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Los “Leclerc” del 503º Regimiento de carros de combate franceses

(Revista Defensa nº 197,  septiembre 1994) Enero, 1917. En un chamizo, en la retaguardia del frente del Aisne, un pequeño grupo de oficiales discuten en torno a un cortado de mal café. Auténticos pioneros, pertenecen a un Arma nueva que bien pronto alterará el arte de la guerra. Pese a todo, seis meses antes en Cambrai, no obstante la sorpresa inicial, el primer ataque de carros de la Historia se había saldado con un fracaso lamentable (1).

(1) Lanzados sin duda demasiado pronto a la batalla, para levantar la moral de las tropas duramente probada por el fracaso de la ofensiva del Somme, 36 «Mark 1 ingleses fracasaron en Cambrai. Fue el primer ataque con carros de la Historia.

EL CARRO DEL SIGLO XXI

Tres meses más tarde, en Berry-au-Bac, los carros franceses entraban en la Historia (2) y sobre el pecho de los tripulantes de esta nueva artillería brillaba una insignia ornada con la salamandra (3). Ahora, tres cuartos de siglo más tarde, tres muchachos de una veintena de años suben a bordo de uno de los primeros carros Leclerc del 503º Regimiento de Carros de Combate (503 RCC). Sobre su mono de tanquista continúa resplandeciendo la salamandra. La continuidad, entre el ayer y el mañana, está asegurada.
Puede parecer extraño evocar la historia de un pequeño pedazo de metal, cuando el Arma Blindada de la Caballería francesa se encuentra en el alba de una era nueva con la aparición del primer carro de tercera generación. Pero estos tres jóvenes tanquistas tienen el mismo espíritu que sus gloriosos antepasados, como le gusta recordarlo al capitán Beaudouin. Este oficial es el comandante del 2° Escuadrón del 503º RCC, la primera unidad en recibir el Leclerc. Especialista en historia de los blindados, el capitán Beaudouin, a la vez que se sitúa en la punta de lanza de la técnica, resulta ser igualmente uno de los guardianes de las grandes tradiciones de los carros de combate.

Foto:  «Creo, Ataco», reza el lema del 2º Escuadran

Los soldados de Berry-auBac eran pioneros, y los primeros tripulantes de Leclerc lo son igualmente, me dice. Con este ingenio, el Arma Blindada de la Caballería entra en el siglo XXI, y para Francia, pese a todas las dificuItades actuales, se trata de un éxito considerable. Es por ello por lo que yo defiendo el espíritu de la tradición.
Las paredes del Escuadrón, cubiertas con carteles de los Renault FT-17, SaintChamond, Somua de Caballería, B-1 Bis y AMX-30, no contradicen a mi interlocutor. Es cierto que, bajo diversos nombres, el 503° RCC ha experimentado prácticamente todos los tipos de carros del Ejército francés, y esto desde hace veinte años.

Le llevo a que vea la bestia. El ligero P4 en el que tomamos plaza deja la zona de edificios, en donde cada Escuadrón posee uno ornado con el as de picas, de oros o de trébol —la tradición también en esto manda (4)— y se dirige hacia la nueva zona de estacionamiento. El 4º de Dragones, y el 503° RCC han sido agrupados en el seno de un mismo Regimiento —llamado RC 80, Regimiento de Carros con ochenta vehículos— mandado por el coronel d’Achon. El objetivo de este agrupamiento es simplificar y unificar las funciones administrativas permitiendo, en todo momento, la puesta en pie de guerra de dos Regimientos distintos con cuarenta carros cada uno de ellos. De este modo, el 4º de Dragones continúa siendo una unidad de intervención inmediata capaz de operar allá donde Francia se encuentre militarmente comprometida, mientras que el 503° RCC se consagra a la experimentación.

foto: Arriba el emblema utilizando por la Artillería Especial, es decir, por los carristas franceses, en 1917 y que continúa llevándose oficiosamente. En el centro la insignia reglamentaria del 503°RCC, con la salamandra en el centro. Debajo el distintivo del 2º  Escuadrón.

Nuestro vehículo se detiene delante de un grupo de enormes tiendas (5) que evocan vagamente la forma de un igloo. Se escucha un ronroneo y la parte delantera de la tienda se abre lentamente como en una película de ciencia-ficción, descubriendo progresivamente al Leclerc. A primera vista, el ingenio no es muy grande y aparentemente mucho más compacto que el M-1 Abrams o el Leopard 2. Esta silueta que mide un metro menos que todos los carros actuales, es un triunfo consecuente sobre el campo de batalla. Torre redonda y bien perfilada, porte general compacto y recogido, de lado un pequeño aire de Challenger norteamericano, tales son las primeras impresiones que proporciona el Leclerc.

