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Los Gurjas al servicio de su Graciosa Majestad

(Revista Defensa nº 66, octubre 1983)   Los gurjas constituyen una de las fuerzas coloniales de más antigua vinculación al Ejército británico y la única que sobrevive en la actualidad de todas cuantas, en el pasado, actuaron bajo la bandera de la Cruz de San Jorge. Con motivo de la guerra de la Malvinas, los gurjas consiguieron una gran popularidad, dada su fama de feroces, habiendo sido objeto, luego, de pesadas acusaciones por su comportamiento con los prisioneros argentinos. Sobre estos mercenarios escribe el coronel Dodd quien, lógicamente, ya que es británico, les con templa de un modo muy positivo, aunque aquí tal vez, podría recordarse el refrán según el cual “no es oro todo lo que reluce”.

Durante los últimos 168 años, los gurjas, los más leales aliados y amigos del Reino Unido, lo han servido en muchas partes del mundo. Su última acción tuvo lugar formando parte de la Fuerza Operativa del Atlántico que recuperó las islas Falkland (Malvinas). donde hicieron gala de su habitual valentía. Su historia como combatientes pagados por la Corona data de 1815 cuando Frederick Young alistó, para servir con el Raj de la India, al Batallón Gurja Sirmoor. Desde entonces, estos soldados apoyaron a los británicos con destacado coraje y convicción lo que, unido a un correcto comportamiento, ha hecho que gocen de gran popularidad en el Reino Unido y, de manera especial, cerca de aquellos que han servido o que combatieron a su lado en paz y en guerra.
Los gurjas son, supongo, mercenarios. Pero con una diferencia: que profesan una real y genuina lealtad hacia aquellos a los que sirven, explica a DEFENSA el mayor Akalsking Thapa El mayor, que es un guija graduado en la Academia Militar de Sandhurst, nos recibe en su oficina del Centro de Instrucción de Reclutas Guija de Sek Kong, en la zona de los Nuevos Territorios, en Hong Kong. Una oficina vistosamente adornada con copas, trofeos y recuerdos obtenidos por las unidades de gurjas a lo largo de los años, en muchos países.
El Centro de lnstrucción se encuentra aquí desde que hubo de abandonar Malasia, al acceder este país, en 1970, a la independencia. Las unidades de Infantería y de Apoyo gurjas, con las mixtas, más dos batallones británicos, constituyen la guarnición de la importante colonia de Hong Kong. Cuidan de la seguridad interna y del control de la frontera con China Popular pero, excepto un batallón ligero, los demás, como son batallones de Infantería normales, están equipados e instruidos para llevar a cabo operaciones en todo el mundo. Señalará que los batallones de gurjas normales rotan por turnos en el Reino Unido y los oficiales y suboficiales acuden a diversos cursos del Ejército británico, recibiendo en ellos la instrucción adecuada.
Pero, ¿cómo llegan hasta Hong Kong los soldados guijas?
Todo comienza en su patria de origen, en el Nepal, donde existen dos pequeñas estaciones de reclutamiento, situada una en el Este, para nutrir a los regimientos 70
y 100, y otra en el Oeste, que provee a los 20 y 60. Cada año, el Ejército británico solicita alrededor de 300 hombres que salen de los que, con la esperanza de ser elegido, bajan de las montañas. Antes solían presentarse unos diez mil, pero ahora, para evitar los problemas derivados de esta masificación, comisiones técnicas viajan a los pueblos y llevan a cabo una preselección de los candidatos.

foto: Soldados gurjas del “7º Regimiento de Fusileros Gurjas del Propio Duque de Edinburgo”, la unidad enviada a las Malvinas, hacen el relevo de la guardia en el Palacio de Buckingham.

Normalmente, el hijo sigue al padre en los regimientos, generación tras generación. En un año normal, alrededor de 150 de los seleccionados cuenta ya con un padre o un hermano en las unidades de guijas y el resto raro es aquel que no tiene, cuanto menos, un pariente cercano en esas fuerzas.
Los voluntarios aceptados se alistan por un período inicial de cuatro años aunque lo que todos ellos desean es permanecer como mínimo los quince años que son necesarios para poder retirarse con derecho a percibir una pensión.

