La escalada bélica en Oriente Medio ha encendido todas las alarmas en la industria española del aluminio, que ve cómo casi un tercio de su suministro exterior queda súbitamente comprometido por el impacto del conflicto en Irán y el colapso de las rutas logísticas en el Golfo Pérsico. La Asociación Española del Aluminio (AEA), que agrupa a más de 650 empresas del sector, alerta de un “escenario de alto riesgo de desabastecimiento” que amenaza con cortar más de 218.000 toneladas de aluminio primario destinadas al mercado nacional.
La paralización de las operaciones en Qatalum (Qatar), tras los ataques a infraestructuras de gas en Ras Laffan, y la declaración de fuerza mayor por parte de Aluminium Bahrain (ALBA) han retirado del mercado más de 2,3 millones de toneladas de capacidad de producción, más del doble de lo que transforma la industria española en un año. Según las estimaciones manejadas por la AEA, el efecto dominó podría alcanzar más de 6 millones de toneladas de aluminio primario procedente del Golfo, una región que se había convertido en pieza clave para compensar el déficit estructural europeo tras el cierre progresivo de plantas de producción en la UE.
El golpe llega en un momento especialmente delicado para Europa, convertida ya en un importador masivo de aluminio primario: en 2024 las compras exteriores alcanzaron los 5,82 millones de toneladas frente a unas exportaciones de apenas 0,26 millones, de acuerdo con datos de Eurostat citados por la AEA. El cierre parcial del grifo en el Golfo y el encarecimiento de los fletes desbaratan cualquier capacidad de planificación de costes para los transformadores europeos y anticipan una escasez de metal en el muy corto plazo en el mercado comunitario.
España, especialmente expuesta al Golfo y a Rusia
En el caso español, la dependencia de las zonas afectadas por el conflicto es particularmente elevada: el 22,9% de las importaciones de aluminio primario procede de nodos logísticos del Golfo Pérsico, principalmente Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar y Arabia Saudí. Sólo Omán se mantiene de momento al margen de los problemas operativos, aunque su volumen de suministro es insuficiente para compensar el déficit generado por el resto de proveedores de la región.
A este factor se suma la reducción forzosa de las importaciones de aluminio procedentes de la Federación Rusa, encuadradas en los paquetes de sanciones de la Unión Europea tras la invasión de Ucrania. Tomados en conjunto, estos dos frentes suponen que el 32,4% de las importaciones totales de aluminio de España estén hoy prohibidas o en riesgo extremo, sin alternativas inmediatas capaces de absorber un volumen similar. Esta situación se traduce en una pérdida de competitividad “directa y difícilmente reparable” frente a productores de terceros países, en especial aquellos con sobrecapacidad instalada, advierte la asociación.
Un sector estratégico atrapado en una “tormenta perfecta”
La industria de transformación del aluminio en España se ha consolidado como un activo estratégico para la economía nacional y para el tejido industrial europeo: factura más de 4.400 millones de euros al año y genera 17.000 empleos directos de alta cualificación. España es, además, el tercer mayor transformador de aluminio del continente, con una fuerte implantación en cadenas de valor críticas como la automoción, la construcción, la defensa y las energías renovables.
Sin embargo, este tejido industrial se enfrenta a lo que la AEA describe como una “tormenta perfecta”: a la debilidad estructural del suministro europeo se suma la prolongación de la guerra en Ucrania, la escalada en Oriente Medio, el giro proteccionista de Estados Unidos y prácticas de competencia desleal desde Turquía o políticas agresivas de compra de chatarra. El resultado es un horizonte crecientemente incierto para empresas que han invertido en calidad, certificaciones y sostenibilidad, y que ahora ven cómo se estrecha su margen frente a competidores con menores exigencias regulatorias.
La voz de la patronal del aluminio
La Asociación Española del Aluminio, organización sin ánimo de lucro que representa a unas 650 compañías —desde grandes multinacionales a pymes dedicadas a la extrusión, fundición, reciclado, tratamientos de superficie y distribución—, se ha erigido en portavoz de la preocupación del sector ante esta crisis de suministro. La entidad, que gestiona en España las principales marcas y sellos de calidad internacionales ligados al tratamiento de superficies (QUALANOD, QUALICOAT, QUALIDECO y QUALISTEELCOAT) y participa en diversos comités de normalización y organismos sectoriales, reivindica el papel del aluminio como material clave para un desarrollo industrial sostenible y competitivo.
En este contexto, la AEA reclama que se tenga en cuenta la condición estratégica del aluminio en las decisiones europeas y nacionales sobre seguridad de suministro, política comercial, transición verde y reindustrialización. La asociación insiste en que, sin un acceso estable y competitivo al aluminio primario, el conjunto de cadenas industriales que dependen de este metal —desde el coche eléctrico hasta las infraestructuras energéticas o las soluciones constructivas eficientes— verá comprometida su capacidad para mantener inversión, empleo y presencia en los mercados globales.







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