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La legendaria Legión Extranjera en México. Camerone: la vida, más que el valor, les abandonó

Napoleón III, coronado emperador de Francia en 1852, había declarado oficialmente, con motivo de la ocupación de Argelia, que rechazaba reservar a los árabes la suerte que habían corrido los indios de América... Sin embargo, la realidad fue muy distinta durante su aventura mexicana, desde que diez años más tarde desembarcara el primer contingente militar francés en Veracruz (México), hasta su derrota definitiva en 1867. Durante este intento expansionista francés, un memorable episodio protagonizado por la legendaria Legión Extranjera supondría a la postre la mayor y heroica hazaña escrita y cantada en los anales de este cuerpo de élite.

Fue un 30 de abril de 1863, cuando un destacamento de 62 legionarios y 3 oficiales, con el capitán Danjou a su frente, se hizo fuerte en una hacienda de la localidad mexicana de Camarón de Tejada (de ahí la acepción francesa Camerone), para hacer frente durante 10 h. al asedio de un Ejército mexicano de 2.000 hombres, hasta su casi total aniquilación. Salvo sus oficiales, la mayor parte de estos asediados no eran franceses (si había alguno, tenía que alistarse bajo otra nacionalidad); no era su patria, no era su tierra, no estaban allí por causa ideológica o religiosa alguna que pudiera servirles de nexo; únicamente, tenían una orden que cumplir, y la cumplieron. Entre sus muertos se encontraba el asturiano Alonso Bernardo.

La Légion Étrangère (en adelante LE) había sido creada por el rey Louis-Philippe el 9 de marzo de 1831, tras Ordenanza Real que decide la formación de una legión compuesta de extranjeros y creada para operar y combatir fuera del territorio continental del Reino. Los acontecimientos del momento pesaron mucho para tal decisión: Europa estaba convulsionada por numerosos levantamientos, que a su vez provocaban el éxodo de un gran número de proscritos. La LE ofrecía un refugio a todos estos revolucionarios de barricada, a aquellos desertores que no habían querido servir a una causa que estimaban injusta; a todos ellos se les abría una nueva puerta, para unirse a otros soldados profesionales y también a obreros sin trabajo. Una amalgama que dio forma a estas primeras unidades legionarias, donde nadie preguntaba a nadie por el pasado de cada cual.

Así comienza la aventura de este cuerpo militar de élite mundialmente conocido; una aventura que se mantiene plenamente vigente en nuestros días. El primer centro de reclutamiento para recibir a estos hombres de orígenes tan dispares fue establecido en la localidad francesa de Langres, siendo el jefe de batallón Sicco, veterano de guerra, el primer oficial al mando. Entre 1832 y 1833 ya son varias las localidades donde se instalan cuatro nuevos puntos de recepción de voluntarios, organizados por nacionalidades: los procedentes de Europa central por un lado, italianos y sardos por otro; los candidatos españoles eran enviados a Agen, mientras que un cuarto puesto recibía a los oriundos belgas y holandeses. Tal era el efecto llamada de esta nueva legión.

foto: 1866: militares belgas en México, integrados en el Ejército de Maximiliano.

Una vez constituidas, organizadas e instruidas, las primeras unidades fueron enviadas a las posesiones francesas del Norte de África, establecidas poco antes, en 1830, unos territorios que hasta 1839 no recibirían el nombre de Argelia. Los comienzos no fueron muy felices: una masa humana tan heterogénea, mandada por oficiales franceses cuya lengua la mayoría de las veces los nuevos legionarios desconocían, no podía en poco tiempo adaptarse a la disciplina francesa, ni tampoco adquirir tradiciones. No obstante, gracias a los soldados y mandos veteranos, procedentes de los regimientos suizos y del de Hohenloe, disueltos con la Restauración, estos nuevos batallones fueron poco a poco homogeneizándose bajo el mando de un viejo oficial suizo al servicio de Francia, veterano combatiente en España: el coronel Stoffel, primer coronel de la LE.

