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Historia del laureado regimiento de caza “Normandie - Niemen”

Sobre la Segunda Guerra Mundial (SGM) caben varias interpretaciones: fue una guerra ideológica, para unos, una guerra por intereses nacionales, para otros, una manifestación más de la lucha de clases, en fin, para aquellos que profesan el materialismo histórico. Pero por encima de estas interpretaciones “filosóficas’ el análisis detallado del conflicto nos lleva a establecer con seguridad que una de sus notas más definidoras fue, en el ámbito europeo, el de una gran guerra civil. Y no decimos esto porque lucharan europeos contra europeos, sino porque todas y cada una de las nacionalidades europeas tuvieron combatientes en uno y en otro bando.

Esta verdad fundamental lo es, singularmente, en el caso de Francia. Cuando tras la “blitzkrieg”, en el Oeste, Francia fue forzada a firmar el armisticio, quedó en una curiosa situación jurídica que hacía que el nuevo régimen legalmente constituido, el de Vichy, no fuera aliado de Alemania, pero sí “colaboracionista”, ni enemigo del Reino Unido, a pesar de que ocurrieron los hechos como el de Mers-elKebir, donde la Royal Navy británica mandó a pique a una nutrida representación de la flota gala. Muchos franceses, que no estaban dispuestos a secundar la política “attentiste” del mariscal Petain, y que deseaban combatir, se dividieron en dos bandos, enfrentados a muerte entre sí. El movimiento de los franceses libres, acaudillados por De Gaulle, por un lado, y el de los directamente enrolados en el bando del Eje, por otro. A los “resistants” habiánse opuesto encarnizadamente los hombres de la “Milice Francaise” y si los franceses libres habían combatido valerosamente sobre las arenas de Bir-Hakeim, otros compatriotas suyos, los de la “Phalange Africaine” lucharon, en número más modesto, pero con igual ardor, en Túnez contra los anglo-americanos. Incluso en la lejana Rusia se plasmó esta cruel guerra civil entre franceses, pues bajo las alas de los aparatos de la “NormandieNiemen” se batían, intentando avanzar en sentido contrario, los hombres de la “Legion des Volontaires Francaises”: un regimiento del Ejército alemán formado por franceses, primero y, más tarde, la “SS Sturmbrigade Frankreich” (Brigada de Asalto “Francia”, de las Waffen SS).

Foto: Sobre la nieve los cazas de la ‘Normandie-Niemen se  aprestan a despegar. Obsérvese la escarapela tricolor en el costado, junto al puesto del piloto.
Ambas unidades fueron después fusionadas en la División SS “Charlemagne” la cual, deshecha en los combates de Pomerania, acabó sus días precisamente allí donde concluirían su aventura los pilotos de la Normandie-Niemen: en la región de Dantzig. No dejaba de ser una espantosa ironía del destino ya que antes del estallido de la SGM el lema principal de los pacifistas franceses había sido: “Mourir pour Dantzig?, Non!


LA POLITICA DE DE GAULLE
Desde que se estableció en Londres, con el empeño de continuar la guerra contra el invasor alemán, De Gaulle no había dejado de tener problemas con los ingleses; problemas que aparecen bien descritos en sus “Memorias” de guerra. Ahora bien, la posición inglesa es en parte comprensible, pues De Gaulle quería actuar no ya como un general dispuesto a encab ezar un movimiento resistente, sino com o jefe del Estado francés en el exilio. La prudente política de “equilibrio” practicada por los ingleses difícilmente podía autorizar esos deseos.

Foto: El general De Gaulle se despide de los pilotos que parten hacia Rusia.

