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Septiembre de 1992, llegan a la División Acorazada Brunete los nuevos carros M-60

En el acuartelamiento que la Brigada Acorazada XII, de Ia División Acorazada «Brunete», posee en El Goloso, Madrid, tuvo lugar la presentación oficial de los «nuevos» carros de combate «M-60» incorporados recientemente al Ejército de Tierra (ET). El entrecomillado de la palabra «nuevos» es obligado pues si bien lo son en el sentido de que, hasta la fecha, España no había dispuesto de ejemplares de ese modelo, ninguna novedad suponen como arma puesto que se trata de un carro cuyo más remoto origen hay que situarlo en los últimos años de la década de los 50.

No entraremos en las características técnicas de este ingenio , pero sí recordaremos, en cambio, que Ia llegada de los M-60 se inscribe en Ia letra y el espíritu del Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa. En virtud del mismo, los norteamericanos estaban obligados a retirar de Alemania una serie de materiales ante los que se abrían dos onerosos caminos: su evacuación a los Estados Unidos o Ia destrucción in situ. Quedaba una tercera alternativa bastante más económica: entregarlos a los países aliados igualmente comprometidos en la reducción de su parque para que sustituyesen con ellos a elementos mucho más viejos de modo tal que, sin desmarcarse de lo ordenado por el Tratado, se repotenciasen. Fue por este camino como España aceptó, en junio de 1991, recibir en transferencia 420 carros M-60 en sus variantes A1 y A3, 24 piezas de artillería autopropulsada M-110 y 100 Transportes Orugas Acorazados (TOAs).

EN CONDICIONES MOS

Con el año 1992 comenzó Ia instrucción de tripulaciones y de mecanismos del 2º Escalón, tanto en España como en los Estados Unidos, así como los estudios económicos previos, la inspección y, en septiembre, el traslado de los primeros M-60 a Cartagena que, inmediatamente, fueron revisados sufriendo las primeras reparaciones. Se trataba de 50 ejemplares de modelo A1 y 46 del modelo A3 y lo que los técnicos del ET descubrieron en ellos, especialmente en los A1, no debió de ser nada satisfactorio. Dos décadas y media de actividad constante en un medio ambiental (sobre todo en invierno) muy duro, más tres años parados a Ia intemperie, habían dejado una severa huella tanto en los elementos extremos, por la vía de la corrosión, como en los internos, debido al desgaste. Además, eran notorias las señales de canibalización.

En vista de ello el Gobierno español, que en junio de 1991 se había comprometido a adquirir 160 ejemplares del M-60 A1, un carro cuya entrada en servicio data de 1962, limitó Ia compra a Ias 50 unidades desembarcadas en Cartagena, en septiembre. Una medida, sin duda acertada, que suponía un ahorro de 21.000 millones de pesetas pero, sobre todo, evitaba Ia incorporación de unos materiales que no ofrecen el perfil deseado por los mandos del ET. Eso sí, mantuvo el compromiso contraído respecto a los M-60 A3 de los que 120 más llegarán el próximo mes de mayo, 73 en septiembre y 21 en octubre.

Desde luego los A3, que comenzaron a fabricarse en 1978, distan también mucho de parecerse a lo que sus utilizadores desearían disponer como carro de combate. Los norteamericanos, que habían instalado en ellos sistemas de visión termográfica y otros avances, los retiraron antes de transferirlos con lo que ahora será necesario, además de someterlos a un tratamiento anticorrosivo, dotarlos de sistemas de comunicación y otros elementos técnicos que les garanticen el mínimo de operatividad (recordemos que todos los carros han llegado en condiciones MOS, esto es, Mínimo Operativo Standard, lo que supone que apenas sí son capaces de algo más que de moverse y abrir fuego). Las transformaciones que requieren van a precisar de importantes asignaciones que, hasta Ia fecha, no han sido aprobadas lo que introduce un punto de incertidumbre sobre los plazos de concreción del programa e, inclusive, sobre si podrá llevarse a término en su globalidad.

Añadamos que los nuevos carros, que introducen por vez primera en el Arma Acorazada española Ia posibilidad de hacer fuego sin detenerse gracias a un estabiliza dor de tiro y a un sofisticado laser, supondrán la eliminación de 375 M-47, de 16 M-48, de 70 AMX-30 que no fueron modernizados y de 10 AMX-3Q ERI. Pese a todo, España tendrá cien unidades acorazadas menos de las que le permite el antes mencionado Tratado. 

Revista Defensa nº 179, marzo 1993

Texto: Alejandro Viejo

Fotos: Luis Rico

 


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