A finales de 1832 dispone de siete batallones, organizados por nacionalidades de procedencia. El 4º, integrado por los españoles, se adapta particularmente bien a la forma de guerra africana: compuesto en su mayor parte por veteranos guerrilleros, su agilidad y fiereza, unido a un sentido innato del aprovechamiento del terreno, hacen de los legionarios de nacionalidad española un fuerza realmente eficaz frente a los árabes. Pero, en general, durante estos primeros años de ocupación, estas unidades destacan muy pronto como punta de lanza de la penetración francesa en África de Norte: rara era la operación militar donde la LE no estuviera presente. Antes de extenderse más tarde por el actual Marruecos, encuentra en la fundación de la argelina Sidi-bel-Abbès el lugar donde establecerá su base definitiva, la Maison Mère, su hogar, que así se mantendrá hasta la independencia de Argelia en 1962.

Entre el Norte de África y su epopeya mexicana, varios son los conflictos a donde la LE es enviada:

-Campaña de España (1835-39), en ocasión de la Guerra Carlista, en favor de Isabel II. Como novedad, se decide reorganizar los batallones, hasta el momento por nacionalidades y entremezclar estas para crear un más sólido Sprit de Corps. De 4.100 hombres embarcados en Argel rumbo a España, no quedaron más que 500 legionarios. Repatriados a Francia, muchos de ellos se reengancharon en la LE junto con no pocos de sus recientes enemigos, los carlistas.

-Asalto a la fortaleza de Constantina (1836-40), donde la voluntad del Gobierno de Francia es penetrar bien al interior de los territorios argelinos, y acabar con los últimos vestigios del poder otomano.

-Crimea-Sebastopol (1854-56), donde un cuerpo expedicionario aliado, formado por Francia, Inglaterra e Italia, acudirá en ayuda de los turcos frente a las agresiones del Ejército imperial ruso.

-Magenta y Solferino (1859): Napoleon III apoya la unificación italiana, y vence a los austríacos en estas dos batallas, con sus unidades legionarias siempre en vanguardia.

México

Tras haber obtenido su independencia de España en 1821, el México de aquel momento ocupaba vastas extensiones, más allá de su actual territorio y herencia del imperio español, que alcanzaban con la Alta California, Nuevo México y el Estado de Texas, buena parte de lo que hoy constituye Estados Unidos. No es de extrañar que fuera objeto, como así resultara a la postre, de la codicia expansionista de la reciente nación norteamericana. En sus primeras cuatro décadas como pueblo soberano, los mexicanos sufrieron grandes convulsiones políticas, con continuos cambios, estructura federal primero y centralista después, revueltas y alternancias en el Gobierno.

Uno de los personajes centrales a lo largo de la primera mitad del Siglo XIX fue el general Antonio López de Santa Anna, quien ascendió al poder once veces: cinco de ellas como liberal y las otras seis como conservador. En 1835, varios movimientos separatistas fueron reprimidos, a excepción de Texas, que con la ayuda de Estados Unidos consumó su independencia de México un año más tarde, poco después de la famosa batalla de El Álamo, donde un reducido grupo de texanos y otros voluntarios se hicieron fuertes en una antigua misión española para frenar por unos días el avance del colosal Ejército de Santa Anna. Una década después, y en guerra abierta con Estados Unidos, México terminaría por ceder a este más de la mitad de su territorio.

foto: 1863: Una asamblea de notables mexicanos afín a Francia disuelve la República y reinstaura el Imperio de México, siendo coronado Maximiliano a tales efectos (pintura C. Dell'Acqua).

Entre 1857 y 1860, México se enfrenta a una guerra fratricida entre los partidarios del conservador Félix Zuloaga y el liberal Benito Juárez, que terminó con la toma del poder por parte de este último. Pero la capital cayó en manos de los rebeldes de Zuloaga. Tras refugiarse en Panamá, Juárez regresa a México donde, con el apoyo y reconocimiento de Estados Unidos, establece su Gobierno en Veracruz, hasta su victoria definitiva. Esta guerra civil dejó exhaustos a los mexicanos, por lo que el Gobierno juarista confiscó los bienes de la Iglesia católica y suspendió el pago de la deuda externa en 1861, pidiendo a sus acreedores una moratoria de dos años. Entre estos acreedores se encontraban principalmente España, Inglaterra y Francia, los cuales, en desacuerdo con tal moratoria, envían sendos cuerpos expedicionarios para reclamo de la deuda que México tenía pendiente con cada una de estas tres potencias europeas.

