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Las Armadas de América Latina en la protección y defensa de sus extensas aguas territoriales

La Zona Económica Exclusiva (ZEE) es un área situada más allá del mar territorial y adyacente a éste y que se extiende no más allá de 200 millas marinas contadas desde las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial.

En esta zona el Estado ribereño tiene derechos de soberanía para los fines de exploración y explotación, conservación y administración de los recursos naturales, tanto vivos como no, de las aguas suprayacentes al lecho y del lecho y el subsuelo del mar; y con respecto a otras actividades con miras a la exploración y explotación económicas de la zona, tal como la producción de energía derivada del agua, de las corrientes y de los vientos.

Las dimensiones de esta zona son realmente importantes. A modo de ejemplo, la superficie de Ecuador es de 256.370 km2. y su ZEE es de 1.072.097, unas 4,5 veces mayor; en tanto que en Chile, con 756.700 km2., es casi 5 veces más. En casos como Brasil y Argentina, sus respectivas ZEE son menores que su tamaño terrestre, pero no por eso dejan de ser áreas de grandes tamaños y riquezas.

Todas estas inmensas zonas están sujetas a múltiples amenazas. La principal es la pesca ilegal realizada por buques de diferentes banderas, que normalmente se mantienen en el límite de las 200 millas marinas, pero que no desaprovechan las oportunidades para ingresar a menor distancia. Esto depende de muchos factores, incluyendo la posibilidad de caer bajo la cobertura satelital que sólo las grandes potencias son capaces de mantener sobre el extenso mar.

El tráfico de drogas es otro enemigo que emplea el mar como medio de transporte. Una rápida y no muy exhaustiva búsqueda en Internet da como resultado distintas rutas marítimas a ambos lados de la región por donde en diversos momentos o circunstancias se trafica droga con destino a los grandes mercados del mundo. No hay que pensar que el traficante es un bruto que a fuerza sólo de músculos logra su objetivo.

foto: El Atlantico Sur recibe inmensas flotas que depredan los caladeros

El uso de las tecnologías le ayuda a conseguir su propósito, como, por ejemplo, dotar a sus cargamentos de capacidad para quedar a la deriva en caso de ser sorprendidos, pero con posibilidad de recuperarlos mediante algún dispositivo que permita ubicarlos. Otro caso es el uso de cargamentos rotulados como mariscos embarcados a Europa, pero que ocultan droga. Todo esto requiere una gran organización, tanto en tierra como en las embarcaciones destinadas a materializar el tráfico ilegal.

Tráfico de personas

Otra amenaza que no se puede descuidar, pero que parecería ser de menor cuantía, es la trata de personas, la cual aparentemente no se materializa en gran escala a través del mar en la región. Un aspecto más difícil de cuantificar es la vinculación entre traficantes de drogas y organizaciones que buscan o declaran fines políticos mediante el uso de las armas en diferentes formatos, incluyendo el terrorismo, y para lo cual la financiación es siempre necesaria, naciendo así una alianza casi natural.

Las extensas costas del Continente, con muchas áreas muy poco pobladas y accesibles desde el mar, son una fuente de riesgo para los estados regionales y de lo cual ya hay experiencia relativamente reciente. Como en toda actividad en el mar, la existencia de medios de vigilancia aéreos, satelitales o incluso uno aún no empleado en la región, como el radar de HF, necesita a las unidades de superficie para dar un término adecuado a los diversos problemas que se presentan en los espacios marítimos. 

Como en casi toda situación, las necesidades son muchas y los medios escasos. La riqueza que representan estas extensas zonas marítimas y los riesgos de seguridad que en ellas se suscitan no siempre son bien entendidos y tampoco son tan evidentes para el público en general, lo cual hace más difícil para la autoridad política asignar recursos, que siempre son cuantiosos y, además, implican pagos al exterior en un gran porcentaje, pues las capacidades nacionales no son las óptimas para llevar adelante proyectos tales como la construcción de buques.

foto: El Guardacosta de la Prefectura Naval argentina GC-28 Prefecto Derbe.

Aun así podemos ver proyectos como el de Ecuador, que ha seleccionado el Fassmer MPV70 MKII, para satisfacer la necesidad de reforzar su presencia en la ZEE. El buque incluye productos nacionales, como el sistema de combate Orion de ASTINAVE y un radar digital desarrollado entre esta empresa y la italiana Virtualabs.