De Gaulle, pues, hubo de pelear tesoneramente para afianzar su posición y los problemas surgidos con la aparición de Guiraud o Darlan, en el firmamento francés del exilio, demuestran que ésta no era todo lo fuerte que él hubiera deseado. Por ello De Gaulle buscó solidificar su situación intentando que los demás aliados le reconocieran el “status” que los ingleses no se decidían a otorgarle y dentro de esta política hay que explicar el hecho de que una unidad de caza de los franceses libres fuera a parar al lejano frente germano-soviético, siendo de hecho la contra- partido al apoyo de Stalin a la causa gaullista.
Inicialmente se pensó en mandar a Rusia una División de Infantería. Esta empresa ofrecía, sin embargo, árduos problemas logísticos mientras que los ingleses no estaban dispuestos a permitir que una unidad de esta envergadura se les escapara de las manos. El proyecto fue, pues, descartado, optándose por mandar únicamente una formación aérea de combate.
Sin duda, los problemas logísticos suscitados por los aviadores eran mucho menores, ya que iban a pilotar aviones rusos y contarían con personal soviético de tierra. Pese a todo esto, la oposición inglesa también fue seria, pues significaba perder unos pilotos entrenados en el manejo de los Hurricane y Spitfire y que constituían un serio refuerzo para sus formaciones. El proyecto, finalmente, salió a flote, y a fines de 1942 los pilotos franceses ya se hallaban en Rusia. La presencia de estos hombres dispuestos a combatir codo a codo con ellos, en las horas amargas que precedieron a la batalla del cerco de Stal ingrado, emocionó a los rusos, que dieron muestras de una viva simpatía hac ia la unidad de cazas francesa. Esta solidaridad continuó incluso tras la guerra gracias a una asociación de antiguos miembros de la “Normandie-Niemen” la cual, dicho sea de paso, ha incluido, entre sus miembros, a altas autoridades militares francesas y soviéticas.

FORMACION DE LA UNIDAD
Tras la ocupación de Líbano y Siria por los ingleses y sus aliados, los franceses libres, se procedió a organizar allí diversas unidades de aviación gaullistas. Una de aquellas unidades iba a ser la destinada a combatir en Rusia: el “G.C. 3” o tercer Grupo de Cazas, que ostentaba el título de “Normandie”.
En la gestación del proyecto tuvo una parte destacada el coronel de aviación Luguet, antiguo agregado aéreo de la Francia de Vichy en Moscú, pasado al bando aliado. A finales de febrero de 1942 empezaron las negociaciones con las autoridades soviéticas; negociaciones largas que sólo acabaron en julio. Más prisa se dieron los franceses en organizar su unidad, pues ya a mediados de agosto salían de Londres los primeros voluntarios. Eran hombres decididos a todo, cada uno de los cuales había tenido ya su pequeña aventura, escapando hacia Gran Bretaña, volando desde el Norte de África hacia Gibraltar o atravesando todo el territorio español para llegar a idéntico destino. Muchos eran veteranos de la RAF.

Foto: Un oficial ruso observa otro de los cazas alemanes derribados por los pilotos franceses, en Orel.

El nuevo viaje no dejaba de ser una odisea, pues debían cruzar el océano en barco, hasta Lagos, Nigeria, para volar desde eses país, atravesando todo el desierto, hacia el Sudán y Egipto y, desde allí, a Rayak, en el Líbano, donde radicaba la unidad. En Rayak se unieron a los veteranos de la escuadrilla, realizándose todos los trámites necesarios para ponerla a punto. A mediados de noviembre, los pilotos y mecánicos abordaron una nueva peregrinación: hasta Bagdad en avión —en los DC 3— y desde allí a Basora, en tren. El tramo siguiente, hasta Ahwaz —en el Irán, entonces invadido por fuerzas anglo-rusas— lo hicieron en camión, llegando finalmente a Teherán, una vez más en tren. De nuevo montaron en los DC 3 para volar —vía Baku y Astrakán— hasta la base de entrenamiento de Ivanovo, situada a 150 km. al NE de Moscú.
Una vez en su punto de destino, se les ofreció a los pilotos franceses la posibilidad de elegir el material sobre el que querían volar. Los soviéticos disponían de abundantes Bell, P 39 Mr Cobra, Hurricane, Spitfire, etc., proporcionados por los americanos y los británicos. Sin embargo, los franceses optaron por el avión ruso Yak-l. Era éste un aparato en absoluto sofisticado, pero sí robusto, ligero, maniobrable y rápido. Hecho tan sólo de madera y tela, con algunas partes metálicas, el piloto no iba demasiado protegido, pero otras cualidades compensaban esta deficiencia. Una vez elegido el aparato empezó el período de adiestramiento, en los biplazas Yak-7, y en los propios Yak-l, que duraría desde diciembre de 1942 hasta enero de 1943. Al acabar éste el comandante Pouliquen, que había organizado la unidad, volvió a Gran Bretaña, siendo sustituido por el comandante Tulasne.