En enero de 1862 desembarcan en Veracruz más de 6.000 españoles con el general Prim como ministro plenipotenciario; 2.500 franceses al mando del general Dubois, y 700 ingleses mandados por Sir Wicke. Juárez, de origen indígena zapoteca, ordena a su Ejército no hacer frente a este contingente europeo y les propone negociar, lo cual es aceptado por la alianza tripartita. Transcurrido un mes del desem­barco en Veracruz, España y Gran Bretaña ratifican sus acuerdos con el Gobierno mexicano, en virtud de los cuales este se compromete a cancelar su deuda externa con la emisión de bonos de garantía. Españoles y británicos retiran sus fuerzas en abril. Por el contrario, Francia, lejos de aceptar este acuerdo, y ocultando sus verdaderas intenciones, reclama a Juárez unos importes desorbitados para provocarle e imposibilitar entendimiento alguno.

Intervención francesa

En el trasfondo, los franceses habían arribado a Veracruz con planes imperialistas, incluso promovidos por sectores conservadores mexicanos, quienes ante el virtual fracaso del partido reaccionario, volcaron los ojos hacia Europa en último afán por conservar sus privilegios e imponer una monarquía con un gobierno que les fuera netamente favorable. Al mismo tiempo, otras fuentes ponen el foco en la cruzada que pretendía Napoleon III, basada en las espoliaciones de que eran objeto sus nacionales residentes en México consecuencia de la guerra civil, para conseguir una unión de razas latinas frente a la expansión de Estados Unidos. En el mismo contexto, no debe dejarse de lado la Guerra de Secesión norteamericana, lo cual constituía una oportunidad para apoderarse de México sin que su vecino del Norte pudiera impedirlo.

Lo cierto es que se había elegido como candidato a rey al archiduque Maximiliano de Habsburgo, hermano del kaiser austríaco Francisco José. Justo tras la marcha de españoles y británicos, un segundo contingente de 4.000 soldados franceses llega a México. En mayo de 1862 se lanzan al asalto de Puebla, como primer escalón para alcanzar la capital, pero son claramente derrotados por las fuerzas juaristas. Francia organiza un tercer cuerpo expedicionario, esta vez de 30.000 hombres, al mando del general Forey. Finalmente, consiguen tomar la capital, México, en junio de 1863, donde una asamblea de notables afín a Francia disuelve la República y reinstaura el Imperio mexicano, siendo coronado Maximiliano a tales efectos.

Pero este imperio lo es más sobre el papel y las batallas continúan sucediéndose una tras otra, donde las victorias se alternan entre uno y otro bando: Francia y Maximiliano no lo tienen fácil. A partir de 1865, los acontecimientos empiezan a girar en contra de las aspiraciones francesas sobre México: por una parte, la Guerra de Sucesión estadounidense finaliza en abril con la victoria de los nordistas, lo que posibilita a los nuevos Estados Unidos, que no reconocen a Maximiliano, volver a ofrecer abiertamente una inestimable ayuda a Juárez; y de otra parte, al año siguiente renace la inestabilidad entre Francia y el Imperio prusiano de Bismarck, que lleva a Napoleón III a ordenar la movilización de su Ejército hacia las fronteras con su vecino alemán, preámbulo de la guerra franco-prusiana.

