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Miércoles, 17 de abril de 2024 Iniciar Sesión Suscríbase

Hacia dónde va la industria española de Defensa

La principal amenaza para la situación competitiva de nuestra industria respecto de otros países del Continente será la enorme distancia entre el gasto en Defensa en España y en el resto de grandes países europeos, que se agrandará en los próximos años. Esto producirá que sus empresas crecerán por encima de las españolas, simplemente a remolque de la demanda interna. Este debilitamiento relativo es el principal enemigo de nuestra industria de defensa, que generará dificultades en el acceso a mercados, vulnerabilidades económicas y desventajas competitivas. Su supervivencia depende principalmente del sector aeroespacial y de los sistemas y cadena de suministro asociados a estos. El FCAS (Future Combat Aircraft System) es el gran reto. De su vitalidad y cobertura presupuestaria dependerá que Europa mantenga el nivel tecnológico de los últimos treinta años.

Los programas nacionales navales lanzados en los últimos cuatro años, aunque generarán una carga de trabajo importante, no suponen un salto cualitativo en la facturación. Los 7.000 millones de euros de cartera de pedidos del Ministerio de Defensa a Navantia para los próximos diez años serán insuficientes para mantener a la sociedad en unos niveles de facturación anuales en esa cartera por encima de los 1.000 millones. El sector terrestre, sin embargo, tiene unas muy altas expectativas a la vista de las lecciones aprendidas en Ucrania. Rusia, sigue siendo, sobre todo. una amenaza terrestre y debemos estar preparados para contrarrestar el enorme esfuerzo bélico que ha puesto en marcha Putin. Tres elementos serán claves: potencia de fuego, movilidad y suficientes stocks para mantener un alto nivel de disuasión.

España lanzó 2 programas claramente orientados en este camino, el VCR y el VAC, cuyas series adicionales deberán ser aceleradas para que no exista ningún gap en la producción, que sería letal, pero también habrá que reforzar su capacidad artillera de 155 mm. sobre plataformas de ruedas y cadenas, adquirir nuevos sistemas de lanzacohetes, lo que ya se ha puesto en marcha con el SILAM, y un gran programa de defensa antiaérea y antimisil. Los sistemistas dependerán de los grandes programas cooperativos europeos para su crecimiento. Los navales y terrestres domésticos no generarán suficiente flujo para estas empresas, que necesariamente deben moverse en un entorno exterior mucho más complejo, compitiendo con corporaciones de un tamaño mucho mayor y con una gestión de los programas plurinacionales más asentada en criterios de competitividad que de retorno nacional.

Tampoco visualizo muchas ventajas competitivas de una consolidación nacional, ya que el nivel de especialización de cada empresa es suficientemente alto para que no compitan entre ellas, ni se generen sinergias de potenciales adquisiciones o fusiones. Sin una enorme inversión en I+D, estas empresas podrían perder competitividad en la próxima década, precisamente cuando más programas se desarrollarán en Europa. Para todo el sector en su conjunto, su supervivencia implica mantener un crecimiento sostenido del gasto en Defensa. que pasa por el cumplimiento de los objetivos macados por el Gobierno de alcanzar un 2 por ciento del PIB en Defensa a finales de la década. A mi juicio, los aspectos fundamentales a los que debemos prestar atención en los próximos años desde el lado de la oferta son:

  • El mantenimiento de las capacidades de decisión y de ingeniería de Airbus en España y la localización nacional de los programas aeronáuticos en los que participe la nación será crítico, teniendo en cuenta su volumen y relevancia en el mercado nacional. La finalización del programa A400 generará incertidumbres sobre cómo mantener la actividad industrial generada alrededor de este programa. El lanzamiento del proyecto de transporte medio, a mitad del camino entre el C295 y el A400M, y el emplazamiento de su línea final en Sevilla es mandatorio y a este objetivo España debería comenzar a dedicar ingentes recursos.
  • La continua expansión de GDELS en Europa, en un sector que verá crecimientos muy importantes en los próximos años, le llevará a facturar por encima de los 2.000 millones de dólares en unos cinco años. La apuesta del Gobierno por la compañía será decisiva para mantener en España una empresa líder del sector de vehículos terrestres en el Continente, que podría aspirar a ser un European Champion en el terreno de vehículos blindados y artillería pesada, con los programas más exitosos de construcción y entregas de blindados de los últimos diez años en Europa.
  • El lanzamiento de nuevos programas navales en España será crítico para mantener la pujanza de los últimos años en Navantia. Los mercados exteriores son un excelente complemento, pero necesita un mercado doméstico mucho más pujante para ser más fuerte en los mercados internacionales. Recuperar el programa de portaeronaves y ampliar la flota de submarinos S-80 y F-110 deberían ser los objetivos más inmediatos.
  • El resto del sector se presenta mucho más atractivo y pujante gracias a su tamaño, especialización y capacidad para adaptarse a la demanda nacional en cada momento, pero su dependencia de las plataformas nacionales o en cooperación europea es muy alta por, lo que su éxito dependerá de que se mantenga el esfuerzo inversor creciente. Una apuesta por lo nacional en detrimento de soluciones foráneas será crítica para que estas capacidades no se pierdan.
  • Las estrategias empresariales más exitosas se dan a nivel de subsistemista y sistemistas, con estrategias basadas en adquisiciones puntuales y muy estratégicas de cara a la demanda de las próximas décadas o la adquisición de capacidades que residían en otros países y que, gracias a la demanda de los programas lanzados por el Ministerio, justifican una nacionalización. En esta línea la estrategia de grupos como Oesía marca el camino a seguir por otras empresas.
  • El sector espacial tendrá asimismo un enorme dinamismo y nuestras empresas cuentan todavía con un amplio trecho de crecimiento.

Podemos decir que el modelo de estructura industrial está bien asentado. No hay volumen para un campeón nacional y, el que podría serlo, que sería Navantia, bajo el paraguas del Estado y con una situación de escasa rentabilidad, no sería el candidato idóneo. Las experiencias de campeón nacional de Suecia, Reino Unido e Italia no han resultado satisfactorias y tampoco son modelos trasladables, ya que una parte esencial de su facturación se realiza a través de empresas adquiridas en Estados Unidos. En conclusión, ante un entorno de amenazas crecientes a la seguridad y de la necesidad derivada de ofrecer una respuesta adecuada a dicha situación, la industria española necesita de presupuestos crecientes, de una política que prime lo nacional, siempre que esté supeditado a lo racional, con una planeación industrial clara y, sobre todo, con una hoja de ruta de dónde queremos posicionar al sector en diez o veinte años, lo que exige que previamente sepamos dónde queremos posicionar a España.

Por Enrique NAVARRO


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