(2) El 16 de abril de 1917, tuvo lugar la primera acción francesa: 180 carros «Schneider» y “SaintChamond” avanzaron sobre Berry-au-Bac. La infantería, clavada en tierra por el fuego de las ametralladoras alemanas, no pudo seguir a los carros que quedaron aislados antes de sufrir pesadas pérdidas. El comanante Bossut, pionero en el empleo de los carros, encontró allí una muerte gloriosa. Pero la lección aportó sus frutos y, en 1918, los pequeños «Renault FT17», mucho más manejables, contribuyeron de forma destacada a la victoria. (3) Curiosamente, al general Estienne, padre del Arma Blindada francesa, no le gustaba la salamandra. Pese a ello, durante el asalto de Berry-au-Bac distinguía el uniforme de los tanquistas. La insignia oficial de la “Artillería especial” era la bomba, un yelmo sin penacho y dos cañones cruzados. Este distintivo todavía lo ostentan los miembros del 501º y 503° RCC.
(4) Por tradición, del 1917 a 1940, muchas unidades de carros llevaron los ases siguientes: de picas por la 1ª Sección, de corazones por la 2ª, de oros por la 3ª, de trébol por la 4”ª Sección. La Compañía era identificada bien por el color de los ases, bien por una forma geométrica sobre la cual se pintaba el as. (5) La tienda es un abrigo que se beneficia de una aire seco que protege la electrónica y los computadores de a bordo.

UN “DIALOGO” CARRO-TRIPULACIÓN

El teniente Droguet es el jefe del primer pelotón operacional de Leclerc. El nos lo presenta: Olvide prácticamente todo lo que sabe sobre carros modernos. Este se les parece desde el exterior, pero es fundamentalmente diferente en el empleo.
Imagine un carro de silueta clásica con una electrónica de cazabombardero, y Vd. tendrá el Leclerc. Un Airbus dispone de 40 ordenadores electrónicos, un carro Leclerc de 15, es decir, tres veces más electrónica que la embarcada a bordo del nuevo avión de combate francés, el Rafale. Todos sus componentes y ordenadores se interrogan y dialogan entre ellos para hacer funcionar el carro, dejando así que los tripulantes se consagren a su misión principal: el combate. El carro además les habla a los tripulantes, les indica las averías eventuales y les aconseja los procedimientos a seguir.
Como anécdota diré que los técnicos de Giat Industries incluso hicieron ensayos con una voz femenina, que resultó poco compatible con un compartimento como éste.

foto: También la parte zaguera del «Leclerc» muestra una silueta muy compacta. Vemos las agarraderas para los depósitos auxiliares cilíndricos, al estilo de los que llevan los T-55, T-62 y T-72 del ex-Pacto de Varsovia.

En realidad, el Leclerc fue concebido para el combate todo tiempo y para el tiro en cualquier circunstancia, incluso en movimiento. Un Leopard 2 ó un M-1 pueden desde luego disparar mientras marchan, pero no fueron especialmente estudiados para esta tarea al revés de lo que sucede con el Leclerc. Este último, gracias a sus ordenadores, permanece más en contacto con la situación en el campo de batalla. Fascinado por las explicaciones del teniente Droguet, me acerco al carro. El blindaje lo disimula una capa de resma granulada que recubre el conjunto con el tradicional camuflaje tres tonos Centro Europa del Ejército de Tierra. El tren de rodaje está bien protegido por un faldón blindado. A la altura del conductor así como delante, el blindaje parece ser doble. Me comenta el oficial:
«No voy a hablarle del blindaje. Es secreto y ni nosotros mismos conocemos su composición. Los técnicos de Giat nos han dicho que no puede ser horadado, ni tan siquiera por el “Hot 2” (6). Otra cosa, este blindaje consta de elementos modulares independientes, y por tanto reemplazables en caso de que sufrieran daños durante el combate, y más importante aún, es evolutivo. Ello significa que la vieja pugna entre el arma y la armadura es anticipada en provecho de esta última. Fantástico, ¿no es verdad?».

(6) Es el más temible de los misiles contracarro franceses, con un alcance de 4 km., disparado desde  helicópteros o por VAB Mephisto».

