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El Combate contra helicópteros

El problema de la lucha contra los helicópteros se puso en el orden del día en las llamadas “guerras locales” de los años 70. En aquella época se emprendieron los primeros pasos para solucionarlo. Según la prensa de otros países, para destruir los helicópteros norteamericanos en Vietnam del Sur, los combatientes del Frente Popular de Liberación empleaban alambres tendidos sobre árboles, obstáculos poco visibles que se colocaban en las áreas de eventual aterrizaje, así como minas de acción dirigida. Todas esas medidas pasivas y procedimientos tácticos surtían efecto sólo cuando los helicópteros volaban a baja altura o se disponían a aterrizar.

La guerra de Oriente Medio (1973) demostró que el número de procedimientos tácticos de empleo del helicóptero había aumentado considerablemente. Resultaron sumamente eficaces los ataques contra ingenios blindados y otros objetivos, sin entrar en la zona de alcance de las armas antiaéreas del enemigo, así como los ataques por sorpresa desde cotas muy bajas.
En situaciones de enfrentamiento que se creaban en ejercicios tácticos experimentales, las pérdidas en helicópteros siempre eran varias veces menores que en blindados. A juicio de los árbitros, en un ejercicio táctico soviético de cinco días, los helicópteros del bando “amarillo” “inutilizaron” 200 carros, 6 helicópteros de apoyo por el fuego, dos aviones de caza tácticos, varios helicópteros de uso múltiple y de reconocimiento, así como gran número de vehículos del bando “azul”. Mientras tanto, las pérdidas del bando “amarillo” sólo fueron cuatro helicópteros.
Así y todo, se pone de manifiesto la elevadísima eficacia del helicóptero como sistema universal de fuego que, en comparación con otros aparatos, tiene inauditas posibilidades de observación, movilidad, elección del tiempo y espacio para descargar golpes. Los programas de creación de los helicópteros de combate del futuro prevén elevar su potencia de fuego, vitalidad, capacidad de actuar en todo tiempo.

Todo eso hace más agudo el problema de la lucha contra helicópteros y obliga a emplear con esa finalidad prácticamente todas las armas de dotación en las tropas.

LOCALIZACIÓN Y DEFENSA

En el aspecto táctico-organizativo, especialistas de otros países proponen optimizar el sistema de localización de helicópteros y de aviso de las tropas. Se da especial importancia a la experiencia de empleo de radares móviles especiales de elevadas características de detección y seguimiento de objetivos que vuelan a baja altura. Es importante descubrir de antemano las eventuales direcciones de ataque de los helicópteros, avanzar hasta el máximo la línea delantera de vigilancia de los radares en la dirección del enemigo, elegir los emplazamientos de las armas antiaéreas con pequeños ángulos muertos y lo más cerca posible de las unidades a cubrir.
Ya que las armas antiaéreas de corto alcance se encuentran en escalón táctico, se considera que precisamente en ese escalón ha de organizarse en todo su volumen el sistema de lucha contra helicópteros. Se estima conveniente emplazar los conjuntos coheteriles directamente en el dispositivo de las pequeñas unidades de tropas terrestres y trasladarlos junto con ellas. Es útil, además, tener armas antiaéreas especiales designadas para luchar contra los helicópteros que aparecen por sorpresa. Para cumplir ese cometido son muy eficaces los conjuntos de cohetes montados sobre el chasis de carros, vehículos de combate de infantería y auto-ametralladoras que poseen la necesaria vitalidad y movilidad y son capaces de proporcionar una cobertura antiaérea contínua a las tropas en las modalidades dinámicas de combate.

foto: Soldados vietnamitas rumbo al frente, a bordo de un Bell 205. La guerra del Vietnam fue un test vital para el helicóptero.

En algunos ejércitos se llevan a cabo experimentos de empleo de proyectiles contracarro para luchar contra los helicópteros y se dan pasos para crear un sistema combinado de armas (cohetes) de corto alcance que sean eficaces en la lucha contra los vehículos blindados terrestres, los aviones y los helicópteros en vuelo bajo.
Para destruir los helicópteros situados en áreas próximas al borde delantero enemigo se prevé utilizar la artillería. Se considera conveniente también poner barreras antiaéreas con granadas de alto explosivo y de metralla. Los helicópteros que aterrizan, o una vez en tierra, pueden destruirse con el tiro directo de todas las armas, lanzallamas y minas de acción dirigida.
Así y todo, para luchar contra los helicópteros valen todas las armas de las tropas terrestres, así como la aviación. Sin embargo, la solución completa del problema se aleja más y más a medida que se optimizan las características y los procedimientos de empleo de los helicópteros. En efecto, los helicópteros que atacan a pequeñas alturas y a distancias de 3 a 5 kilómetros son prácticamente invulnerables al fuego de las armas antiaéreas terrestres. Sucede casi lo mismo cuando los helicópteros actúan dispersos o por pequeños grupos.

