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Espíritu de lucha: La fortaleza de La Legión

Con todas las prevenciones que el análisis de una guerra en curso exige, como es la de Ucrania, sometida a la deformación de la propaganda, hay un elemento que se ha revelado fundamental: el espíritu de lucha.

No son pocos los medios occidentales, y particularmente los españoles, que han recogido este espíritu de lucha del pueblo ucraniano y sus Fuerzas Armadas con admiración y, también, sorpresa. Esta sorpresa pudiera relacionarse con la imagen que nos trasladan encuestas como la del CIS de hace diez años, en la que más de la mitad de los ciudadanos rechazaría o se mostraría reacio a tomar parte en la defensa de España si fuera atacada(1).

Recientemente, la ministra de Defensa señalaba que gracias al espíritu de sacrificio, el coraje y al valor de militares y ciudadanos ucranianos, Putin ya no podrá conseguir sus objetivos(2). Son los valores y, singularmente, el espíritu de lucha, los que han parado el primer golpe de la impresionante ofensiva rusa. Determinantes han sido un destacado liderazgo político, una preparación concienzuda de la defensa, y una asistencia militar internacional, sin las que difícilmente las energías espirituales hubieran dado su fruto.

La doctrina militar española(3) señala que la capacidad de combate descansa en tres componentes: el moral, el intelectual y el físico. Los dos últimos se refieren a factores objetivos, mesurables, como son el disponer de los conocimientos -el saber- y el contar con el personal y material necesario, el poder. El componente moral es el más complejo y difícil de medir, es el querer luchar. Se apoya exclusivamente en valores morales, que no se pueden adquirir como un arma, ni adiestrar en unas rápidas jornadas de instrucción.

El derrumbe moral siempre es previo al golpe enemigo, no consecuencia de este. Si el componente moral es fuerte, actúa como el cimiento que mantiene a todos en su puesto y los anima a seguir adelante. Además, el componente moral es contagioso en ambos sentidos. Si es sólido, genera cohesión y espíritu de lucha; y si es débil conducirá a la disgregación y el pánico. Todo esto justifica la atención, el mimo y la perseverancia con los que las Fuerzas Armadas cuidan la formación en valores.

Los soldados necesitan prepararse para el enorme coste físico y emocional de la guerra. Esta preparación es lenta y donde se consigue de forma más eficaz, incluso acelerándola, es en el marco de la unidad donde está encuadrado. Las razones que conducen a un ciudadano a alistarse son variadas, desde la más profunda vocación de servicio a la patria y sus conciudadanos, hasta el más prosaico y legítimo de buscar un sustento, pasando por el reclutamiento forzoso.

Espíritu de unidad

Pero más allá de los sentimientos que animen esa voluntad inicial en el momento en el que la misión o las órdenes recibidas implican arriesgar la vida, son valores mucho más tangibles los que animan al combatiente. El importante estudio que realizó el Ejército de Estados Unidos para analizar el comportamiento de sus soldados en la II Guerra Mundial(4), y que sigue siendo referente en psicología militar, señala que el valor en la línea de fuego no se mantuvo por los ideales patrióticos ni el odio al enemigo, sino por la lealtad a su unidad y las relaciones primarias establecidas con sus compañeros.

En palabras de los autores, el grupo primario cumple dos funciones principales en la motivación para el combate: establece y acentúa las pautas de comportamiento del grupo y conforta y protege al individuo en una situación de tensión que, de otra manera, no sería capaz de soportar. En resumen, son los lazos que unen a las personas, la lealtad y confianza en el jefe inmediato, el compañerismo y el espíritu de unidad los que animan al soldado a abandonar la seguridad de la trinchera y jugarse la vida asaltando la posición enemiga.

Por eso es tan importante mantener los lazos orgánicos en el día a día del adiestramiento de las pequeñas unidades. Los vínculos de confianza y compañerismo que se generan favorecen la cohesión del grupo y su resistencia ante la adversidad. Pero esto no es suficiente. El soldado debe interiorizar, al igual que hace con las destrezas básicas del combate, los valores que le animarán a soportar el tremendo desgaste del combate.

El espíritu de compañerismo (foto Ejército de Tierra).

El “Credo Legionario”

La Legión ha sublimado esta formación, conformando un fuerte espíritu de cuerpo en torno a su Credo Legionario, que favorece la asunción de los valores que deben animar al alma del soldado y aseguran su eficacia en el combate. Fue el fundador de La Legión, el teniente coronel Millán Astray quien, con su amplia experiencia en combate, y conocedor de la importancia y necesidad de contar con un compendio de valores militares de fácil comprensión y asimilación, concibió el Credo Legionario como elemento nuclear de la instrucción moral.

Él mismo lo definió como la base espiritual de la Legión, médula y nervio, alma y rito de ella(5). Su lectura nos revela la importancia que concedió a los valores que fortalecen el espíritu de unidad y la unión entre compañeros. Junto a ellos están los orientados a fortalecer el espíritu de sacrificio, el valor y acometividad en combate. Todo ello para que, sugestionados con estos sentimientos, vencieran el instinto y no temiesen la muerte.