Ante tales escenarios, el emperador francés desis­te de su intento de alcanzar lo que siglos atrás sus antecesores en el cargo tampoco consiguieron: un imperio galo en América. Sus últimas tropas abandonan México en marzo de 1867. Durante cuatro años tuvieron que luchar contra el Ejército juarista y al mismo tiempo intentar reducir una guerrilla que sin descanso hostigaba desde todos los puntos del país. Napoleon III se metió en una guerra cuya envergadura superaba claramente el objeto de esta. Maximiliano fue vencido y capturado por el Ejército republicano. Acabó fusilado en el Cerro de las Campanas, junto a los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, el 19 de junio de 1867.

Batalla de Camerone

No fue hasta el 19 de enero de 1863 cuando el coronel Jeanningros, jefe del Régiment Etranger de la LE, recibe en Argelia la orden de prepararse para partir a México con dos batallones. El comandante en jefe de las tropas francesas en ese territorio americano, general Frederic Forey, explicaría más tarde la decisión de colocar a sus mejores tropas en una misión para  mantener abierta una línea de aprovisionamiento, tarea que  hubieran podido realizar otros cuerpos del Ejército francés: Preferí dejar a los legionarios extranjeros en lugar de soldados franceses para proteger la zona más insalubre, el terreno entre Veracruz y Córdoba, donde reinaba la malaria, ya que los legionarios extranjeros ya habían pasado por la enfermedad en Argelia y Crimea.

Al general Forey se le olvidó mencionar otras enfermedades de la zona, como el vómito negro (fiebre amarilla) y otras menos graves, que muy pronto comenzaron a hacer estragos entre los miembros del Regimiento legionario. Una vez allí desplegados y acampados en Chiquihuite, el coronel Jeanningros es informado el 19 de abril de la salida de Veracruz de un importante convoy de suministros, que incluía plata y oro para pagar a las tropas francesas, con dirección a Puebla. Para su protección, ordena al capitán Danjou, oficial del 1er Batallón, que envíe un destacamento para situarse en vanguardia del convoy y abrirle una ruta no exenta de peligros.

Danjou consulta en su cuaderno de campo: es el turno de la 3ª Compañía para realizar este servicio, una vez comprueba que todos los oficiales de ésta y la mitad de sus efectivos se encuentran enfermos del vómito negro, con fiebre alta y constantes vómitos, y que el puesto de capitán de la misma se encuentra por tanto vacante. Aquel propone a su coronel tomar el mando de la operación, el cual acepta. Jean Danjou era un experimentado oficial de 35 años de edad, que había tomado parte en las campañas norteafricanas de Kabylia y Marruecos, así como en Crimea e Italia. Condecorado con la Cruz de la Legión de Honor, fue amputado de su mano izquierda, por lo que se hizo fabricar una de madera, que le permitía incluso montar a caballo para continuar su carrera militar. Danjou era objeto de admiración de todos aquellos que le conocían, por su sangre fría, bravura e inteligencia; un verdadero jefe legionario. Para esta operación se hace acompañar de los veteranos subtenientes Maudet y Vilain, que se presentan igualmente voluntarios para la misma.

foto: Cuerpo embalsamado en México de Maximiliano, poco antes de ser repatriado a Austria (foto F. Aubert).

01.00 h. (30 de abril): se pone en ruta la columna de 62 legionarios de la 3ª Compañía que no estaban enfermos, junto con sus 3 oficiales. Su misión inicial consiste en realizar un reconocimiento hasta Palo Verde, batiendo la zona de ruta del convoy para neutralizar y dispersar posibles emboscadas guerrilleras. Los víveres y municiones van cargadas sobre dos mulas. Fusil de pistón, cada soldado lleva 60 cartuchos en su dotación personal. Por su parte, y siempre bien informados por los indios locales, los mexicanos conocen la fecha de partida del convoy y se aprestan a interceptarlo: una importante fuerza en torno a los 2.000 hombres se concentra en La Joya, próxima a Palo Verde, formada por 800 caballeros armados de sable y carabina y lanza, 300 partisanos y tres batallones de infantería regular (los de Jalapa, Veracruz y Córdoba).

02.30 h.: No disponiendo de Caballería en la región, los franceses ignoran la existencia de tal concentración enemiga. Continúan su marcha, sin saber que 600 jinetes del coronel Millán les siguen, con el objetivo de eliminarles antes de que tomen contacto con el convoy.

