Sábado, 11 de abril de 2026 Iniciar Sesión Suscríbase

El papel de Marruecos en la ingeniería de la "Segunda Fase" de la seguridad regional en Gaza, más allá del despliegue

Fuerzas Especiales del Ejército Marroquí en las Maniobras African Lion 22.
Fuerzas Especiales del Ejército Marroquí en las Maniobras African Lion 22.

El anuncio estadounidense sobre el lanzamiento de la "Segunda Fase" del acuerdo de alto el fuego en Gaza situó a Marruecos ante una encrucijada estratégica de primer orden. Las estimaciones oficiales en Washington indican que Rabat, junto con Indonesia, encabeza la lista de países candidatos para liderar la "Fuerza Internacional de Estabilización" en la Franja. Este desarrollo, revelado por el portal "Axios" el 14 de enero de 2026, transforma el rol marroquí del tradicional apoyo diplomático y humanitario a una implicación de seguridad directa en los arreglos de posguerra. Este movimiento está respaldado por una coordinación militar creciente con los Estados Unidos e Israel, permitiendo a Marruecos trascender sus roles regionales habituales hacia una participación operativa en uno de los expedientes de seguridad más complejos de la escena internacional.

La transición de una tregua frágil a la gobernanza de seguridad

El anuncio de Steve Witkoff, Enviado Especial de EE. UU. para Oriente Medio, sobre la inauguración de la "Segunda Fase" representa un punto de inflexión en la trayectoria de un conflicto que ha durado dos años. Esta etapa, según la perspectiva estadounidense desvelada por informes de "Axios" y funcionarios de la Casa Blanca, tiene como objetivo principal evitar el colapso total de la frágil tregua alcanzada en octubre de 2025. La visión de Washington va más allá de un simple alto el fuego táctico para imponer una nueva realidad administrativa y de seguridad basada en tres pilares: la formación de un gobierno tecnócrata palestino, la retirada gradual del ejército israelí de los núcleos poblacionales y el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización (International Stabilization Force) con mandato de la ONU bajo la Resolución 2803.

Aquí emerge el papel de Marruecos como un elemento decisivo en la ecuación que combina el "poder blando" y el "poder duro". La elección de Washington de Marruecos e Indonesia para liderar esta fuerza no fue aleatoria; ambos países poseen un peso específico en el mundo islámico, otorgando a la fuerza una legitimidad "moral" y árabe-islámica de la que carecerían posibles fuerzas occidentales. Al mismo tiempo, Marruecos posee, específicamente, relaciones de seguridad y diplomáticas sólidas con Israel y Estados Unidos, lo que le convierte en una parte aceptable para el estamento de seguridad israelí, que exige la presencia de fuerzas "confiables" para llenar el vacío de seguridad tras su retirada.

Más allá de la reunión de Tel Aviv

Para comprender la disposición marroquí para este papel, es necesario analizar lo ocurrido el 2 de enero de 2026 en Tel Aviv. La tercera reunión del Comité Militar Conjunto entre las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos y el Ejército de Israel no fue un mero encuentro rutinario, sino que constituyó un salto cualitativo en la filosofía de cooperación entre ambas partes. La firma del "Plan de Acción Conjunto para 2026" representa una transición de relaciones basadas en transacciones comerciales (transactional) —es decir, la compra de drones, sistemas de defensa aérea y artillería— a una relación institucional (institutional) basada en la planificación estratégica conjunta y el desarrollo de capacidades (Capacity Building).

Los informes indican que las conversaciones se centraron en la integración de doctrinas de combate, el intercambio de experiencias en guerra urbana y la lucha contra amenazas no convencionales, que son precisamente las habilidades requeridas para cualquier fuerza que opere en un entorno complejo como Gaza. Israel, que considera ahora a Marruecos su aliado de seguridad más importante en África y una puerta estratégica, ve en la presencia militar marroquí en Gaza una garantía de seguridad, dado el alto nivel de coordinación entre los estados mayores y los servicios de inteligencia de ambos países. Esta coordinación elimina los temores habituales de Israel respecto a las fuerzas internacionales, ya que Tel Aviv garantiza canales de comunicación directos y efectivos con el mando de la fuerza marroquí, respaldados por cinco años de construcción de confianza desde los Acuerdos de Abraham.

A esto se suman los entrenamientos previos durante las maniobras "African Lion", acogidas por Marruecos a principios de 2025, que incluyeron ejercicios conjuntos de combate urbano y asalto de túneles entre soldados de la Brigada Golani del ejército israelí y una fuerza marroquí conjunta compuesta por Fuerzas Especiales del Ejército y los "Grupos de Seguridad e Intervención" de la Gendarmería Real (GSI). Estos últimos también podrían participar dentro de la fuerza marroquí en Gaza, dado que la Gendarmería Real actúa como policía militar dentro de las Fuerzas Armadas Reales.

En el plano económico y estratégico, no se puede disociar esta cooperación de los intereses mutuos que se han fortalecido a pesar de la guerra. Marruecos se beneficia de la tecnología agrícola e hídrica israelí, mientras que Israel busca asegurar las cadenas de suministro de fosfatos marroquíes. Esta red de intereses entrelazados crea una base sólida para una decisión política y militar de la envergadura de participar en la fuerza de Gaza, donde Marruecos emplea este papel para reforzar sus cartas en el expediente del Sáhara, consolidando el reconocimiento de las grandes potencias a su soberanía y su rol como generador de estabilidad regional indispensable.