UN ENEMIGO DIFICIL
Aunque la Luftwaffe ya no era la señora de los cielos, seguía siendo un enemigo muy temible. No podemos olvidar que los “ases” principales de la aviación alemana consiguieron el grueso de sus laureles en el frente del Este. Hartmann y Rudel son dos buenos ejemplos de cómo, en inferioridad numérica, la fuerza alemana luchó con coraje para mantenerse en paridad con las fuerzas soviéticas. Además, si repasamos los libros de memorias de comandantes alemanes en el frente oriental observaremos que todos ellos no conceden un papel decisivo a la acción de la aviación del Ejército Rojo, papel que sí otorgan, en cambio, a la aviación de los aliados occidentales, auténtica vencedora de las batallas de Normandía y las Ardenas. Si creemos, pues, en lo dicho por libros hay que concluir que la Luftwaffe fue capaz de sostener una acción eficaz en Rusia hasta el final del conflicto.

Foto: El “Stormovik” o ‘tanque del aire” Los pilotos de la “Normandie-Nienen” les escoltaron en muchas de sus misiones.

Los franceses de la “Normandie” no podían permitirse la libertad de que gozaban sus compañeros de Europa Occidental en donde, a partir de un determinado momento, la Luftwaffe había sido barrida de los cielos y se mostraba incapaz de reconquistar el dominio de los aires, Y, a pesar de ello, el palmarés de caza de la “Normandie” fue extremadamente brillante, pues las cifras oficiales reconocidas por los soviéticos señalan un total de 5.000 salidas de combate. 869 combates contra el enemigo y 273 aviones destruidos al precio de la pérdida de 42 pilotos.
Un problema con el que se encontraron los franceses fue el de asimilar las técnicas de combate de los soviéticos. Los franceses eran por naturaleza individualistas y estaban constantemente tentados por la “caza libre”. En cambio, la técnica soviética en el aire era análoga a la desarrollada en tierra: el “rodillo ruso”. Es decir, amplias formaciones volando ala contra ala, prácticamente inasequibles a la pericia de los cazas alemanes por su tremenda capacidad de fuego. El no asimilar rápidamente esta técnica costó a los franceses bajas, y así en los combates de Kursk-Orel se perdieron seis pilotos en tres días. Al final, y según el mariscal soviético Novikov: “lo esencial es que los pilotos franceses, bajo la influencia directa de sus camaradas soviéticos, pasaron de un espíritu individualista a la táctica de grupo en los combates aéreos”.

LAS PRIMERAS BATALLAS
El 22 de marzo de 1943, concluida su preparación, la unidad partió para el frente y dos días más tarde cumplía sus primeras operaciones, estableciendo su base en Polotniani Zavod, a 80 kilómetros del frente. No era una base de primera línea, pues en definitiva los pilotos aún eran noveles con los aparatos y en las técnicas soviéticas, por lo que la función principal consistía en escoltar a los bombarderos y en impedir la acción de los aviones de reconocimiento enemigos. Estaban agregados al 261 Regimiento de Bombarderos, perteneciente a la 204 División de Bombarderos soviética.

Es en esta fase cuando realmente terminó el aclimatamiento a la región y al combate y aunque no eran más que una Escuadrilla, bien pronto se convirtieron en un Grupo, con dos escuadrillas. Casi simultáneamente comenzaron las victorias: un Focke Wulf es abatido el 5 de abril. Y las primeras pérdidas: tres pilotos desaparecen el día 13 del mismo mes. Poco después los franceses fueron trasladados a una base situada directamente en el frente, Mozalsk, uniéndoseles a una fuerza de cazas, que era además una unidad de élite.

Foto: Una de las órdenes, firmadas por el general De Gaulle, que condujeron  a la formación del grupo de caza francés que habría de batirse al lado de los soviéticos.

