La característica más destacada del convertiplano Bell Boeing V-22 Osprey es su capacidad para bascular los rotores de cada extremo de sus alas para alternar entre la posición vertical, en la que puede despegar y aterrizar como un helicóptero, con la horizontal, que permite el vuelo como un avión.
Esta dualidad se basa en una ingeniería de precisión y más concretamente en el diseño de las góndolas o nacelles situadas al extremo de las alas, que alojan los motores de los rotores y que pivotan para alternar los diferentes modos de vuelo. En 2021 Bell Textron puso en marcha el programa Mejora de las Góndolas o Nacelle Improvement (NI) según el cual nueve de los CV-22 del mando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea estadounidense (Air Force Special Operations Command o AFSOC) han visto modernizadas sus góndolas.
Ahora la compañía ha informado de los resultados de este programa de mejora aplicado a apartaos del 20th Special Operations Squadron de la base de la Fuerza Aérea en Cannon, que han visto reducido el tiempo dedicado al mantenimiento en un 75 por ciento. Desde el comienzo del programa se han ahorrado más de 24.000 horas o 1.000 días de mantenimiento que puede ser destinado a otras prioridades como misiones de combate o formación, consiguiendo incrementar la disponibilidad un 10 %.
Un programa para elevar la disponibilidad
El objetivo declarado del programa NI es aumentar la preparación operativa de la flota V-22, mejorando la mantenibilidad y recortando el coste global de sostenimiento. Las góndolas albergan los elementos críticos de potencia que permiten al Osprey realizar despegues y aterrizajes verticales y bascular los rotores para volar como un avión, por lo que cualquier mejora en este subsistema tiene un impacto directo en la capacidad para realizar misiones. De esta manera se han podido reducir tiempos y costes de mantenimiento y a elevar de forma significativa los índices de disponibilidad en una plataforma clave para las operaciones especiales y el asalto aéreo.
Según Bell, las modificaciones se centran en el rediseño de componentes de cableado y en cambios estructurales que facilitan el acceso de los técnicos, simplifican las tareas de inspección y sustitución de elementos y reducen la frecuencia de intervenciones no programadas. El objetivo final es elevar las tasas de operatividad y asegurar que el aparato mantiene su ventaja en términos de velocidad, alcance y versatilidad, también desde el punto de vista del sostenimiento.
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Las góndolas son uno de los elementos más característicos del Osprey (USAF)
De la línea de montaje al campo de batalla
Las primeras conversiones se han llevado a cabo en el Centro de Ensamblaje de Bell en Amarillo (Texas), donde se fabrican los nuevos V-22 para el Departamento de Defensa estadounidense. Esta elección permite aprovechar la experiencia del personal que ya trabaja con la instalación y retirada de góndolas en la línea de producción, acelerando el ritmo de las modificaciones y reduciendo riesgos en la transición.
El programa se orienta inicialmente a los CV-22 Osprey de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, empleados por los escuadrones de operaciones especiales, pero sienta las bases para una modernización más amplia de la flota V-22 en servicio con las distintas ramas de las Fuerzas Armadas. La meta es común: mantener la relevancia del convertiplano en escenarios de alta exigencia operacional durante las próximas décadas, reforzando su fiabilidad en uno de los sistemas que más condicionan su disponibilidad. (José Mª Navarro García)






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