El marco político de la misión militar

La cobertura política de esta misión militar reside en el "Consejo de la Paz" promovido por el presidente estadounidense Donald Trump, que se espera incluya a 15 líderes mundiales para supervisar el periodo de transición. El nombramiento de Nickolay Mladenov, ex enviado de la ONU y experto en los entresijos de la política palestina, como posible coordinador de este consejo, indica un deseo estadounidense de internacionalizar la administración de la Franja y retirar el control a las facciones armadas y a la autoridad actual. La Resolución 2803 de la ONU, redactada por Washington, otorga legitimidad internacional a este enfoque, autorizando a la fuerza internacional tareas que van más allá del mantenimiento de la seguridad tradicional para incluir el "desarme" y la "destrucción de la infraestructura militar".

Este punto en concreto es la "mina" del acuerdo. Mientras Washington habla de un gobierno tecnócrata no partidista, la realidad sobre el terreno choca con el rechazo categórico de Hamás y la Yihad Islámica al principio del desarme o a la aceptación de una "tutela internacional". Los comunicados emitidos por las facciones palestinas consideran que la fuerza internacional, en caso de proceder al desarme de la resistencia, sería una fuerza de ocupación por delegación y un socio de Israel. Esto coloca a las fuerzas marroquíes e indonesias ante un desafío operativo peligroso: ¿Cómo ejecutar el mandato de "estabilización" sin entrar en una confrontación armada directa con las facciones palestinas que aún poseen capacidades de combate a pesar de dos años de guerra? ¿Y se transformará la misión de "mantenimiento de la paz" (Peacekeeping) en una misión de "imposición de la paz" (Peace Enforcement) por la fuerza?

Entre la espada y la pared

Sobre el terreno, las fuerzas marroquíes se enfrentarán a una realidad humanitaria y logística extremadamente compleja. A pesar del anuncio de la ONU sobre una ligera mejora en los suministros de alimentos y la satisfacción de las necesidades nutricionales mínimas por primera vez desde 2023, la crisis de alojamiento sigue siendo el mayor desafío. Cientos de miles de gazatíes viven en tiendas de campaña deterioradas en medio de un invierno crudo, bajo el continuo bloqueo israelí que impide la entrada de grandes carpas y materiales necesarios para la reconstrucción bajo el pretexto del "doble uso".

La fuerza internacional no solo será responsable de la seguridad, sino que se esperará de ella que asegure un entorno seguro para las operaciones de reconstrucción que durarán años. Esto significa que los soldados marroquíes operarán entre los escombros de ciudades totalmente destruidas, entre una población que sufre traumas psicológicos y físicos enormes, y en un entorno que carece de las infraestructuras más básicas. A esto se suman las continuas violaciones israelíes de la tregua, ya que la fuerza aérea israelí sigue ejecutando ataques bajo el pretexto de apuntar a células armadas, lo que hace a la fuerza internacional vulnerable al "fuego amigo" o a encontrarse en zonas de combate activas.

Conclusión: ¿Riesgo calculado o trampa estratégica?

La implicación de Marruecos en la "Segunda Fase" y el despliegue de tropas en Gaza refleja una gran confianza en sí mismo por parte del decisor en Rabat, y un deseo de jugar en la liga de los grandes en la arena internacional. Este papel otorga a Marruecos una enorme influencia diplomática en Washington, Tel Aviv y Bruselas, y refuerza su posición como socio de seguridad confiable capaz de exportar seguridad fuera de sus fronteras. Asimismo, el éxito en esta misión podría acelerar el ritmo de los reconocimientos internacionales de la marroquinidad del Sáhara como parte de un acuerdo integral para reordenar la región.

Sin embargo, los riesgos siguen siendo graves. La misión militar en Gaza no es un paseo; es una inmersión en un entorno operativo altamente volátil, donde la línea divisoria entre "mantenimiento de la paz" y "combate" es difusa, especialmente ante la insistencia de las facciones en mantener sus armas.

El éxito de Marruecos en esta misión dependerá en gran medida de su capacidad para equilibrar cuidadosamente sus compromisos de seguridad con sus socios internacionales (EE. UU. e Israel) y su imagen y posición en la conciencia popular árabe e islámica como defensor de la causa palestina. Cualquier desliz hacia una confrontación con los palestinos podría costar a Rabat un gran capital político, no solo en el exterior, sino también dentro del propio Marruecos, donde la causa palestina es una línea roja para un amplio espectro de la sociedad, lo que podría encender nuevamente la calle marroquí contra el régimen monárquico. Mientras tanto, una neutralidad pasiva podría llevar a un choque con la visión estadounidense-israelí para el "día después" de la guerra. Estamos ante una verdadera prueba para la doctrina militar y diplomática marroquí en uno de los puntos más inflamables del mundo. (Alex Ribeiro)


Copyright © Grupo Edefa S.A. defensa.com ISSN: 3045-5170. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.

Deje un comentario

*

*

*



Su e-mail no será publicado.

Los comentarios que no se atengan a las normas de participación podrán ser motivo de expulsión.