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Domingo, 11 de enero de 2026 Iniciar Sesión Suscríbase

La guerra de influencia entre Riad y Abu Dabi podría convertir a Yemen en un escenario de confrontación abierta

La coalición atacó una gran cantidad de armas y vehículos de combate en el puerto de Mukalla.
La coalición atacó una gran cantidad de armas y vehículos de combate en el puerto de Mukalla.

El sur de la Península Arábiga y la cuenca del Mar Rojo han entrado en 2026 en una nueva fase de reconfiguración geopolítica. El discurso sobre la "Coalición para Restaurar la Legitimidad" en Yemen ya no refleja la realidad sobre el terreno,  ahora dominada por una competencia estratégica abierta entre los dos polos del Golfo: Riad y Abu Dabi. Esta transformación, que comenzó como discrepancias silenciosas sobre la influencia económica y el control de los puertos, se ha convertido en las últimas semanas en una confrontación militar indirecta, poniendo en jaque el futuro de la estabilidad regional.

Del "desacuerdo silencioso" a los "ataques quirúrgicos"

El momento decisivo en este conflicto fue la operación militar llevada a cabo por las fuerzas aéreas de la coalición liderada por Arabia Saudí en el puerto de Al-Mukalla, en la provincia de Hadramaut. Los ataques tuvieron como objetivo lo que Riad describió como "grandes cantidades de armas y vehículos de combate" que estaban siendo descargados de buques de carga procedentes del puerto emiratí de Fuyaira. Este incidente fue un mensaje saudí contundente: cualquier intento de alterar el equilibrio de poder en las provincias orientales de Yemen, que representan la profundidad estratégica y de seguridad del Reino, será enfrentado con firmeza militar.

La acción saudí fue una respuesta a la ofensiva a gran escala lanzada por el Consejo Transicional del Sur (CTS), respaldado por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), desde principios de diciembre de 2025. Durante esta ofensiva, el CTS logró controlar gran parte de la provincia petrolera de Hadramaut antes de expandirse hacia el este, hacia Al-Mahra, declarando abiertamente que el proyecto de la unidad yemení de 1990 ha terminado de facto.

Además, el 2 de enero, el CTS anunció el inicio de un periodo de transición de dos años como preludio a un referéndum sobre la independencia del sur. Esto profundiza la brecha entre el proyecto de un Estado unificado, bajo el marco del Consejo de Liderazgo Presidencial (CLP), y el proyecto de un Estado sureño independiente. Aunque el CTS participa en el CLP, formado en abril de 2022 para unificar a las fuerzas anti-hutíes, su objetivo declarado es restaurar el Estado del sur, lo que choca frontalmente con la agenda de unidad de Riad. Cabe recordar que la unificación entre el norte y el sur de Yemen se produjo el 22 de mayo de 1990, pero la estabilidad fue breve, desembocando en una guerra civil en 1994 que terminó con la victoria de las fuerzas del norte y la consolidación de la unidad por la fuerza. Hoy, el CTS reclama la recuperación de ese Estado independiente previo a 1990.

Desde una perspectiva de defensa, las provincias de Hadramaut y Al-Mahra representan hoy una "línea roja" para Riad. No solo por su valor económico y petrolero, sino por ser el corredor vital a través del cual Arabia Saudí busca asegurar una salida terrestre y marítima hacia el Mar Arábigo, evitando los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, que podrían ser bloqueados en caso de un conflicto regional mayor. Por el contrario, Abu Dabi adopta una estrategia de "imperio marítimo" basada en el control de puntos de estrangulamiento y puertos estratégicos, lo que explica su apoyo total al CTS para controlar los puertos desde Adén hasta Al-Mukalla, y la construcción de bases militares y de inteligencia en islas como Socotra y Mayun, además de sus instalaciones en las regiones de Somalilandia, al norte de Somalia.

Parálisis de la solución política y un regalo para los hutíes

Esta profunda fractura entre los aliados tradicionales ha provocado una parálisis total en el proceso de paz en Yemen. Mientras el gobierno reconocido internacionalmente, apoyado por Arabia Saudí, intenta recuperar posiciones mediante operaciones militares iniciadas en enero de 2026 en Hadramaut, el Consejo de Liderazgo Presidencial se encuentra fragmentado internamente por lealtades contrapuestas hacia Riad o Abu Dabi. Esta división en el bando de la "legitimidad" ha otorgado a los hutíes, en el norte, una posición cómoda para consolidar su poder en Saná y en las zonas más pobladas, aprovechando el congelamiento de la hoja de ruta política que las Naciones Unidas esperaban implementar.

