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El Colegio Militar de la Nación, forja del Ejército Argentino

En este lunes 11 de octubre se cumplieron 152 años de la fundación del Colegio Militar de la Nación, fábrica interminable de oficiales que prestan servicio  en las Fuerzas Armadas Argentinas. Rescatamos para conmemorar esta fecha señalada, un artículo publicado en la Revista Defensa de agosto de 1993:

Desde 1869 lleva funcionando ininterrumpidamente el Colegio Militar de la República Argentina, cuando fue fundado durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, para satisfacer la necesidad de profesionalizar la formación de oficiales del Ejército argentino, en una época en que aún estaba fresco el recuerdo de las luchas por la independencia y la organización nacional.

El Ejército argentino, consciente de la imperiosa necesidad de evolucionar junto con el país y, en respuesta a los profundos y cada vez más acelerados cambios de Ias sociedades modernas, desde 1989 puso en marcha un nuevo Plan de Carrera para sus cuadros permanentes, que orienta y regula la carrera del oficial desde el momento de su ingreso en Ia Institución hasta su pase al retiro.

DE CARLOS III A SAN MARTIN

Aquel viejo Colegio Militar —que comenzó a funcionar en el actual barrio de Palermo y que, a partir de 1937, se encuentra ubicado en El Palomar de Caseros, muy cerca de la ciudad de Buenos Aires—, ha debido modificar profundamente sus esquemas de enseñanza para adecuarse a los nuevos imperativos.

Vino nuevo en odres viejos... No es poco lo que queda de los tiempos fundacionales, puesto que en esencia, el ser militar argentino permanece enraizado en las Reales Ordenanzas de Carlos III—cuyo arquetipo autóctono fue el general José de San Martín— para cumplir con Ia finalidad de entregar a Ia Nación, jóvenes instruidos tanto en el difícil arte de la guerra como en la defensa en tiempo de paz. Esencia que tiene sus fundamentos en tres pilares básicos: la concepción cristiana de la vida, los principios expresados en Ia Constitución Nacional y los valores permanentes de Ia Institución, los cuales aseguran su supervivencia, motivan el comportamiento de sus miembros y sirven de base para la conformación de Ia personalidad, con rasgos que enuncian el perfil del Hombre-Argentino-Militar.

foto: Cadetes de Infantería desfilan con el tradicional «paso a compás».

Los estudios que sustentan el cambio se nutrieron en la propia experiencia de Ia fuerza —animada por investigaciones que arrancan en la década de los 60— y en un permanente análisis de los sistemas educativos vigentes en los Institutos de formación de los países militarmente más avanzados. Del proceso antedicho pudieron extraerse varias conclusiones:

1) La mayoría de los Institutos de formación militar otorgan, paralelamente a la educación específica militar, títulos civiles con reconocimiento oficial.

2) Existe una tendencia generalizada a la revitalización de Ia formación académica, que complete Ia inherente al área técnico-profesional.

3) El análisis de la situación muestra la necesidad de estar preparado para cambios profundos y acelerados en Ia capacitación de los cuadros.

4) El nivel de los títulos expedidos por los citados Institutos, en su mayoría son intermedios y posibilitan el posterior completamiento de los estudios, tanto en el ámbito civil como en el militar.

5) La cantidad y tipo de carreras que cada Instituto dicta están en relación directa con las necesidades de los respectivos Ejércitos, y fundamentalmente, con Ias posibilidades del país.

6) Las ciencias exactas y humanísticas, complementarias del conocimiento técnico-profesional, además de coadyuvar el perfeccionamiento adecuado y útil para la fuerza, tienden a la integración e interrelación entre civiles y militares.

Por las consideraciones anteriores y, sin perder de vista que el objetivo primario del hoy denominado Colegio Militar de la Nación es formar al soldado profesional, se tuvo en cuenta que para obtener el título de grado en el ámbito universitario de Ia República Argentina, un estudiante debe cursar no menos de 3.200 horas-cátedra y, para un título intermedio, aproximadamente 1.600 horas-cátedra. En consecuencia, si el Ejército Argentino se acogía a la Ley 17.778 —por Ia cual se regula el funcionamiento de Ias Universidades provinciales e institucionales— era factible compatibilizar lo eminentemente técnico-profesional con Ias exigencias académicas y, por ende, crear el Sistema Universitario Militar.

PLAN CURRICULAR 1989-1992

Por Resolución nº 2024/90 del Ministerio de Educación y Justicia de la Nación se incorporó al Instituto de Enseñanza Superior del Ejército (lESE) en los beneficios que otorga Ia mencionada Ley. Fueron aprobados los estatutos así como los planes de estudios.

Además, se dio validez nacional a los estudios que desde 1989 se cursan en el Colegio Militar de la Nación, cuya finalidad esencial está referida a:

1) El grado de excelencia de Ia formación y perfeccionamiento que se imparten en el nivel universitario.

