El Departamento de Guerra de los Estados Unidos, en el contexto de la presentación preliminar del presupuesto de defensa correspondiente al año fiscal 2027, comunicó este lunes su intención de solicitar a Lockheed Martin la adquisición de 38 cazas furtivos F‑35A Lightning II para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF). Esta cantidad forma parte de un pedido total de 85 aviones de quinta generación F‑35 adicionales asignadas a diversas ramas de los servicios armados estadounidenses. Sin embargo, algunos analistas y ex altos mandos han manifestado críticas sobre la suficiencia de esta cifra para satisfacer los actuales y futuros requerimientos estratégicos.
De acuerdo con información confirmada por la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB) a medios estadounidenses, el desglose del pedido contempla 38 F‑35A para la USAF, 10 F‑35B de despegue corto y aterrizaje vertical para el Cuerpo de Marines, y 37 F‑35C embarcados para la Armada de los Estados Unidos (US Navy). Si bien el número total representa un incremento respecto al año fiscal anterior, la porción asignada a la Fuerza Aérea (principal operador del programa) resulta particularmente controvertida.
Críticas desde el ámbito estratégico y operativo
Diversos analistas del ámbito aeroespacial y de defensa han señalado que 38 aparatos no constituyen una tasa de recapitalización significativa para una fuerza aérea que opera, según sus propios informes, la flota de cazas más antigua y reducida de su historia moderna. El teniente general retirado David A. Deptula, ex sub‑jefe del Estado Mayor de la USAF y actual referente del Mitchell Institute for Aerospace Studies, sostuvo que esta cifra “mantiene la línea de producción activa, pero no revierte el déficit estructural de cazas”.
Estas observaciones adquieren mayor peso en un contexto de creciente competencia estratégica con potencias pares, especialmente en los teatros del Indo‑Pacífico (China) y Europa Oriental (Rusia), donde la superioridad aérea inicial y la penetración en entornos A2/AD (anti-acceso/denegación de área) se consideran condiciones indispensables para el éxito operacional en el campo de batalla moderno.
El F‑35A Lightning II: núcleo de la aviación de quinta generación
El F‑35A Lightning II es la variante de despegue y aterrizaje convencional (CTOL) del programa Joint Strike Fighter y constituye el principal vector de quinta generación de la Fuerza Aérea estadounidense. Diseñado como un caza multirrol furtivo, integra capacidades de supervivencia, letalidad y conectividad sin precedentes, actuando no solo como plataforma de combate sino como nodo de fusión y distribución de información en red.
Desde una perspectiva técnica, el F‑35A se distingue por una serie de características sobresalientes; alcanza una velocidad máxima de Mach 1.6, posee un radio de combate superior a 590 millas náuticas utilizando solo sus depósitos de combustible interno y puede soportar maniobras de hasta 9G. Su motor es un turbofán Pratt & Whitney F135, mientras que la suite de sensores integrados incluye un radar AESA AN/APG‑81, un sistema electro‑óptico EOTS y el Sistema de Apertura Distribuida (DAS). Además, sus bodegas internas para armamento en la variante F‑35A, están diseñadas para mantener su baja observabilidad al radar, consolidándolo como una plataforma avanzada en la aviación de quinta generación.
Estas capacidades permiten al F‑35A ejecutar misiones de superioridad aérea, ataque de precisión, supresión de defensas enemigas (SEAD), inteligencia y guerra electrónica, incluso en entornos altamente disputados.
En la actualidad la flota de F-35A que opera la USAF es de más de 400 aeronaves en servicio, incluyendo las unidades de la Fuerza Aérea y de la Guardia Nacional Aérea. No obstante, esta cantidad sigue siendo insuficiente frente al objetivo programático histórico de la USAF de 1.763 F‑35A, concebido para reemplazar progresivamente a las flotas de F‑16 y F‑15 más antiguas. La reducción del ritmo de adquisiciones, como la evidenciada en el anuncio del lunes, plantea interrogantes sobre la capacidad real de la Fuerza Aérea para sostener la masa crítica necesaria en un conflicto de alta intensidad. (D.B. Colmenares)






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