En cuanto a la navegación internacional, a finales de 2025 se registró una notable disminución en la frecuencia de los ataques hutíes contra buques en el Mar Rojo, un descenso vinculado directamente al alto el fuego en Gaza anunciado en octubre de 2025. Sin embargo, el silencio de los cañones en las vías marítimas no significa la desaparición de la amenaza; los hutíes continúan desarrollando sus capacidades militares y utilizando el expediente de los empleados detenidos de la ONU y organizaciones internacionales como moneda de cambio política, situando a la comunidad internacional en un dilema ético y operativo frente a la autoridad de facto en Saná.

Zonas controladas por las partes en conflicto en Yemen según las últimas actualizaciones.

Guerra de puertos e influencia

En paralelo a la tensión en Yemen, ha emergido un nuevo actor estratégico: Israel, que ha comenzado a sacar su influencia en la región de la sombra a la luz, aprovechando los Acuerdos de Abraham y su alianza con los EAU. El movimiento israelí más destacado ha sido el polémico reconocimiento de la República de Somalilandia (escindida de la Somalia federal), un gesto con claras dimensiones militares para asegurar una presencia en la entrada del Golfo de Adén. Esta presencia israelí, que se solapa con la emiratí en los puertos de Berbera y Bosaso, crea un nuevo cinturón de seguridad para monitorear la actividad iraní, pero al mismo tiempo irrita a Riad, que ve en estos movimientos un intento de bypass a su liderazgo en la seguridad del Mar Rojo.

Informes de defensa indican que islas yemeníes sensibles, como Abd al-Kuri y Mayun, se han transformado en centros avanzados de vigilancia de inteligencia con la participación de expertos y tecnología israelí bajo el paraguas emiratí. Esta "estrategia de tenaza" busca controlar el 30% del tráfico marítimo mundial, sirviendo a los intereses de los EAU de construir una red logística global y a la seguridad nacional de Israel para asegurar sus rutas hacia el puerto de Eilat, pero debilitando la soberanía yemení y la influencia saudí.

El conflicto no se limita a Yemen. En Sudán, el escenario es similar, el apoyo emiratí a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), destinado a asegurar minas de oro y acceso a los puertos sudaneses, ha sido contrarrestado por el apoyo saudí y egipcio al ejército sudanés para preservar la unidad del Estado. Esta guerra por delegación en Sudán refuerza la polarización regional y hace que la estabilidad de las rutas marítimas sea frágil y dependiente de consensos casi imposibles entre las potencias regionales.

La esencia de esta disputa es un choque económico-geoestratégico. Arabia Saudí, a través de su "Visión 2030", aspira a ser el principal centro financiero y logístico, lo que requiere un Yemen estable bajo su tutela. Por su parte, los EAU temen que el ascenso saudí eclipse el modelo global de Dubái, por lo que buscan asegurar alternativas mediante el control de las vías marítimas y alianzas con potencias como Israel.

Situación humanitaria y económica

La ONU estima que más de 19,5 millones de personas en Yemen (más de la mitad de la población) necesitan asistencia humanitaria. Casi la mitad de los habitantes enfrenta inseguridad alimentaria aguda y más de 13 millones carecen de acceso a agua limpia. Yemen sigue siendo uno de los países más vulnerables al cambio climático y sufre una de las mayores crisis de desplazamiento interno del mundo (4,8 millones de desplazados desde 2015). Cualquier nuevo conflicto entre los aliados de Riad y Abu Dabi sería catastrófico, destruyendo la infraestructura restante y provocando nuevas olas de desplazamiento en zonas que ya bordean la hambruna.

Conclusión

El panorama geopolítico a inicios de 2026 muestra que las alianzas tradicionales se han erosionado en favor de intereses nacionales particulares. La confrontación en Al-Mukalla y la escalada en Hadramaut y Al-Mahra reflejan que el Mar Rojo se ha convertido en un tablero de "pulso de hierro" entre antiguos aliados. Mientras Israel y los hutíes se benefician de esta fragmentación, el Estado nacional en Yemen, Sudán y Somalia es la mayor víctima, viendo cómo el horizonte de una solución política se desvanece frente a una partición sistemática impuesta por potencias regionales rivales. (Alex Ribeiro)

Copyright © Grupo Edefa S.A. defensa.com ISSN: 3045-5170. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.

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