HELICÓPTERO CONTRA HELICÓPTERO

Debido a ello surgió la necesidad de concebir un arma que pueda igualarse al helicóptero por su potencia de fuego, procedimientos tácticos, etc. La lógica y la experiencia histórica enseñan que este arma también es el helicóptero. Al igual que el carro ha sido y es el arma más eficaz en la lucha contracarro, el helicóptero resulta uno de los medios más eficientes en la lucha contra helicópteros. Si estos aparatos son empleados en masa por ambos bandos, sus enfrentamientos serán inevitables. Por ello, igual a los combates de carros de las guerras pasadas, los combates entre los helicópteros son posibles e inevitables en el enfrentamiento de los ejércitos dotados de material moderno.
Al considerar el problema de empleo del helicóptero en la lucha contra su hermano de raza, los especialistas parten de la idea de que los helicópteros han de llevar armamento defensivo correspondiente y estar adaptados para librar el combate aéreo. Los helicópteros de combate, para luchar contra sus homólogos y rechazar los ataques de los cazas, deben tener potente armamento destinado a destruir los blancos aéreos.

foto:  Un Sikorsky S-61 en acción. ​

Actualmente hay dos puntos de vista para el desarrollo de los helicópteros de combate. Uno contempla idear un aparato universal, de asalto, capaz de apoyar por el fuego las unidades y pequeñas unidades en el combate interarmas, destruir los carros y otros vehículos blindados, luchar eficazmente en el aire contra los helicópteros del mismo tipo y hasta contra los aviones de caza del enemigo. El otro toma en consideración una perspectiva más lejana y prevé un desarrollo diferenciado de los helicópteros de combate de asalto para apoyar por el fuego las unidades y pequeñas unidades de tropas terrestres; contracarro destinados especialmente para destruir carros y otros objetivos blindados; de caza para luchar contra los helicópteros de combate enemigos y otros blancos aéreos.
Los partidarios del segundo punto de vista evocan la experiencia histórica y consideran que todas las armas universales pierden algo su eficacia al cumplir una misión de combate concreta. La especialización ofrece al mismo tiempo grandes posibilidades para mejorar el sistema de armamento y los procedimientos tácticos más eficaces. Se conjetura que en el futuro surgirá una gran necesidad de construir un helicóptero de combate monoplaza capaz de librar combate aéreo. Se estima que un aparato así ha de ser ligero, de alta velocidad y capacidad de maniobra, susceptible de llevar cañones y misiles dirigidos “aire-aire”.

Los requisitos que debe reunir el helicóptero de combate se hacen cada vez más rigurosos. Los más importantes son la capacidad de volar siguiendo el relieve del terreno a cotas superbajas de día y de noche, variar rápidamente la altura y la velocidad de vuelo, hacer figuras de acrobacia aérea para evitar el efecto de las armas antiaéreas y atacar los objetivos terrestres y aéreos.
En base a la experiencia de las guerras locales del Sudeste Asiático y de Oriente Medio, los especialistas militares de otros países consideran que el helicóptero que vuela a cotas superbajas y maniobra hábilmente es menos vulnerable que el avión clásico. Las elevadas capacidades de maniobra del helicóptero le permiten evadir los ataques de los cazas aprovechando accidentes del terreno, cauces de los ríos, bosques y otros abrigos y lanzar un ataque por sorpresa desde una dirección elegida.

EL ARMAMENTO

Las armas más eficaces que llevan los helicópteros de combate son el proyectil contracarro dirigido, el cañón automático de 20 ó 30 mm. y los proyectiles no dirigidos. Se da preferencia al cañón que permite hacer fuego sobre blancos terrestres y aéreos. Sin embargo, el cañón instalado en el helicóptero no es bastante eficaz para luchar contra los cazas enemigos. Por eso, en algunos ejércitos estudian la posibilidad de montar en el helicóptero misiles “aire-aire”.

foto: Los helicópteros de transporte, como este Sikorsky, son presa fácil para sus hermanos de raza.

Se analizan diferentes variantes de acciones del helicóptero dotado de esos misiles. Por ejemplo, para evadir los tiros del avión atacante, el helicóptero puede volar a su encuentro a baja cota. Eso reduce la permanencia del helicóptero bajo el fuego del avión que tendrá que salir del ataque para no estrellarse contra el suelo. Apenas el caza sobrevuela al helicóptero, éste hace un viraje de 180 grados y lanza un cohete.
Teniendo en cuenta las características del combate interarmas moderno, podemos considerar que los combates entre helicópteros y entre aeronaves de rotor y aviones se producirán más a menudo cuando los helicópteros de combate vayan a cubrir a las unidades terrestres atacantes, cumplir misiones de destruir los puestos de mando, armas nucleares, helicópteros en tierra y otros objetivos. En todos estos casos, los helicópteros de combate pueden cumplir las misiones de destrucción de los blancos aéreos cooperando entre sí o con las armas terrestres.
Si los helicópteros se emplean especialmente para luchar contra sus homólogos enemigos, pueden tender emboscadas: esperar en abrigos el ataque aéreo del enemigo, y al producirse el ataque, subir y lanzar por sorpresa los cohetes. Este procedimiento se empleará más a menudo en el combate defensivo. En la ofensiva se aprovecharán otros procedimientos más decididos y dinámicos.
Es evidente que el problema de la lucha contra helicópteros se está solucionando en base al empleo integral de las armas terrestres y variados procedimientos tácticos. El combate entre helicópteros se hace parte integrante del combate interarmas moderno y se librará tanto en cooperación con las armas terrestres como autónomamente entre pequeñas unidades de helicópteros y entre aparatos.

Revista Defensa nº  21, enero 1980, M. Belov


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