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Aeropuertos uruguayos se quedan sin radares por la acción de malhechores

Dos radares Leonardo/Selex PSR (primario) ATCR-33S ENH y  MSSR (secundario) SIR-S- los últimos fabricados en esa serie y entregados, tras graves problemas burocráticos en OACI, en 2014- quedaron fuera de servicio por la acción de malhechores. Los ladrones creyeron que estaban robando cables de cobre (una remarcable epidemia en el país- que exporta y no produce ese metal- en estos 15 años ) cuando accedieron al entorno en que están emplazados los sensores, el cual, por peculiaridades jurídicas, extrañamente no entra en la órbita del Ministerio de Defensa y por ello carece de una custodia militar eficiente y de la deseable cobertura de la Justicia castrense para reprimir las frecuentes incursiones que se producen periódicamente desde fines de 2014.

Esto significó que, desde la medianoche del pasado 16 de enero hasta la tarde del 17, Carrasco, Punta del Este y eventualmente otros aeródromos menores uruguayos se vieran obligados a operar aterrizajes a intervalos de 20 minutos y a apoyarse tanto en las repetidoras del aeropuerto de Ezeiza, como en un viejo y resistente radar Thomson (hoy Thales) de hace 30 años, trasladado en 2015 de Carrasco a la Base Aérea II de Santa Bernardina/Durazno. La utilización de los radares militares y los dispositivos anexos del sistema Indra Lanza 3D pudo tener un uso marginal, ya que la OACI desaconseja el mismo. Sí, fueron de utilidad los protocolos de voz IP de la firma española. Simultáneamente, se supo que este problema estuvo a punto de suceder también el pasado 15 de diciembre por acción de roedores, además de varios intentos de parte de marginales en los últimos 18 meses en una distancia de unos 500 metros sin vigilancia efectiva. Llama la atención la falta de algún back up alternativo para abarcar este tipo de casos.

Quedó en evidencia, también, simultáneamente a la entrega profesional de los especialistas que trabajaron en restablecer la funcionalidad de la intercomunicación de los radares, la falta de técnicos suficientes para estas eventualidades, así como para los mantenimientos rutinarios, además de la poca seguridad que rodea a la mayor parte de los sistemas de infraestructura aeronáutica del Uruguay. Buena parte del problema estriba en que si bien la autoridad aeronáutica, la DINACIA, cobra apreciables tarifas por sus servicios, la mayoría se entrega a Rentas Generales, que devuelve mucho menos de la cuarta parte para inversiones. Asimismo, ninguno de los aeropuertos del interior uruguayo está debidamente perimetrado y custodiado, lo que puede generar diversos y serios inconvenientes. (Javier Bonilla)


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