Dando un giro de 180º, el Gobierno de España pasó de no poner ningún impedimento al empleo de las dos bases de utilización conjunta con los Estados Unidos para el despliegue de sus aviones militares hacia la zona de acción contra Irán a prohibir su uso.
Una de las principales funciones de las dos instalaciones de uso compartido de los Estados Unidos en España, la Base Aérea de Morón (Sevilla), que pertenece al Ejército del Aire y del Espacio, y la Base Aeronaval de Rota (Cádiz), de la Armada española, es facilitar los despliegues de aeronaves entre la costa Este de los Estados Unidos y Oriente Medio. Para estas misiones es esencial que los aviones de combate de Estados Unidos crucen el Atlántico apoyados por aviones de reabastecimiento en vuelo o cisternas, los veteranos Boeing KC-135 y los modernos KC-46.
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Uno de los nuevos KC-46 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. (foto USAF)
Así, desde los pasados meses de enero y febrero ambas instalaciones han sido cruciales para el despliegue de los aviones de combate de la Fuerza Aérea y la Marina de los Estados Unidos. A finales de enero, cuatro de los aviones de guerra electrónica Boeing EA-18G Growler de la Marina de los Estados Unidos o US Navy llegaban a Morón procedentes de la Costa Este y siguieron, tras repostar y descansar en la instalación andaluza, su viaje hasta la base Muwaffaq Salti, en Jordania. La presencia de estos aviones altamente especializados en misiones de distorsión de radares y comunicaciones, equipados con los pod ALQ-99 y el de nueva generación ALQ-249 NGJ-MB, era más que significativa, ya que se sabía que a primeros de año habían encabezado el raid contra Caracas, en el que se extrajo al dictador Nicolás Maduro.
Incluso en esos días, un cisterna KC-46 sufrió un percance en Morón, lo que le obligó a abortar el despegue, lo que motivó, al frenar, que reventasen buena parte de sus neumáticos y dejase temporalmente obstruida la pista principal.
Una vez desplegada toda la fuerza en los últimos días de febrero, varias bases, incluidas las citadas, se quedaron relegadas a posicionar los ciento y pico aviones cisternas desplegados para la operación, hasta que la mañana del pasado 28 de febrero se inició el ataque contra Irán, apoyado por Israel. El concurso de esa flota, sobre todo la desplegada más cerca del Golfo Pérsico, ha sido fundamental, sobre todo para apoyar las acciones de los aviones de combate de la Fuerza Aérea y del Espacio de Israel, que cuentan con una capacidad en ese campo cada vez más limitada.
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Los veteranos KC-135 siguen siendo un elemento esencial para los Estados Unidos, aquí vemos uno rodando en la Base de Moron. (foto Julio Maiz)
El Gobierno de España se posicionaba abiertamente contra una operación no sujeta a las normas establecidas de intervención internacional. Así, llegamos al 2 de marzo, cuando los 26 KC-135 y KC-46 estacionados en las bases españolas han ido despegando progresivamente camino de otras instalaciones de los aliados fiables de la OTAN, como las de Ramstein en Alemania y las de Istres en Francia.
La mañana del 2 de marzo, cuando ya los drones iraníes atacaban las bases de Chipre, territorio de la UE, la ministra de Defensa de España razonaba que, a pesar de que en el uso de bases rige un convenio con Estados Unidos, ese tipo de actuaciones requiere “amparo internacional” en forma de una resolución de la ONU. Pero el ataque contra Irán carece de ese “marco de legalidad internacional”. “Estados Unidos e Israel están actuando unilateralmente, sin apoyo de una resolución internacional y no están usando esas bases”, ha insistido Robles, que ha reiterado que “rotundamente no, en las bases que hay en Morón y en Rota no se ha dado ningún tipo de asistencia”, obviando el papel previo, determinante en el despliegue de la fuerza.
Justo en un momento en que los aliados europeos encabezados por Reino Unido, Alemania e incluso la siempre reticente Francia dan un abierto apoyo a Estados Unidos frente a Irán, que está atacando con sus misiles varias ciudades del Golfo Pérsico, España instó a no utilizar las bases, una política de consecuencias imprevisibles en el futuro, ante otros eventuales conflictos. (Julio Maíz)






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