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España: Las policías y su capacidad antiterrorista real

En España, algunas planificaciones, como la pretendida adquisición de blindados para uso policial por parte de organizaciones de carácter estatal y autonómico, es bastante probable que se pospongan o se abandonen. Hoy el objetivo es otro. En este marco general nada positivo para las Fuerzas de Seguridad del Estado en España, desde las nacionales a las autonómicas y locales, vamos a abordar una presentación genérica de lo que son las capacidades reales que se tienen hoy para hacer frente a la hipótesis de un ataque por parte de terroristas o de enajenados armados que intenten causar un gran número de bajas entre la ciudadanía.

Han pasado ya tres años del atentado de Barcelona, y de otros que azotaron París, Londres, Niza y otras ciudades europeas y algunos países han hecho los deberes generando unos recursos antiterroristas mucho más eficientes y capaces. Otros, con programas que se han ido atrasando, van a ver ahora, como consecuencia de la actual crisis económica que nos azota y azotará, que va a ser casi imposible derivar recursos en cantidad hacia determinadas áreas, las policiales entre otras.

Estamos mejor

Por lo que hemos ido conociendo en los últimos tiempos, se han abordado algunos cambios que, con total seguridad, hacen que las estructuras policiales españolas sean hoy bastante más eficaces de lo que eran sólo hace unos  años. En ese sentido, se ha ido incidiendo en la realización de simulaciones en las que intervenían distintos núcleos para actuar de forma más eficiente y rápida y ahora son más comunes las prácticas de núcleos tácticos en lugares como centros comerciales o transportes de pasajeros relacionados con el flujo diario de personas.

Se ha apostado también por renovar la capacidad de armas, con compras que han llevado a generalizar los fusiles del 5,56x45 mm. en colectivos que son distintos de los que focalizan su trabajo en el asalto policial. Han trascendido variaciones en los dispositivos clásicos para contar con más recursos y potencial en diferentes zonas de las grandes ciudades, porque la rapidez es básica para neutralizar buena parte de las amenazas.

Se ha apostado por la transformación de las capacidades de unidades especializadas en antiterrorismo o en orden público para que puedan involucrarse mejor, tanto en la vigilancia de puntos sensibles, como en la intervención inmediata, pues reparten algunos de sus recursos en aquellas zonas y lugares en los que se ha valorado que la amenaza es mayor. Como verá el lector, la situación no parece negativa y, realmente, no lo es. Es verdad que sería conveniente una mayor dimensión y potencial real de actuación, pero España, en términos generales, dispone de recursos humanos y materiales de calidad y en cantidad.

Podría ser mejor, sí, pero también podríamos estar peor. Hay que dejar claro que se han hecho esfuerzos y que hay que seguir haciéndolo, en la medida de lo posible, para no perder esas capacidades que se han obtenido. Los terroristas, actuando tanto en grupo como a modo individual, siguen siendo una amenaza palpable y clara para el estilo de vida occidental y hay que estar preparado para acabar de forma diligente con cualquier ataque.

Aquellos involucrados en esa capacidad también lo están para actuar, si procede, contra sujetos que, esgrimiendo voluntades agresivas, intenten actuar contra otros ciudadanos. Ante esas amenazas, y dentro de lo que se conoce como protocolos Amok, es importante actuar en el menor tiempo posible sobre el objetivo para que no pueda causar más víctimas y después poder atender a los posibles heridos. Para frenar tanto a individuos como a colectivos se hacen esfuerzos a distintos niveles. Los de Información e Inteligencia son sutiles pero imprescindibles y tienen que seguir pasando desapercibidos para la mayoría.

Los datos y análisis que realicen, así como determinados seguimientos, pueden evitar que una situación crítica acontezca. Pero no se puede ser eficiente al ciento por ciento y ahí está la respuesta en la que nos vamos a centrar ahora. Alguno pensará ya en los grupos de asalto policial más conocidos. A esos colectivos, por su carácter, preparación, equipamiento y potencial, los vamos a dejar para el final. Hay muchos otros que si ocurre una situación crítica se verán abocados a actuar.