UN DURO ENTRENAMIENTO

Una vez concluidas todas las formalidades, los reclutas son reunidos en un aeropuerto nepalí desde el que, vistiendo un uniforme mínimo, vuelan a Hong Kong. A su llegada son divididos en dos grupos de alrededor de 150 hombres cada uno de ellos, comenzando acto seguido un curso intenso de instrucción de dos semanas de duración. Se les trata con singular rigor pero esto, curiosamente, les gusta, y se adecua muy bien con su carácter. Todos tratan de superarse y no se producen bajas a menos que sean por accidente.
Durante el período de formación tienen prohibido fumar o beber alcohol, viven en espartanos barracones con capacidad para 70 hombres y sus pertenencias se reducen a un camastro y una taquilla. Cada barracón cuenta con una zona aledaña considerada como de recreo en la que hay asientos y en donde, además de dedicarse a la limpieza de las armas y a discutir temas con los suboficiales, llevan a cabo sus bailes tradicionales y diversiones características entre la que destaca la de disfrazarse. Disponen de una capilla en la que escuchan a sus asesores espirituales, sacerdotes de religión hindú. Durante esta primera etapa tienen muy poco tiempo para actividades expansivas y lo normal es el durísimo adiestramiento que efectúan, incluso fuera de las horas normales. Afortunadamente para ellos, puesto que se han criado en lugares muy abruptos, están bien desarrollados y su hábito de correr millas arriba y abajo por las montañas los ha hecho fuertes, casi infatigables. El jud, o carrera de montaña, es su deporte favorito, y consideran normal subir y bajar un montículo de 1.500 pies (450 m.) en 15 minutos, incluso cuando el suelo se halla mojado o con nieve. Sin embargo, los reclutas apenas sí saben nada sobre armas o defensa, les falta coordinación, no han visto nunca un balón o una pelota y les resulta difícil jugar con ellos, aunque estos fallos se rectifican pronto.
La instrucción primaria se dirige a proporcionarles una mayor confianza en su propia capacidad para utilizar las armas personales y extraerle al terreno que pisan las mayores ventajas. En esta etapa se les enseña, además, a lucir el uniforme y a sentirse orgullosos de su apariencia, pero lo que priva es el adiestramiento para el combate: desde la bayoneta y lcukri (su inseparable puñal) al tiro, que se inicia con rifles de 22 continuándose, luego, con otras armas.
Una vez que obtienen una buena clasificación en blancos normales situados entre 200 y 600 yardas (182 m. y 546 m.), pasan a objetivos más ambiciosos Los gurjas tienen fama de ser tiradores rápidos, precisos y eficaces, como lo probaron no sólo en las acciones de guerra en Las que tomaron parte a lo largo de los tiempos sino, también, en las Competiciones Internacionales de Fusiles y Armas Ligeras de Bis-ley, en donde el 10° de Gurjas obtuvo el mejor trofeo del Ejército británico.
Acto seguido se inicia la instrucción de campaña y en Las tácticas de sección y de pelotón, caracterizándose siempre por sus silenciosos y veloces movimientos en terrenos difíciles. Como demostraron en muchas acciones contraguerrilla (por ejemplo en Borneo, Malasia y Brunei) son maestros en tender emboscadas y en efectuar largas patrullas y marchas forzadas. Los tres últimos meses incluyen las operaciones usuales de guerra, ataque, defensa, avance y retirada, así como operaciones de seguridad interna. La cooperación con la Policía en el acordonamiento y control de multitudes, el uso mínimo de la fuerza y la paciencia en circunstancias difíciles son muy tenidos en cuenta.
Una vez concluido el período de instrucción básica cada recluta se integra en una unidad, tras lo cual aprende una especialidad de ataque para su empleo en La misma. Los mejores hombres del batallón de Infantería se asignan al apoyo de las armas, manejo de morteros, armas contracarro, etc., así como a transmisiones, cocina, conducción y otras especialidades. Virtualmente, todas las tareas las desempeñan los gurjas, aunque existen unos pocos británicos encargados de la pagaduría, transportes y armería.
Cualquier oportunidad es buena para ejercitarse en ambientes convencionales o nucleares. Las subunidades de los batallones destacados en Hong Kong toman parte en importantes maniobras con fuerzas militares de los Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, mientras que los oficiales británicos de los regimientos de guijas efectúan permanencias en los cuarteles generales británicos y de la OTAN. También son agregados a regimientos británicos, en tanto que los oficiales y suboficiales gurjas asisten, como ya se ha dicho, a cursos en el Reino Unido para mantenerse al tanto del moderno pensamiento militar del país al que sirven.

