La patrulla, dirigida desde la Base Antártica del Ejército “General Bernardo O’Higgins”, partió a las 08:00 horas y regresó a las 16:00, tras ocho horas de marcha exigente en un terreno caracterizado por su dureza y exposición. La integraron el capitán Eduardo Moreno Pimentel, el sargento primero Eduardo Vidal Riquelme, los sargentos segundos Eduardo Osses Espinoza, Juan Ortiz Báez y Abelardo Valladares Canio, y los cabos primeros Hugo Lineros González y Gabriel Valenzuela Ibarra.
No fue un intento improvisado. Ya se habían planificado dos ascensiones anteriores durante este 2026, pero las impredecibles condiciones meteorológicas de la península obligaron a suspenderlas. Esta vez, el equipo logró llegar a la cumbre, pero al poco tiempo un frente de mal tiempo no pronosticado los sorprendió en pleno descenso: vientos que alcanzaron los 100 km/h, sensación térmica cercana a los -37 °C y una visibilidad que se redujo a apenas 10 metros. Solo su riguroso entrenamiento, la preparación técnica y el temple profesional permitieron sortear la situación crítica y regresar sanos y salvos.
Más allá del logro deportivo o técnico, esta cumbre tiene un profundo significado institucional. El Monte Ripamonti se ubica en un sector estratégico, en la ruta entre la Base O’Higgins y el Refugio General Jorge Boonen Rivera, desde donde se domina visualmente gran parte de la península, con vistas al estrecho de Bransfield al norte y a la bahía Duse al sur. Además, honra directamente el legado de las 77 dotaciones que lo precedieron en la Antártica y recuerda a quienes entregaron su vida en esa misma zona durante misiones de exploración y reconocimiento.
En 1957 perdieron la vida los tenientes Oscar Inostroza Contreras y Sergio Ponce Torrealba. En 2005, el capitán Enrique Encina Gallardo y los suboficiales Fernando Burboa Reyes y Jorge Basualto Bravo. Sus nombres siguen presentes en la memoria colectiva del Ejército antártico. El propio nombre del monte evoca al arquitecto Julio Ripamonti Barros, quien en 1947 dirigió la construcción de la primera base antártica chilena.
Con esta operación, la Sección de Exploración y Rescate O’Higgins (SERO), no solo abre un nuevo capítulo en la historia de las capacidades de exploración y rescate del Ejército de Chile en condiciones extremas, sino que reafirma el compromiso institucional con la soberanía, la memoria y la proyección científica y logística en uno de los entornos más hostiles del planeta. Un hito que, sin duda, inspirará a las futuras generaciones de antárticos chilenos. (Luis Andres Lautaro).





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