Dejando de lado aquellos agentes asignados a tareas de seguridad ciudadana, que seguro son los primeros en intervenir(1) o en verse envueltos en las situaciones críticas a las que nos estamos refiriendo, hay otros que cooperan con ellos y que ahora es bastante común ver formando parte de dispositivos estáticos o dinámicos en el centro de las grandes ciudades, en estaciones de tren o aeropuertos, en centros comerciales, o en lugares de gran afluencia de turistas.

Lo que se ha hecho es, dado que el peligro es permanente pero no inminente, buscar una serie de recursos que ya se tenían para adaptarlos a la necesidad actual. Se pretendía, de manera especial, una serie de agentes bien capacitados desde el punto de vista físico y con una dilatada experiencia en distintas áreas, que pudiesen adaptarse con rapidez y facilidad a una nueva situación.

Se les demandaba que fuesen el primer contingente con capacidad táctica real y se ha actuado diligentemente en esa obtención a través de cambios como los relacionados con su preparación, incidiendo en un mayor índice de adiestramiento, especialmente focalizado al establecimiento en vía pública de dispositivos de contención y neutralización de amenazas(2), que tienen que ser rápidos en concreción y especialmente precisos en su ejecución, para así evitar heridos o muertos entre los ciudadanos a los que se busca proteger. También en su armamento, ahora más contundente y basado tanto en subfusiles como los Heckler & Koch UMP y MP5 del 9x19 mm. Parabellum o los fusiles de asalto del 5,56x45 de las versiones más compactas C de los G36 de mismo fabricante alemán de los anteriores.

Se han vuelto a desplegar también las escopetas y algunos han evaluado dotar a las pistolas del 9x19 mm. con carcasas con culata que, como las del concepto USW (Universal Service Weapon), permiten afianzarlas mejor para avanzar hacia rangos de eficiencia superiores a los 50 m. y próximos a los 100. Een espera de que pueda concretarse esa mejora, lo que si se ha hecho es proveer a algunos con prendas antibala provistas con gruesas placas, que son capaces de detener proyectiles disparados por fusiles de asalto como los AK-47 del 7,62x39 mm., clásicos en el mundo terrorista, introduciendo también los escudos antibala en sus furgones o vehículos para tenerlos a mano(3).

Responder a la amenaza

Los primeros intervinientes de carácter más táctico(4), en los que se englobarían esos colectivos policiales -en nuestro análisis hemos tenido en cuenta tanto información oficial como otra obtenida a través de diversas fuentes-, han sido organizados sobre todo con núcleos que hasta ahora concentraban buena parte de su actividad en la gestión del control de masas, lo que más comúnmente se conoce como antidisturbios, por lo que su obtención se ha logrado gracias a la implementación de un proceso de transformación y adaptación al rol de antiterrorismo, que ha exigido en ellos pocos cambios.

Dentro de la Dirección General de la Policía Nacional (DGPN), una organización a la que aún muchos llaman Cuerpo Nacional de Policía (CNP), encontramos recursos interesantes y amplios integrados en la Comisaría General de Seguridad Ciudadana. En su estructura se incluyen las UIP (Unidad de Intervención Policial) y las UPR (Unidad de Prevención y Reacción).

Las primeras, creadas por aplicación del Real Decreto 1668/1989 y caracterizadas por su movilidad, al operar su personal agrupado en pequeños núcleos que se mueven en vehículos y furgonetas acondicionadas para sus cometidos, de las que poseen más de 400, son actualmente once, distribuidas por diferentes puntos de la geografía peninsular e insular -operan desde sus sedes en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Granada/Málaga, Pamplona/Bilbao, Valladolid, La Coruña/Vigo, Oviedo, Las Palmas/ Santa Cruz de Tenerife, y Zaragoza- en las que encontramos un número variable de grupos y subgrupos operativos de forma que en total los agentes orgánicos en ellas son una cifra que podíamos situar próxima a los 2.500.

Las segundas, originadas en la Orden INT/28/2013 de 18 de enero y englobadas, junto a otros recursos especializados, dentro de la Jefatura de Unidades Especiales, son mucho más compactas en su entidad y con un potencial menor en lo que a recursos y preparación se refiere, aunque por su carácter especial hemos decidido incluirlas entre aquellas que pueden, en un momento dado, hacer frente de forma realista a la amenaza que nos ocupa en estas páginas. Complementariamente, no hemos de olvidar el papel que en algunas ciudades más pequeñas podrían tener los GOR (Grupo Operativo de Respuesta) de la DGPN.

