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OTAN: Ahora o nunca

La próxima Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a celebrar en Madrid los días 29 y 30 de junio, supone una gran oportunidad para España como país anfitrión, ya que lógicamente podrá expresar en su discurso de bienvenida a las otras 29 Naciones Miembro su punto de vista sobre la situación estratégica española actual.

Estará lógicamente influenciada por el conflicto Rusia-Ucrania y la petición de ingreso de dos naciones europeas, Suecia y Finlandia, tradicionalmente neutrales desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que tras la situación de inseguridad en Europa tras la invasión rusa de Ucrania, pretenden acogerse al paraguas protector de la OTAN, tal y como en su día hicieron las tres ex repúblicas soviéticas, Estonia, Letonia y Lituania o los cinco antiguos componentes del Pacto de Varsovia y ex aliados de la URSS: Hungría, Polonia, Bulgaria, Rumanía y las Repúblicas Checa y Eslovaca, a la sazón Checoslovaquia.

Cuarenta años de España en la OTAN

La entrada de España en la Alianza, tan celebrada hoy día por el Gobierno actual no fue fácil ni sencilla, y el relato que expongo lo oí de labios de su protagonista y factótum, el entonces Presidente del Gobierno español, Leopoldo Calvo Sotelo, durante una visita que realizó en 1985 a la Base de Submarinos, invitado por su antiguo Ayudante de Campo, el capitán de navío Cristóbal López Cortijo, Jefe de la Base en ese momento.

Con la UCD, partido en el Gobierno, en plena descomposición y una oposición del PSOE totalmente opuesta al ingreso de España en la Alianza, con los lemas, OTAN de entrada no y Bases fuera, Calvo Sotelo sabía que tenía que aprovechar sus últimos meses como Presidente para conseguir el tan ansiado ingreso en la mayor organización defensiva occidental que garantizaría la seguridad de nuestra patria frente a una hipotética invasión de Europa por parte de la URSS, en la existente situación de Guerra Fría.

Dicho y hecho, Calvo Sotelo presentó la documentación completa ante la Alianza en la Semana Santa de 1982, entre el 4 y el 11 de abril, tras unos trámites iniciados el 2 de diciembre de 1981, con una voluntad de ingreso en la Alianza, expresada en su discurso de investidura del 25 de febrero de ese mismo año. Al aprovechar las vacaciones de Pascua de los señores diputados y sabiendo que carecía de la mayoría necesaria para obtener el plácet de la Cámara Baja, la documentación pudo ser presentada sin problemas.

Esta estratagema que alguno calificaría como un ingreso con nocturnidad y alevosía, tuvo éxito y el 30 de mayo de 1982 España se convertiría en el miembro número 16 de la Alianza, y su revista oficial pasaría a llamarse durante varios años NATO Sixteen Nations, es decir, 16 naciones de la OTAN. En octubre de ese mismo año, 1982, el PSOE ganaría las elecciones generales, gracias al carisma  y personalidad de su líder Felipe González, con una mayoría aplastante de 202 diputados frente a los 107 de la Alianza Popular de Fraga y la desintegración de UCD con tan sólo 11 escaños.

La promesa de realizar un referéndum para permanecer o no en la OTAN, hecha durante la campaña electoral, pesaría como una losa sobre Felipe González, que tras cuatro de años en el poder comprendía el significado positivo en lo referente a seguridad, de la membresía Atlántica. El 12 de marzo de 1986, se realizaba el referéndum con una maquiavélica pregunta: ¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?, y recalco que la pregunta era maquiavélica, porque el ciudadano medio español no tenía ni idea de esos términos gubernamentales, porque entre otras cosas nadie se los había explicado.

Y aquí ocurrió un hecho muy curioso y digno de meditación, Felipe González y su partido antes contrario al ingreso, batallaron por el Si, mientras que Manuel Fraga líder de la derecha con Alianza Popular, defendió el No, que afortunadamente no fue seguido por la sensata sociedad española, triunfando el voto favorable a la permanencia con el 52,54%, Pero no sería esta la única paradoja, Javier Solana uno de los más firmes opositores al ingreso en la Alianza y que llegó a publicar en enero de 1982 un documento titulado 50 razones para decir No a la OTAN.

Cuatro años más tarde haría campaña a favor de la permanencia y en diciembre de 1995 se convertiría en el primer y hasta ahora único Secretario General de la OTAN español, hasta octubre de 1999, realizándose bajo su mandato los bombardeos aéreos a Serbia en marzo de 1999, durante la Guerra de Yugoslavia, sin una Resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que los autorizase, algo que no volvería a repetirse en sucesivas intervenciones bélicas de la Alianza en Irak, Libia, Afganistán etc. donde siempre existirá una resolución (UNSCR)  numerada, fijando las condiciones de la intervención armada de la OTAN. 

La situación actual de España

Aquel ingreso contra reloj, subrepticio y con algún complejo en la OTAN, por no tener una mayoría clara parlamentaria y ante la posibilidad de una pronta salida con el cambio de signo del Gobierno, tuvo dos consecuencias negativas: En primer lugar, las Fuerzas Armadas españolas no estarían en la Estructura Militar Integrada, con lo que nuestros militares estaban prácticamente de observadores en los Carteles Generales sin voz y sin voto.

Además, el Estado Mayor de la Defensa tuvo que hacer filigranas al diseñar seis Acuerdos de Coordinación para que nuestras áreas de interés marítimo y aéreo estuvieran bajo dependencia española y no portuguesa, algo que a nuestros vecinos peninsulares no les hacía mucha gracia, así que hubo que inventar unas burbujas en el Atlántico que entre otras cosas englobasen a las Canarias y aguas adyacentes.