A un carro se le construye en torno a su cañón, y el Leclerc monta un tubo de ánima lisa de 120 mm. superior a todo lo que existe, y con grandes prestaciones en el tiro en marcha y a gran distancia. Sus dos principales tipos de munición son el proyectil flecha APFSDS —un auténtico dardo de acero— y el nuevo OECC (Obus Explosif á Charge Creuse) que concilia los proyectiles rompedores tradicionales y la carga hueca. El cañón puede, además, disparar todas las municiones OTAN de 120 mm. Otra anticipación respecto al futuro: el Leclerc fue diseñado para montar el nuevo cañón de 140 mm., si se considera necesario. La carga está enteramente automatizada y un código de barras colocado sobre cada disparo permite seleccionar las municiones a utilizar que no precisan de la colaboración de nadie para ser cargadas en la culata. De ello se deduce una gran economía de tiempo y de personal. Añadamos que son 40 los proyectiles que embarca, 22 disponibles de inmediato en el barrilete del cargador automático. El carro, de este modo, es capaz de encarar seis blancos por minuto rodando a 40 km. por hora. El armamento secundario se compone de una ametralladora coaxial de 12,7 mm. y de otra, de 7,62 mm., en la superestructura.

foto: Dispuesto para abrir fuego.

Un ligero silbido indica la puesta en marcha del motor UDV-8 X, de ocho cilindros en V, que proporcionan 1.500 Cv. de potencia a 2.500 revoluciones por minuto. El conjunto es extrañamente silencioso, lo que resulta muy interesante desde el punto de vista táctico. Este motor diesel, construido por la sociedad SACM Diesel, es casi tan revolucionario como el propio carro, y ello gracias al procedimiento Suralmo-Hyperbar que consiste en una cámara de comprensión y un circuito de derivación a sección variable. En breve, para ser menos técnico, ¡el equivalente a una turbina a gas!

OPERACIONES DE REAVITUALLAMIENTO MUY REDUCIDAS

Dos Leclerc se han detenido, perfectamente mimetizados, cerca de un matorral. Los cañones oscilan dulcemente, como el hocico de un gran saurio a la búsqueda de su presa. Ahora Vd. verá lo que el Leclerc tiene en su vientre. Saltos de 600 metros hasta la cresta del bosque, allí delante.
En medio de un silencio impresionante, los dos carros se lanzan sobre la zona descubierta. La aceleración, gracias a su motor, es fulminante. En cinco segundos, las 54 toneladas del monstruo son propulsadas a 35 km/h., y en menos de un minuto cruzan los 600 metros en terreno libre. Si un arma contracarro hubiera sido apostada enfrente, sus sirvientes no hubieran tenido tiempo de sorprenderles mientras cruzaban el área despejada. Es más, los Leclerc habrían podido destruirles haciendo fuego en plena marcha. En todo terreno la velocidad media es de 50 km/h., alcanzando los 71 en carretera. Y 54 toneladas a 71 km/h. es algo, sin duda, que impresiona!
Lanzados a toda velocidad, los carros parecen planear sobre el cieno de Mourmelon. De hecho, un nuevo tipo de suspensión oleoneumática facilitaba notablemente los desplazamientos permitiéndole al blindado aprovechar plenamente la potencia de su motor. El principio no es otro que la utilización del nitrógeno como recurso en lugar de las barras de torsión clásicas, empleadas por la mayoría de los carros de combate en sus trenes de rodaje.
En la antena de uno de los Leclerc flota una pequeña banderita arborando el as de corazones y la divisa «A ceux des chars dassault» (A los de los carros de asalto). Las transmisiones son aseguradas con la ayuda de estaciones de radio de cuarta
generación (PR-4G), dotadas de un sistema de salto de frecuencia automático. Eso significa que en un segundo, la frecuencia puede cambiar seiscientas veces. Gracias a ello, las conversaciones radio no pueden ser captadas por el enemigo y las tripulaciones cuentan con la facilidad de hablar en claro dentro de la red.
Nada les es comparable si bien hay que reconocer que, al principio, estábamos un poco perdidos en la torre. En revancha, pese a su sofisticación, el Leclerc estimula mucho el sentido de la iniciativa, me confía uno de los jóvenes suboficiales. El soldado de 1ª clase Martín, diecinueve años, bretón y conductor, utiliza el mismo lenguaje: Yo debo tener también el sentido de la iniciativa y escoger mis itinerarios de manera táctica para respaldar al jefe del carro. Ningún problema en la conducción. Hay un medio volante, un pedal de freno y un acelerador. El resto se hace automáticamente y una pantalla indica las averías eventuales. Es estupendo conducir un ingenio de este peso dotado de tales aceleraciones.

foto:La silueta baja y compacta del carro del Giat es un aval para su seguridad.