Por su parte, la Guardia Civil mantiene en su actual estructura a la Agrupación de Reserva y Seguridad (ARS), que fue creada por la Orden General de 21 de junio de 1988 y engloba a los GRS (Grupo de Reserva y Seguridad) desplegados en Madrid -éste el mayor con una plantilla de 348-, León, Pontevedra, Santa Cruz de Tenerife, Zaragoza, Barcelona, Sevilla y Valencia, personal del que hay que destacar las capacidades más tácticas que podrían asignárseles a sus MEI (Modulo Especial de Intervención) o a sus especialistas en ambientes contaminados NRBQ (Nuclear, Radiológico, Biológico y Químico).

Recursos complementarios serían los que se aportan desde las USECIC (Unidad de Seguridad Ciudadana de Comandancia), organizadas en las cabeceras de las comandancias que la Benemérita tiene en la mayoría de provincias españolas -su entidad varía, pero, por ejemplo, en la de Valladolid hay una veintena de efectivos-, pudiendo comentar que en Gijón se organizó(5) hace poco la Unidad de Reacción Operativa (URO), que tiene carácter experimental y se focaliza a servicios que requieren de una exigente preparación previa y técnica.

En el marco de las estructuras policiales autonómicas también se mantienen una serie de capacidades de las que nos haremos eco. Importante, porque buena parte de sus servicios los desarrollan en las calles y están prestos a intervenir de inmediato si se les llama, son las designadas PRI (Patrulla de Prevención y Respuesta Inmediata), de las que tres fueron creadas en 2016 en el seno de la Ertzaintza para cubrir las capitales de la Comunidad Autónoma Vasca, incluyéndose en ellas personal disponible durante las 24 horas del día y los 365 días del año, gracias a que se desplazan en furgonetas Bizkor especialmente acondicionadas, que les permiten tener a mano subfusiles MP5, escopetas del calibre 12, escudos antibala,…, para contar con mayor capacitad de enfrentarse a diferentes tipos de amenazas terroristas o de delincuencia común.

Dentro del GAR de la Guardia Civil se ha organizado una célula de Respuesta y Rescate con personal capacitado en técnicas sanitarias para incidentes con un amplio número de bajas (foto Octavio Díez Cámara).

Dentro de la Policía Foral de Navarra se dispone de unos 70 efectivos adscritos a la División de Intervención. Por su parte, en el seno del Cuerpo de Mossos d’Esquadra (CME) se han potenciado bastante en los últimos años, y parte de ellos fueron los primeros intervinientes en el atentado de Barcelona de agosto de 2017, las capacidades de núcleos como las ARRO (Área Regional de Recursos Operativos), organizadas en cada una de las nueve regiones policiales en las que se divide a Cataluña o de la Brigada Móvil (BRIMO) perteneciente a la Comisaría General de Recursos Operativos (CGRO) y formada por más de 500 dragones -apelativo que algunos dan a sus policías por ser el del código radio que identifica a sus furgonetas- organizados en seis grupos, siendo de destacar que tras implementar el Plan de Acción de 2012 han estado siempre involucrados en el Plan de Prevención Antiterrorista, que implica despliegues de sus furgones de dos en dos en diferentes puntos de la geografía catalana y, en especial, de Barcelona.

No hay que olvidarse tampoco de que en el marco de las policías locales y municipales españolas, y sobre todo en función de las necesidades asociadas a su ubicación o problemáticas específicas concretas, se han ido organizando equipos de trabajo más cualificados para responder a incidentes de mayor peligrosidad, esfuerzo en el que podríamos incluir ejemplos como el Grupo Operativo y Táctico (GOT) de la Policía Local de Roquetas de Mar, la Unidad de Intervención Policial (UNIPOL) de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife, la Unidad de Intervención Inmediata (UII) de la Policía Local de Palma de Mallorca,…, o la Unidad de Refuerzo a Emergencias y Proximidad (UREP) recientemente constituida en la Guardia Urbana de Barcelona para reemplazar a las unidades de Policía Administrativa y de Seguridad (UPAS) que incomodaban a la alcaldía que preside Ada Colau.

En el caso de las de carácter municipal, diremos que, aunque su personal está más capacitado en aspectos físicos y tácticos, adolecen de pistolas de gran poder de parada o de armas largas, que serían óptimas para la función que tendrían que asumir en el caso de tener que afrontar la presencia de sujetos con armas o explosivos.