Se trataba de la 303 División de Cazas, del 1º Ejército Aéreo Soviético; división compuesta por los regimientos 139, 168, 523 y 18 de la Guardia. Siempre formando parte de esta división, la “Normandie” hizo toda la campaña de 1943 en Rusia Occidental, pasando sucesivamente a los aeródromos de Kozielsk, Khationki, Gorodietchina, Spass-Diemansk, Michkovo, Barsouki, Filatki y Soloboda. Fue un verano caliente”, pero no tanto por la temperatura como por los durísimos combates que se libraban, pues por última vez los alemanes iban a intentar avanzar en Rusia; por última vez los “panzers” iban a partir al asalto. Se trataba de la gran batalla de Kursk-Orel aunque, antes de entrar en ella,bueno será que recordemos brevemente la situación del frente, en aquellos días.
Tras la derrota de Stalingrado, los alemanes pudieron difícilmente evacuar el Cáucaso y recomponer su frente. Consiguieron alguna sonada victoria como la reconquista de Jarkov por las divisiones de élite de la Waffen SS, pero era evidente que sus reservas menguaban y que ya no podían desarrollar un asalto general en todo el frente. Para el verano de 1943, el área neurálgica estaba muy clara. En el sector central del frente los rusostenían un entrante en las líneas alemanas, Kursk, y los alemanes contaban con otro en las líneas rusas, Orel. Ambos bandos se aprestaban a mantener sus posiciones y conquistar las enemigas.
Los franceses tuvieron una destacada participación en los ataques a la carretera Briansk-Orel, eje central de la logística alemana en su saliente sobre las líneas rusas, siendo fácil suponerlo encarnizado de los combates. Los pilotos despegaban varias veces al día hacia un espacio aéreo permanentemente plagado de formaciones de aviones batiéndose entre si por la supremacía y en el apoyo a las fuerzas terrestres. Los franceses, que habían seguido un proceso de formación intenso, y se habituaron progresivamente al combate, soportaron muy bien la prueba. Sobre el cielo enrojecido de las batallas de Orel, Briansk, Ielnia y, más tarde, de Smolensko, los pilotos de la “Normandie” con la estrella roja en el timón de cola y las alas, pero con la bandera francesa pintada en franjas concéntricas sobre la “cacerola” de la hélice, combatieron con especial ardor y arrojo, siendo temidos por las fuerzas de caza enemigas, y dejando el tributo de su sangre. El propio comandante de la unidad, Tulasne desapareció en combate, siendo sustituido por el comandante Pouyade, que había llegado entre tanto, con pilotos de refuerzo. Al acabar la campaña de 1943, cuando el grupo se replegó a Tula, sólo quedaban seis pilotos supervivientes, pero totalizaba la “Normandie” 72 victorias. Y en el capítulo de distinciones hay que señalar que el 3 de agosto se le concedieron las primeras condecoraciones soviéticas, y que en octubre la unidad fue honrada con el título de “Compagnon de la Liberation” por orden del general De Gaulle.

LA CAMPAÑA DE 1944
Al precio de duras pérdidas, la “Normandie” ha solidificado su prestigio. Entre la población y los combatientes soviéticos Ilya Ehrenbourg, un destacadísimo propagandista, que dicho sea de paso estuvo en España, durante la guerra civil, populariza las gestas de la unidad, desencadenando un amplio sentimiento de simpatía hacia ella en toda la URSS. Los artículos de “Pravda” y los de “Izvestia” son tan laudatorios que los lectores estimulan su imaginación y mandan a los franceses, por ejemplo, regalos de comida en cantidad absolutamente descompensada con su reducido número. En tiempo de guerra, sin embargo, siempre hay quien puede “dar cuenta” de comestibles sobrantes…

Foto: Los “Yak” 1 franceses en el aeródromo de campaña de Ivanovo, en el invierno de 1944.

Igual fama alcanzan entre los combatientes de la Francia Libre. Hay sin duda dificultades, pues el gobierno francés constituido en Argel, conquistado tras la operación “Torch”, no está unánimemente a favor de la continuidad de la unidad. Esta, pese a todo, se mantendrá, aunque con modificaciones. Para empezar, el personal mecánico es enteramente sustituido por soviéticos, pero pilotos de refuerzo, procedentes de África del Norte, llegan a Tula, donde la “Normandie” descansa, para instruirse. Además, la unidad se amplia a Regimiento, formado por tres escuadrillas, a las cuales, en el curso del año, se unirá otra más, siendo sus nombres “Rouen”, “Le Havre”, “Cherourg” y “Caen”. También se modifica el material: los Yak-9 son entregados, en número de 55 al regimiento, que equipa con ellos a todas sus escuadrillas.
La campaña de 1944, en Bielorrusia y Lituania, la realizarán los franceses siempre al lado de la 303 de cazas, y apoyando a la 3ª División de Bombarderos de la Guardia, actuando desde los aeródromos de Mikoutani, Alitous, Antonovo, Didvije-Sterki y Gross-Kalweitchen. Los galos tienen una participación destacada, especialmente en la batalla de Niemen, motivo por el cual el mariscal Stalin, en persona, firma un decreto dando al regimiento el nombre con el que ha pasado a la historia: “Normandie-Niemen”.