De vuelta al campo, los carros —Le Téméraire y Villers-Bretonneux— se unen al Berry-au-Bac y al Lunéville. Fue el capitán Beaudouin quien bautizó así a los primeros Leclerc en recuerdo de los tres carros B-1 Bis que en Rethel, del 15 al 18 de mayo de 1940, ralentizaron muy seriamente el avance de los panzer hitlerianos. En cuanto al Berry-au-Bac, evoca con su nombre el primer ataque de los carros franceses, en 1917. En un espíritu de tradición, al capitán le gustaría igualmente ser autorizado para pintar el as de corazones (transportado al 2º Escuadrón) sobre las torres.
En el garaje, los cuatro primeros Leclerc son amorosamente cuidados por los hombres del capitán Soulier, de la 2 Compañía del 10 Batallón de Material. Unos excelentes profesionales cuya unidad participó en la Operación Daguet, durante la Guerra del Golfo. El abastecimiento en armas y municiones es una operación primordial. Durante la conflagración árabe-israelí de octubre de 1973, los judíos se dieron cuenta de que estas maniobras esenciales absorbían de un cuarto a un tercio del tiempo de combate de un Escuadrón y fatigaban enormemente a las tripulaciones, con sus nervios ya muy probados por la batalla. Para paliar tales inconvenientes, los ingenieros que desarrollaron el Leclerc han alumbrado técnicas nuevas que permiten reducir considerablemente esas operaciones. Unos 800 litros de carburante son así prácticamente aspirados por el depósito en cuatro minutos. En cuanto a los barriletes de los cargadores automáticos de munición se recargan en cinco minutos.

UNA IMAGEN PERMANENTE DEL CAMPO DE BATALLA

El Leclerc está ya a punto, y el 1º Escuadrón es operacional desde el pasado mes de marzo. Ahora hay que repensar las tácticas: nada más fácil para el 503º RCC.
Puede considerarse que este carro hará el trabajo de tres AMX-30 B2 y que dos de sus pelotones podrán cubrir un kilómetro de frente, lo que antes precisaba de un Escuadrón completo. Unos pocos Leclerc sirven para controlar una gran superficie de terreno y es que, gracias a su cámara de vigilancia del campo de batalla enlazada a los Puestos de Mando de Escuadrón y de Regimiento, los Leclerc disponen de una imagen permanente e instantánea de la posición de cada carro y de la situación general. Al igual que los aviones de combate, el carro posee un sistema de localización e identificación amigo/enemigo que descarta los errores.

foto: El revolucionario interior de la torre del «Leclerc» (Foto: GIAT).

En la ofensiva, el Leclerc podrá realmente trabajar como un cazador en una zona de tiro libre: aceptando todas las presas que se le ofrezcan... Incluso se contempla la realización de incursiones blindadas con abastecimientos lanzados por aire y compuestos por contenedores de 1.700 litros de carburante.
Eso sí, el número relativamente poco elevado de Leclerc obligará al Estado Mayor, sin duda, a utilizarlos como arma de reserva o de ruptura. Ruptura del frente: los carros fueron creados precisamente para eso, así que la pescadilla se muerde la cola.
Con un punto de nostalgia, el capitán Beaudouin concluye: Se tiene la impresión de que, con el Leclerc, se ha alcanzado la cumbre en materia de carros de combate. Los costos son ya tan elevados que tal vez el Leclerc constituye la última evolución del carro, nacido un triste día de 1916. Quienes lucieron y lucen la salamandra son, posiblemente, los primeros y los últimos... Pero todavía no nos encontramos en eso, y vea Vd. cómo el 503º RCC está a la altura del adelanto tecnológico alcanzado por el Arma Blindada de la Caballería. ¡La tradición obliga! 

CARACTERISTICAS TÉCNICAS DEL “LECRERC”

Tripulación: 3 hombres.
Masa: 54 ton. en orden de combate.
Armamento: Cañón de 120 mm. con ánima lisa estándar OTAN; 40 disparos, 22 en el cargador automático; municiones flecha y polivalentes de doble efecto (rompedor-perforante de carga hueca); ametralladora coaxial de 12,7 mm.; ametralladora de 7,62 mm. en la torre; sistema lanzagranadas fumígenas, antipersonal y señuelos IR.
Observación y conducción del tiro: Visor del jefe del carro y del tirador estabilizados para la observación y el tiro en marcha tanto de día como de noche; video a disposición del jefe del carro y del tirador para repasar lo observado; bus de datos enlazando los ordenadores de gestión y de control así como los tests básicos integrados, motorización eléctrica que asegura la estabilización del armamento.
Comunicación y transmisión de datos: Uno o dos emisores de salto de frecuencia; diálogo hombre-máquina y transmisión automática de datos.
Protección: Blindaje mediante cajones sustituibles; silueta compacta, firmas radar y térmica reducidas; sistema híbrido colectivo e individual para guerra NBQ (Nuclear, Bacteriológica, Química).
Movilidad: Diesel 1.500 Cv.; caja de velocidad automática con dirección y ralentizador integrados; velocidad de 71 km/h.; autonomía de 550 km.; suspensión oleo-neumática.


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