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Las consecuencias para la Armada española de perder su aviación de ala fija embarcada a examen

Bajo el título La aviación de ala fija embarcada, elemento esencial de la Armada española, el capitán de navío Luis Díaz-Bedia Astor, experto de la Armada española en el campo de la aviación naval de ala fija y doctor en Seguridad Internacional, expone detalladamente en la Revista General de Marina las consecuencias que tendría para la Institución la perdida de esta capacidad.

El comandante, con una larga experiencia a los mandos de los cazabombarderos AV-8B Harrier II de la 9ª Escuadrilla de la FLOAN (Flotilla de Aeronaves) de la Armada, tras resumir los poco más de 100 años de la aviación embarcada a nivel global, extracta las operaciones y capacidades de los diferentes modelos de Harrier  en la Armada desde que se incorporaran, en 1976, los AV-8A.     

Tras un breve capitulo en el que recuerda las naciones que han ido perdiendo este tipo aviación, enumera las capacidades de un grupo naval encabezado por un portaaviones o un LHD (Landing Helicopter Dock) con aviación de ala fija embarcado, como el “Juan Carlos I”.  Un grupo así tendrá rapidez de respuesta ante una crisis, capacidad de despliegue a cualquier región marítima del mundo,  gran movilidad estratégica,  mando y control integrado, autodefensa, que le proporcionan la propia aviación embarcada,  autonomía logística, interoperabilidad con unidades de naciones aliadas, versatilidad para efectuar misiones de varios tipos, tácticas o estratégicas y cambiar con facilidad de una a otra.

Pero donde es realmente contundente es al exponer “lo mucho que perderíamos”. Así, el capitán de navío Luis Díaz-Bedia Astor , al que  entrevistamos cuando estaba al mando de la FLOAN,  asegura que “nuestra Armada habría sido muy distinta sin el Harrier y que su evolución en el futuro cercano se verá afectada por la posesión o no de un avión que lo sustituya. Si perdiésemos nuestra aviación de ala fija embarcada, las consecuencias serían dramáticas:                                                                                    

-Desaparecería la capacidad de disuasión e influencia que nos proporciona un grupo de combate con aviación de ala fija, por su mera existencia o por su presencia en una zona de crisis.

-Se reduciría enormemente nuestra capacidad de control del mar y de protección de las líneas marítimas de comunicación.

-Nuestras fuerzas navales no contarían con cobertura aérea propia, salvo cuando operasen cerca del territorio nacional y pudiese proporcionársela el Ejército del Aire.

-Para nuestros buques anfibios y nuestras fuerzas de Infantería de Marina sería muy difícil, si no imposible, efectuar una operación puramente nacional de evacuación de no combatientes, por la falta del imprescindible apoyo aéreo en la zona de operaciones. Solo quedaría la opción de su empleo como parte de una fuerza multinacional, con el apoyo de aviones embarcados de otras naciones.

-Nunca podríamos liderar una operación multinacional que requiera la actuación de un grupo de combate y nuestra participación se limitaría a la aportación de buques de escolta, logísticos o submarinos, para acompañar a portaviones o buques LHD de otras naciones.

-En caso de conflicto se reducirían las capacidades de defensa aérea de la fuerza naval y de ataque a fuerzas navales oponentes; no nos podríamos arriesgar a realizar operaciones anfibias sin aviones que garanticen la defensa aérea y que proporcionen apoyo aéreo cercano a las fuerzas de desembarco; se perdería la capacidad de alcanzar objetivos tierra adentro, a no ser que pudiésemos equipar a nuestros buques y submarinos con misiles de ataque a tierra.                                                                           

-Nos quedaríamos tecnológicamente por detrás de un buen número de naciones aliadas o amigas y se vería mermada nuestra interoperabilidad con sus fuerzas aeronavales, especialmente en lo relativo a la capacidad de operar en red.