Foto: Diario de vuelo de uno de los pilotos del grupo francés, utilizando un “Yak” 9.

Para los franceses, por estas fechas, la guerra es una cabalgata triunfal, pues mientras combaten en Lituania saben que París ha sido reconquistado y al acabar esta fase de la lucha sus “Yak” se posan ya sobre la tierra alemana de Prusia Orient al. Dueños absolutos de los cielos, junto a sus aliados soviéticos, los hombres de la “Normandie-Niemen” consiguen sonados éxitos como abatir 29 aviones alemanes en una jornada, sin sufrir por su parte pérdidas (16 de octubre de 1944).
En diciembre de ese año, cuando la “Normandie-Niemen” ya ha iniciado la tercera y última campaña, los veteranos y el comandante Pouyade marchan de permiso a Francia. El nuevo comandante de la unidad es el comandante Delfino. Antes de partir han asistido en Moscú, junto al resto del regimiento, al acto de condecoración de la bandera del regimiento, realizado por el propio De Gaulle.

EL AÑO DE LA VICTORIA
Poca tarea les quedaba ya a los hombres que venían a relevar a los veteranos. El regimiento, reducido a tres escuadrillas, interviene activamente en la batalla por Prusia Oriental. En ella los alemanes se defienden con coraje, pues pelean en su propio suelo nacional. La “NormandieNiemen” cambia constantemente de aeródromo en los cinco meses de la campaña:  Dopenen, Gross-Skaisgiren, Labiau, Powunden, Wittenberg, Friedland, Bladiau, Eylau, Heiigenbeil, son los puntos desde donde actúa este puñado de franceses que pilotan ahora los Yak-3.
En el cielo, durante la batalla por la ciudad de Koenigsberg, los franceses se enfrentan a una unidad de élite —mejor dicho a sus restos—, de la Luftwaffe: el Grupo “Moelders”. Su desesperada resistencia no podrá impedir la derrota final de Alemania, derrota a la cual los pilotos franceses en Rusia habían contribuido modesta pero honrosamente.
En medio de la efervescencia provocada por la victoria y el fin de la guerra, Stalin ofrece a Francia un curioso regalo, los aparatos Yak-3 pilotados por los franceses. Se retomaba así una vieja tradición rusa según la cual los guerreros debían volver a su tierra con las armas con la que habían conseguido la victoria. Así pues, los Yak-3 del regimiento, cuarenta en total, iniciaron un viaje a través de la Europa desgarrada y en ruinas, con etapas en Elbing (Prusia Oriental), Praga, Sttutgart y París-Le Bourget, donde una solemne ceremonia de recibimiento esperaba a los hombres que defendieron las esperanzas de la Francia Libre sobre las estepas de la URSS. Traían consigo a Francia una bandera excepcionalmente condecorada, ya que la unidad había sido galardonada con la “Legión de Honneur”, la “Croix de la Liberation”, la “Medaille Militaire” y la “Croix de Guerre”, por parte de los franceses, y con la “Orden de la Bandera Roja” y la “Orden de Alexander Nevsky”, por parte Soviética.

UN PUÑADO DE HOMBRES...
Fueron sólo un puñado de hombres, que nunca llegaron a ser más de 60. Pero ocupan un lugar de honor en la historia de la aviación gala. Y eso es así porque antes que nada eran hombres decididos a combatir, a pelear. Hombres que para llegar a la línea de fuego tuvieron que afrontar duras aventuras. Había pilotos que escaparon desde la Indochina francesa a China, donde se pusieron en contacto con las fuerzas americanas, realizando un amplio periplo antes de llegar a Rusia. Otros viajaron desde la lejana isla de Madagascar. Y escogieron el frente soviético para batirse, a pesar de que en él aún no sonreía la victoria a los aliados. Fueron combatientes excepcionales cuyos nombres forman una página gloriosa de La historia militar francesa: Durand, Preziosi, Risso, Lefevbre, Bizien, Cautelain, Mahe, etc., aunque los héroes indiscutidos, que a la vez constituían un “tándem excepcional”, fueron Marcel Albert y Roland de la Poype, con 23 y 16 victorias respectivamente. Los dos eran “Héroes de la Unión Soviética”.