Grupos de asalto

Los recursos señalados con anterioridad son importantes. No obstante, la mayor capacidad de actuación en aquellas situaciones más críticas ya declaradas, y siempre que los plazos de oportunidad de actuación así lo posibiliten, es la que les correspondería a otros núcleos policiales que focalizan más su capacitación y equipo a lo que requiere el tener que enfrentarse a situaciones explosivas en las que se ha de intervenir, tanto para neutralizar a agresores, como para salvaguardar la vida de ciudadanos.

Esos colectivos son los generalmente llamados grupos de asalto policial. En España hay organizados varios de ellos y los más conocidos tienen una merecida fama internacional, formando tanto el Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la DGPN como la Unidad Especial de Intervención (UEI) de la Benemérita parte de la estructura de grupos europeos Atlas, en las que se trata sobre temas conjuntos que incidan en una mejor cualificación personal y colectiva para afrontar diferentes tipos de amenazas y, en especial, las derivadas de actuaciones terroristas.

Del GEO, que ocupa unas singulares instalaciones en las afueras de Guadalajara y que sólo hace unos meses cumplió cuarenta años de existencia, comentaremos que tiene dependencia de la Dirección Adjunta Operativa, que su máximo responsable es un comisario jefe y que en el Grupo priman tres elementos: selección, medios y entrenamiento.

Cerca de dos terceras partes de sus 200 policías están focalizados en los operativos de carácter más táctico y, junto a elementos orgánicos de apoyo y distintos servicios de diferentes tareas, se agrupan en el Servicio de Coordinación Operativa, que comprende la Sección Operativa Técnica (SOT), a la que se encomiendan estudios y planificaciones; y los grupos operativos 10, 20 y 30 organizados sobre la base de subgrupos operativos y comandos -éstos de 5 policías- con los que se constituyen las estructuras de trabajo que los distintos servicios pueden requerir. Se mantiene un núcleo de respuesta de alerta rápida que se pondría en marcha de inmediato ante cualquier incidente y a mediados de 2017 se activó en marcha un dispositivo con una decena de funcionarios y varios vehículos destacados de forma permanente en Madrid para poder así atender a cualquier alerta o situación crítica.

Reforzando la capacidad, pero con cometidos que les llevan a apoyar más el día a día de las jefaturas superiores con jurisdicción donde se ubican y a otros núcleos especializados, que incluyen a la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO), encontramos a los GOES (Grupo Operativo Especial de Seguridad), que surgieron ahora hace tres décadas siguiendo el modelo de los SWAT (Special Weapons And Tactics) implantados en muchas ciudades estadounidenses.

En su evolución han pasado a tener una dependencia orgánica y funcional del GEO. Para garantizar una mayor eficiencia, al ser un recurso pequeño en cuanto a su entidad de personal -entre 10 y 15 efectivos en cada uno de esos grupos- se optó por disgregarlos en distintos puntos, por lo que ahora, tras organizarse alguno como el de San Sebastián, que fue disuelto hace años, los hay hoy en ciudades como Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria, Sevilla, Bilbao, Málaga, Valencia, Zaragoza, La Coruña y Madrid, este último formando parte del Departamento de Seguridad de la Presidencia del Gobierno. 

Si los recursos de la Policía son amplios, los de la Guardia Civil no se quedan atrás en lo que a número de hombres y capacidad real de hacer frente a los complejos escenarios que se pueden derivar de una acción terrorista. Su elemento táctico de referencia es la UEI, acuartelada en Valdemoro (Madrid), en un espacio que hasta incluye el fuselaje de un avión de transporte de pasajeros y un vagón de tren donde realizar adiestramientos en intervenciones de tipo tubular.

Los guardias que forman parte de ella son, si nos atenemos a las cifras hechas públicas por la Benemérita hace unos años en un folleto informativo, menos de 70, colectivo de una dilatada experiencia operativa, valía demostrada y muy bregado, pues sus destacamentos suelen ser enviados a cualquier punto de España para llevar a cabo aquellas misiones de más alto riesgo en las que su pericia sea menester.

