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Adolf Galland, de los cielos de España a los de la Segunda Guerra Mundial

A los 83 años de edad falleció en su casa de Remagen, cerca de Bonn, uno de los principales “ases” de la Aviación de caza alemana durante la SGM. Respetado por quienes se le enfrentaron en el aire, especialmente por los británicos, Galland tiene para los españoles el aliciente de haber tomado parte en nuestra conflagración civil de 1936-39 y aunque ya trazamos, por pluma del profesor Carlos Caballero, un perfil biográfico de este excepcional piloto, volvemos ahora sobre su figura con un mayor detenimiento

Adolf Galland, como tantos jóvenes de su generación, sintió la pasión del vuelo desde la niñez y a los 17 años ya surcaba los aires a los mandos de un planeador convirtiéndose, con sólo 20, en instructor de esa especialidad. Descendiente de una familia de hugonotes huida desde Francia a Alemania por motivos religiosos, no mucho después de que se crease la Luftwaffe ingresó en ella y el 8 de mayo de 1937, junto con varios pilotos más y algunos cazas Heinkel He-51, desembarcaba en El Ferrol como miembro del Sonderstab W, nombre clave de la Legión Cóndor; la unidad combatiente enviada por Hitler para ayudar a Franco en su lucha contra el Ejército republicano. Como todos los demás miembros de esta fuerza, al pisar tierra española fue ascendido un grado con lo que de teniente mayor pasó a convertirse en capitán.

foto: Galland informando a Hitler sobre el desarrollo de la batalla de Inglaterra.

En España, y casi siempre pilotando un mismo He-51, el señalado con el número 78 perteneciente al Sagdgruppe 88, cubrió unas trescientas misiones y de forma tan destacada que al regresar a su país, y en el marco del gran desfile organizado en Berlín en honor de la Legión Cóndor, fue con la Spanienkreuz (la Cruz de España) en Oro y con Espadas. Este era un gran honor aunque para su sorpresa, dos semanas más tarde le ordenaban presentarse, junto con su compañero Balthasar, en Westerland, en la isla de Sylt. Allí el jefe de la Luftwaffe, el mariscal Hermann Goering, les hizo saber que el Führer había decidido añadir a la citada condecoración, y sólo para ellos, un grado más: los Brillantes. Era un reconocimiento a la contribución de ambos en el desarrollo de la demoledora táctica de las cadenas consistente en que los cazas atacaban un mismo punto en carrusel, llevando la destrucción y el espanto con sus ametrallamientos a quienes se encontraban debajo. Por cierto que si, como hemos dicho, Galland prácticamente hizo toda la guerra en el mismo avión, Balthasar, por el contrario, se distinguió destrozándolos; a veces varios en el mismo día.

“SPITFIRES” FRENTE A “ME-109”

Ya abierto el paréntesis de la SGM, durante la campaña relámpago que pone a Francia de rodillas, Galland vuelve a brillar con luces propias y el 12 de mayo de 1940, en Charleville, con motivo de su séptima victoria aérea contra belgas y franceses, el general Milch prende de su pecho la Cruz de Hierro de primera clase. El 1 de agosto, menos de tres meses después, sus derribos computados son diecisiete y en un aérodromo de la costa de Calais, donde se encuentra destacada la escuadrilla que manda Galland, la 111/26, el mariscal de campo Kesselring le impone la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Precisamente en esos momentos dos cazas de la RAF pasan por allí y al saber el mariscal, por el propio Galland, que se trata de los famosos Spitfire le dice sonriendo: ¡Ah!, son los primeros en venir a felicitarle.

foto: Galland recibe, de manos de Hitler, los Brillantes para su Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro.

Por cierto, que los Spitfire iban a traer cola pues cuando en plena Ballata de Inglaterra el mariscal Goering visita a los pilotos de caza les reprocha, en un tono muy crítico, su actuación puesto que los aviones de bombarderos sufren muchas bajas. Luego, más conciliador, solícita saber qué es lo que desean para mejorar su nivel combativo a los que Molders, otro veterano de España, sugiere que una nueva serie de Messerschmitt Me- 109 con motores más potentes y Galland, al llegar su turno, dice sin titubear: Ruego que dote a mi escuadrilla de Spitfire. El propio Galland queda asombrado de su atrevimiento y Goering abandona la sala con palpable enojo.
El 24 de septiembre de 1940, el palmarés de nuestro protagonista suma ya cuarenta victorias con lo que pasa a convertirse en el tercer soldado alemán que adorna su Cruz de Caballero con las Hojas de Roble siendo los otros dos el general de tropas de Montaña Dietl, famoso por sus hazañas en Noruega, y su compañero Molders, ya citado. El 21 de junio del año siguiente, Galland derriba a quienes hacen los números 68, 69 y 70 pero él mismo tiene que saltar , de su Me-109 al resultar víctima del fuego de uno de sus admirados Spitfire. Sale del trance con bien aunque ha de ser atendido en un hospital.
Entre los parabienes que recibe, al reincorporarse a su unidad, figuran los de su amigo Osterkamp que ha venido expresamente desde Le Touquet, y en medio del festejo llega la noticia de que Hitler acaba de concederle las Espadas para sus Hojas de Roble. Se trata de una auténtica bomba pues ese grado aún no era conocido de nadie ni, lógicamente, se había otorgado nunca.