Foto: Jean Tulasne, uno de los pilotos más distinguidos de la unidad expedicionaria francesa.

No fue la “NormandieNiemen” una unidad muy politizada, ya que básicamente compuesta por militares profesionales era difícil que se hallaran en ella partidarios del comunismo. Sin duda era general el sentimiento “antifascista”, pero éste no nacía de una posición política, sino de la ocupación de su país por los alemanes. En cambio sí que fue una unidad que vivió al hilo de las jugadas políticas, pues su mismo nacimiento se debió a las necesidades de De Gaulle de afianzarse en el campo aliado, y por otra parte estuvo en trance de desaparecer cuando el Gobierno constituido en Argel conceptuó como innecesario el apoyo ruso.

PARA UNA GRAN EPOPEYA
Este reducido grupo de hombres estaba resuelto a dejar muy alto el pabellón francés. Costase lo que costase y a pesar de lo que fuera. Yves Courriere, autor de un libro sobre este regimiento de caza, pone en boca del general Zajarov, del que dependían los franceses, estas palabras:
“Once, no son más que once pilotos —se refiere al contingente inicial—. No es nada y es mucho. Los franceses son los únicos extranjeros venidos del Occidente capitalista para combatir en la URSS. Para De Gaulle, pero sobre todo para nosotros, Normandie es un símbolo
Era muy difícil la situación de estos combatientes franceses. Sin libros ni periódicos en su lengua, sin apenas poderse entender con la población o con los mecánicos soviéticos, ni escuchar la radio, se sentían extraordinariamente solos, aunque el afecto con que eran tratados compensaba esta incomunicación. Les resultaba también complejo el volar sobre aviones que se parecían muy poco a los occidentales. El Yak-l, por ejemplo, era llamado por ellos “mujik de los aires” y esto ya es una buena prueba de su pobreza de medios. Los aparatos soviéticos tenían excelentes motores (Hispano Suiza, fabricados con licencia) pero no podía esperarse encontrar a su bordo equipos de radio VHF. La radio, extremadamente deficiente, veía además disminuida su efectividad hasta en un 60 por ciento por la acción de los parásitos y las vibraciones. No llevaban equipo para vuelo sin visibilidad pese a que las condiciones climatológicas de la estepa destacaban por su dureza. Era muy árdua, también, la vida en unos aeródromos situados entre los 5 y 10 km., detrás de las líneas de combate, en los que no existían pistas, tratándose sólo de nieve en invierno y de hierba en verano y en donde no existían comodidades adicionales para los pilotos.

Foto: En 1944 el mayor Zamorin y el general Zajarov, soviéticos, posan al lado de un avión de la escuadrilla junto al oficial francés Joseph Risso.

Pese a todas estas y otras muchas dificultades, los franceses volaban, constantemente, con los Yak-l, 9 y 3, en sus misiones de combate. Contaba la unidad también con algún Yak-7, de doble mando, para entrenamiento, con un U-2, biplano, para enlace, y con un Yak-6 para pequeños transportes. Con estos aparatos derribaron cazas Me-l09 y FW-l90, a los “destructores” Me-110, a los aviones de bombardeo en picado Ju-87, así como a algún transporte Ju-52, y a aparatos de reconocimiento Henschel. La relación de pérdidas y victorias está netamente descompensada hacia el bando francés, que consiguió muchos más derribos que sus rivales.
Por una de esas casualidades del destino, el último derribo lo consiguió el piloto Georges Henry, en lucha con los alemanes de la “Moelders”; y, a la vez, Henry fue la última baja de la unidad. Una unidad que había combatido, en la campaña de 1943 en las batallas de Orel y Smolensko, en la de 1944, en las batallas de Orsha, Minsk, el Niemen y Lituania, y en 1945 en Prusia Oriental, para escribir, con letras de sangre, un capítulo de la gran guerra europea de 1939-45..


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