No era suficiente la redacción de un código deontológico, si este quedaba impreso y frio en un manual de instrucción. Exigió que fuera repetido todos los días e interpretado en cada momento, expuesto en paredes y dormitorios como constante recordatorio. Hoy sigue siendo recitado en toda ocasión, al inicio y al final de la jornada, en la instrucción y adiestramiento diario, en actos festivos, y también en los momentos de dolor por la pérdida de un compañero. Al Credo Legionario se une, con el mismo fin, un rico abanico de ritos y tradiciones que fortalecen estos valores y cohesionan la unidad.

El espíritu de marcha (foto Ejército de Tierra).

El lema Legionarios a luchar, legionarios a morir es un buen ejemplo. Convertido desde la fundación en contraseña de los toques de corneta, acompañaba a los legionarios en cada orden que se daba en el combate. Hoy suena en cada toque que regula la vida legionaria en sus cuarteles, con una singular curiosidad: En La Legión, la contraseña no precede al toque de silencio, sino que suena tras él, con lo que el legionario, lo primero que escucha -a diana- y lo último -a silencio- es su lema.

Los himnos son también parte de un ritual pensado para fortalecer el espíritu de cuerpo, que es espíritu de combate. El propio Millán Astray se refería a ellos como el himno nupcial del soldado cuando va a desposarse con la muerte. Son ya parte de la cultura popular y están intrínsecamente unidos a La Legión, de la que son seña de identidad. Son espíritu de cuerpo transformado en música. Sus letras son un canto al valor y la muerte en combate.

Tercios heroicos, Legión valiente/Que en la vanguardia sabéis morir, del primer himno que tuvo La Legión; o Mi divisa no conoce el miedo, mi destino tan solo es sufrir, del actual himno oficial. Los primeros versos del célebre Novio de la muerte, cuyo título ha bautizado a los legionarios: Nadie en el tercio sabía/quién era aquel legionario/tan audaz y temerario/que a La Legión se alistó. En La Legión, esto se une a un conocimiento y veneración por su historia, sus hazañas y sus héroes.

Son parte de la formación moral que se imparte en las compañías. No hay legionario que no conozca al cabo Suceso Terrero y su defensa del Blocao de la muerte en la campaña de Melilla de 1921; o al legionario Maderal Oleaga y su lealtad en la acción de Edchera en el Sahara de 1958. Son modelos del valor, acometividad, serenidad y espíritu de lucha, virtudes que las Reales Ordenanzas atribuyen al buen combatiente(6).

La guerra está vinculada, en sus resultados, a disponer de un material tecnológicamente sofisticado y a un sólido conocimiento de sus procedimientos, pero es, ante todo, una experiencia profundamente humana, donde el liderazgo, la moral, y una base ética sobre la cual luchar, es el factor determinante que diferencia a los contendientes. Su importancia es capital, y de ella dependerá la victoria, incluso en situaciones desfavorables, como la historia se ha empeñado en demostrar.

La fortaleza de La Legión es su espíritu de cuerpo y su columna vertebral el Credo Legionario. Para asegurar su espíritu de lucha, demostrado en cuantas ocasiones se le ha exigido, se debe conservar este tesoro heredado de los tiempos fundacionales, asentado en el más antiguo espíritu militar español, y fortalecido por unas tradiciones que lo enriquecen e identifican.

La importancia de la tradición: La Legión y su Cristo de la Buena Muerte

CREDO LEGIONARIO

El espíritu del legionario

Es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.

El espíritu de compañerismo

Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.

El espíritu de amistad

De juramento entre cada dos hombres.

El espíritu de unión y socorro

A la voz de A mí la Legión, sea donde sea, acudirán todos, y con razón o sin ella defenderán al legionario que pide auxilio.

El espíritu de marcha

Jamás un Legionario dirá que está cansado, hasta caer reventado, será el cuerpo más veloz y resistente.

El espíritu de sufrimiento y dureza

No se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed ni de sueño. Hará todos los trabajos: cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden.

El espíritu de acudir al fuego

La Legión, desde el hombre solo hasta La Legión entera acudirá siempre a donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.

El espíritu de disciplina

Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir.

El espíritu de combate

La Legión pedirá siempre, siempre combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses ni los años.

El espíritu de la muerte

El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

La bandera de La Legión

La Bandera de La Legión será la más gloriosa, porque la teñirá la sangre de sus legionarios.

Todos los hombres legionarios son bravos

Todos los hombres legionarios son bravos; cada nación tiene fama de bravura; aquí es preciso demostrar que pueblo es el más valiente.

(Miguel Ballenilla y García de Gamarra)

Fotografía portada: Abriendo fuego con un “Light Gun” legionario (foto Ejército de Tierra).

(1) Encuesta La Defensa Nacional y las Fuerzas Armadas; CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas); 12 de septiembre de 2013.

(2) Robles, Margarita: La lección de Ucrania y la importancia de los valores; El Español; 26 de marzo de 2022.

(3) PDC-01 (A), Doctrina para el empleo de las FAS; y PDC-3, Doctrina de Operaciones.

(4) Andrew Stouffer, Samuel y otros: The American soldier (Studies in social psychology in World War II); Princeton University Press; New Jersey, 1949.

(5) Millán-Astray, José: La Legión; V.H. Sanz Calleja Editores e Impresores; Madrid. 1923.

(6) Artículo 122 de las Reales Ordenanzas de 1978.

 

 

 


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