Ese mismo carácter de tener contingentes siempre destacados a diferentes puntos de la geografía española define al Grupo de Acción Rápida (GAR) de Logroño(6), que suma unos 200 efectivos con un dilatado bagaje y especialmente cualificados para lo que nos ocupa, núcleo que perfecciona sus capacidades con cierta frecuencia en unas amplísimas instalaciones de formación que conforman el Polígono de Experiencias para Fuerzas Especiales (PEFE), provisto con calles, edificios, pisos,…, donde se simulan con gran realismo las necesidades propias de una intervención neutralizadora de sujetos  agresivos armados.

Complementando ambos colectivos, y con una tarea focalizada en las áreas donde tienen competencia los cuerpos a los que pertenecen, encontramos a tres unidades más de policías tácticos de carácter autonómico. El más compacto, con una decena de efectivos, es el Grupo de Intervenciones Especiales (GIE) de la Policía Foral de Navarra, que lleva ya quince años activo y realizando distintos tipos de actividades.

En el seno de la Jefatura Central de Seguridad institucional de la Ertzaintza encontramos a la Unidad de Intervención -identificada aún por muchos por las siglas BBT (Berrozi Berezi Taldea), pues ocupa un espacio único y discreto en el valle de Berrozi, a unos 20 km. de Vitoria-, un selecto grupo de agentes que se adiestra en un exigente curso que dura cinco meses y les capacita para formar parte de los dos o tres equipos operativos que tienen activados, pues eran una treintena y su número se ha podido ver afectado en los últimos tiempos por distintos acontecimientos de orden interno, que les han llevado a ser noticia en diferentes medios de comunicación.

Más capacidad, después de que se estén realizando esfuerzos para que la entidad pueda aproximarse al medio centenar de efectivos, la encontramos en el Grupo Especial de Intervención (GEI) del CME (Cos de Mossos d'Esquadra), que tiene su sede en el Complejo Egara de Sabadell (Barcelona) e incluye en su estructura tanto a la Unidad de Instrucción y Apoyo Operativo, como a la Unidad Operativa, compuesta por los grupos ULI-10 y ULI-20, que se activan de forma que entre las siete de la mañana y las diez de la noche siempre haya personal en disposición de reacción inmediata. Fuera de ese horario hay un grupo de guardia que puede alertarse si así se necesita.

Acabaré estas páginas apuntando que la activación de los grupos de carácter táctico más capaces requerirá en el mejor de los casos una media hora entre que reciban el aviso y se puedan personar en un determinado incidente, tiempo de respuesta que cuando se trata de un ataque indiscriminado es especialmente largo y requerirá de labores inmediatas de contención y neutralización por parte de otros colectivos de agentes, entre los que se incluirían buena parte de los núcleos que hemos citado en el primer segmento de este análisis.

Por estar usualmente destacados a diferentes puntos de las ciudades, estarán en disposición de actuar con más inmediatez y de forma diligente contra aquellos que sean una amenaza, siendo, en mi opinión, imprescindible avanzar para dotar a ese personal e incluso a otros colectivos con armas largas y prendas antibala de gran poder de parada que en sus servicios les permitiría tanto una actitud disuasoria, como una respuesta certera que generara el menor número de bajas posibles entre los ciudadanos. Planes había para ello, pero otras situaciones llegan y hacen que nos podamos olvidar de la amenaza terrorista. Es momento de sumar esfuerzos y no dejar de lado el actuar para poder hacer frente a necesidades que son claras y están perfectamente definidas.

NOTAS

(1) Hay que hacer que conozcan una serie de protocolos y procedimientos básicos a seguir en los primeros momentos, pues no hay tiempo que perder en la reacción propia.

(2) No debe olvidarse la eficiencia que su mera presencia, disuasoria para muchos hostiles, puede generar en un determinado entorno o lugar concreto.

(3) Almacenar determinados recursos en las bases no es lo más rentable, pues cuando se necesiten lo más seguro es que no se disponga de ellos.

(4) Sigue habiendo determinados desfases entre lo que se difunde en las páginas oficiales de las diferentes organizaciones policiales españolas y lo que es su realidad.

(5) Así se difundió en la prensa generalista local hace un par de años.

(6) En su evolución se le llamó durante muchos años, en los que estuvo directamente enfrentado a ETA, Grupo Antiterrorista Rural, lo que ya es definitorio de lo que focaliza sus capacidades.

 


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