Chile ha construido 4 OPV 80 de Fassmer y en este momento se espera la definición de un proyecto de unidades auxiliares que debería incorporar requerimientos específicos relacionados con la vigilancia de la ZEE y de protección a la vida humana en el mar, pero esto no implica la finalización del proyecto de OPV (Offshore Patrol Vessel), que originalmente contaba con al menos 1 unidad más.

En el Atlántico, la Armada argentina está en proceso de incorporación de 4 Gowind OPV 90 del francés Naval Group, el primero de los cuales es el L’Adroit que empleó la Marina Nacional gala, siendo los 3 restantes cascos nuevos, el último de los cuales debería ser entregado el 2021. Argentina cuenta además con 5 unidades guardacostas de la Clase Mantilla operadas por la Prefectura Naval y recientemente modernizadas por el astillero nacional Tandanor. Una de estas unidades, el GC-28 Prefecto Derbe, hundió un pesquero chino el 2016, sorprendido dentro de la ZEE de Argentina.

Por su parte, Brasil se encuentra embarcado desde 2017 en la construcción de unidades NPA 500BR de 500 ton. de desplazamiento, 50 m. de eslora y velocidad máxima de 20 nudos. Actualmente se construyen 2 en el Arsenal de la Marina en Río de Janeiro (AMRJ). Este proyecto significa retomar la producción de unidades de superficie en este astillero y la actualización de capacidades respecto a las anteriores, denominadas Clase Macaé, también de 500 ton., correspondiendo al diseño francés CMN Vigilante 400 CL54.

La protección de las aguas del Sur

Las vías de comunicación a través del mar, la explotación de sus riquezas y de su fondo, el empleo en el orden político internacional y la protección del medio son los principales aspectos de lo que se conoce  como intereses marítimos, integrando este concepto todas aquellas cuestiones relativas a su seguridad y desarrollo.

La Armada Argentina destaca la importancia que tienen sus extensos espacios marítimos desde 1916, cuando el entonces Capitán de Fragata Segundo R. Storni realizó unas conferencias públicas que delinearían los intereses marítimos nacionales, incluyendo tópicos como el derecho del mar, la explotación sustentable de los recursos naturales, la importancia económica de los puertos, la industria naval, la marina mercante nacional, la preservación del medio ambiente marino, la pesca, el balizamiento, el turismo y los deportes, entre otros.

En línea con este pensamiento se sostiene que el poder marítimo de la nación debe apoyarse en la producción nacional, el transporte propio y el comercio, tanto nacional como internacional. La ubicación de la República Argentina es propicia y estratégica para el desarrollo de sus intereses marítimos. Una particularidad que tiene su territorio, es que se extiende a través de 2 continentes: el americano y el antártico y esto implica la cualidad bicontinental de la Argentina.

La costa argentina en su parte americana tiene una longitud superior a los 5.000 km. En cuanto a la superficie del mar, ésta supera los 2.800.000 km2., a los que se le suman la de la plataforma continental, con lo cual pasarían a contabilizarse 4.200.000 km2. Además, se debe considerar que más del 90% del intercambio comercial se realiza por vía marítima y como Estado ribereño asume la responsabilidad de la salvaguarda de la vida humana en el mar en una superficie que supera los 14.700.000 km2.

foto: Los helicopteros livianos operaran desde los nuevos OPV

La entrada en servicio de los OPV Clase Bouchard implica una mejora sustancial para una mayor capacidad de vigilar y realizar el control del mar en los espacios marítimos del país. La incorporación del primero permite el adiestramiento de tripulaciones y el conocimiento adecuado de sus sistemas y se espera en los próximos 2 años la llegada de los otros 3 navíos, que ya están en diferentes niveles de alistamiento y construcción en astilleros de Naval Group.

Su moderna tecnología representa un salto técnico y táctico de importancia. La fuerza naval está interesada en la puesta en servicio en este OPV de un sistema aéreo no tripulado de alas rotativas RUAS (Rotary-wing Unmanned Aerial System), que está siendo puesto a punto entre las empresas Invap y la desarrolladora de helicópteros livianos Cicare. Este sistema podría usarse desde los patrulleros y con los medios adecuados, como FLIR, cámaras estabilizadas, telémetros laser, etc., puede atender misiones de vigilancia, búsqueda y salvamento.

En febrero de 2020, la Armada Argentina recibió el patrullero ARA Bouchard (P-51), ex L’Adroit, que ya se encuentra operativo, realizando tareas de vigilancia y control de los espacios marítimos en la ZEE de jurisdicción nacional. El ARA Piedrabuena (P-52) se botó el 1 de octubre de 2020 en Concarneau. Las otras 2 unidades, ARA Almirante Storni (P-53) y ARA Bartolomé Cordero (P-54), se encuentran en distintas etapas de construcción.

