que consta de una réplica del arma y de un procesador multiuso que genera imágenes artificiales en el visor de aquélla consintiendo evaluar las aptitudes del alumno.

foto: El “APILAS” no se puede considerar como un arma ni especialmente cómoda de transportar ni muy compacta.

Por lo que hace a la logística, el APILAS no precisa prácticamente ningún mantenimiento, siendo sólo necesario revisar las pilas de energía cada cinco años, más o menos. El embalaje del APILAS se efectúa en unos cajones de material sintético que, con capacidad para dos armas, son totalmente herméticos y de flotabilidad positiva.
Por otro lado, la empresa Matra está ultimando el desarrollo de un sistema de puntería optrónico que permitirá extender el alcance eficaz del APILAS contra carros en movimiento hasta una distancia del orden de los 600 m. Con un peso de 10 kg., este sistema de puntería computará toda la serie de variables balísticas y ambientales fundamentales que afectan al tiro posibilitando hacer fuego sobre el alcance máximo del arma, tanto de día como de noche.
El considerable peso del visor Matra, que prácticamente duplica la masa del arma, ha forzado el desarrollo de un trípode que permite al tirador hacer fuego sobre un asentamiento estable y libre por completo de la necesidad de soportar el peso del arma y del visor. Este nuevo equipo se conoce como APILAS-2.

CONCLUSIONES

¿Qué se puede decir de un arma que apenas ha prestado servicio y sobre la que el Ejército francés no ha publicado ninguna información acerca de las cualidades que haya podido demostrar en combate? (7). Ciertamente muy poco, aparte de discutir el concepto en que se basa:

(7) Recientemente se han publicado unos comentarios, extraídos de los informes sobre la intervención en el Chad, francamente favorables al funcionamiento y prestaciones del APILAS.

El APILAS se integra en una de las dos grandes facciones en las que sólo muy recientemente se ha dividido el colectivo de los fabricantes de armas ligeras contracarro. En efecto, desde que las cargas huecas fueron inventadas durante la SGM, los diversos fabricantes y diseñadores de lanzagranadas y cañones sin retroceso han venido rivalizando sañudamente en la maximización de las características de sus respectivas armas pero, sin embargo, todos ellos coincidían en un punto: que resulta indispensable operativamente y factible técnicamente desarrollar armas portátiles capaces de destruir el más imponente carro de combate.
Esta unanimidad se ha roto con la aparición de los carros de la última generación dotados con blindajes estratificados. En efecto, a partir del momento en que empezaron a conocerse las excelencias de la protección de los T-72, M-1, Leopard-2, etc., el problema del diseño de nuevos lanzagranadas ha venido siendo abordado por los diversos fabricantes desde dos puntos de vista radicalmente opuestos.
Por un lado, tenemos a los diseñadores que consideran que ya no es realista intentar destruir los carros con armas ligeras, abogando en consecuencia por unos lanzagranadas usar y tirar sencillos, ligeros y muy baratos, que cualquier soldado podrá portar en adición al fusil de asalto sin ver afectada su libertad de movimientos. Estos lanzagranadas, que se distribuirían masivamente, incluso a nivel de pelotón, están especialmente pensados para combatir a los APC y VCI que tanto abundan en el moderno campo de batalla, siendo también útiles para destruir trincheras, blocaos, etc. A esta categoría pertenecen el AT-4, de FFV, el israelí B-300, el C-90 de Instalaza, etc.
Por el otro lado tenemos a los diseñadores que creen que haciendo usufructo de las últimas tecnologías es todavía posible derrotar al más protegido carro de combate. El APILAS pertenece a esta categoría.
En el contexto descrito, cabe preguntarse si el APILAS es capaz de desempeñar la dificultosísima tarea para la que fue diseñado. Como a continuación veremos la respuesta debe ser afirmativa.
En primer lugar, si como se ha publicado recientemente el blindaje frontal del carro que el APILAS está llamado a combatir por excelencia, el T-72, equivale efectivamente a una plancha de acero de 356 mm., es evidente que la ya descrita capacidad perforante del sistema basta y sobra para atravesarlo. (Otra cuestión sería estimar si puede destruirlo o, en cambio sólo averiarlo.) De la misma manera, no parece que los huidizos perfiles del carro soviético puedan evitar la detonación del proyectil, ya que la espoleta de este se activa por efecto de cualquier golpe en su cono frontal.
Adicionalmente, las características de precisión del sistema son buenas, pudiéndose suponer que hasta los 300 m. de distancia las posibilidades de hacer blanco sobre un carro pesado son altas y sólo razonablemente elevadas sobre un vehículo en movimiento. Así, en las pruebas realizadas a tal efecto se ha comprobado que el cohete experimenta, tras vuelos de 300-40 mm., una desviación típica de 0,2 y 0,4 m., según se efectúe el disparo desde un afuste o desde el hombro de un infante, respectivamente. En el mismo sentido, sobre su alcance eficaz de 300 metros, el cohete describe una trayectoria decreciente con una depresión total de tan sólo 1,8 m.; característica que evita que el tirador tenga que estimar un ángulo de alzado sea cual fuere la distancia a la que se encuentre el blanco (dentro del alcance eficaz del arma, por supuesto).
Como el lector podrá imaginar, dotar al APILAS de unas características tan notables ha impuesto ciertas servidumbres en el diseño. En primer lugar, el APILAS no es un milagro de la ergonomía: sus formas irregulares lo hacen incómodo de transportar en la espalda a la vez que el diseño de las empuñaduras no facilita precisamente el manejo de su considerable masa. De la misma manera, su longitud no se puede considerar modesta ni tampoco así su peso, que resulta a todas luces excesivo para hacer un tiro preciso de pie o sin contar con un apoyo para el codo.
Sin embargo, personalmente, creo que no es la valoración de estos pequeños defectos en comparación con la considerable potencia destructiva del arma lo que el eventual interesado ha de considerar a la hora de adoptar o desechar el arma. Por el contrario, pienso que es el estudio de las dos corrientes que actualmente dominan en el diseño de las armas ligeras contracarro, la variable fundamental que habrá de determinar la elección de éste o aquel ingenio.
Desgraciadamente, será una vez más la experiencia del combate real y no las elucubraciones de los estudiosos el factor que demostrará cuál es la alternativa adecuada y cuál la decisión errónea..

Revista Defensa nº 74,  junio 1984, Mario Paya Arregui


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