05.00 h.: La compañía llega a las proximidades de la aldea de Camarón, un conjunto de chozas de adobe y paja medio derruidas que, con un conjunto de casas residenciales, formaban la Hacienda de la Trinidad, perteneciente a la familia Alarcón y abandonada por la guerra. Tras pasarla, se dividieron en dos columnas para hacer un reconocimiento en un bosquecillo localizado entre aquella y Palo Verde, su punto de destino. Mientras las dos secciones estaban descansando en el bosquecillo de Palo Verde, unos legionarios descubrieron una polvareda cerca de Camerone: las tropas mexicanas y se dirigían en su dirección. Tras volver a reconocer el bosque, las tropas regresan a Camerone, donde reciben disparos de francotiradores aislados. Tras ahuyentarlos, la tropa francesa busca agua infructuosamente. El tremendo calor y la dura marcha por el espeso bosquecillo buscando al enemigo les había dejado sin una gota de agua. Pero la Caballería mexicana se divide en dos columnas para rodearles, gritando y disparando. Un primer legionario cae abatido y Danjou ordena ¡a las armas! Las dos mulas que cargan los suministros de la Compañía francesa, escapan despavoridas de sus conductores y son capturadas por el enemigo: los víveres y la munición de reserva se han perdido. El capitán francés decide hacerse fuerte en la Hacienda y aceptar el combate, atrayendo sobre ellos al adversario, como punto de apoyo eventual para el convoy y en beneficio de este. Reparte a sus hombres entre las defensas de la Hacienda, levantando rápidamente barricadas con los materiales que encuentran sobre la marcha. El germano Conrad, ordenanza de Danjou, guarda el único líquido que le queda a esta fuerza: una botella de vino, que su jefe le ordena repartir a tragos entre todos.

09.00 h.: Antes de continuar la lucha, el coronel Millán envía a su oficial de ordenanza a interpelar en francés al sargento Morzicki, ubicado en puesto de observación sobre un tejado: Nosotros más de 2.000, ustedes solo 60, entreguen sus armas, y salvarán la vida. Morzicki baja del tejado e informa a su capitán, quien le encarga que responda que no se rendirán. El ataque se inicia furioso. Todos los legionarios gritan, jurando a su jefe no rendirse.

11.00 h.: Han resistido el primer ataque, pero, tras caer muerto Danjou por un certero disparo sobre su pecho, el subteniente Vilain toma el mando. Los tres batallones de infantería de Millán llegan a la zona de combate. Se reanudan las embestidas mexicanas una y otra vez.

14.00 h.: Vilain ha caído, y Maudet toma el mando con la misma determinación que sus dos antecesores.

17.00 h.: No quedan más que 12 legionarios en condiciones de seguir combatiendo. Millán arenga a sus hombres: son más de 20 contra 1, y será deshonroso no poner fin a esta lucha en un último esfuerzo. Por tercera y última vez piden a los sitiados rendirse, sin respuesta por parte de estos. Redoblan tambores y truenan trompetas mexicanas: es el asalto final. ¡Tocan a degüello! exclama el tambor legionario Laï. Una suerte de guerra psicológica contra el enemigo, la belleza musical que el toque esconde transmite un claro mensaje: no habrá cuartel. Heredado de los ejércitos españoles, la Caballería mexicana lo adoptaría después. Fue la misma melodía que hizo sonar el general Santa Anna 27 años antes frente a los rebeldes texanos en El Álamo, durante su último y definitivo asalto. Última salva legionaria, las cartucheras vacías, 4 hombres se lanzan a la bayoneta contra los mexicanos, gritando vivas a Francia y al emperador. Todos caen antes de alcanzar a su enemigo. Por su parte, Maudet recibe dos balazos, a pesar del gesto del legionario Catteau, acribillado por 12 impactos, tras haberse lanzado sobre el cuerpo de su oficial para protegerle.