LAS CONDICIONES DE VIDA

En 1982, el 70 Regimiento Gurja estuvo estacionado en el Reino Unido como parte de la Brigada de Infantería de la Reserva Estratégica británica. Cuando los argentinos desembarcaron en las Falkland (Malvinas) fueron movilizados junto con las otras unidades de la Brigada, ejercitándose en las montañas Welsh hasta su embarque en el trasatlántico Queen Elizabeth. La de los gurjas fue la primera unidad de la Brigada en desembarcar en San Carlos, tras 21 días de navegación, entrando inmediatamente en acción. EL factor psicológico jugo a su favor, ya que los soldados argentinos habían oído decir que mataban a sus propios heridos y degollaban a los prisioneros. Estos rumores eran totalmente falsos, pero introdujeron el temor en los corazones de sus oponentes, conduciéndoles a huir.

foto: Un teniente y un brigada (Warrant officer II), instructores de la “Brigada Gurja “, rodeados por hombres de esa unidad en un ejercicio de combate personal.

Cuando tras una marcha nocturna de seis horas los guijas atacaron el monte Tumbledown, cerca de Puerto Stanley (Puerto Argentino), unos trescientos argentinos se rindieron... a los Guardias Escoceses. El teniente coronel Morgan, comandante del primer batallón del Regimiento de Gurjas, que fue la única unidad destacada en el archipiélago atlántico, condujo a sus hombres sin más armas que una de mano. Al concluir la campaña escribió: Era frustrante y exasperante no encontrarnos enemigos en un objetivo. Pero cuando todo está dicho y hecho, si podemos ganar simplemente en base a la reputación de que gozamos, ¿para qué matar a nadie?.
Las condiciones de servicio de los soldados gurja son muy precisas. Su paga básica es la misma que reciben las unidades de gurjas del Ejército indio, aunque se les entrega una paga especial cuando se hallan en Hong Kong, dados los altos precios imperantes en esta colonia, y, si están en el Reino Unido, los emolumentos son similares a los de los militares británicos de su rango y condición.
Tras dos años y medio o tres de servicio gozan de un permiso de seis meses en Nepal, mientras que cada dos años tienen derecho a un permiso de dos semanas que disfrutan en el lugar de su destino. Para los casados, y según su rango, existe el privilegio de que sus familias se reúnan con ellos al cabo de ocho años de servicio. Esa reunión dura tres años, al cabo de los cuales mujer e hijos deben retomar al Nepal, pudiendo volver en una segunda ocasión. Sólo los oficiales graduados y los Oficiales Gurja de la Reina (QGO) tienen a sus familias junto a ellos de un modo permanente. El sistema parece aceptable, ya que muchos de los soldados no están casados, y lo que sus familias esperan es que les envíen dinero y contraigan nupcias al licenciarse o hacia el final de su enrole. La pensión es la principal recompensa, pues garantiza que ningún ex-soldado, ni su viuda, morirán de hambre o pasarán temporadas aciagas.
Por lo que hace a la carrera de un gurja, una pequeña parte alcanza el grado de sargento, y son menos todavía los que consiguen ser oficiales, Los primeros deben retirarse a los 18 años de servicio, a menos que tengan perspectivas de ascenso, y los segundos a los 20 años. Los oficiales pueden ser comisionados en la categoría especial de QGB, una graduación que les iguala con los subedar y jemadar del antiguo Ejército de la India. Los jóvenes que se han educado convenientemente llegan a ser oficiales graduados normales. Tal es el caso de nuestro anfitrión de Hong Kong, el ya citado mayor Akalsking Thapa, que acudió a la Academia de Sandhurst, de la misma forma que cualquier otro oficial del Ejército británico. En la actualidad, unos quince oficiales gurjas, nacidos en Nepal, obtuvieron su despacho de oficial en Sandhurst, habiendo asistido además a la Escuela de Estado Mayor o a escuelas y colegios similares.