Esta absurda y poco operativa situación  duró hasta que el primer Gobierno del Partido Popular, tras una votación en el Congreso el 14 de noviembre de 1996, ganada con el 91,5% de los votos, José Mª Aznar un atlantista convencido, anunció el deseo de incorporarse plenamente en la Estructura Militar Integrada de la Alianza, el 3 de julio de 1997, creándose un Cuartel General del Mando Subregional de Sudoeste de la OTAN en Retamares, Madrid, bajo un general de tres estrellas español.

Esta entrada tardía y sin demasiado empuje, con todos los Mandos aliados importantes repartidos con anterioridad hizo que los militares españoles no accedieran a puestos de primera línea, copados por norteamericanos, británicos, alemanes y holandeses. Por el contrario, Francia miembro fundador de la OTAN que, por decisión del general De Gaulle, había salido de la Estructura Militar Integrada en 1966, cuando volvió a integrarse en abril de 2009, exigió 750 puestos para sus oficiales y uno de los dos Mandos Supremos de cuatro estrellas, por delante del Reino Unido, hasta ese momento cubiertos por oficiales generales norteamericanos, consiguiendo con esa  firmeza en la negociación, el puesto de Comandante Supremo Aliado de Transformación, SACT, con sede en Norfolk, Virginia.

La segunda consecuencia, y ésta mucho más grave, fue la no inclusión de las españolísimas ciudades de Ceuta y Melilla en el Tratado de Adhesión a la OTAN, por lo que los Estados Mayores españoles, deberían contemplar dos Planes de Operaciones diferentes, según se tratase de la llamada Amenaza Compartida con la Alianza, en ese momento la URSS o la No Compartida para defender a Ceuta y Melilla frente a un posible ataque de un vecino norteafricano. Esa debilidad en nuestra negociación para entrar en la OTAN, quedaba manifiesta con la lectura del Artículo 6 del Tratado del Atlántico Norte, donde desde su fundación se incluían explícitamente los departamentos franceses de Argelia, como territorios a defender en el caso de un ataque por terceros, y que lógicamente con la independencia del país africano, quedó sin efecto el 3 de julio de 1962.

Conclusiones

La voluntad de Suecia y Finlandia de integrarse en la OTAN para defenderse de una poco probable, pero posible invasión extranjera, es totalmente lógica y lícita, aunque supone un aumento de la amenaza del Este al resto de países miembros, ya que duplica la longitud de fronteras con una potencia nuclear como Rusia, y además la aportación en efectivos y armamento militar de ambos países nórdicos al contingente militar Aliado, no es determinante.

Un caso diferente es el de la potente influencia de Turquía que durante 40 años fue la principal frontera con la URSS, con el riesgo que eso conllevaba, por ello Gobierno turco no dará su consentimiento para el ingreso de ambos países nórdicos, que recuerdo debe ser unánime por parte de los 30 miembros, hasta que no se elimine el refugio de terroristas kurdos del PKK que, según la inteligencia turca, permiten  ambas naciones nórdicas, gracias a unas leyes permisivas. Recordemos la lucha de la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad españoles contra la banda terrorista ETA durante años, cuando los asesinos se refugiaban al otro lado de la frontera francesa sin consecuencias, hasta que Francia acabó aquella injusta situación.

España ha sido y es un miembro leal de la Alianza durante 40 años, participando en todas operaciones por tierra, mar o aire que se le han requerido, con una aportación de 125.000 efectivos en esos años y el  costo de 119 vidas de uniformados españoles.

La inclusión de Ceuta y Melilla dentro del Tratado del Atlántico Norte, supondría un mínimo cambio en la redacción del Instrumento de Adhesión del Reino de España al Tratado del Atlántico Norte de 31 de mayo de 1982, que en su Artículo 6, literalmente dice “A efectos del Artículo 5, se considera ataque armado contra una o varias de las Partes, un ataque armado contra el territorio de cualquiera de las Partes en  Europa o en América del Norte, contra los departamentos franceses de Argelia…” está claro que habría que borrar esta última frase de contra los departamentos franceses de Argelia, que ya no tiene razón de ser y sustituirlo por “contra las ciudades españolas de Ceuta y Melilla”.

Este simple cambio de 8 palabras en el citado Instrumento de Adhesión de España a la OTAN supondría la mejor disuasión posible frente a un vecino que nunca ha renunciado a sus pretensiones de hacerse con las dos Ciudades Autónomas y que en los últimos años ha incrementado notablemente sus gastos en armamento, habiendo modernizado su Ejército, que triplica en efectivos al español, con 250 carros de combate M1A1 Special Armor Abrams, cazas F-16 Viper y cinco modernas fragatas de manufactura francesa y holandesa.

La simple invasión de Ceuta perpetrada por más de 8.000 jóvenes marroquíes el 16 de mayo de 2021, demostró la debilidad de la frontera ceutí para proteger la Ciudad Autónoma. Si en lugar de 8.000 jóvenes hubieran sido otros tantos efectivos armados, Ceuta ya no sería española o estaríamos en guerra. Si Ucrania hubiese entrado en la OTAN antes de 2014, no habría perdido la Península de Crimea y hoy no estaría en guerra con Rusia, con más de 30.000 muertos, 6,5  millones de emigrantes y 2 millones de desplazados internos.

Aprovechemos la Cumbre de Madrid, ahora o nunca, para prevenir sin tener que curar, evitando un enfrentamiento también poco probable pero siempre posible con nuestro vecino del Sur. (José Mª Treviño, Almirante (r). Ex Representante Militar Español (MILREP) en el Comité Militar de la OTAN. Ex Jefe de Estado Mayor del Cuartel General Conjunto de la OTAN en Lisboa. / Asociación Española de Militares Escritores)

Fotografia: Militares españoles en Irak.


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