18.00 h.: El sol desciende sobre la escena, mientras las masa mexicana invade la Hacienda. El cabo Maine, junto con los legionarios Wenzel y Constantin, aunque heridos, son los únicos que quedan en pie: ¡Ríndanse ya de una vez!, respondiendo ¡solo nos rendiremos si conservamos nuestras armas y curan a nuestros heridos! A punto de ser aplastados por sus innumerables enemigos, el coronel mexicano Combas detiene a tiempo a sus hombres y conduce con honor a los 3 ante el coronel Millán: ¿Es esto todo lo que queda?, pregunta. ¡Pero estos no son hombres, son demonios!,  añade, pues no encontraba explicación alguna a semejante resistencia. De inmediato, el jefe mexicano imparte las órdenes oportunas para cuidar de los heridos, dando prueba de una actitud caballeresca que se mantendrá todo el tiempo.

De los 65 combatientes del Régiment Etranger, 2 oficiales y 22 legionarios habían muerto en la batalla; 1 oficial y 8 hombres mortalmente heridos, fallecieron poco después en la Hacienda, a pesar de los cuidados recibidos de sus vencedores; 19 perecieron en cautividad a causa de las heridas de la batalla; y 12 heridos fueron hechos prisioneros. Por su parte, las bajas mexicanas se estiman, según fuentes, entre 200-300 muertos y la misma horquilla de heridos.

foto: Relicario legionario: recuperada del campo de batalla de Camerone la mano de madera del capitán Danjou, presentada por un veterano legionario, desfila en cada ceremonia anual del 30 de abril (foto Col. N. Miralles).

El coronel Jeanningros, alertado por los integrantes del convoy, que habían vuelto a su base al escuchar el fragor de la batalla  en la lejanía, acudió a la Hacienda con sus tropas al día siguiente. Sólo encontraron una ruina humeante repleta de cadáveres. El tambor de la compañía Laï, de origen sardo, fue el único descubierto aún con vida, sepultado bajo una pila de cuerpos. Presentaba siete impactos de lanza y dos de bala. Moriría poco después, pero tuvo tiempo de  contar todo lo sucedido. El coronel pudo recuperar del cadáver de Danjou su mano de madera, como homenaje y testimonio inmortal del sacrificio supremo y no banal de él y de sus legionarios, ya que el convoy pudo evitar el ataque mexicano. En la actualidad, la mano de Danjou se conserva como reliquia en el Cuartel General de la LE sito en Aubagne (Francia).

El mito: espíritu de Camerone

Bajo demanda del coronel Jeannin­gros, Napoleon III decidió a título excepcional que el nombre de Camerone 1863 sería grabado sobre la bandera del Régiment Etranger, y a la postre lo sería igualmente sobre los estandartes de todos los regimientos legionarios creados a posterioridad, como herederos de las más sagradas tradiciones de la unidad. Así mismo, esta misma inscripción, seguida de los nombres de Danjou, Vilain y Maudet sería grabada en letras de oro sobre Les Murs des Invalides, en París. En 1892, un monumento fue levantado sobre el escenario de la batalla, con una inscripción en latín que, traducida al español, dice: Ellos fueron aquí menos de sesenta oponiéndose a todo un ejército, su masa les aplastó. La vida más que el valor abandonó a estos soldados franceses el 30 de abril 1863.

Camerone ha pasado a formar parte del misticismo de la legión Extranjera francesa, que conmemora cada año el 30 de abril en un emotivo ritual a sus muertos, celebrado en todas las partes del mundo donde se encuentre un destacamento de este cuerpo. Esta batalla representa los ideales de la Legión: cumplir con el deber hasta el final, pase lo que pase. Representa a los hombres que prefieren morir a rendirse, por eso el nombre Camerone está escrito con letras de oro en la historia de Francia y de México, que hoy en día honran unidos a aquellos combatientes de ambos bandos. (Joaquín Colorado)

NOTA: Para profundizar en el tema, como lectura recomendada: El Mito de Camerone, de Joaquín Mañes Postigo (Magasé Ediciones, La Palma del Condado, 2005).


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