UNA LARGA MARCHA

Digamos, para concluir, que desde los primeros enroles, y hasta el día de hoy, los gurjas recorrieron un largo camino bajo el pabellón británico. Al principio, sus sedes estuvieron en el suelo indostánico (Dehra Dun, Quetta, Abbotabad y Shilong), donde formaban parte del Ejército de la India y recibían pagas, como condiciones y concesiones similares a otras unidades del mismo. En la SGM combatieron 55 batallones de gurjas con los Ejércitos británico e indio en Oriente Medio, India, Italia, Birmania y Malasia.
En 1948, el anuncio de la partición del Continente indostánico entre dos nuevos Estados, India y Pakistán, colocó a los gurjas en un dilema, resolviéndose, al cabo de una larga serie de viscosas discusiones entre el Reino Unido,  India y el Nepal que de los regimientos de gurjas existentes, cada uno con dos batallones se asignasen cuatro al Ejército británico y los seis restantes al indio (hoy este último cuenta con aproximadamente quince batallones de gurjas). Aunque a los miembros de los regimientos que iban a pasar bajo el control británico se le dio la oportunidad de integrarse en el Ejército indio, pocos fueron los que se marcharon.
En marzo de 1948 los gurjas comenzaron concentrarse en Sungai Patani, Malasia, que partir de ese momento, y durante mucho tiempo, fue su nueva base principal. Desde Malasia llevaron a cabo giras por Hong Kong, Reino Unido y otros lugares, partiendo desde allí los batallones que se distinguieron en las guerras de Brunei y Borneo, así como en la que tuvo lugar en la propia Malasia contra las bandas comunistas.
En los años 50, el Gobierno británico decidió formar una División Gurja compuesta por 16.000 hombres, incluyendo Artillería, Ingenieros y todas las armas de apoyo normales. Desgraciadamente, los repetidos cortes en los presupuestos de Defensa liquidaron el plan antes de que fuese puesto en práctica. En 1960, las restricciones económicas redujeron el contingente gurja de 15.000 a 10.000 hombres y se iba a disminuirlo a 6.000 cuando los sucesos de Irlanda del Norte cambiaron el panorama. En efecto, los disturbios en esa zona afectaron a un gran número de batallones de Infantería, obligados a servir allí, por lo que se requirió uno de gurjas para que se integrase en la Reserva Estratégica del Reino Unido.
En la actualidad, además de éste, y de los estacionados en Hong Kong, hay un batallón de guijas en Brunei, pagándolo el sultán, si bien esta situación podría cambiar en el futuro.
Vale la pena señalar que los regimientos de gurjas mantuvieron siempre estrechos lazos con la familia real británica, lo que reflejan sus nombres. He aquí los actuales regimientos: 2nd King Edward VII,s Own Gurkha Rifles, The Sirmoor Rifles (Fusileros Gurjas del Propio Rey Eduardo VII o Fusileros de Sirmoor), 6th Queen Elizabeth ‘5 Own Gurkha Rifles (Fusileros Gurjas de la Propia Reina Isabel), 7th Duke of Edinburgh‘s Own Gurkha Rifles (Fusileros Gurjas del Propio Duque de Edinburgo) y 10th Princess Mary’s Gurkha Rifles (Fusileros de la Propia Princesa María). Los batallones, cuando se encuentran en el Reino Unido, cubren la guardia del Palacio de Buckingham.
Existen excelentes relaciones entre el Gobierno británico y su Ejército con el Gobierno y Ejército del Nepal. A ello contribuyen las visitas a Nepal del general de división responsables de la Brigada Gurja estacionada en Hong Kong y custodio de sus tradiciones. Sin embargo, es indudable que resulta anómalo que en las postrimerías del siglo XX dos países, el Reino Unido y la India, alisten a ciudadanos de un tercer Estado. Pero en Nepal sobran brazos y ésta de servir en Ejércitos extranjeros constituye una segura fuente de trabajo, proporciona divisas y asegura muchas vejeces. De ahí que, con toda seguridad, la situación no vaya a cambiar en un próximo futuro.

Revista Defensa nº 66, octubre 1983, Norman L. Dood


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