EN LA CUMBRE

Tan altísima condecoración se la amarga a Galland la orden de dejar de combatir aunque él, que tal vez por su sangre francesa o por el impacto del sol español tiene bastante poco de prusiano, decide interpretar esa cortapisa. Y tan a su gusto la interpreta que, desde luego, no vuelve a incursionar sobre territorio enemigo pero el 2 de julio de 1941 participa en el ataque a una formación de bombarderos de la RAF que se dirigen hacia Saint Omer. En el mes de noviembre siguiente muere Molders, en un accidente aéreo, y Galland le sucede como inspector de la Aviación de Caza.
El 28 de enero de 1942, ya con 94 victorias en su haber, se le otorgan los Brillantes como segundo soldado alemán y después de recogerlos, de mandos del Führer, vuela a Ucrania donde le espera Goering. Este, que como piloto de caza había conseguido la más alta distinción al valor de la Primera Guerra Mundial, la Pour le Mérite, le pide, durante una comida, que le enseñe los Brillantes y Galland, gustoso, se quita la Cruz del cuello viéndose en ese momento que la sujeta con una liga de mujer. Esto era bastante habitual entre los poseedores de la Cruz de Caballero pues así resultaba menos engorroso ponerse la o retirarla.

foto:  De izquierda a derecha: Udet, “as” de la caza alemana durante la PGM, Galland y Molders en cuyo costado derecho vemos la Cruz de España. Molders falleció, en accidente de avión, cuando volaba hacia Berlín para asistir a los funerales de lidet, que se había pegado un tiro.

El 19 de noviembre de 1942, nuestro hombre es ascendido a generalmcajor con lo que es, a los treinta años, el más joven general de los Ejércitos alemanes. Pero el horizonte no deja de degradarse para el III Reich y justo un año más tarde Goering, que se encuentra en Scheissheim, llama a su presencia a todos los comandantes y jefes de Ala llenándoles de críticas. A los portadores de la Cruz de Caballero llega a espetarles que no se la merecen y Galland, de nuevo cediendo a un gusto impulsivo, se la arranca del cuello y la lanza sobre la mesa. El silencio que sucede a este gesto es impresionante pero el mariscal, súbitamente tranquilizado, hace como que no ha visto nada y modera su discurso.

EL FIN
En enero de 1945, Galland es destituido como inspector de la Aviación de Caza pero crea el Jagdgruppe 44 de esta especialidad; unidad a la que se incorporan ases tan reconocidos como Lützow, otro veterano de España, Steinhoff, Barkhorn, Schnell y Krupinski. Algunos llegan sin tomarse la molestia de pedir permiso en formación en la que estaban destinados. Son la flor y nata de la Luftwaffe resultando lo más normal, en este Grupo, lucir, como mínimo, la Cruz de Caballero.

foto: El “as” alemán luciendo al cuello la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble y Espadas.

La némesis tiene lugar el 3 de mayo de 1945. Galland, junto con sus pilotos, se encuentra en el aeródromo de Salzburgo. Alineados, en perfectas condiciones y sin camuflar, aparecen los birreactores Me- 262 Shwalbe (golondrina) que tan severas pérdidas les causaron a los aviones aliados. Los cazas de la USAAF caracolean en lo alto con el deseo de hacerse con esas fabulosas máquinas de una tecnología entonces sin parangón. Pero van a quedarse con las ganas. Cuando las avanzadillas enemigas se acercan, por tierra, los Me-262 arden como teas,
Pese a su espléndida hoja de servicios, el hecho de haber sido apartado largo tiempo de la acción, hizo que otros compañeros le acabasen tomando la delantera. Por ello, al sonar el último disparo, Galland era, con 104 victorias al igual que Heinz Sachsenberg, el 94° piloto de la Luftwaffe. Con Me 262 fue el 13, habiendo inscrito en el empenaje de cola de este avión siete derribos. Digamos, para concluir que dos hermanos suyos fueron también cazadores cayendo ambos en combate. Uno tenía diecisiete victorias y el otro cincuenta y cinco.

 GALLAND Y GUERNICA  

Con motivo de la muerte de Adolf Galland algunos diarios madrileños, pésimamente informados como de costumbre en estas materias, escribieron, entre otras barbaridades, que había sido jefe de la Legión Cóndor y que bombardeó Guernica. Poca cosa, en entidad, debió de ser la primera si la mandaba un simple teniente mayor y poco debió sufrir la villa vizcaína si la bombardearon cazas, que es lo que pilotaba Galland. La verdad, a la que ya aludimos en nuestro núm. 216, es que el as alemán se incorporó a la Cóndor después de esa acción, sobre la que escribe en sus memorias:
“En los primeros meses de la intervención, los bombarderos Cóndor habían recibido orden de destruir un puente de ferrocarril por el cual los rojos transportaban sus tropas y grandes cantidades de material de guerra a la tenazmente defendida ciudad industrial y portuaria de Bilbao. El ataque se efectuó bajo malas condiciones de visibilidad, con aparatos de puntería primitivos. Al dispersarse las columnas de humo de las bombas arrojadas por la escuadrilla se comprobó que el puente había quedado intacto; pero que, en cambio, una ciudad situada al lado había sufrido considerables daños. También había sido destruido material de guerra enemigo; pero, en conjunto, la acción podía considerarse un fracaso, tanto más cuando el objetivo de nuestras operaciones consistía en lograr la destrucción del enemigo, respetando esencialmente la población. Se había logrado lo contrario en el ataque al puente de la carretera de Guernica, y precisamente entonces, en el instante de mi llegada a España, esto era motivo de abatimiento en las filas de la Legión. Los legionarios no gustaban hablar de Guernica. En cambio, el bando contrario lo hizo hasta por los codos”.


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