Tienen una eslora de 87 m., 13,6 de manga, 3,8 de calado, alcanzan un desplazamiento de 1.650 ton. y están diseñados para una tripulación básica de 40 personas y una capacidad adicional para embarcar a otras 19. Su autonomía es de 7.500 mn (13.890 km.) navegando a 12 nudos y puede alcanzar una velocidad máxima de 21 (unos 39 km/h.). Estos patrulleros oceánicos tienen como armamento principal el sistema Leonardo Marlin-WS1 con un cañón de 30 mm. teleoperado y como secundario 2 ametralladoras de 12,7 mm.

Colombia: Un país con dos océanos y complicada vecindad

Colombia es único país de Suramérica con costas en 2 océanos y focaliza la mayor cantidad de sus unidades navales en el Caribe, donde 4 fragatas FS-1500, 2 submarinos U-209-1200 y 2 U-206A, 2 OPV-80, 3 patrulleras de costa (Coastal Patrol Vessel) CPV-46 y 1 CPV-40 se asientan en la Base Naval ARC Bolívar.

Esta nutrida presencia está preparada para responder ante un hipotético conflicto por aguas sin delimitar cercanas al golfo de Venezuela, que casi llevan a los 2 países a una guerra en 1987, en lo que se denominó la Crisis de la Corbeta Caldas, cuando esta unidad ingreso en esa zona. Debido a la constante presión de unidades venezolanas se envió a la zona a la ARC Independiente con su dotación completa de 8 misiles superficie-superficie Exocet Block ll, junto a un submarino U-209.

foto: El sistema RUAS 160 podría ser un elemento útil para tareas de vigilancia.

Con Nicaragua es complejo el panorama por el diferendo limítrofe en estas aguas, cuando en 2012 un fallo de la Corte Internacional de la Haya le entrego al país centroamericano una zona marítima  de 75.000 km2., en la que Colombia ejercía soberanía y cuya postura al respecto es la de acatar pero no aplicar el fallo, existiendo a la fecha una fuerte tensión, al realizarse constantes agresiones por parte de unidades nicaragüenses hacia pesqueros colombianos que han faenado en esas aguas históricamente, reconocidos como raizales de la isla colombiana de San Andrés y a los que el Gobierno ha prometido protegerles en su derecho a navegar y obtener allí sustento.

El Pacifico colombiano adolece de una presencia adecuada de unidades navales, al ser paradójicamente la zona utilizada para el tránsito de narcóticos con destino a México para su posterior ingreso a EEUU. Actualmente se encuentran destinadas a la Base Naval de Bahía Málaga los OPV-80 ARC 07 de Agosto, ARC Valle del Cauca de la Clase Reliance, ARC San Andrés de la Clase Cactus y la corbeta ARC Nariño, donada por Corea del Sur, como buques de mayor tamaño.

Para reforzar la presencia de OPV para salvaguardar la ZEE, la Armada Nacional de Colombia, dentro de su Plan de Desarrollo Naval 2042, se ha propuesto la construcción de 4 patrulleras de Altamar, posiblemente del modelo OPV-93C desarrollado por COTECMAR. El cronograma para la entrada en servicio de estas unidades se encuentra establecido en 2 fases.

La primera, que se podría considerar de corto plazo, establece la entrada en servicio de 2 buques en los próximos 6 años, en remplazo de los ya obsoletos ARC Valle del Cauca y ARC San Andrés; y 2 unidades más finalizando 2042. Serían buques de  más de 1.700 ton., con la capacidad de portar misiles superficie-superficie y, de ser posible, espacio para sistemas antiaéreos basados en misiles o artillería.

En cuanto a la adquisición de unidades del tipo CPV, dentro del nuevo Plan de Desarrollo Naval 2042 no se evidencia la construcción o adquisición de este tipo de patrulleras, cuando dentro de los planes de la Armada colombiana, en informes de gestión pasados, se evidenciaba la necesidad de poseer hasta 16 de ellos, posiblemente del diseño nacional CPV-46, de las cuales se construyeron 2 unidades en Corea del Sur y otra en COTECMAR. Incluso hay diseños de estas unidades con capacidad de portar misiles superficie-superficie, pero sin llegar a concretar tampoco este tipo de adquisiciones a la fecha.

Roberto Sandoval Santana, Luis Piñeiro, y Carlos Vanegas


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