2) La formación de profesionales en el campo de Ia ciencia militar, especializados —en una primera etapa— en Relaciones Internacionales e Ingeniería en los niveles de grado y postgrado, así como en otras ramas del saber científico y sus disciplinas, aplicadas a las áreas de Ia estrategia, Ia conducción y Ia tecnología militar.

3) Ei planeamiento y ejecución de investigaciones científicas en el campo de la ciencia militar y en Ias distintas ramas propias de Ia actividad, provenientes de objetivos impuestos por el Sistema Militar de Investigación y Desarrollo, que será prescindente en materia política, pero estudiará los problemas políticos, ideológicos, sociales y económicos, como factores integrantes de la estrategia y Ias Relaciones Internacionales.

4) Un sistema de enseñanza basado en el planeamiento por objetivos y en Ia educación continua.

foto: Cadetes del Arma de Ingenieros construyen un puente flotante

Los estudios que se han puesto en marcha son los correspondientes a Ia etapa de formación que se dicta para los cadetes del Colegio Militar de la Nación quienes desde el año pasado, serán los primeros subtenientes egresados con los títulos que el plan prevé. Esa etapa continuará con Ia siguiente, denominada de perfeccionamiento para los oficiales subalternos, los oficiales jefes y los oficiales superiores.

Los distintos planes y subplanes que integran la estructura curricular conforman un todo armónico y coherente con el cual se procura satisfacer Ias exigencias derivadas de la estructura orgánica del Ejército, de acuerdo con el perfil y los objetivos previstos.

TIEMPO TOTAL DISPONIBLE EN LA ETAPA DE FORMACIÓN

La etapa de formación dura cuatro años y se completa con un curso básico de Ias Armas, previo al destino en Ias unidades. Incluye una serie de aspectos ético-espirituales, intelectuales, sociales, técnico-profesionales y físicos, que conforman un ciclo dividido en áreas y subáreas y suma un total de 8.450 horas. De ellas, 2.904 corresponden al dictado de clases, distribuidas en distintas proporciones para el subplan académico (Ciencias del Espíritu, Ciencias Exactas y Ciencias Militares), de acuerdo con Ias especialidades opcionales (Relaciones Internacionales, Ingeniería o Analista Administrativo Contable). En cuanto al tiempo destinado a Ia institución militar, se le dedican 2.843 horas, de Ias cuales 2.403 pertenecen específicamente a la misma y 440 a educación física, incluida entre las materias comunes.

UNA SEMANA TIPO

Cada cadete sabe que ingresa en un sistema selectivo, que sólo permite que obtengan el grado de oficial alrededor de Ia mitad de aquéllos que iniciaron el primer año. Sabe también que ha aceptado pertenecer a una profesión con riesgos, de esfuerzos y tensiones, que debe educarse para conducir e instruir cuadros y ciudadanos, manejar alta tecnología de armas y equipos, conocer técnicas modernas, pero sobre todo mantenerse actualizado mediante el perfeccionamiento permanente, tanto en lo intelectual como en lo técnico-profesional.

Por lo tanto, gradual pero intensamente, cada día, cada semana, los cadetes inician muy temprano sus actividades. El desarrollo de clases se efectúa en amplias aulas del pabellón de estudios. El Instituto dispone, para el ámbito académico, de una adecuada infraestructura (146.000 m2. de superficie cubierta): 43 aulas, biblioteca, imprenta, Museo de Armas, salón de actos para mil cien personas, laboratorios de física y química, circuito cerrado de TV, sala de computación, gabinete psicopedagógico, etc.

Para el apoyo de la instrucción militar en el área de educación física, cuenta con polígono de tiro, aula de tiro de tanques, pistas de obstáculos y pentatlón militar, gimnasios cubiertos para distintas especialidades, etc.

ORGANIZAClÓN Y EVALUAClÓN DEL PLAN CURRICULAR

Con el objeto de cumplir su misión, el Instituto está organizado como un sistema de enseñanza compuesto por subsistemas (conducción, coordinación, planeamiento de la enseñanza, evaluación integral, programación y ejecución de Ia enseñanza y apoyo a la enseñanza). La Dirección ejerce la responsabilidad de poner en funcionamiento el sistema bajo el mando de un general de brigada, asesorado y asistido por su Estado Mayor.

Allí desarrollan sus actividades el millar de integrantes del Cuerpo de Cadetes y el personal de apoyo, del cual forman parte alrededor de ciento cincuenta docentes civiles y militares.

El nuevo Plan Curricular es evaluado en forma permanente en los sectores fundamentales, sobre la base de los ras-gos de perfil profesional y el logro de objetivos. Esto permite tomar decisiones y realizar ajustes, para continuar Ia experiencia acumulada, con enfoque prospectivo, basado en la investigación y la innovación metodológica. Al propio tiempo, conduce a mejorar la calidad educativa que —en definitiva— posibilita enfrentar con éxito los requerimientos del campo de batalla moderno en el siglo XXI, sin perder de vista —a pesar de los avances científico tecnológicos— que la guerra es, ante todo, un fenómeno humano y que el hombre sigue siendo su factor decisivo.

Revista Defensa nº 183/184, agosto 1993,  Fernando Perdomo

 


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