-Aumentaría el riesgo de que potenciales adversarios lleguen a alcanzar o a sobrepasar nuestras capacidades.

- Se limitaría drásticamente nuestra capacidad de acción independiente, España perdería relevancia en el seno de las organizaciones multinacionales a las que pertenece y se reduciría su capacidad de influencia en regiones consideradas de interés estratégico.

Además, la posesión de un portaviones o LHD construido en España constituye un elemento de gran prestigio para nuestra nación y proporciona un gran valor añadido a nuestra industria naval. Se ha demostrado con la construcción en Ferrol del portaeronaves “Chakri Naruebet” para la Real Armada de Tailandia, y de los LHD  “Adelaide” y “Canberra” para la Real Marina Australiana, así como la construcción en Turquía para su Marina del “Anadolu”, también basado en el “Juan Carlos I”. La pérdida de la aviación de ala fija embarcada y de un buque capaz de llevarla a bordo afectaría a la confianza que proporciona, a posibles clientes, el que tengamos en servicio un buque de este tipo construido por nuestra industria naval.                               

El “Juan Carlos I” fue diseñado para poder embarcar el F-35B, el único avión de combate que puede tomar verticalmente y por tanto sustituir al AV-8B Plus. La adquisición de este avión permitiría a España disponer de una moderna aviación de combate embarcada, que garantizaría la capacidad de proyección en escenarios alejados de nuestro territorio nacional, con unas características superiores a las de posibles amenazas e interoperable con los medios militares de un buen número de naciones aliadas y amigas que ya lo están incorporando”.

Finalmente el capitán de navío, concluye : “La importancia de la aviación de ala fija embarcada sigue siendo plenamente vigente en la actualidad. Un grupo de combate centrado en un portaaviones o en un LHD posee unas capacidades que le permiten controlar amplios espacios marítimos, negar su uso a un adversario o alcanzar objetivos en escenarios alejados, no solo en zonas litorales, sino también tierra adentro. Puede así, constituir un medio de disuasión por su sola existencia o por su presencia, e influir de manera significativa en el desarrollo de una crisis.

Por ello, las naciones que pretenden mantener o incrementar su pujanza a nivel global o regional la consideran como un elemento fundamental de sus fuerzas navales.  Si España quiere que la Armada tenga una relevancia acorde con su importante posición geoestratégica y con el peso que debe tener en la Unión Europea y en la Alianza Atlántica, que sea capaz de influir en las regiones de interés y de afrontar los retos que se puedan presentar en el futuro, así como de seguir garantizando el prestigio de su industria naval, debe mantener su aviación de ala fija embarcada.  Solo el F-35B puede sustituir al Harrier, debido a que es el único avión de nueva generación de despegue corto y toma vertical, por lo que el “Juan Carlos I” ha sido diseñado para poder operar con él. Su incorporación no solo posibilitaría mantener la necesaria capacidad de proyección, sino incrementar la eficacia en todo tipo de misiones, dadas sus innovadoras características y su superioridad sobre la mayoría de los aviones de combate actuales, a un precio que ha descendido de forma significativa durante los últimos años.                                                                                         

La adquisición del F-35B permitiría a nuestra Armada disponer de un grupo de combate dotado de aviones de 5ª, que operarían en red con las fragatas F-100 y F-110, lo que le proporcionaría unas capacidades muy superiores a las actuales, gran interoperabilidad con nuestros aliados, facilidad de integración en fuerzas multinacionales y una significativa ventaja operativa sobre posibles amenazas. Podría así seguir contribuyendo, de manera destacada, a la defensa de España, a la protección de sus intereses nacionales y a la seguridad internacional, incluso en los lugares más remotos”.   Remata su trabajo el Comandante, con un elocuente “El futuro ya está aquí, no nos podemos permitir dejarlo pasar”. (Julio Maíz Sanz)

Fotografía: El cazabombardero F-35B, de los Marines de los Estados Unidos, único sustituto posible del AV-8B. (foto USMC)


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