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Tendencias de la inversión en defensa para la próxima década

Cuando estamos a punto de iniciar las discusiones presupuestarias para el año 2020, se han realizado una serie de estudios sobre las tendencias que dominarán el gasto en Defensa para la próxima década, basados en los análisis de riesgos, políticas nacionales y evolución de las tecnologías, en particular de aquellas que pudieran reunir ciertas características de disrupción. En términos generales, podemos identificar siete tendencias o factores que determinarán la evolución del gasto en seguridad y defensa para los próximos años. El primer elemento a considerar es que estamos ante un mercado en crecimiento a nivel global, que se mantendrá en la próxima década. Esto supone para el sector industrial una base muy sólida para abordar nuevos desa­rrollos y capacidades industriales.

La segunda característica que quisiera destacar es que nos moveremos hacia un incremento sustancial de la capacidad militar disuasoria entre las grandes potencias, con un importante crecimiento en el desarrollo de nuevas plataformas, especialmente en China y en menor escala en Estados Unidos, mientras que se mantendrán los conflictos asimétricos, que absorberán una gran parte de los recursos militares de los próximos años. El tercer elemento, que considero un verdadero motor del desarrollo de nuevas capacidades, es la democratización de la tecnología. La mayoría de los países dirigirán sus esfuerzos a la adquisición de productos y servicios de alto valor añadido, con una obsesión por no perder el tren tecnológico. Los países que no se sumen a los campos de las nuevas tecnologías disruptivas sufrirán una merma de su capacidad operativa y de disuasión.

Desde el punto de vista industrial deben considerarse dos factores. Por una parte, la adquisición de novedosas capacidades en empresas de países en desarrollo en el campo de la Defensa, en particular Corea del Sur, Japón y Arabia Saudita, que afrontarán grandes transformaciones de sus políticas en este ámbito. El caso más impactante será el de Japón, con un crecimiento muy significativo de sus capacidades militares y pretendiendo adquirir y desarrollar nuevos productos en el estado más avanzado de la tecnología occidental. Los avisos de un cambio de ciclo en la economía global aconsejarán a las empresas a desviar parte de su actividad al sector de defensa, que mantendrá tasas de crecimiento muy significativas en los próximos diez años. Veremos a grandes firmas de sectores ajenos realizar penetraciones de gran calado en este mercado.

El incremento de proyectos de cooperación industrial internacional mediante acuerdos de offset y de localización transformará el campo de las exportaciones, que cada vez más se centrarán en ventas de software, transferencia de tecnología, sistemas críticos y veremos menos ventas al exterior de plataformas o equipos completos a países en desarrollo. El caso más paradigmático será Arabia, el mayor importador de sistemas de armas a nivel global, que pretende alcanzar a finales de la próxima década un nivel de participación local en sus suministros de defensa del 30 por ciento, lo que supondrá una producción industrial superior a los 10.000 millones de dólares y se convertiría en una potencia industrial de defensa al nivel de Italia, Alemania o Corea del Sur.

La complejidad de los sistemas y equipos es creciente y existen cada vez más incentivos para reducir costes y tiempos de desarrollo. La combinación del factor tecnológico con la necesaria flexibilidad en las soluciones determinará quién será exitoso en este mercado. Los gobiernos tenderán a desregular parte de la operativa con el fin de facilitar la transferencia efectiva de tecnología y la cooperación industrial entre las empresas locales y los suministradores. Llama la atención que más de 22 países hayan reformado sus políticas de offset y de participación industrial, con el fin de incrementar la generación de nuevas capacidades, aunque pueda conducir a una fragmentación del mercado de oferta.

En Europa se dan los pasos para una nueva fase de consolidación industrial dirigida por la cooperación franco-alemana, especialmente como consecuencia del Brexit, con una importante participación italiana. La industria aeronáutica girará alrededor del nuevo programa franco-germano de avión de combate y en el campo terrestre por la creación del gigante derivado de la fusión entre KraussMaffei y Nexter y la probable entrada de Rheinmetall. La alianza entre Fincantieri y el complejo naval militar galo también supondrá un elemento esencial en la difícil consolidación de la industria naval europea. Los grandes perjudicados serán los países más pequeños, como España, Suecia y Finlandia, que serán residuales y objetivo de empresas extraeuropeas para acceder al mercado del Viejo Contiente. La británica fortalecerá sus lazos con Estados Unidos y crecerán de forma exponencial las relaciones con las emergentes de Japón, Corea y Arabia Saudita. Las limitaciones presupuestarias en Europa conducirán a la eliminación de numerosas empresas de segundo nivel, ya que los escasos programas se dirigirán en exclusiva a los grandes campeones de la región.

En Extremo Oriente asistiremos, en el marco de la carrera regional de armamento, a un crecimiento de las capacidades estratégicas de Corea del Sur y Japón, especialmente en ISR y espacio. Las industrias de estos países entrarán con fuerza en el mercado internacional buscando nuevos mercados, apoyados en la activa involucración de sus gobiernos en la defensa de las capacidades industriales y estratégicas. En América Latina, la desestabilización en Venezuela supone una creíble amenaza. El enrocamiento del régimen, apoyado en unos crecientes lazos con Rusia y China, incrementará notablemente la inseguridad en la región, como no se había conocido en las últimas décadas, y llevará a los países vecinos, en especial Brasil y Colombia y, en menor medida, a Perú, a un incremento de sus capacidades convencionales para contrarrestar esta amenaza. Perú y Ecuador deberán continuar activamente sus operaciones contra el tráfico de drogas, que supone una segunda gran amenaza a la seguridad en la zona.

A mediados de la década Brasil habrá alcanzado unas capacidades industriales notables, incorporándose al grupo de países que accederá al mercado internacional con productos propios. Todos los análisis coinciden en un incremento sostenido de la inversión en defensa, a una media del 6 por ciento anual hasta finales de la próxima década. La creciente desestabilización podría conducir al alza estas estimaciones, siendo los primeros beneficiarios las industrias de los países emergentes, que pretenden alcanzar una cuota de mercado similar a la europea en 2030.

Enrique Navarro


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