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El "Romeo", un blindado "a rosca" para la guerra del Rif

En un capítulo tan complejo como el de los medios blindados, que parecería precisar del apoyo de grandes empresas y de sólidos soportes financieros, a veces, obviamente en el pasado, tenía su importancia la iniciativa de los simples particulares. Algo que se dio cuando los alemanes, a los que se les había prohibido por el tratado de Versalles llevar a cabo ese tipo de experiencias en su suelo, aprovecharon la hospitalidad que les brindaba la URSS. Y por supuesto, en el Reino Unido cuando no eran pocos los que creían, como segura, una invasión germana.

También en España, en tiempos de la Guerra del Rif, hubo particulares que aportaron su contribución —de diferentes formas— a estos desarrollos. De hecho, la Escuela de Mecánicos Automovilistas del 22º Regimiento Mixto de Ingenieros comenzó a funcionar con sendos Peugeot de l2y 24 Cv. donados por el capitán de Caballería,  D. Luis Carvajal, conde de Cabrilla y marqués de Puerto Seguro. Por cierto que el de mayor potencia obtuvo el primer puesto en la carrera París-Ostende. La citada Escuela fue el embrión del Centro Electrotécnico y del Servicio de Automovilismo cuya responsabilidad se le encomendó, en 1906, al Cuerpo de Ingenieros.

foto: El camión con sus laterales totalmente desplegados. La idea consistía en llegar a unir varios vehículos entre sí  y construir una especie de parapeto inmóvil,

Un “tanque” llamado “Vizcaya”

Sólo dos años más tarde, en 1908, el Cuerpo de Artillería obtuvo los créditos necesarios para crear su propia Escuela de Automovilismo desde la que varios vehículos partieron hacia Melilla encuadrados en la Brigada Automovilista de Artillería y, de nuevo, entró la iniciativa privada en juego, esta vez, de gran altura. En efecto, SM. el Rey D. Alfonso XIII decidió mandar al teatro de operaciones norteafricano una furgoneta Delahaye, de 28 Cv., y un camión de la misma marca y potencia, capaz de transportar 1.000 y 2.500 kg. respectivamente.
Conforme se prolongaba la contienda e incrementaban las pérdidas humanas, muchas fueron las voces que se alzaron para denunciar la falta de medios que sufría el Ejército. Otros prefirieron contribuir a remediar esos males donando, en solitario o mediante colectas, ambulancias y toda clase de vehículos. Hasta hubo una colecta por parte de unos obreros de Bilbao para financiar la construcción de un tanque, del que por los periódicos de la época sabemos que debía llamarse Vizcaya aunque no han trascendido sus características y, tampoco, si llegó a construirse.

Un parapeto móvil

Dentro de esta línea de cosas en agosto de 1921 un periodista, D. Leopoldo Romeo, muy influido por los diseños de los vehículos del Centro Electrotécnico de Ingenieros  y deseando, como el que más, ayudar al esfuerzo de guerra en el Rif, decidió fabricar su propio camión protegido. Es de suponer que contaba con algún tipo de formación técnica o que se hizo auxiliar por alguien ducho en esas artes.
El vehículo en cuestión era un turismo o furgoneta al que se le había añadido un blindaje de cromo-níquel que salvaguardaba tanto la cámara del motor como la parte dedicado a albergar al personal. El diseño, sin duda algo primitivo, ofrecía la particularidad de contar con unos laterales de tipo desplegable, de forma que podían convertirse en un improvisado parapeto de 5 m. de longitud. Con ocho aspilleras a cada lado, dos frontales y otras dos posteriores, embarcaba dos ametralladoras o cuatro fusileros.

foto: El autor, conocido periodista de la época,  y su obra. Se aprecia el sistema de barras para desplegar los laterales, así como los postillos de sujeción.

Llama la atención el hecho de que aunque se tomaron medidas tales como la de proteger las ruedas tras unas planchas, brillaba por su ausencia la protección vertical o, lo que es lo mismo, carecía de techo. Algo muy peligroso ya que el enemigo podía tirotearlo desde una altura o incluso lanzarle piedras dentro.
El motor, que como ya dije iba a cubierto del blindaje de cromo-niquel, no contaba con rejillas de ventilación. Algo poco recomendable en cualquier circunstancia y mucho más para actuar en un escenario como el de Norte de África donde, varios meses al año, aprieta el calor. Completaban el equipamiento del Camión Protegido Romeo un depósito de agua para los tripulantes y un proyector o foco situado imprudentemente en el eje delantero. Añadiré, por último, el testimonio de un cronista de la época quien escribe a propósito de estos vehículos: Todo va a rosca, sin remache alguno, y podrían ser puestos en servicio rápidamente un centenar de ellos en dos o tres meses.
En principio, las autoridades militares no mostraron un excesivo interés por el Camión Protegido Romeo, ya que contaban con los blindados del Centro Electrotécnico de Ingenieros. Sin embargo, y sin que podamos explicamos las circunstancias exactas, nos encontramos con que el 27 de noviembre de 1921 el vapor (A. Lázaro) transportó dos Romeo a Melilla. ¿Qué fue de ellos y a quién los asignaron? He aquí una de las muchas incógnitas sobre los primitivos medios acorazados españoles que siguen, aún hoy, sin dilucidarse.


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